Nuevamente desde la oposición se hace terrorismo político al blandir el fantasma de un hipotético fraude electoral. Ahora es Felipe Solá quién se monta desvergonzadamente en este trencito metemiedo.
Es bueno detenerse a refutar muchas de las pavadas que se escuchan al respecto.
En primer lugar hay que remarcar un punto básico y troncal: La única forma de controlar la transparencia de una elección es fiscalizándola. Si una fuerza política no coloca un fiscal en cada mesa está quitándose a sí misma el derecho de impedir cualquier anomalía en el acto comicial. No obstante, luego viene la etapa del recuento de votos en la justicia electoral y todos los que hemos participado en política sabemos muy bien que ahí se pueden corregir errores que hayan salido de las mesas.
Hay otro elemento y es que cada mesa cuenta con autoridades designadas por la justicia electoral. Dichas autoridades no tienen porqué tener una vinculación con los partidos políticos que se presentan a esa elección. Acá es conveniente reclamar a todos aquellos ciudadanos que se borran y no se presentan a cumplir con su deber, si es que han sido designados como autoridad de mesa, que cumplan con la sociedad y garanticen con su presencia la transparencia del acto electoral.
No hay punteros ni presiones de ninguna índole que puedan condicionar a una autoridad de mesa. Eso también lo sabemos los que hemos fiscalizado elecciones.
Tenemos entonces que si las fuerzas políticas fiscalizan como corresponde, las posibilidades de fraude son nulas, e incluso con la sola presencia de las autoridades de mesa se puede garantizar transparencia. Eso sí, si una fuerza política por ejemplo no pasa una vez por cada escuela reponiendo boletas, ahí las autoridades de mesa no pueden hacer nada.
La cuestión tiene dos vertientes para el análisis: La estrictamente electoral y política es que sólo con fiscales se garantiza que no falten boletas, que es el principal riesgo puesto que basta con que un votante se lleve la pilita de boletas de una fuerza para dejarla sin nada.
La otra vertiente está ligada directamente a una campaña de desprestigio que se está preparando desde la oposición para deslegitimar la victoria del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
Hay que ser claros, memoriosos e inteligentes: En 1997 la Alianza UCR-FREPASO le ganó las elecciones provinciales al aparato duhaldista ¿Cómo pudo imponerse la Alianza contra el Tren Fantasma de los Intendentes? Y sí. Pudo. Pudo porque cuando están los votos se gana, mirá que sencillo que es.
¿Cómo pudo Sabatella vencer tres veces al peronismo en Morón?
¿Cómo pudieron ser vencidos verdaderos peso pesados como Quindimil en Lanús?
La verdad, estos manejitos opositores no se sostienen ni desde el sentido común, ni desde la política. Pero por las dudas, deberá ser el gobierno nacional el que solicite veedores internacionales. Deberemos ser nosotros los que salgamos a exigir presencias internacionales para que quede bien pero bien claro el resultado electoral. Y ojalá que CARBAP se sume y arregle con cualquiera de las vertientes de la derecha opositora para que se demuestre aún con más claridad que el resultado es transparente. CARBAP puede garantizar fiscales y estructura ¡Ojalá!
Es indignante cómo trabajan muchos opositores, claro, a Felipe le resulta muchísimo más cómodo hacer una conferencia de prensa que abrir locales en el conurbano. Para eso hay que tener mucho trabajo territorial y eso es lo que muchos de estos getones no tienen, por eso ponen denuncias a plazo fijo, todas con vencimiento el lunes siguiente al domingo de elecciones.
Y también indigna porque se cagan en la gente, se cagan en el pueblo al descreer que en el segundo cordón el oficialismo gana porque la gente ha sentido en carne propia la mejoría. Fieles a todos los prejuicios clasemedieros todos estos dirigentes opositores que muy pocas veces han pintado paredes y que sólo bajan a los barrios cuando hay actos, descreen que la gente vote al oficialismo porque le va mejor y le niegan a los sectores populares capacidad de discernir entre lo que le conviene en política. No hay que tener el ciclo básico aprobado para saber qué te conviene cuando votás. Y toda la gente que volvió a tener trabajo en los últimos años sabe por qué y por quién.
Esta semana en la radio, que tiene una penetración llamativa en las barriadas y en bolsones de audiencia que contrastan con los seguidores de la Cadena Nacional de la Gente Linda, pude comprobar en los todos de voz, en la emoción de los mensajes cómo pegan algunas acciones de gobierno. Cómo pegan los 200 mangos en una señora que cobra 600...
Y contra eso no pueden hacer nada, como tampoco contra los miles de trabajadores de servicios de los pueblos del interior que ven con sus propios ojos cómo los ricachones, cómo los que han hecho guita en progresión geométrica durante los últimos años, ahora andan embanderándose de luchadores cuando no están haciendo otra cosa que pelear por defender rentas extraordinarias. Esa gente silenciosa de los pueblos chicos de la provincia está esperando fervientemente las elecciones para hacerles un corte de mangas de aquellos a todos estos farabutes que se visten de gauchos y nunca tuvieron un callo pero nos quieren hacer creer que son “productores”.
Salgamos nosotros, los amigos del gobierno a pedir fiscales, salgamos a exigir veedores para que la mentira y la farsa queden expuestas a la luz del sol, para que todo este tilingaje se tenga que tragar toda esta sarta de declarativismo terrorista.
