
Ha muerto Videla justo en un momento histórico donde las banderas que enarboló parecieran aprestarse a retornar pero en mástiles difusos. Videla hizo el trabajo sucio, por eso la muerte tuvo que ir a buscarlo a la cárcel mientras los civiles que lo acompañaron, como el padre de la reina consorte de Holanda, sir ir más lejos, siguen en libertad, escudados en esa ansianidad que les sirve a algunos para mofarse de que es fácil hacer justicia con viejos decrépitos. Digamos desde ya que un criminal, de viejo será no otra cosa que un "viejo criminal", que la ancianidad no redime. Digamos también que el tipo que ha muerto militó hasta el último de sus días fervorosamente en contra del modelo de sociedad que muchos anhelamos, porque el terrorismo de estado que dirigió tuvo como objetivo generar las bases para que luego vinieran los noventa y hallaran la tierra a punto, abonada maravillosamente para esparcir las semillas de una idea del mundo basada en la exclusión social. Una idea del mundo donde los que lo tienen todo no se sienten ni ahí responsables de lo que les falta a la mayoría; una idea del mundo donde el perdedor social es el principal responsable de su derrota; un modelo de sociedad donde se ve como problema a los pobres y los rezagados, jamás a los ricos.
Ese compendio de ideas abominables no fue extirpado de cierta argentinidad y no sólo eso, sino que está volviendo en buena parte de esa clase media cacerola dispuesta a acatar las consignas más repugnantes contra el gobierno de Cristina. Hay una restauración conservadora en ciernes que comenzó a vislumbrarse cuando la sedición agropecuaria de 2008, que luego entró en contradicciones por no contar con una dirigencia acorde pero que no ha dejado de robustecerse, como bien lo hemos observado en las recientes manifestaciones de gente linda.
Videla es esa Argentina que sigue viendo al peronismo como el gran tapón hacia la formación de un país próspero, tipo Australia; Videla es esa vieja que se moja con Eduardo Amadeo o el Momo Venegas porque en ellos ve a "ese peronismo como la gente"; Videla está en ese consorcista que blasfema contra el plus que negoció el SUTERH por sacar la basura y no pierde ocasión de getoniar en la cola del Banco Nación por la demora pero "comprende" las razones empresarias por las cuales a las 9 de la mañana, de las 25 cajas que tiene el hipermecado sólo hay tres habilitadas con 10 personas en la cola de cada una; Videla sobrevive en ese oculto e inconfesable deseo de los que aprobarían la matanza de cientos de marginales para dar "una solución estructural al flagelo de la inseguridad"...
En los pliegues más hediondos de esa argentinidad garca pervive Videla, como un lado oscuro, como una contracara, como un lado salvaje, como una catacumba que muchos saben donde está pero se hacen los olvidados. Videla pervive en los miles que saldrían a la calle a vivarlo pero contienen las ganas, cobardes y miserables.
Videla es también producto de esa olla que es la Argentina y que no sólo nos dio un Papa, una reina de un país europeo, el Diego, Evita, Yupanqui, Perón, el polaco, Spinetta, Borges y Piazzolla. Hagámonos cargo también de este muerto que se hunde en lo profundo de la corriente de pensamiento oligárquico. Videla fue un garca feroz y es ese comisario de barrio norte cuya esposa milita con las damas de beneficencia.
Videla también es nuestro, muy nuestro, lamentablemente.