Este de la izquierda es Carlos Molina, el mismo de "No lo vieron a Molina, que no pisa más el bar" que se escucha al comienzo de Brindis por Pierrot. Resulta que a poco de morir Alfredo Zitarrosa, su cuarteto de guitarras sacó un disco homenaje que contiene, entre otras maravillas este desgarrador lamento del payador oriental titulado "Y vos no podés morirte, flaco"
Grande ha sido la sorpresa de comprobar que tu muerte ha pasado prácticamente inadvertida en los ambientes de blogs, Facebook y Twitter que a menudo frecuento. Creo que la razón hay que buscarla en lo generacional. El gran activo de las redes sociales es un público que anda en su mayoría bastante lejos de los cuarenta años. Hay mucho seguidor de Sabina, Calamaro, Vicentico y sucesos de esas características. Vos, Viglietti y los Olimareños o Zitarrosa ya quedan reservados a los que andamos de los cincuenta para arriba. Cuesta admitirlo pero es así. La mayoría de mis amistades digitales son pibes que andan entre los veintipico y treinta y cinco, ponele. No te conocieron, no te escucharon. Crecieron con otro sonido y otra impronta. Son buena gente, tienen compromiso social y político pero hay veinte años en el medio Yo con mis 49 entro en las mismísimas divisiones inferiores de tus fans.
El mundo que vos describís en tus canciones no lo conocieron, las calles las asfaltaron, los aros no se usan más, ya no se juega a la bolita y el carnaval de este lado del río es ya algo patético, como será que hasta las buenas gentes de los barrios desde un sentido común instaurado por los medios entienden que hasta ya es al pedo reponer los feriados de fiestas carnestolendas.
Y pasa también que campea fuerte el snobismo, el ir a La Trastienda a escuchar cualquier cosa que sea vendida en el suplemento Radar como "nuevo". Pasa que hay mucha pendejada que se copa en escuchar "lo nuevo" de la música de Brasil, por ejemplo, sin nunca haberse tomado el tiempo de conocer a Joao Gilberto o Dorival Caymmi. Pasa que hay mucho pibe que escucha a Pastorius y cree que es un imitador de Pedro Aznar.
Pero la verdad inapelable es que estamos viejos querido José. Vayamos asumiéndolo desde ahora.
Pocos artistas como él tenían la virtud de cantar el mismo repertorio durante 30 años y llenar estadios emocionando a la gente como la primera vez. A pocos se le perdonaban las desafinaciones, llegando a considerarlas, por momentos, como parte de su arte. El Sabalero fue el artista uruguayo más visceral de toda un legión de cantautores irrepetible. No tuvo la cosa sacerdotal de Zitarrosa ni la fina intelectualidad de Viglietti. El Sabalero tenía la virtud de conectar en la sintonía de los sentimientos más primarios y sencillos. Su arte se basaba precisamente en amplificar pequeños detalles comunes, por supuesto, a los sectores populares. Era una máquina perfecta para describir lugares y momentos del pueblo.
La muerte ahora vino y se encamó con vos, Sabalero del alma, y nos deja solitos, llorosos, con un agujero imposible de llenar. Te arrancó de nuestro lado y quedamos a la intemperie. Tengo miles de imágenes y básicamente de emociones porque como te lo dije aquella vez en FM Latinoamericana, pocos artistas me enseñaron como vos a sentir las expresiones populares. Nadie habló del "olor a limpio"; nadie describió un día de huelga en la orillita de río como vos. Nadie describió para siempre al piberío de cualquier barriada como lo hiciste vos en "Chiquillada". Nadie retrató con tanta claridad la felicidad efímera del carnaval como en "A mi gente" (Salvo Vinicius...)
Fuiste el más "tropical" de los grandes popes del Canto Popular Uruguayo, quizá los años en Holanda incidieron. Allá se respira salsa a lo pavote.
Esta noche te voy a dedicar el programa y se me va a hacer cuesta arriba.
Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar
Y por si fuera poco, de golero
Toda una vida tapando agujeros
Y si en una de esas salís bueno
Se tiran al suelo
Y te cobran, te cobran penal... Creo que la mayoría de los argentinos conocimos al Canario Luna a través de su inolvidable versión de Brindis por Pierrot, esa pintura montevideana que Jaime Roos compuso sabiendo que el único que podía interpretarla era él. Mientras subo el Brindis para colgarlo en este post, los amigos de "Condenandos al Exito" lo pasan y me dan ganas de llorar. Recuerdo que a fines de la década del ochenta, cuando se lo comenzó a conocer de este lado del río, mucha gente decía que sonaba parecido a Rolando Laserie y no se equivocaban, hay mucha afinidad en ambos artistas, un sonido y una característica: Sus interpretaciones son únicas, inimitables e irrepetbles.
El Canario era una rara especie de glifosato que protegía a las canciones de ciertas plagas palaciegas para que sobrevivieran sus olores, su sentido popular y su razón de ser barrial.
El Canario ponía ahí, en primerísimo plano, esa cosa lugareña, esa impronta de gente común, ese color vecinal de la canción suburbana, por eso muchos podrán cantar el "Brindis por Pierrot" o "Que el letrista no se olvide", pero nadie, absolutamente nadie podrá sacarle una gota más de jugo a esas obras porque el Canario ya se lo tomó todo como si fuera un vaso de vino. El Canario vivió como vive la gente del pueblo, esquivando vicios y administrando virtudes. Y se marchó un viernes de madrugada, en las vísperas de un nuevo fin de semana pletórico de vino, reuniones, salidas y jodas. Y está bueno que se haya muerto un viernes, cosa que esta noche y mañana en una peña o en una reunión de amigos la barra cante el Brindis por Pierrot para que el Canario reviva en la garganta y el alma de los que lo aprendimos a querer como uno de los nuestros. Pocas veces un cantor del pueblo se mete tan adentro del alma popular, pocas veces una voz se hace tan familiar y querible. Porque este tipo era al fin y al cabo un laburante del puerto que así, como quien no quiere la cosa, terminó cantando profesionalmente y grabando discos, pero era un laburante y eso se notaba en errores de dicción y pronunciación que en él eran comprendidos y perdonados, hasta me atrevería a decir que eran parte constitutiva de suarte. Canario querido: Con orgullo digo que fuí uno de los responsables de que tu voz se conociera en esta orilla del Río de la Plata. Allá por 1990 los uruguayos aparecían como moscas y reventaban los teléfonos cuando te hacía sonar en las FM barriales. Contaban historias, componían tu biografía y la emprendían con un largo anecdotario de tus andanzas. En aquellos tiempos tanto vos como Jaime sólo tenían derecho de admisión en los suburbios del dial, por eso Jaime tuvo con los años el gesto grande de exigirle a los "Prensa" que convocaran a sus conferencias de prensa a los periodistas de las FM barriales con el mismo status que los de las radios grandes. Porque fuimos nosotros, los radiodifusores de baja potencia, los que a puro corazón le dábamos manija a esos cassettes de Orfeo hasta gastarlos y así logramos que sus voces fueran entrando de a poco en esta Buenos Aires tan infectada de canciones en ingles y tan desentendida de la belleza que está acá nomás, al otro lado del río. Por eso hoy te lloro, Canario, porque para nosotros vos fuiste una voz que nos trajo historias de abajo, que nos hizo mirar de otra manera al barrio, a los amigos y al vino. Me queda, eso sí, la alegría de saber que la vida te regaló varias alegrías y que las pudiste disfrutar a lo grande. Chau hermano