Me acabo de enterar por el blog de Juan Pablo que en la Radio de las Madres (AM 530) levantaron la emisión del programa de Quique Pesoa, en rigor un estracto de una hora (El programa tiene tres) que iba al aire los sábados a las 21.
Era esperable. La pregunta en todo caso es , conociéndolo a Quique y viendo cómo maneja la radio Hebe de Bonafini, por qué duró tanto.
Acá abajo ustedes podrán escuchar lo que el propio Quique dice al respecto, pero no sería honesto conmigo mismo si no escribiera algunos razonamientos que se me vienen así como a borbotones y no los puedo contener:
Si la versión que da Pesoa es verídica (Habría que escuchar la otra campana ¿no?) la forma en que le comunican el levantamiento es pobre, pedorronga, lamentable y hasta si se quiere un poco cobarde. Creo que este tipo de medidas exigen que el director de la emisora agarre el teléfono y “poniendo lo que hay que poner” diga de frente lo que haya que decir, máxime cuando el levantado es una figura de las más importantes de la radiofonía argentina de las últimas décadas.
Seamos claros, si bien la comunicación de todo levantamiento de programas tiene un tamaño simbólico que excede al e-mail, mucho más se agranda la necesidad por lo menos “telefónica” si el tipo al que le levantás el programa es nada menos que Quique Pesoa.
Algo hay que dejar escrito ya mismo: En esta radio todo aquello que no le guste a Hebe de Bonafini será volado del aire sin la más mínima consideración, lo que nos lanza a otro debate y es el referido a la famosa “libertad de expresión” que al igual que el “periodismo independiente”, ya sabemos, en los medios tal cuál funcionan hoy, no existen.
Pesoa mismo tiene editoriales antológicas al respecto.
Seríamos una manga de ilusos o de necios si creyéramos que un medio de comunicación porque se autodefina de izquierda deberá respetar algo que no existe como, precisamente, la libertad de expresión.
Siempre que un medio sea de “alguien”, ese “alguien” decidirá qué emitir y qué soslayar. Sea Clarín, Hadad o Hebe de Bonafini.
No existe la "Libertad de expresión" como tampoco la "Igualdad ante la ley"
Sabemos que eso es verso.
Son frases hechas, grandes mentiras a las que recurren las empresas periodísticas para encubrir sus verdaderos intereses.
Frases que hay que cascotear para ir desarmando el dispositivo discursivo de la derecha mediática. Como cuando enarbolan esa palabreja horripilante que es “tolerancia” y que encubre un cinismo atroz ¿Porqué he de “tolerar” a un golpista, a un represor, a un antisemita? ¿Cómo es eso?
Frases hechas, grandes inventos que inundan Editoriales pletóricos de sofismas con que los grandes diarios camuflan su aguijón.
Hay que desmarcarse y no enfocar la problemática de los medios con los prismáticos de las empresas periodísticas.
Ni Clarín ni la radio de las Madres tienen que respetar lo que no existe. Lo que no hay que hacer, en todo caso, es mentir que se respeta lo inexistente, como hacen Clarín, La Nación y la cadena nacional de la gente linda. Desde este ángulo hay que reconocer que la 530 no iza esa bandera. No miente tanto.
Este levantamiento anunciado nos lleva a pensar cómo no se evaluó desde la dirección de la 530 la conveniencia de poner al aire un programa cuya línea editorial iba a colisionar con la de la emisora más temprano que tarde. Delata por ende una gran inexperiencia y cierta carencia de “olfato”, entre otras cosas porque si este tema llegara a ser tomado por la derecha mediática, preparémonos para el festival que se avecina, donde incluso muchos de los medios que lo echaron a patadas al mismísimo Pesoa capaz que ahora salen solidarizándose con él en una potenciación extrema de la mentira y la falsedad.
