Intento escribir largo. Son las seis de la mañana y creo que si dormí, no fue más que una hora. El resto fueron vueltas en la cama con la cabeza encendida y mil imágenes que la surcaban sin parar.
Me levanto y leo a Martín. Este tipo es cosa seria. Por favor
lean esto.
Pretendo hallar la punta del hilo porque así el análisis será más fácil de concluir. Estoy tratando de explicarme porqué pasó lo que pasó y pretendo antes que nada no regalarme nada porque entonces será al pedo estar escribiendo. Uno escribe para otros pero antes que nada, para uno mismo. Uno se aclara el bocho escribiendo, es como que lo
desfragmenta. Entonces, para que el ejercicio sea saludable, para que las ideas fluyan y para que a vos y a mí nos sirva esto trataremos de ser precisos.
El
kirchnerismo, o si
querés Néstor Kirchner empezó a perder las elecciones de ayer cuando en enero de 2007 metió mano en el
INDEC. Ahí comenzó a friccionar, a poner una rueda en la
banquina. Sin entrar en lo técnico, desde lo político se adentró en un escenario nada ventajoso. Lo que empezaba a poner en tela de juicio era su palabra, la credibilidad de su palabra. Cuando
Kirchner lo manda a Guillermo Moreno a “arreglar” el
INDEC comienza el derrape porque lo que va a perder en esa aventura es la credibilidad en su propia palabra. El resto es historia conocida. Un país sin cifras, o si
querés, un país si un código, sin un acuerdo colectivo sobre determinadas estadísticas es casi como un país sin una hora oficial ¿Se entiende?
La intervención en el
INDEC le abrió las puertas a la derecha de manera insospechada, y por supuesto que los muchachos no son de dejar pasar las oportunidades. Se empezó a entablar un choque entre dos datos, entre dos cifras y perdió absoluta credibilidad la palabra oficial con todo lo que eso implica. Un gobierno al que cada vez se le cree menos está en serios problemas.
Luego vino la designación de Cristina para la presidencia y ahí apareció otro síntoma: La nueva presidenta nunca dejó de ser “la esposa de” y si bien ganó por una diferencia amplísima, su crédito era virtualmente inexistente. Por más vueltas que le demos, era la esposa de
Kirchner y eso la condicionaba.
Tenemos entonces un manejo suicida del
INDEC que le quita credibilidad a la palabra oficial y luego una presidencia débil en un país
férreamente presidencialista, pero faltaba el tercer elemento que fue la resolución 125 y la mojada de oreja a un sector que si se lo presumía emblemático, demostró con creces su capacidad política para derrotar nada menos que a un gobierno que hasta poco tiempo atrás parecía invencible.
En julio del año pasado, a sólo seis meses de asumido, el gobierno de Cristina
Fernández sufría una derrota estrepitosa y no por
Cobos, porque el enfrentamiento con la Mesa de Enlace lo dejó hecho jirones, esa es la verdad.
Ya hemos escrito mucho al respecto en este blog, de modo que no vamos a repetir argumentos trillados, sólo anotaremos como idea que el gran error del
kirchnerismo en la 125 fue no advertir que sus días todopoderosos habían
concluido. Su gran equivocación fue el error en el que incurren generalmente todos los gobiernos que han tenido mucho poder: el no advertir que un buen día ese poder se achica y que entonces las consecuencias serán costosas. Bien, el
kirchnerismo no tuvo sensores para medir esa pérdida de poder, esa imagen de invencible y justo se trenzó con el campo. No sólo eso, se trenzó con el campo que había experimentado un nivel de crecimiento y negocios espectacular y que por supuesto no estaba dispuesto a perder privilegios de un día para otro.
Ahí se terminaron de perder las elecciones de ayer. Ahí apareció la capacidad de
Néstor Kirchner para inventar, para fortalecerse en la debilidad, para seguir jugando a todo o nada, para arrinconar a los rivales, para subirles la apuesta día a día. Pero ese empeño, esa actitud temeraria iba mostrando una debilidad creciente que supo ser advertida por la sociedad.
Un gobierno que enfrenta al campo, a las fuerzas de la oposición política, al dispositivo
mediático y últimamente a
Techint junto a buena parte de los industriales habrá de ser muy poderoso para salir ileso de tamaña embestida. No era el caso, lo sabemos.
Kirchner los puso a todos enfrente y la verdad es que tenía casi nada porque aún ganando ayer por 8 puntos la provincia de Buenos Aires, básicamente con los votos del segundo cordón y perdiendo por paliza en el interior, no hay muchas formas de emerger con algún nivel de legitimación de las urnas.