Es bueno detenerse a refutar muchas de las pavadas que se escuchan al respecto.
En primer lugar hay que remarcar un punto básico y troncal: La única forma de controlar la transparencia de una elección es fiscalizándola. Si una fuerza política no coloca un fiscal en cada mesa está quitándose a sí misma el derecho de impedir cualquier anomalía en el acto comicial. No obstante, luego viene la etapa del recuento de votos en la justicia electoral y todos los que hemos participado en política sabemos muy bien que ahí se pueden corregir errores que hayan salido de las mesas.
Hay otro elemento y es que cada mesa cuenta con autoridades designadas por la justicia electoral. Dichas autoridades no tienen porqué tener una vinculación con los partidos políticos que se presentan a esa elección. Acá es conveniente reclamar a todos aquellos ciudadanos que se borran y no se presentan a cumplir con su deber, si es que han sido designados como autoridad de mesa, que cumplan con la sociedad y garanticen con su presencia la transparencia del acto electoral.
No hay punteros ni presiones de ninguna índole que puedan condicionar a una autoridad de mesa. Eso también lo sabemos los que hemos fiscalizado elecciones.
Tenemos entonces que si las fuerzas políticas fiscalizan como corresponde, las posibilidades de fraude son nulas, e incluso con la sola presencia de las autoridades de mesa se puede garantizar transparencia. Eso sí, si una fuerza política por ejemplo no pasa una vez por cada escuela reponiendo boletas, ahí las autoridades de mesa no pueden hacer nada.
La cuestión tiene dos vertientes para el análisis: La estrictamente electoral y política es que sólo con fiscales se garantiza que no falten boletas, que es el principal riesgo puesto que basta con que un votante se lleve la pilita de boletas de una fuerza para dejarla sin nada.
La otra vertiente está ligada directamente a una campaña de desprestigio que se está preparando desde la oposición para deslegitimar la victoria del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
Hay que ser claros, memoriosos e inteligentes: En 1997 la Alianza UCR-FREPASO le ganó las elecciones provinciales al aparato duhaldista ¿Cómo pudo imponerse la Alianza contra el Tren Fantasma de los Intendentes? Y sí. Pudo. Pudo porque cuando están los votos se gana, mirá que sencillo que es.
¿Cómo pudo Sabatella vencer tres veces al peronismo en Morón?
¿Cómo pudieron ser vencidos verdaderos peso pesados como Quindimil en Lanús?
La verdad, estos manejitos opositores no se sostienen ni desde el sentido común, ni desde la política. Pero por las dudas, deberá ser el gobierno nacional el que solicite veedores internacionales. Deberemos ser nosotros los que salgamos a exigir presencias internacionales para que quede bien pero bien claro el resultado electoral. Y ojalá que CARBAP se sume y arregle con cualquiera de las vertientes de la derecha opositora para que se demuestre aún con más claridad que el resultado es transparente. CARBAP puede garantizar fiscales y estructura ¡Ojalá!
Es indignante cómo trabajan muchos opositores, claro, a Felipe le resulta muchísimo más cómodo hacer una conferencia de prensa que abrir locales en el conurbano. Para eso hay que tener mucho trabajo territorial y eso es lo que muchos de estos getones no tienen, por eso ponen denuncias a plazo fijo, todas con vencimiento el lunes siguiente al domingo de elecciones.
Y también indigna porque se cagan en la gente, se cagan en el pueblo al descreer que en el segundo cordón el oficialismo gana porque la gente ha sentido en carne propia la mejoría. Fieles a todos los prejuicios clasemedieros todos estos dirigentes opositores que muy pocas veces han pintado paredes y que sólo bajan a los barrios cuando hay actos, descreen que la gente vote al oficialismo porque le va mejor y le niegan a los sectores populares capacidad de discernir entre lo que le conviene en política. No hay que tener el ciclo básico aprobado para saber qué te conviene cuando votás. Y toda la gente que volvió a tener trabajo en los últimos años sabe por qué y por quién.
Esta semana en la radio, que tiene una penetración llamativa en las barriadas y en bolsones de audiencia que contrastan con los seguidores de la Cadena Nacional de la Gente Linda, pude comprobar en los todos de voz, en la emoción de los mensajes cómo pegan algunas acciones de gobierno. Cómo pegan los 200 mangos en una señora que cobra 600...
Y contra eso no pueden hacer nada, como tampoco contra los miles de trabajadores de servicios de los pueblos del interior que ven con sus propios ojos cómo los ricachones, cómo los que han hecho guita en progresión geométrica durante los últimos años, ahora andan embanderándose de luchadores cuando no están haciendo otra cosa que pelear por defender rentas extraordinarias. Esa gente silenciosa de los pueblos chicos de la provincia está esperando fervientemente las elecciones para hacerles un corte de mangas de aquellos a todos estos farabutes que se visten de gauchos y nunca tuvieron un callo pero nos quieren hacer creer que son “productores”.
Salgamos nosotros, los amigos del gobierno a pedir fiscales, salgamos a exigir veedores para que la mentira y la farsa queden expuestas a la luz del sol, para que todo este tilingaje se tenga que tragar toda esta sarta de declarativismo terrorista.