Hay que blanquear muchas cuestiones ligadas a los medios pues de lo contrario seguimos moviéndonos en un espacio de supuestos que no le hace bien a nadie. Tengo claro que lo que no le gusta a Hebe no sale al aire en la 530, pero al mismo tiempo digo que la 530 es una radio absolutamente escuchable: que sus informativos son alternativos; que el programa de Ricardo Horvath es exquisito y que hay otros programas muy escuchables; que tiene el mejor programa que existe sobre discapacidad ¿Se entiende? Todo está un poquito mezclado.
Y en una de esas no sé si no está bueno que así sea.
En cuanto a Quique digo que sólo le debo favores, pero eso no me impide decir que en política no coincido para nada con él, aunque ese es otro debate.
Lo puntual es que el tipo se fue a San Marcos y se las ingenió para tener su propio programa de radio, y que si fue bastante indómito cuando trabaja en medios de otros, imagínatelo ahora que hace su propio programa en su casa y lo cuelga en internet para que quien quiera lo baje...
Este episodio vuelve a poner sobre el tapete la necesidad de contar con medios plurales, donde puedan convivir diversas visiones políticas e ideológicas, incluso contrapuestas entre sí. Esos medios, de existir, sólo pueden ser garantizados por el Estado mediante una legislación específica. Mientras tanto, cada dueño o licenciatario de una radio o canal de TV seguirá manejando la programación según sus intereses políticos, ideológicos y comerciales.
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lunes, 13 de octubre de 2008
sábado, 20 de enero de 2007
EXTRAÑAMOS TANTO A QUIQUE PESOA
Además de la esencialidad radiofónica de Quique; Además de su visceralidad, de su “timming” único e irrepetible, hay otras virtudes insignes en su manera de hacer radio que son opacadas por su figura rutilante. A ellas me gustaría referirme dejando sentado desde el vamos que estas líneas tienen la necesaria carga de subjetividad de quién no solo aprendió a hacer radio escuchando a Quique, sino que integró su equipo entre el 2001 y el 2003 en la querida “Once Diez”.
Allá por 1999, en el marco de un Congreso Mundial de Comunicación, se montó un Estudio de Radio por el que desfilaron muchísimas personalidades del medio. Cuando le tocó su turno, Quique empezó a “sambar” con su archi conocido huevito y a canturrear casi como un susurro su también clásico:
“Estaba sentado debajo del limonero...”
Nada más... ni nada menos que eso, canturrear... Nada de tonos altos, de impostaciones cuarteleras, no, todo ahí, abajito...
Paulatinamente, el público que abarrotaba la sala fue bajando el tono y en instantes el silencio era absoluto. Y Pesoa con el huevito:
“chi qui chi – chi qui chi.. Estaba sentado debajo de un limonero...chi qui chi...”
Pesoa creando el clima, delimitando la cancha, llevando a la gente a SU juego, que en radio es Su Clima.
Primera lección: “Crear el clima”. Quique siempre sostuvo que la radio es una serie de “climas” y vaya si está en lo cierto. Ese día y en vivo, el tipo creó su clima y luego fue regulando a gusto y placer los sucesivos “climitas” de su improvisación radial.
