Voy a escribir sobre el voto “tomá pa’ vos” que va a sorprender a más de uno en la nochecita del 28 de junio y provendrá del interior profundo de la provincia de Buenos Aires. Será un caudal sorpresivo, que dejará descolocado a más de un encuestador y no por fallas en los mecanismos de medición sino porque la calentura de la gente a veces es demasiado profunda y no se llega a ella con un par de preguntas.
Hay gente con mucha bronca en la pampa húmeda bonaerense, con mucha bronca generada por el espamento ricachón del campo.
Bronca contenida por ver en la rotonda a tipos que nunca laburaron y lo único que hacen es manejar camionetas.
Bronca por que están haciéndole creer a los porteños que son labriegos sufridos y en la puta vida tuvieron un callo.
Bronca porque los chacareros que de verdad se rompen el culo curiosamente no estaban en el corte.
Bronca porque muchos de esos que se autodenominan "productores" agarraron a dos manos el subsidio que les dio el gobierno de la provincia y ahora se hacen los boludos.
Y esa calentura se va a expresar de manera singular en las elecciones del 28 de junio eligiendo el mejor instrumento para cachetearlos que es el voto a Néstor Kirchner, que es lo que más descentra a cierto tipo de garcaje agropecuario, porque es un voto desquite, un voto “mojada de oreja” que va a determinar que la merma en relación al 2007 no sea del tamaño que predicen las encuestas. El gobierno va a perder votos en el interior de la provincia, obvio, pero no en la medida que se sostiene desde el dispositivo mediático porteño.
Acordate.
Hay mucha gente que goza íntimamente cuando el flaco los surte a los agrogarcas, a Clarín y a la mar en coche, pero en los pueblos es difícil dar rienda suelta a ciertos impulsos porque te escrachan, porque la propia hipocresía pueblerina te delata, te expone, te condena y no están los tiempos para pensar en mudanzas. Por eso se callan respuestas, se abortan pensamientos que van del cerebro directo al silencio sin pasar por la boca, se enmudece, se mantienen diálogos con acotaciones tipo “Claaro”, “Mirá vos”, “¿En serio”?, “Noo”, y demás artilugios para mantener una charla civilizada sin mostrar la hilacha. Se mastica el freno y se sale a la calle como todos los días, se saluda a todo el mundo y se vive “en sociedad”.
Otra no queda, otra no hay.
El pueblo chico te exige ciertas poses y ciertos silencios. El pueblo chico exige mucha compostura para no sacarse ante los dimes y diretes. El pueblo chico exige no perder la calma cuando los “vivos” se quiebran de risa en el club comentando Gran Cuñado. Esos mismos piolas que siempre se las supieron todas, que siempre la tuvieron re pero re-clara. Compraron dólares a 4, 80 en 2002, votaron a Menem en 2003 y fueron a hacerle el aguante a sus amigos de quinientas hectáreas en la ruta porque siempre hay que andar bien con los que tienen guita ¿vistesss?
En el pueblerío hay que hacerse soberanamente el boludo, generalmente no queda otra, porque si estás en la actividad comercial seguro que muchos de los que están podridos en guita son clientes tuyos y si se enteran como pensás te cortan los víveres porque son autoritarios y de chiquitos aprendieron que los díscolos no son merecedores de su plata. Si te ganás la vida en un empleo público y tu sueldo proviene de la nación o la provincia, tu problema no es directamente económico sino en cierta medida vecinal porque las noticias corren como reguero de pólvora y en término de horas se sabe que no te bancás al presidente de Sociedad Rural o que anduviste diciendo tal o cual cosa del consignatario, recordando cómo hizo la fortuna que hoy ostenta y en horas te sentís mirado, observado y sospechado de “raro”.
Entonces cerrás el pico y a lo sumo te abrís en el selecto grupo de amigos que de una u otra manera piensan como vos, pero no trascendés ese espacio, más que nada para cuidarte a vos mismo y para proteger a tus hijos, que tienen la suerte de tener un padre que no sea uno más en el arreo pero no por ello deben padecer las consecuencias de tu desliz.
En los pueblos se sabe todo y es notable cómo al mismo tiempo se olvida todo.
En los pueblos se sabe cómo hizo plata este y aquél, y hasta se conocen las víctimas que obraron de escalón a la riqueza de los que hoy son potentados, pero ese conocimiento se guarda, se esconde y se olvida en pos de la vida en sociedad y armonía.
En los pueblos se ve entrar a cada uno a misa que, la verdad, si existiera Dios debería prohibirles pisar su templo porque tienen la historia manchada de transfugueadas, de ilícitos y todo tipo de tramoyas oscuras. Pero se los ve entrar con rostro circunspecto a misa, con esa pose que da asco y mucha bronca.
En los pueblos entonces es más cómodo pegarle a Moreno o D’Elía, porque están lejos, porque son personajes de la tele que no te pueden responder, entonces ves en el club a un jetón puteando a Moreno y a su lado, asintiendo, está ese garca que tiene peones en negro en su campo a los que les paga un miseria.
Es ingrata la vida en los pueblos porque a veces el callar muchas cosas de los otros se termina expresando en úlceras y problemas de salud, se termina pagando con el cuerpo tanta mentira.
El 28 de junio todos los que no se bancan tanta hipocresía van a direccionar muy bién el voto porque saben dónde les duele y les lastima. Hace años que no hay un voto tan claro, tan perfilado para escupirle el asado a todos esos farabutes. Esto es lo que está oculto, ésta es la bala de plata., el cachetazo que va a sorprender a más de uno.
Acordate