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domingo, 28 de febrero de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
Esta noche homenajeamos a Ariel Ramírez en La Bloguera
El "Blogsito musical" se apropia de La Bloguera de esta noche para homenajear a Ariel Ramírez.
Vamos a hablar con Chango Farías Gómez, Manolo Juárez y Lilián Saba, entre otros músicos, sobre la figura y la obra de este sustancial músico argentino.
LA BLOGUERA
22.00 a 23.00
RADIO AMERICA - AM 1190
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Ariel Ramírez: Un inoxidable de nuestra música
Ariel Ramírez fue algo así como el Ford Falcon del nuestra música popular. Es imposible atravesar los últimos 70 años del folklore argentino sin su presencia, siempre en el centro exacto del movimiento, siempre tensionando entre la vanguardia y el conservadurismo y siempre ensanchando el rumbo de la canción popular.
Tengo un momento grabado muy cariñosamente en mi memoria y es cuando en el año 2000 Jorge Lanata entrevistó a Charly García en “La Luna”. Fiel a su estilo de sarasear de lo que no conoce, el gordo desvalorizó de una manera muy zonza a Ariel Ramírez, generando una refutación de una sencillez y honestidad por parte de Charly que me hizo sentir vergüenza ajena.
Tengo también el recuerdo de un chiste cuya mordacidad encubre una gran injusticia: Ese chiste hablaba de un aviso clasificado que decía:
“Vendo piano, poco uso en el medio”
Firmado: Ariel Ramírez.
Esta humorada, seguramente un invento de uno de esos burócratas de las teclas que tocan rapidísimo pero nunca una página propia, me hizo reír mucho y al mismo tiempo me generó –y genera- muchísima bronca porque desconoce la importancia casi fundacional de Ariel Ramírez en la investigación y desarrollo de nuestro folklore.
No hay que olvidar que todo lo referido a nuestra música popular está muy fresco en el tiempo. No hay que olvidar, sin ir más lejos, que por ejemplo fue “El tata” Farías Gómez (el padre de Chango y Marián) uno de los primeros buceadores en cómo tocar una chacarera o una zamba con el piano. Hay que analizar los comienzos y el desarrollo de nuestro folklore desde una perspectiva histórica y ver, entonces, que cuando arrancaron tipos como Yupanqui, Ramírez o Adolfo Abalos casi no había referencias, casi no había “pasado” y por supuesto no existían ni libros ni teoría ni nada. Todo había que inventarlo, todo debía ser escrito, todo debía ser fundado. De ahí es que quien ha muerto es fundacional a nuestro folklore.
Sucede que cuando analizamos a músicos como Ariel Ramírez nos cuesta horrores situarnos en los tiempos en que arrancaron. Si lo lográsemos, veríamos que el desarrollo obtenido en la música de raíz folklórica cuando fallece Ramírez es inmenso desde todo punto de vista en relación a los tiempos en que grabó su primer disco de 78 R.P.M.
El alemán Joachim E. Berendt, uno de los mejores críticos de jazz de la historia supo escribir que contrariamente a lo que pueda pensar cualquier fanático de la vanguardia jazzística, Louis Armstrong fue mucho más revolucionario que Charlie Parker o Miles Davis por la sencilla razón de que los cambios introducidos en el desarrollo del jazz entre el tiempo en que él comenzó a tocar y el tiempo de su retiro fueron muchísimo mayores que los cambios introducidos por Bird o el mal llevado de Miles.
Algo similar ocurre con Ariel Ramírez. Nosotros crecimos con Alfonsina y el mar, con La Tristecita, con la Cantata sudamericana. Nosotros crecimos con ese disco que grabó junto al Conjunto Ritmus, una formación de percusión sinfónica que por primera vez se reunía con un músico popular para amalgamar ambas corrientes. Pero todo eso tuvo que ser inventado, debió pensado alguna vez. Por eso nos cuesta tomar conciencia de la anchura y la profundidad de la obra de este pianista y por eso el mejor homenaje que se le puede hacer a don Ariel es tratar de entender lo complejo que era componer y tocar nuestros ritmos cuando casi no había referencias.
