La grieta no es la pelea con el gordo Casero o Campanella cuando se mandan alguna declaración que aunque nos disguste, expresa sus legítimos puntos de vista como opositores que son. La grieta de verdad, la de fondo, la que sigue vigente, es la que coloca de un lado al pueblo y del otro a la cría de los que bombardearon Plaza de Mayo sesenta años atrás junto a los que los festejaron.
La oligarquía, que ahora se denomina "los mercados", no dudó en mandar los aviones contra el pueblo en 1955 y 21 años después lanzar una cacería que se llevó 30.000 argentinos. Su descendencia política es la que se movilizó, aparaguada, el 18 de febrero convocada por la corporación judicial. Son los mismos sectores que celebraron golpes de estado y proscripciones, los que nutrieron de cuadros a los sucesivos golpes de estado que siempre se promocionaban a favor de las instituciones y la democracia. Tenemos el triste privilegio de provenir de un tiempo donde el poder cívico-militar proclamaba que daban el golpe para generar las condiciones de una democracia como la gente, plena de diálogo y consenso. Esa democracia tenía una sola condición: que no gobernara el peronismo.
Por eso hoy, cuando se cumplen 60 años de aquél horror, bien vale la pena recordar cuál es la verdadera divisoria de aguas en nuestra patria. La lucha es contra los herederos de ese golpismo y contra los que jetean respeto y fidelidad a las instituciones pero se las pasan por el forro cuando se trata de defender sus propios intereses. Cobos fue transformado en la norma Iram del demócrata cuando votó en contra del gobierno al que pertenecía y representaba; hoy Fayt es defendido a capa y espada cuando todos sabemos que es un pobre anciano imposibilitado de ejercer su cargo. Los senadores opositores que se niegan a dar quórum para cumplir con la manda constitucional de nombrar un ministro que ocupe la vacante en la Corte Suprema son presentados como defensores de la calidad institucional.
Si de oponerse a un gobierno popular se trata, valen los bombardeos, las pintadas a favor del cáncer, el golpismo como método y todas las violaciones a la Constitución que sean necesarias.
Ahí está la grieta