"Te acordás hermano qué tiempos aquellos"
Siguen creyendo que la gente es estúpida o se han quedado irremediablemente anclados en ese tiempo donde hacían y deshacían a gusto y placer. Llama la atención que les cueste tanto adaptarse a la nueva realidad y asombra que no asuman que ya se les cayó la máscara y todo el mundo los ve como lo que realidad son.
Clarín y
La Nación montaron un show en torno a
Mario Vargas Llosa que no puede ser tomado con seriedad por nadie. Intentaron instalar la idea del veto, de la censura al escritor peruano, como si el país estuviese sumido en la más atroz de las tiranías, como si la libertad de expresión estuviese avasallada, como si fueramos una suerte de remake de
Fahrenheit 451, todo un montaje que se desmiente solo, cuando la publicidad oficial esponsorea programas de
TN y la ciudadanía tiene la más absoluta libertad para escuchar, ver y leer un sinfín de propuestas claramente enfrentadas -y con una belicosidad nunca vista- al gobierno nacional. Curiosamente, si de un silenciamiento puede hablarse es el de canales no incluidos en la grilla de
Cablevisión, hecho que con esa inventiva tipicamente barrial,
Hebe de Bonafini contribuyó a potenciar al entregarle en mano una nota al premio Nobel.
Nunca estuvo en duda que
Vargas Llosa viniera a la
Feria del Libro y eso lo sabe la sociedad. Es ahí donde la operación de los dos diarios de mayor tirada queda sin sustento racional, donde se dejan llevar por el reflejo de aquellos años dorados donde imponían la forma de mirar la realidad y terminan estrellándose contra el sentido común.
La Nación titula "Vargas Llosa reivindicó el derecho a la crítica" en un tono que no tuvo el tupé de utilizar durante la mismísima dictadura militar, ofendiendo la inteligencia de cualquier argentino medianamente informado. Y por si fuera poco, el escritor -que ratificó una vez más que su vuelo político es notablemente pobre al lado del literario- terminó rodeado de los esperpentos de esa derecha retrógrada y patética y balbuceando exactamente lo mismo que se escribe cotidianamente en la prensa opositora y se ve en el cable de
Clarín sin aportar una sola idea nueva o al menos fulgurante.
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