
"La monarquía sigue intacta" descerrajó Ulises Forte luego de la sesión donde el oficialismo logró una nueva victoria, impensada un mes atrás, para prorrogar las facultades delegadas al Poder Ejecutivo. Fue emocionante el discurso de Agustín Rossi que vuelve a ratificar una vez más que es de lo mejor que ha traído el kirchnerismo a las grandes ligas de la política argentina. Habrá que hacer fuerza para que su discurso aparezca en la red de modo que los que no lo pescaron anoche puedan degustarlo y aleccionarse dado que constituye una clase magistral para entender qué está discutiendo la Argentina y cuáles son los principales ejes del oficialismo en ese debate.
Entre la rescinción del contrato de la AFA con TSC y esta votación de anoche, el país amaneció con la sensación de que contrariamente a lo que se podía esperar,
el kirchnerismo sigue siendo la única fuente de generación de política en estos tiempos y su capacidad para recuperarse de las caídas sigue siendo digna de estudio. Luego de la 125, cuando se veía al gobierno sufriendo las consecuencias de una derrota demoledora, de buenas a primeras, un buen día se comenzó a hablar de la estatización de los fondos previsionales con los resultados conocidos. Ahora, luego de la durísima derrota en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, cuando muchos pensaban que definitivamente el "muñeco maldito" definitivamente había fenecido y la platea suspiraba aliviada, faltaba
este golpe de efecto que como en el cine hizo saltar a todo el mundo en la butaca.
Como en la zaga de films tipo Martes 13 o Noche de Brujas, el monstruo parece imposible de matar y la historia vuelve a anotar nuevos récords de un gobierno y su inspirador que siguen dando muestra de una capacidad de acción política demoledora.
Ayer Ernesto Tenembaum lloraba en la radio del grupo diciendo que Kirchner tiene una gran capacidad para hacer daño. Le faltó agregar que el daño era para su empleador, básicamente, que demostrando una vez más aquello de que hasta los más poderosos cometen errores infantiles, hizo y deshizo en el manejo del fútbol a gusto y placer hasta que en el momento menos pensado se le escapó la tortuga...
Nadie puede hoy arriesgar cómo será el desenlace de este conflicto entre la AFA y Clarín. Nadie puede tampoco asegurar que el gobierno obtenga réditos políticos de este entuerto porque, seamos claros, si hasta muchos ingratos que recibieron una jubilación votaron en contra y se quejan que cobran poco, no pensemos que de un día para otro el mundillo del fútbol te va a votar o a mirar de mejor modo porque tenga la posibilidad (hay que ver cómo se concreta, cómo se efectiviza) de ver algunos partidos gratis desde la catrera.
Sigo pensando que estamos ansiosos de un triunfo y que en consecuencia queremos ganar lo que sea y como sea, y puede estar bien que muchos piensen eso, forma parte de la condición humana.
El punto, me parece, es ver si esta confrontación con el multimedio se traducirá en alguna ventaja para el oficialismo. Desde el vamos es dable suponer que las condiciones han cambiado notablemente para el gobierno y que vuelve a tener posibilidades de recuperar terrenos perdidos. La realidad marca que las patrullas opositoras siguen sin tener un plan, por eso el reto de Biolcatti en el exabrupto que fue esa suerte de asamblea en la rural de diez días atrás. Estas patrullas se acostumbraron a la comodidad de ser una oposición sin chances pero el resultado del 28 de junio se les empezó a transformar en un problema. A partir del lunes 29 el teorema de Baglini se empezó a notar ¡y cómo! Ya no es tan fácil seguirle el tranco a la Mesa de Enlace, entre otras cosas porque lo que pide atenta seriamente contra las ambiciones de quien tenga aspiraciones de gobernar en 2011. Ya no es tan fácil tampoco petardear al gobierno porque aunque nadie lo reconozca, la posibilidad de que les tiren el gobierno por la cabeza siguen estando vigentes.
Es este el contexto que genera un tablero político raro, donde se reconoce a un derrotado pero donde no surge un ganador que acumule las rosas del triunfo, por eso no es casual que haya sido el mismísimo Biolcatti quien reconoció que la pelota estaba picando en el área y que si nadie la agarraba el que finalmente la iba a terminar manoteando sería el mismísimo Kirchner.
Algo de eso parece estar pasando.
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