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lunes, 8 de febrero de 2010

Y dale con la clase media...


Un amigo (al que prefiero no nombrar porque me escribió a mi casilla de correo y no al blog) me mandó esta columna de opinión publicada en julio del año pasado, titulada "El desafío", de un tipo interesante como Enrique Martínez, presidente del INTI, donde vuelve a surgir "el tema" de la clase media.

La columna merece ser releída...

¿Ya está?

¿Ya la leyeron?

Bien, sigo: Este amigo me mandó la columna como diciendo "Leí algunas cosas raras en un post del otro día -raras en el e-mail significa medio pelotudas- y acá te mando esto que escribió Martínez porque da en la tecla"

En realidad, el problema acá no lo tiene Mártínez, quien escribe algo políticamente correctísimo, sino la postura de mi amigo, que no es otra que la reincidencia en esa obstinación anti clase media que para lo único que sirve es para sacarse las ganas rajándose una buena puteada, pero que no acumula, no suma, con lo que la resultante política es cero.

Podría ser que lo que esté pasando tranquilamente sea que hemos ingresado en un tiempo donde una porción mayoritaria de la sociedad argentina sencillamente no quiere trastocar nada de lo instituido; podría ser que desde nuestro lado tengamos un muy serio déficit para emitir nuestro proyecto; podría ser también que el kirchnerismo no ofrezca para afuera la imagen que nosotros creemos que tiene desde adentro (¿Viste que esto nos pasa a todos, que hay días en nos vemos más lindos que otros, pero en una de esas para los que nos ven somos el mismo escracho de siempre?)

En cualquier caso, la actitud no puede ser la de la beligerancia sin pausas. Eso no conduce a ningún lado. Si fuera que provisoriamente una ancha franja de la clase media ha elegido encolumnarse atrás de Clarín, AEA y la Mesa de Enlace, bueno, ¡A apechugar se ha dicho! Habrá llegado la hora del repliegue ordenado como dice siempre Manolo, pero siempre haciendo política, nunca puteándose al pedo con la gente. Porque la puteada gratifica, desahoga, limpia, libera ciertas putrefacciones acumuladas, pero no construye, no convoca, no seduce en términos de la cosa colectiva.

La verdad es que ese comentario de Eduardo, que plantea que mientras leamos a la clase media vía Jauretche en lugar de tratar de entenderla no vamos a ir a ningún lado, me parece cada vez más jugoso. Porque está clarísima la raíz socioeconómica del conservadurismo de los sectores medios, está clarísimo también que es un sector proclibe a acompañar gestas o movidas lejanas, que no incidan en lo más mínimo en su existencia real, en su cotidianeidad. Está claro que el matrimonio joven que está hasta las manos con un crédito hipotecario lo que menos desea es que ciertas turbulencias le compliquen aún más su yugo cotidiano. Han elegido laburar horas extras para garpar la cuota del departamento y el Gol cero Km y lo que menos desean es alguna imprevisibilidad.

Está claro, además, que son presa del terrorismo ejercido por los gurúes y el cerco mediático. Está claro que están convencidos -y a muerte- en que el retorno a "la senda de los noventa de la que nunca debimos apartarnos" es el camino más corto y previsible a sus sueños de ser una familia "normal".

Pero también está claro que la acción política es transformación, es estudiar siempre todas las jugadas posibles porque generalmente hay una que es la mejor, sino para dar vuelta las condiciones, al menos para que nuestras posiciones no se desbarranquen definitivamente.
Este es, creo, el desafío que tenemos todos aquellos que estamos convencidos de que nuestro proyecto es superador, sino el único, ante los cantos de sirena que diariamente propala el dispositivo mediático: Escuchar, escuchar con paciencia las razones y los argumentos de quienes según nuestro punto de vista escupen para arriba, asumir que algunas de las cosas que dicen en algo se fundamentan (querer hacerle creer a alguien que De Vido encarna la vía nacional al socialismo es medio loco ¿no?) Pero además, nunca perder de vista el nivel de retroceso que hemos experimentado en lo ideológico: Hoy Mercedes Marcó del Pont irrumpe como un cuadro "NA CIO NAL" cuando en el debate político de los ochenta el desarrollismo que ostenta significaba una variante más de las recetas de la derecha.

¡Si habremos ido para atrás que los lineamientos de la nueva presidenta del BCRA hoy aparecen como progresistas!!!

Y luego pensar, pensar mucho la jugada y trabajar antes que nada sobre las propias contradicciones de esos argumentos, por ejemplo plantear que todos los que proponen como única salida el diálogo y el consenso, siempre nos dejan afuera a nosotros, y lo peor, están todos peleados entre sí.

Con eso basta para el intercambio de ideas del lunes. En los días sucesivos se podrán ir poniendo sobre la mesa otras de las innumerables y variadas contradicciones de las fuerzas opositoras.

Como bien hacen los troskos cuando surge una discusión en una esquina donde están vendiendo la prensa partidaria: preguntar, preguntar y preguntar.


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