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martes, 15 de julio de 2014

El Partido del Extranjero




El partido del extranjero quería que la selección perdiera la final así el gobierno no sacaba algún (incomprobable) oxígeno político (Alfonsín recibió a la selección campeona de Maradona en 1986 y a los pocos meses los carapintada y sus propias flaquezas económicas se lo llevaron puesto); el partido del extranjero quiere que los buitres terminen saliéndose con la suya porque piensa que si Argentina obtuviera una solución  favorable esto favorecería a Cristina, cuando en verdad beneficiará a los gobiernos que están por venir.

El partido del extranjero es la fuerza política e intelectual de los que siempre se embanderaron con cada corporación extranjera o nación que tuviera un conflicto con la República Argentina. Hincharon para Alemania en la final, para Inglaterra en Malvinas, para Griesa y los buitres en la deuda externa. Sus militantes pasan por la vida denostando a "este país", convencidos de que se merecían nacer en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos, pero que una cigüeña boba los trajo equivocadamente a estas tierras. 
  
La profunda convicción de que afuera y preferentemente en el norte están las ideas y el futuro es su plataforma política y su fuente de poder históricamente fueron los tanques y los medios concentrados.

El Partido del Extranjero existe. Como dice Juan Salinas en el blog de Aldo:

"Son invasores como los de El Eternauta. Aliens. Y están entre nosotros. Por ejemplo, fomentando quilombitos en el obelisco, cubiertos por muchas cámaras. Deseándonos el mal para que no se beneficie la shegua. De terror."

viernes, 11 de julio de 2014

Mascherano somos todos



Por un rato los argentinos fuimos felices en esa nochecita patria donde la selección obtuvo el pasaporte a la final nada menos que en Brasil... Jugar la final del mundial en el Maracaná...

Objetivo cumplido. Los que faltarán a la cita son ellos.

Pero al día siguiente explotó algo que seguramente será estudiado por especialistas. Ayer Mascherano sintetizó los sueños del argentino medio: En las redes sociales, a Mascherano le pasó lo que todos queremos que nos pase y logró los objetivos que en líneas generales la mayoría tenemos.

Mascherano depositó dólares y recibió dólares ¿Hay algo más cercano a la justicia que eso en un país donde hemos crecido sintiendo que más tarde o más temprano los gobiernos de turno te cagan? Pero no sólo eso, porque a Mascherano el chino le recibe los caramelos que él mismo le dio antes como vuelto y a Mascherano el ferretero le entiende al toque cuál es "el cosito del coso que va enganchado en la cosa de arriba". Los argentinos que se expresaron ayer en las redes sociales pusieron en el 5 de la selección nada más y nada menos que sus deseos y sus sueños, que como se vio no son nada del otro mundo. Como dice Jaime Roos "lo que la gente quisiera es vivir como la gente", que no es poco.

El fútbol sintetiza, procesa y produce montañas de ideología y cultura pero por sobre todo tiene esa virtud extraña de ponernos lo más cerca posible de esas dos abstracciones  que son la patria y la victoria. Tuve esa sensación a los 17 años, allá en mi pueblo, en lo del Tete Bocchio, que instaló una antenas fenomenales para sintonizar Canal 3 de Santa Rosa y ver en directo los partidos de la selección en el 78. La tuvo mi hijo de quince, que en plena euforia gritó "Qué orgullo ser argentino". Porque en verdad, pareciera que en la vida real ganamos pocas veces, por eso el triunfo futbolístico es tan impactante, porque engloba todo y hace que "el noble y el profano bailen y se den la mano sin importarles la facha", porque la victoria de la selección no reconoce clases sociales y hasta por un instante nos hace olvidar a esos que, sabemos, estuvieron  esperando a Sabella con el cuchillo entre las manos para carnearlo...

El domingo sentiremos que el mundo se detiene para vernos a nosotros frente a los tanques alemanes; Martín Fierro contra Atila, el gauchaje contra las férreas formaciones de rubios musculosos. Y los de Central sintiendo que si entra Di María la selección ganará, y los de Estudiantes murmurando que Rojito y Enzo Pérez salieron de su historia, o los gallinas que diremos: "el 2, el 5, el 9 y Pachorra salieron de nuestra cantera", pero todos juntos devorando uñas y soñando en masa, amuchados, amontonados, abrazados, teniendo muy claro que ya llegamos y que perder es una gran posibilidad y si eso ocurre, no será un fracaso. Mucho menos contra este ejército teutón...