¿Notaste que en la radio actual ya no hay climas? Todo es igual, monótono desde todo punto de vista. ¿Y por qué? Creo que porque es una radio hecha por periodistas generalmente venidos de la prensa escrita. Y la diferencia entre la radio y la redacción de un diario es abismal. Ejemplo: Mario Wainfeld se lucía como comentarista político, precisamente, cuando quien “le manejaba el aire” era Quique. Pero cuando tuvo que tomar las riendas sin ese gran “enganche radiofónico”, lo suyo empalideció y entre otras cosas se quedó sin clima, sin ritmo, sin punch, en suma: Sin radio. Podría arriesgarme a declarar: “Sin climas no hay Radio”
Por ahí andan en la memoria los climas de Guerrero Marthineitz; Por ahí anda la gran Betty Elizalde, otra genial creadora de climas; Por ahí anda Alejandro Apo poniendonos el alma en orsay los sábados a la tarde en Radio Continental, pero el resto es intemperie. Radio hecha por periodistas sin swing radiofónico donde, por ejemplo, la música virtualmente desapareció. Ahora se la usa como Separador, y desapareció como cierre contextual de un editorial, que es uno de los momentos más sublimes y potentes de la Radio. Ejemplo: Si luego de un comentario sobre los chicos de la calle se le pega a Mercedes Sosa cantando “A esta hora exactamente / hay un niño en la calle...” inevitablemente se conmueve a la audiencia, entre otras cosas porque tampoco ya casi se escuchan obras de Tejada Gómez. La música desapareció como elemento artístico y como contenido radiofónico. Es patético cuando escuchamos a un conductor decir “Vamos a un tema musical” El tipo no sabe qué va a sonar y hasta dudo que le importe. La música está pensada como Separador. Se estructuran los bloques y se los fragmenta con Tanda o música. Y ni hablar de la música en vivo, eso sí que ya es historia. (Lalo Mir hizo algo en Mitre pero no tenía el valor de lo hecho por Quique, entre otras cosas, porque Pesoa interactúa con los músicos, se les mete adentro y hasta se anima a tocar con ellos, trasciende el rol de mero presentador)
Fijate como en pocas líneas nos encontramos ya con algunas “cositas” que fundamentan nuestra “saudade” por Pesoa: “Clima” y “Música”
Pero hay algunas cosas mas:
Las Cortinas: Históricamente uno enganchaba un programa por sus cortinas. La cortina musical viste al programa y hasta lo perfila. Un programa cortinado con Quincy Jones inevitablemente sugerirá algo distinto a uno cortinado con Arjona...
En esta materia Quique también hizo escuela, jugueteando con las cortinas cantando arriba, boludeando, en fin: Haciendo Radio.
Las columnas: Un programa de radio, como revista oral que es, requiere de especialistas que hablen de lo que saben ¿Cuántos columnistas encontramos hoy en cualquier mañana radial? Dejando a un costado a los que hacen TV y farándula y deportes, casi ninguno.
Producción propia: Pequeño gran detalle. ¿Sabés una cosa? Cuando Pesoa estuvo en radio de la Ciudad, tenía por lo menos dos personas trabajando en producciones especiales. Una nota con una cooperativa yerbatera de Misiones era producida con por lo menos dos semanas de anticipación. Y así en todo. Lo que se resolvía dos horas antes era exclusivamente el punteo de temas políticos del día (que no es lo mismo que “actualidad”) El resto se venía cocinando desde muy atrás. Ejemplo: Un lunes me llamaba esa gran productora que es Paula Niccolini pidiéndome música de Panamá pues el viernes se iba a realizar un enlace con una radio de la patria de Rubén Blades. Así se trabajaba con Quique.
¿Qué se conseguía con todos estos elementos? Que el programa sonara siempre único y “distinto” al resto. Que no fuera la monótona rutina matinal de todas radios que enferma por repetitiva y carente de creatividad.
Algo similar ocurre con “Marca de Radio” donde uno sabe que cada sábado va a encontrarse con tres horas de radio trabajadas, producidas desde el primer párrafo del editorial de Aliverti, hasta cada informe y segmento del programa.
Esto es lo que engrandece aún mas la figura de Quique. Este Quique que nunca tuvo empacho en decir que le “robó” cosas al peruano, a Carrizo y otros grandes. Este Pesoa para quien el hecho de “abrir demasiado el teléfono a la audiencia esconde carencias de producción”. La primera vez que le escuché tal afirmación fue, precisamente, en ese Congreso de Comunicación de 1999. En ese momento no coincidí del todo, pero el paso de los años me demostró que es así. Basta con testear el presente para constatar la gran cantidad de espacios que se cubren con llamados. Es mas, hasta se han hecho programas –como ese lamentable espacio para solas y solos que tenía Hanglin de 22 a 24 en Continental- donde en definitiva las dos horas la cubrían los oyentes dejando sus mensajes. Como me dijo una locutora del SIC “Es el mejor negocio, costo cero en producción y la audiencia te hace el programa...”
