El jueves 28 de julio a las 13.50 publiqué este post donde criticaba al diario La Nación pues en su página web seguía insistiendo con que la muerte de la beba de Ayacucho había sido un homicidio a pesar de que la autopsia había demostrado que no había lesiones ni rastros de agresión en su cuerpo. Acá está la captura de pantalla que hice ese día:
Ese mismo jueves 28 de julio a las 17:34 publiqué este otro post motivado básicamente por la obcecación con que La Nación seguía insistiendo en la hipótesis-a esa hora descabellada- del homicidio y observé que si bien había retirado la alusión al asesinado en las primeras líneas, lo seguía sosteniendo en el interior de la nota. Veamos: a continuación va la captura de pantalla de la actualización de la noticia que hizo el diario a las 16:40
Pero leyendo íntegro el cuerpo de la noticia encontré que seguían afincados tercamente en la idea de que se trataba de un homicio, por suerte hice la captura de pantalla al párrafo en cuestión que es ésta:
(Click en la imagen para ampliar)
Por suerte hice esa captura de pantalla puesto que ahora La Nación cambió el texto por éste que aparece hoy en la misma noticia:
(Click en la imagen para ampliar)
Queda claro que La Nación no se interesó demasiado en investigar el caso y mi interpretación es que procedió así porque priorizó su interés político por sobre su deber de informar. Una de las marcas de época de los grandes medios argentinos es subsumir lo periodístico al interés de la empresa. Siempre lo hicieron, pero ahora esta práctica se ha vuelto desenfadada. De las consecuencias, por supuesto, nadie se hace cargo. Si la noche del miércoles 27 de julio la pueblada de Ayacucho incendiaba la intendencia y la comisaría, nadie tendría que dar explicaciones y los mismos medios que tiraron kerosene al fuego social en esa pequeña ciudad se hubieran desentendido del asunto con una caradurez que indigna.
Lo importante es que esto es sólo una muestra más de la liviandad con que los medios realizan su trabajo, de cómo sus intereses políticos condicionan hasta verdaderamente infectar la resultante periodística. Mientras la prensa insista en sacar rédito político de los hechos delictivos no hará más que exacerbar los aspectos irracionales del fenómeno. Las consecuencias luego son realmente penosas, como lo es confesión de esta pobre mujer que apeló a la "inseguridad" para explicar la muerte de su beba. Es horrible sospechar que a la pobre madre se le cruzó por la mente la idea de alguna presunta responsabilidad y por eso recurrió a esta coartada que resultó creíble porque están dadas las condiciones propicias en una sociedad absolutamente ametrallada minuto a minuto con noticias policiales.
Son pequeñas pruebas de un síntoma horroroso: hace un año al joven Matías Berardi la ciudad se le volvió cárcel porque aquellos a los que recurrió en su huida de los captores no le creyeron y lo dejaron solo en la calle a expensas de la balas que le quitaron la vida. Ahora una madre que no encuentra mejor coartada para justificar la muerte de su beba que inventar un asalto.
Hay medios que no se hacen cargo de las consecuencias que acarrea su actitud ante el delito y muy probablemente no lo harán nunca. El machaqueo con la "inseguridad", la multiplicación en zócalos y repetición de noticias luctuosas tiene un correlato nefasto que es la exacerbación del peor individualismo. Por eso hasta una fuerza política como la de Alfonsín-De Narváez se publicita con un spot que promociona el "hacé la tuya y no te metas". La que paga los platos rotos por esto es la sociedad en su conjunto. Si estamos todos asustados quedamos imposibilitados de vincularnos con el otro, amontonados en una multitud de solos, que es lo que necesitan desde los delincuentes de barrio hasta las grandes corporaciones para sacar el mejor provecho.
.