Si efectivamente la obligación de definirse en el caso Redrado afectó seriamente a Julio Cobos podríamos concluir que el gobierno perdió un tiempo valioso a no haberlo puesto en ese brete mucho tiempo antes ¿no?
Seguro que no es tan simple el análisis; seguro que muchas de las personas que vieron con buenos ojos su voto “No positivo” con el tiempo empezaron a vislumbrar que ese doble rol de vicepresidir el gobierno al que se opone no era “sano” y que por ende se imponía que el mendocino tomara alguna posición.
Es probable que las condiciones para su desgaste hayan madurado en los últimos meses y que la sobreactuación de Cristina al anunciar que no viajaba a China haya tenido un efecto social mucho más fuerte que el que nosotros pudimos percibir desde nuestras lecturas harto politizadas.
Quizá el anuncio de no viajar a China mostró un costado débil del Ejecutivo y ello asustó a mucha gente que lo que prioriza, antes que nada, es que todo sea previsible y que “no la jodan” con cosas raras. La imagen de la presidenta suspendiendo una visita a una potencia mundial quizá penetró mucho más hondo que lo que se supuso en su momento y tuvo como inteligente jugada complementaria la convocatoria a la bicameral, lo que desde el vamos colocó al vicepresidente ante el peor de los escenarios:
La obligación a definirse por algo.
Ahora bien, se me ocurre que en la base de estas modificaciones coyunturales que por ahora inciden sólo en cuestiones de imagen, lo que surge como una punta a trabajar es que cuando el gobierno frena un cachito los hace pasar a todos de largo y los complica. Me explico: El kirchnerismo acuñó la costumbre reiterada de proceder siempre desde posiciones de fuerza con lo que en muchos casos le facilitó el rol a las fuerzas opositoras.
Ahora, en función de las nuevas condiciones, en vistas de que perdió la mayoría parlamentaria (lo que no significa que la hayan ganado las fuerzas opositoras debido a su gran dispersión y comprobado en el fracaso rotundo de los intentos de autoconvocatoria de enero) debería frenar más seguido.
Todo lo que se haga este año ya está infectado por las presidenciales del 2011, entonces habría que tratar por todos los medios de generar contradicciones entre las fuerzas opositoras. Aflojarle, “darle hilo” (como al barrilete) jugar blandito, poner los temas sobre la mesa y que cada sector diga qué piensa verdaderamente. ¿Quieren discutir el tema de la deuda? ¿Quieren no pagar con las reservas? ¿Quieren revisar su legitimidad? Bueno, vamos, demos la discusión. ¿Quieren pagar endeudando al país pidiendo plata a un 14 % más caro?
Bueno, que lo digan, que lo digan y lo firmen
Seguro que no es tan simple el análisis; seguro que muchas de las personas que vieron con buenos ojos su voto “No positivo” con el tiempo empezaron a vislumbrar que ese doble rol de vicepresidir el gobierno al que se opone no era “sano” y que por ende se imponía que el mendocino tomara alguna posición.
Es probable que las condiciones para su desgaste hayan madurado en los últimos meses y que la sobreactuación de Cristina al anunciar que no viajaba a China haya tenido un efecto social mucho más fuerte que el que nosotros pudimos percibir desde nuestras lecturas harto politizadas.
Quizá el anuncio de no viajar a China mostró un costado débil del Ejecutivo y ello asustó a mucha gente que lo que prioriza, antes que nada, es que todo sea previsible y que “no la jodan” con cosas raras. La imagen de la presidenta suspendiendo una visita a una potencia mundial quizá penetró mucho más hondo que lo que se supuso en su momento y tuvo como inteligente jugada complementaria la convocatoria a la bicameral, lo que desde el vamos colocó al vicepresidente ante el peor de los escenarios:
La obligación a definirse por algo.
Ahora bien, se me ocurre que en la base de estas modificaciones coyunturales que por ahora inciden sólo en cuestiones de imagen, lo que surge como una punta a trabajar es que cuando el gobierno frena un cachito los hace pasar a todos de largo y los complica. Me explico: El kirchnerismo acuñó la costumbre reiterada de proceder siempre desde posiciones de fuerza con lo que en muchos casos le facilitó el rol a las fuerzas opositoras.
Ahora, en función de las nuevas condiciones, en vistas de que perdió la mayoría parlamentaria (lo que no significa que la hayan ganado las fuerzas opositoras debido a su gran dispersión y comprobado en el fracaso rotundo de los intentos de autoconvocatoria de enero) debería frenar más seguido.
Todo lo que se haga este año ya está infectado por las presidenciales del 2011, entonces habría que tratar por todos los medios de generar contradicciones entre las fuerzas opositoras. Aflojarle, “darle hilo” (como al barrilete) jugar blandito, poner los temas sobre la mesa y que cada sector diga qué piensa verdaderamente. ¿Quieren discutir el tema de la deuda? ¿Quieren no pagar con las reservas? ¿Quieren revisar su legitimidad? Bueno, vamos, demos la discusión. ¿Quieren pagar endeudando al país pidiendo plata a un 14 % más caro?
Bueno, que lo digan, que lo digan y lo firmen
¿Se entiende?
Darles la pelota a ver qué hacen.
Pero siempre tratar de obligarlos a definirse por algo. Cerrarles los caminos para el NO pues ahí es donde hacen negocio oponiéndose a los proyectos del oficialismo pero sin explicitar una alternativa.
La probable complicación en términos de imagen que según algunos estudios estaría sufriendo Cobos por haber tenido que optar por algo debería ser leída como un objetivo a perseguir por el oficialismo. Hay que obligar a las fuerzas opositoras a definirse en cada uno de los temas, pero a definirse “a favor de”.
Ahí se abrirán otros escenarios muy interesantes para explorar porque toda definición de las fuerzas opositoras les granjeará el disgusto de mucha gente a la que también lo que le complica es definirse alguna vez a favor de algo, porque se acostumbró a la comodidad de oponerse sistemáticamente a todo, incluso hasta lo que la beneficia.
Darles la pelota a ver qué hacen.
Pero siempre tratar de obligarlos a definirse por algo. Cerrarles los caminos para el NO pues ahí es donde hacen negocio oponiéndose a los proyectos del oficialismo pero sin explicitar una alternativa.
La probable complicación en términos de imagen que según algunos estudios estaría sufriendo Cobos por haber tenido que optar por algo debería ser leída como un objetivo a perseguir por el oficialismo. Hay que obligar a las fuerzas opositoras a definirse en cada uno de los temas, pero a definirse “a favor de”.
Ahí se abrirán otros escenarios muy interesantes para explorar porque toda definición de las fuerzas opositoras les granjeará el disgusto de mucha gente a la que también lo que le complica es definirse alguna vez a favor de algo, porque se acostumbró a la comodidad de oponerse sistemáticamente a todo, incluso hasta lo que la beneficia.
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