En programas de FM como “Perros de la Calle”, generalmente el clímax llega con mensajes y salidas al aire de oyentes. ¿Viste? Avanza el oyente como elemento constitutivo del contenido.
Pesoa siempre abrió poco el Teléfono, limitándose a leer los mensajes sin responderlos (Cosa que enfurecía a mucha gente) y procede así porque jamás un conductor debe responder el mensaje del oyente dado que se entra en una contienda absolutamente desleal puesto que es el conductor quien siempre tendrá la última palabra y todo el tiempo del mundo para responder un mensaje de 20 palabras.
Y bueno, hasta aquí algunos apuntes que persiguen como fin último el rescatar, mas allá de Quique, una forma de entender la radio. Una forma de revalorizar los contenidos valiosísimos de este medio de comunicación al que los grandes conglomerados multimediáticos están transformando en mero “Medio de Difusión”.
Allá por 1999, en el marco de un Congreso Mundial de Comunicación, se montó un Estudio de Radio por el que desfilaron muchísimas personalidades del medio. Cuando le tocó su turno, Quique empezó a “sambar” con su archi conocido huevito y a canturrear casi como un susurro su también clásico:
“Estaba sentado debajo del limonero...”
Nada más... ni nada menos que eso, canturrear... Nada de tonos altos, de impostaciones cuarteleras, no, todo ahí, abajito...
Paulatinamente, el público que abarrotaba la sala fue bajando el tono y en instantes el silencio era absoluto. Y Pesoa con el huevito:
“chi qui chi – chi qui chi.. Estaba sentado debajo de un limonero...chi qui chi...”
Pesoa creando el clima, delimitando la cancha, llevando a la gente a SU juego, que en radio es Su Clima.
Primera lección: “Crear el clima”. Quique siempre sostuvo que la radio es una serie de “climas” y vaya si está en lo cierto. Ese día y en vivo, el tipo creó su clima y luego fue regulando a gusto y placer los sucesivos “climitas” de su improvisación radial.
¿Notaste que en la radio actual ya no hay climas? Todo es igual, monótono desde todo punto de vista. ¿Y por qué? Creo que porque es una radio hecha por periodistas generalmente venidos de la prensa escrita. Y la diferencia entre la radio y la redacción de un diario es abismal. Ejemplo: Mario Wainfeld se lucía como comentarista político, precisamente, cuando quien “le manejaba el aire” era Quique. Pero cuando tuvo que tomar las riendas sin ese gran “enganche radiofónico”, lo suyo empalideció y entre otras cosas se quedó sin clima, sin ritmo, sin punch, en suma: Sin radio. Podría arriesgarme a declarar: “Sin climas no hay Radio”
Por ahí andan en la memoria los climas de Guerrero Marthineitz; Por ahí anda la gran Betty Elizalde, otra genial creadora de climas; Por ahí anda Alejandro Apo poniendonos el alma en orsay los sábados a la tarde en Radio Continental, pero el resto es intemperie. Radio hecha por periodistas sin swing radiofónico donde, por ejemplo, la música virtualmente desapareció. Ahora se la usa como Separador, y desapareció como cierre contextual de un editorial, que es uno de los momentos más sublimes y potentes de la Radio. Ejemplo: Si luego de un comentario sobre los chicos de la calle se le pega a Mercedes Sosa cantando “A esta hora exactamente / hay un niño en la calle...” inevitablemente se conmueve a la audiencia, entre otras cosas porque tampoco ya casi se escuchan obras de Tejada Gómez. La música desapareció como elemento artístico y como contenido radiofónico. Es patético cuando escuchamos a un conductor decir “Vamos a un tema musical” El tipo no sabe qué va a sonar y hasta dudo que le importe. La música está pensada como Separador. Se estructuran los bloques y se los fragmenta con Tanda o música. Y ni hablar de la música en vivo, eso sí que ya es historia. (Lalo Mir hizo algo en Mitre pero no tenía el valor de lo hecho por Quique, entre otras cosas, porque Pesoa interactúa con los músicos, se les mete adentro y hasta se anima a tocar con ellos, trasciende el rol de mero presentador)
Fijate como en pocas líneas nos encontramos ya con algunas “cositas” que fundamentan nuestra “saudade” por Pesoa: “Clima” y “Música”
Pero hay algunas cosas mas:
Las Cortinas: Históricamente uno enganchaba un programa por sus cortinas. La cortina musical viste al programa y hasta lo perfila. Un programa cortinado con Quincy Jones inevitablemente sugerirá algo distinto a uno cortinado con Arjona...
