Mientras Quiroga, Bonadio, el colorado, Macri, la
Metropolitana se consumían en el bochorno, desde Tecnópolis Cristina presentaba
el Plan Qunita, clavándose de lleno en el corazón de miles de familias, de
pibas embarazadas y abuelas esperanzadas.
Fin de ciclo de quién?
Si fuese verdad que un Fin de ciclo nos sobrevuela no es
precisamente el del kirchnerismo sino el de una forma de oposición que se viene
derrumbando y en los últimos días quedó más en evidencia que nunca.
Se cayó a pedazos el mundo de fantasías de Miriam Quiroga,
ese personaje que tuvo un espacio inusitado en el sistema Clarín, diciendo que
había visto pasar bolsos llenos de billetes del lavado. El juez cerró la causa
por no encontrar un sólo hecho probatorio pero además porque la propia Quiroga
en su declaración puso en duda sus propios dichos en los medios; Bonadio terminó
siendo desplazado por pasarse por el forro el manual de procedimientos que debe
cumplir un juez de la nación y el apriete a Víctor Hugo, con el colorado de
Clarín en su propia casa fue la gota que hizo rebalsar el vaso.
¿Qué tipo de oposición está padeciendo el Fin de ciclo? La
de creer que con operaciones de prensa se logra intervenir exitosamente sobre
la política. La vida de las operaciones de prensa siempre es breve, por su
propia naturaleza. Cuando ante la evidencia de que no podría llegar a la
presidencia, Roberto Noble se decidió a fabricar presidentes, tenía una ventaja
y era que en esos años había política y partidos. Luego de su muerte y con la
llegada del neoliberalismo, que arrasó con la política creyendo que con nominar gerentes alcanzaba, al grupo se le presentó
un problema hasta hoy insalvable y es que la única fuerza que sigue haciendo
política es el peronismo, hegemonizado en esta etapa histórica por sectores que le han
declarado la guerra. Frente a este escenario, el multimedios no encuentra
actores con capacidad de intervención en la política real. Sólo puede contar
con figurones que lo único que saben es repetir los ejes que la empresa baja
diariamente desde sus bocas de expendio audiovisuales y gráficas. El grupo pensó
entonces que podría manejarlos, y lo consiguió, pero ya ha pasado una década,
la cosecha es decididamente magra y esta semana quedó en evidencia como pocas
veces: mientras Quiroga, Bonadio, el colorado, Macri, la Metropolitana se
consumían en el bochorno, desde Tecnópolis Cristina presentaba el Plan Qunita,
clavándose de lleno en el corazón de miles de familias, de pibas embarazadas y
abuelas esperanzadas.
En tanto suben y se revientan en el aire los globos 2.0, en
el cajero pasan cosas: llegan los aumentos de las paritarias, de la AUH, de los
jubilados y el estado interviene en la cotidianeidad del pueblo de carne y
hueso. Esa presencia no se desactiva con aparateo mediático, está claro. En
realidad estuvo claro desde siempre, sólo que ahora es tan evidente que hasta
da vergüenza ajena. Qué sentir si no cuando el titular de Clarín de hoy se
sustenta en un potencial...
Este modo de concebir la oposición está cayendo
inexorablemente y por lo que se observa, pareciera que no encuentran los mecanismos para
desarticularlo. La única alternativa que se visualiza de momento es la que viene pergeñando Duran Barba y está por verse si soporta la derrota en octubre. Si sobrevive ese sofocón, El PRO tendrá posibilidades de transformarse en la segunda fuerza en provincias importantes y también a nivel nacional. Sobre esa base de sustentación, Mauricio Macri podrá erigirse en la única gran referencia opositora y aspirar a una victoria en las legislativas de 2017 que lo proyecten con más fuerza a 2019. Cierto que, primero, tendrá que sortear el fuego amigo de Clarín, que le achacará la responsabilidad por no haber arreglado con Massa y, segundo, deberá competir desde afuera con otro jugador de fuste, que es nada menos que Cristina. Pero esta perspectiva es la única que de momento puede avistarse como lo más probable cuando nos ponemos a imaginar el futuro de la oposición.