Hay otra forma de analizar los resultados de ayer y es ver qué le pasa por la cabeza a la sociedad argentina. Escribimos hace poco que hay una porción importante de los argentinos y más específicamente de los sectores medios, que tiene la sensación que la crisis del 2001 fue algo coyuntural, un error, fruto de una mala gestión y que por lo tanto una vez corregidas algunas variables, una vez que retornamos a “la normalidad”, se debe seguir con aquél modelo que tan feliz nos hizo. En lugar de caracterizar al 2001 como el paredón donde inexorablemente se tenía que estrellar la convertibilidad, pareciera que se lo ve como un error, producto de la mala gestión de Fernando De La Rúa. Entonces de lo que se trata ahora, que salimos de la crisis, que recuperamos puestos de trabajo y actividad económica, es de volver a aquel diseño, a aquél formato de los 90.
Por eso no es casual que ayer haya ganado un candidato que propone como modelo el retorno a la década del noventa.
Por eso no es casual que gane espacio día a día esa cosa de la no confrontación ¿Porqué prende tanto esa idea de no confrontar? Pareciera que prende por una cuestión de hegemonía en términos
gramscianos: La mayoría de la población está convencida que la situación no se puede ni se debe cambiar.
¿Y también no habrá que analizar si el
kirchnerismo no se quedó a mitad de camino? ¿No habrá que pensar que en una de esas muchos de nosotros pusimos algún exceso de
voluntarismo para ver en el
kirchnerismo rasgos transformadores que por ahí no eran tales?
Quiero decir que en una de esas al
kirchnerismo le faltó definición político-ideológica para perfilarse nítidamente y desde ahí captar más voluntades y apoyo.
Quiero decir que pensemos en si no se quedó a mitad de camino y ello resultó suicida.
El
kirchnerismo ha sido de lo mejor que le ha pasado al país desde 1983 a la fecha y al lado del
macrismo y las diversas cepas del radicalismo sigue siendo preferible, pero preferible para mí y un montón de amigos, quizá no para la mayoría de sociedad.
Porque a veces hay que ir más a fondo, porque sin te
quedás ah, a mitad de camino o en mitad del río
corrés serio peligro de que la corriente te arrastre. Quizá el
kirchnerismo se quedó a mitad del río…
Un gobierno que se sostenga en la
CGT y en el segundo cordón del
conurbano tiene que ser un gobierno
decididamente revolucionario y dispuesto a ir a fondo con las transformaciones sociales ¿Es eso el
kirchnerismo? No parece.
Si elegís apoyarte en la
CGT y el segundo cordón porque
tenés un proyecto marxista, está bien, te
jugás el todo por el todo ahí. Pero si seguís siendo un proyecto populista y
policlasista con tenues medidas de inclusión (que llegaron sólo hasta 2007) estás en serios problemas.
Entonces, si tu proyecto no es transformar radicalmente la sociedad no te
podés dar el lujo de aislarte y perder vasos comunicantes con el mismísimo
peronismo santafecino y cordobés. No hay futuro, o si lo hay es un futuro con mucha turbulencia el que te espera si en distritos emblemáticos no
figurás.
El punto es cómo sigue esta historia cuando aún le quedan dos tercios de mandato a Cristina de pato muy pero muy rengo. Iremos sin duda elaborando entre todos un diagnóstico de lo que pasó y es bueno que vayamos pensando qué vamos a hacer todos los que nos hemos encontrado en esta hermosa experiencia política.
Néstor salió anoche a poner la cara y lo hizo con las deficiencias del caso. Esto es igual que cuando las cámaras enfocan a los
ternados que no ganaron el Martín
Fierro, por más que se esmeren, los rostros son inmodificables. Salió a poner el cuerpo y sí algo hizo bien fue remarcar que nosotros no vamos a molestar con el tema del fraude, cuestión que debe quedar remarcada a fuego para que la historia registre estos datos que no son menores. Siempre que fue derrotado el
peronismo asumió la situación sin salir a
deslegitimar el triunfo del adversario.
Una pregunta que por ahora no tiene respuesta es si el parlamento tendrá legitimidad para tomar alguna medida antes de que asuman los nuevos legisladores. El sentido común indica que la actual composición es ya vieja y que si bien tiene mandato constitucional hasta el 10 de diciembre, cualquier medida que tome, de no ser por consenso, tendrá una legitimidad dudosa.
Otra pregunta es cómo se para el gobierno ante la
UIA y la Mesa de Enlace, que van a venir por todo ¿Qué resto tiene Cristina para sostener un punto de vista distinto al de las corporaciones?
La buena noticia es que ahora las fuerzas de la oposición entran a tener algo que ver en la gestión y empezarán por ende a pagar costos por algunas decisiones que se tomen. Por ejemplo, si la oposición la emprende con la eliminación de las retenciones y logra imponerse, pues empezarán a faltar recursos en las arcas del Estado que se traducirán en ajustes no deseados.
El gobierno ha sido derrotado pero aún tiene margen de acción y sigue siendo la primera minoría en diputados y senadores. Tiene espacio para maniobrar y tiempo para
recomponerse. Si se hace una buena lectura de la derrota y se extraen enseñanzas se puede salir a flote o, por lo menos, lograr un mínimo de
gobernabilidad sabiendo, repito, que ahora es también oposición la que empieza a verse comprometida con el devenir de los acontecimientos.
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