En esta materia Quique también hizo escuela, jugueteando con las cortinas cantando arriba, boludeando, en fin: Haciendo Radio.
Las columnas: Un programa de radio, como revista oral que es, requiere de especialistas que hablen de lo que saben ¿Cuántos columnistas encontramos hoy en cualquier mañana radial? Dejando a un costado a los que hacen TV y farándula y deportes, casi ninguno.
Producción propia: Pequeño gran detalle. ¿Sabés una cosa? Cuando Pesoa estuvo en radio de la Ciudad, tenía por lo menos dos personas trabajando en producciones especiales. Una nota con una cooperativa yerbatera de Misiones era producida con por lo menos dos semanas de anticipación. Y así en todo. Lo que se resolvía dos horas antes era exclusivamente el punteo de temas políticos del día (que no es lo mismo que “actualidad”) El resto se venía cocinando desde muy atrás. Ejemplo: Un lunes me llamaba esa gran productora que es Paula Niccolini pidiéndome música de Panamá pues el viernes se iba a realizar un enlace con una radio de la patria de Rubén Blades. Así se trabajaba con Quique.
¿Qué se conseguía con todos estos elementos? Que el programa sonara siempre único y “distinto” al resto. Que no fuera la monótona rutina matinal de todas radios que enferma por repetitiva y carente de creatividad.
Algo similar ocurre con “Marca de Radio” donde uno sabe que cada sábado va a encontrarse con tres horas de radio trabajadas, producidas desde el primer párrafo del editorial de Aliverti, hasta cada informe y segmento del programa.
Esto es lo que engrandece aún mas la figura de Quique. Este Quique que nunca tuvo empacho en decir que le “robó” cosas al peruano, a Carrizo y otros grandes. Este Pesoa para quien el hecho de “abrir demasiado el teléfono a la audiencia esconde carencias de producción”. La primera vez que le escuché tal afirmación fue, precisamente, en ese Congreso de Comunicación de 1999. En ese momento no coincidí del todo, pero el paso de los años me demostró que es así. Basta con testear el presente para constatar la gran cantidad de espacios que se cubren con llamados. Es mas, hasta se han hecho programas –como ese lamentable espacio para solas y solos que tenía Hanglin de 22 a 24 en Continental- donde en definitiva las dos horas la cubrían los oyentes dejando sus mensajes. Como me dijo una locutora del SIC “Es el mejor negocio, costo cero en producción y la audiencia te hace el programa...”
En programas de FM como “Perros de la Calle”, generalmente el clímax llega con mensajes y salidas al aire de oyentes. ¿Viste? Avanza el oyente como elemento constitutivo del contenido.
Pesoa siempre abrió poco el Teléfono, limitándose a leer los mensajes sin responderlos (Cosa que enfurecía a mucha gente) y procede así porque jamás un conductor debe responder el mensaje del oyente dado que se entra en una contienda absolutamente desleal puesto que es el conductor quien siempre tendrá la última palabra y todo el tiempo del mundo para responder un mensaje de 20 palabras.
Y bueno, hasta aquí algunos apuntes que persiguen como fin último el rescatar, mas allá de Quique, una forma de entender la radio. Una forma de revalorizar los contenidos valiosísimos de este medio de comunicación al que los grandes conglomerados multimediáticos están transformando en mero “Medio de Difusión”.
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