Su hija Laura me contó alguna que ella era chiquita cuando lo acompañaba al estudio de grabación de la Phonogram, en Freire y La Pampa, donde ahora está el Colegio Pestallozzi. Para grabar en aquellos tiempos tenían que respetar los horarios de los trenes y parar cuando pasaban porque afectaban la grabación. Esta anécdota, que da una imagen de suma precariedad en lo tecnológico quizá sirva para que nos demos una idea y entender desde dónde arrancaron estos tipos.
Tengo un momento grabado muy cariñosamente en mi memoria y es cuando en el año 2000 Jorge Lanata entrevistó a Charly García en “La Luna”. Fiel a su estilo de sarasear de lo que no conoce, el gordo desvalorizó de una manera muy zonza a Ariel Ramírez, generando una refutación de una sencillez y honestidad por parte de Charly que me hizo sentir vergüenza ajena.
Tengo también el recuerdo de un chiste cuya mordacidad encubre una gran injusticia: Ese chiste hablaba de un aviso clasificado que decía:
“Vendo piano, poco uso en el medio”
Firmado: Ariel Ramírez.
Esta humorada, seguramente un invento de uno de esos burócratas de las teclas que tocan rapidísimo pero nunca una página propia, me hizo reír mucho y al mismo tiempo me generó –y genera- muchísima bronca porque desconoce la importancia casi fundacional de Ariel Ramírez en la investigación y desarrollo de nuestro folklore.
No hay que olvidar que todo lo referido a nuestra música popular está muy fresco en el tiempo. No hay que olvidar, sin ir más lejos, que por ejemplo fue “El tata” Farías Gómez (el padre de Chango y Marián) uno de los primeros buceadores en cómo tocar una chacarera o una zamba con el piano. Hay que analizar los comienzos y el desarrollo de nuestro folklore desde una perspectiva histórica y ver, entonces, que cuando arrancaron tipos como Yupanqui, Ramírez o Adolfo Abalos casi no había referencias, casi no había “pasado” y por supuesto no existían ni libros ni teoría ni nada. Todo había que inventarlo, todo debía ser escrito, todo debía ser fundado. De ahí es que quien ha muerto es fundacional a nuestro folklore.
Sucede que cuando analizamos a músicos como Ariel Ramírez nos cuesta horrores situarnos en los tiempos en que arrancaron. Si lo lográsemos, veríamos que el desarrollo obtenido en la música de raíz folklórica cuando fallece Ramírez es inmenso desde todo punto de vista en relación a los tiempos en que grabó su primer disco de 78 R.P.M.
El alemán Joachim E. Berendt, uno de los mejores críticos de jazz de la historia supo escribir que contrariamente a lo que pueda pensar cualquier fanático de la vanguardia jazzística, Louis Armstrong fue mucho más revolucionario que Charlie Parker o Miles Davis por la sencilla razón de que los cambios introducidos en el desarrollo del jazz entre el tiempo en que él comenzó a tocar y el tiempo de su retiro fueron muchísimo mayores que los cambios introducidos por Bird o el mal llevado de Miles.
Algo similar ocurre con Ariel Ramírez. Nosotros crecimos con Alfonsina y el mar, con La Tristecita, con la Cantata sudamericana. Nosotros crecimos con ese disco que grabó junto al Conjunto Ritmus, una formación de percusión sinfónica que por primera vez se reunía con un músico popular para amalgamar ambas corrientes. Pero todo eso tuvo que ser inventado, debió pensado alguna vez. Por eso nos cuesta tomar conciencia de la anchura y la profundidad de la obra de este pianista y por eso el mejor homenaje que se le puede hacer a don Ariel es tratar de entender lo complejo que era componer y tocar nuestros ritmos cuando casi no había referencias.
Su hija Laura me contó alguna que ella era chiquita cuando lo acompañaba al estudio de grabación de la Phonogram, en Freire y La Pampa, donde ahora está el Colegio Pestallozzi. Para grabar en aquellos tiempos tenían que respetar los horarios de los trenes y parar cuando pasaban porque afectaban la grabación. Esta anécdota, que da una imagen de suma precariedad en lo tecnológico quizá sirva para que nos demos una idea y entender desde dónde arrancaron estos tipos.
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