¿Y sabés una cosa? Está bueno que los sueños argentos se hayan depositado en Mascherano, porque Masche no es el habilidoso que resuelve a puro ingenio una jugada; Mascherano no podría jamás realizar el gol con la mano con la artística del Diego. Pero Mascherano logra objetivos en base a una muy fina lectura estratégica del juego y una utilización exquisita de recursos físicos para llegar a tapar en todos lados. El mismo esfuerzo del docente que sale del turno mañana y en el bondi se toma un yogurt mientras viaja a la otra escuela; el mismo laburo de la flaca que llega 5 minutos tarde a retirar a los pibes de la escuela, pasa por el chino a comprar lo justo y necesario para la cena y se pone a hacer las camas antes de ponerse a descansar un rato viendo Bendita...

No es casual que los argentinos hayamos puesto en Mascherano todo lo que queremos que nos pase. En una de esas estamos aprendiendo que los objetivos no se logran sólo con genialidades y destrezas individuales sino con mucho esfuerzo personal y laburo colectivo.

martes, 8 de julio de 2014

No estoy feliz con el desastre de Brasil



Soy hincha de River y pasé la mayor parte de mi vida disfrutando más de las derrotas de Boca que de las victorias de la banda. Hasta que las propias miserias dirigenciales nos mandaron a la B. Ahí comprendí que Boca no tenía nada que ver en nuestro descenso, que las razones eran propias, internas, absolutamente riverplatenses.

En el Nacional B no estaba Boca y había que ganarlo igual. Y se lo ganó. Fui comprendiendo de a poco que hay algo defectuoso en eso de alegrarte porque le vaya mal a tu contrario, hay algo de impotencia. Y todo eso explota en esta tarde en que Brasil ha pasado una vez más a la historia por una goleada sin precedentes en su propia casa. Qué querés que te diga: en un punto hasta son envidiables por eso, porque ganaron 5 mundiales, porque le dieron al mundo jugadores majestuosos y porque hasta fueron capaces de devorarse su propia historia y perpetrar este 8 de julio de 2014.

Pero ¿Sabés qué? No me alegra esta derrota brasilera, entre otras cosas porque me hubiera gustado ganarles la final, si mañana dejamos atrás a Holanda -tarea harto complicada-

El punto es pensar hasta dónde nos daña esto de celebrar la derrota del contrario. Porque una cosa es la gastada, la cargada, algo natural, pero muy otra ese deseo de que al otro le vaya horrible, porque en un punto eso delata cierta falta de fe en la fuerza propia y eso me hace ruido.

El fútbol es una usina de generación de ideología y, la verdad, que lo que ha generado el nuestro en las últimas décadas es penoso. Nuestro mundo del fútbol llegó a darnos un relator que cuando el Santos perdió la final de una Libertadores con Boca y se aprestaba a recibir el premio dijo "Recibe su trofeo el mejor de los perdedores". Nuestro mundo del fútbol celebró aquella frase de Bilardo referida a que deseaba que se cayera el avión cuando regresaban luego de perder la final del 90. Nuestro fútbol tuvo mucho que ver en es esta concepción tan argenta de ganar como sea. Así no ha ido en los últimos 25 años...


No estoy feliz con el desastre de Brasil, para nada, entre otras cosas porque esta pesadilla de Belo Horizonte estaría insinuando que el resultadismo obtuso también infectó a una de las reservas futbolísticas más importantes de la humanidad. 

Y eso, eso tendrá implicancias que nunca son favorables.

Nada tuvo que ver Brasil en la paliza que nos dio Alemania en 2010, nada tuvo que ver Brasil en los penales del 2006, nada tuvo que ver en la vergüenza del 2002, nada tuvo que ver en la boludez del burrito Ortega en 1998, tampoco en la efedrina del 94 ni mucho menos en el penal de Codesal en el 90.

Ese costado de cierta  argentinidad me da cada vez más nauseas.

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