La creación de un grupo en Facebook para pedirle al senador Samuel Cabanchik que devuelva la banca a la Coalición Cívica vuelve a poner sobre el tapete una cuestión no menor y es a quién pertenece la banca, si a la persona que la ocupa o al partido por la que fue obtenida.
Tenemos miles de ejemplos y entre los más nuevos sin dudas el más rimbombante es el famoso caso de Borocotó. El punto es que la legislación en la materia ha partido siempre de la base que la banca es de quien la ostenta, del ciudadano, y esto entronca con viejos preceptos liberales según pude aprender hace años. Sería un paso adelante, por lo tanto, introducir reformas o, por lo menos, algunos criterios básicos para, al menos, discutir caso por caso.
Desde el vamos tenemos que si la banca fuese del partido, casos como el de Cabanchik serían menos usuales. Por cierto que la cosa se pone densa cuando el dueño de la banca argumente que fue el partido y no él quien se alejó de la plataforma por la que fue obtenida esa representación. Incluso se pone más densa la cuestión cuando en la actualidad la mayoría de las estructuras que se presentan a elecciones en su gran mayoría tienen poco que ver por lo que se entendía años atrás como Partido Político. Son agrupaciones con fuertes liderazgos personales sin vida interna, sin organismos de control como tribunal de disciplina, junta electoral, etc.
Por ejemplo, los chicos del SI, tan honestos, podrían argumentar que no fueron ellos quienes fungieron de meros oportunistas para acceder a las bancas y luego rajarse de la CC sino que fué el Tifón chaqueño quien merced a su enamoramiento de banqueros y beodas se apartó de los documentos liminares del ARI original.
Por su parte, la peronista santiagueña domiciliada hace casi una década en la CABA, Marta Velarde podrá decir que fue el PJ el que se apartó de su plataforma y que por ello emigró también a la Coalición Cívica que a esta altura es la legión extranjera...
Como se ve, la nómina de borocotizados sería interminable. Sólo déjenme escribir que el primer caso de borocotización de este período democrático fue protagonizado por un concejal del PI de San Isidro allá por 1984. El señor Prado, operado por Leopoldo Moreu, prócer de la pura y casta UCR, dejó el partido de Alende para sumarse al radicalismo no Possista del paquete distrito de zona norte...
Algún criterio más de avanzada debería imponerse para ordenar y emprolijar estos actos de piratería como el de Cabanchik o el SI ¿No les parece?