El efecto que antes le asignábamos a la tapa de Clarín es notoriamente menor que el que tienen hoy los zócalos de la tele, y ni hablar de los de TN. En líneas generales, la mayoría de los edificios de la administración pública, las salas de espera en los hospitales y Clínicas, los bares y restaurantes y los televisores encendidos en exposición en lugares tipo Frávega están diariamente encendidos propagando zócalos sin parar. Al menos en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, la sociedad trabaja, compra y pasea con un zócalo a la vista, aunque concientemente no lo advierta. Por eso creer que Clarín pierde influencia porque vende menos papel es un error garrafal.
Hace rato que la potencia la aplica en el cable.
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