Este post lo publiqué en junio pero me parece que viene bien refrescarlo, a propósito de cómo se está promoviendo el debate entre candidatos a presidente en las últimas horas
--------------
En 2007, Mauricio Macri se comprometió a construir 10 km de subte por
año, 40 en su primer período al frente del gobierno porteño. Como sabemos no
cumplió esa promesa y como castigo electoral en 2011 obtuvo la
reelección cosechando más votos incluso que en 2007. Por si fuera poco, en las recientes PASO, los
dos candidatos del PRO sumaron más votos aún que los de Mauricio Macri en 2011.
El subte, sabemos, es un emblema de la ciudad de Buenos Aires, pero el
incumplimiento de Macri en ese rubro no le significó castigo electoral alguno, más
bien todo lo contrario.
Este ejemplo basta y sobra para aniquilar el sonsonete sobre
la importancia de los debates entre candidatos y la presunción de que un
candidato que no cumpla con lo sostenido en un evento de esas características
pagará luego un costo elevado. En realidad, la discusión en torno a este asunto
es bastante precaria ya que encubre una mirada formalista y muy superficial de la
contienda democrática, lo mismo que la suposición de que la exhibición de una
plataforma electoral orienta al elector al momento de decidir su voto. Nadie
vota al partido X por lo que diga el punto 3 de la plataforma en el rubro
Educación. Nadie tomó en cuenta la plataforma de Alfonsín para optar por él en 1983 ni
la de Menem en 1989 o la de De la Rúa en 1999. En la Convención Nacional del PI
de 1983, celebrada en el Hotel Crillón, cuando se quitó "Reforma
Agraria" y "Estatización de la banca y el comercio exterior" de
la plataforma electoral, la Juventud se retiró del recinto en clara manifestación
de protesta. Luego regresó y aceptó a regañadientes los cambios. Al día de hoy
no se han hallado votantes que en las elecciones del 30 de octubre dejaran de
votar a Don Oscar por esas podas en la plataforma electoral. Tampoco se conocen
casos de ciudadanos que pensando votar en contra del tratado del Beagle con
Chile, allá por 1984, hayan cambiado su voto por la paliza que le pegó el
entonces caciller Dante Caputo a senador peronista Vicente Leónidas Saadi, como tampoco nadie que pueda fundamentar que
la paliza de Cafiero a Juan Manuel Casella en 1987 se haya cocinado en el
famoso debate para el que el candidato alfonsinista se hizo a nueva la
dentadura. Tampoco se conocen votantes de Menem que decidieron votar a Angeloz
cuando el riojano dejó la silla vacía...
Nuestro debate electoral está repleto de frases bienintencionadas
y lugares comunes que están en franca disputa con el uso de la inteligencia y la capacidad de razonar las cosas yendo un poco más allá de la frase hecha. Hace poco,
Margarita Stolbizer -sin dudas la abanderada del lugar común bienintencionado- planteó que se debe votar a favor de propuestas y no "en contra de tal o
cual candidato". Una soberana idiotez: en realidad uno siempre vota a
favor y en contra de algo. En mi caso, recuerdo que en 1989 voté a Menem para
que Angeloz no hiciera lo que luego hizo el turco (sí, el mismísimo candidato que luego admitiría haber mentido puesto que si confesaba en la campaña su verdadero plan de gobierno no lo votaba
nadie). En las elecciones que se avecinan, alrededor del 80% del electorado
optará por continuar siendo gobernado por el FPV o por el retorno a aquél
"país normal" pre 2003 que enarbola Mauricio Macri. Es claro, no le
busquemos más vueltas. Ahí nadie mirará qué propone Macri o el candidato que
finalmente presente el FPV. Se votará continuidad o retroceso.
Pero por otra parte, y volviendo al tema de los debates, no
conozco grandes cambios de opinión como consecuencia de un debate, es más: sí
me consta que en líneas generales los debates sólo sirven para reafirmar las
posiciones previas de los espectadores. Generalmente, el que está identificado
por el candidato A refuerza su predilección por él, lo mismo el que está a
favor del candidato B, y así sucesivamente. Si Jorge Asís se presentara como candidato a presidente, muy probablemente ganaría con comodidad todos los debates merced a sus dotes de eximio polemista ¿Alguien en su sano juicio cree que ganaría una elección?
Finalmente ¿Deben realizarse los debates? Por supuesto que
sí, pero sin dar por el pito más de lo que el pito vale, ni mucho menos
caer en las trampas que nos tienden ciertos armados como "Argentina
debate" que responden exclusivamente a los intereses de los conglomerados mediáticos,
como este que ahora se viene promocionando. Seamos claros: un candidato puede realizar cualquier promesa y luego hallar 10 razones a la vuelta de la esquina para explicar que, "lamentablemente", esa propuesta no podrá ser llevada a la práctica por tales y tales motivos. El caso de Macri que citamos al comienzo es de libro.
Nuestra democracia se está debiendo cosas mucho más cruciales que los debates. Sin ir más lejos, es mucho más importante reformar la Constitución para instalar un sistema electoral serio como en la mayoría de los países, donde para ganar en primera vuelta se debe obtener más del 50% de los votos y enterrar así este sistema vergonzoso que idearon Menem y Alfonsín en 1994.
Nuestra democracia se está debiendo cosas mucho más cruciales que los debates. Sin ir más lejos, es mucho más importante reformar la Constitución para instalar un sistema electoral serio como en la mayoría de los países, donde para ganar en primera vuelta se debe obtener más del 50% de los votos y enterrar así este sistema vergonzoso que idearon Menem y Alfonsín en 1994.