| pedazo de camiseta. |
domingo, diciembre 19, 2010
Las Cantarerías. Números 1 al 10. Vélez-Rubio.
miércoles, noviembre 03, 2010
El fútbol era así.
| si alguien tiene una foto nuestra jugando al fútbol que me lo diga |
domingo, septiembre 26, 2010
Maestros.
domingo, septiembre 05, 2010
Mi bisabuela Huertas y el realismo mágico
lunes, marzo 22, 2010
Las pulsaciones por minuto y el pinball
martes, febrero 09, 2010
Ciudadanos notables de Vélez-Rubio (II): El Jojois
lunes, noviembre 09, 2009
Maradona, las Cantarerías y El Carujo
miércoles, septiembre 23, 2009
El oro de España estaba en Polonia y la plata de Los Fucking en San José
Hace un par de días la selección española ganó la final del europeo de baloncesto. Da gloria verlos jugar a estos zagales. Sorprende que un deporte tan atractivo quede oscurecido, como casi todo lo que pasa en
Como Los Fucking, pronúnciese “los fakin”. Hubo unos juegos comarcales en que rozamos el cielo. El evento en cuestión se celebraba en las pistas de San José de Vélez Rubio. Nuestro equipo lo conformábamos el Mateo en la portería, un servidor atrás de cierre, un par de alas, el Lobitas (
viernes, septiembre 18, 2009
el verano del 94 (parte I)
"Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos. Sabemos sobradamente hasta qué punto vivimos aparte" de El Anticristo de F. Nietzsche.
Organizando las Billy dí anoche con El Príncipe de Maquiavelo. Al abrirlo para ojearlo cayeron dos papeles, una entrada de adulto de color rosa para la piscina municipal de mi pueblo válida para el 13 de julio de 1994, y un ticket de autobús amarillento de la empresa Salvador Tudela Pérez para el trayecto Vélez Rubio – Las Vertientes fechado el 19 del mismo mes y año. 135 pesetas costaba el billete de autobús y el de la piscina no lo pone, pero más o menos por ahí andaría. Fue justo el verano antes de entrar en la universidad. El billete de la piscina está claro para lo que lo usaría, y no tiene más historia, el del autobús, sí. Para el que no lo sepa, Las Vertientes es una cortijada a medio camino entre Chirivel, de Almería, y Cúllar de Baza, de Granada, pueblos bastante miserables dicho sea de paso. De allí era El Pedrusco, Don Pedro, catedrático de Química y profesor mío en el instituto, célebre por elaborar un explosivo capaz de volar un cerro entero porque allí tenía la madriguera la zorra que se le comía las gallinas, y hombre que se vanagloriaba ante sus alumnos de haber domado a una cría de gato salvaje en pelotas. También era conocido en el IB José Marín por llegar a clase achispado cuando tenías con él a última, cosa esta natural después de echar la mañana en la cantina chato de vino viene y va. Don Pedro merece un post aparte con sus cosas, y fue sin duda mi profesor favorito en los cuatro años del instituto. Estimaba él que Las Vertientes, de donde como he dicho era natural, tenía doscientos habitantes contando gallinas y conejos. Esto, como todo lo que decía este hombre, es exagerado. Atravesaba al pueblo la carretera nacional que va de Murcia a Granada, y este se desparramaba, pero poco, a los dos lados. Mis únicos puntos de interés en el pueblo eran la panadería, extraordinario despacho del mejor pan casero, que al pisarlo por las mañanas se me antojaba el cielo de los aromas, y la gasolinera, que no olía bien, pero que era a donde estuve trabajando aquel verano surtiendo al personal con derivados del petróleo, además de frutos secos, pinos ambientadores y cintas de vhs porno, que no veas la salida que tenían. Las cintas las testaba todas el hijo de Eustaquio (el dueño). Un gordinflón simpático que se las llevaba a su casa y las devolvía con el plástico roto. Un día un tipo que se llevó como ocho o diez me dijo que si no le hacía un descuento porque estaban todas abiertas… Yo también me llevé una un día, pero como no tenía vídeo tuve que ir a lo de mi vecino, y allí en su salón le echamos un vistazo en plan furtivo. Recuerdo que era horrorosa, pero imagino que haría su papel. Aparte de lo del porno, me compré a precio de coste la película de Oliver Stone sobre los Doors y las cintas rojas y azules de casete de los Beatles. A Las Vertientes me iba en el correo de baza, el correo era un minibús conducido por un anciano muy simpático al que le faltaba una oreja, así que había que hablarle por la otra. Llevaba el hombre a la ida una botella de coca cola de litro y medio rellena con vino del terreno. Botella que para el trayecto de vuelta volvía ineluctablemente siempre vacía.
Y no cuento más por hoy… en la segunda parte aparecerán el Anticristo de Nietzsche, unos testigos de Jehová, casi toda la obra publicada en español de Herman Hesse, Daniel, el argentino al que rentaban el hotel restaurante de al lado de la gasolinera, y que compatibilizaba los menús para camioneros con sus labores de proxeneta, una de sus empleadas pidiendo auxilio al gasolinero adolescente, (yo), Maquiavelo, un viaje en autostop, y otro en bicicleta, un accidente con muertos, y la casi desaparición del conductor de mi minibús en pleno trayecto. ¿He dicho que durante todo ese verano, el único que viajaba la mayoría de los días en aquel bus era yo? Siniestro, ¿a que sí?.
En fin, aquel verano leí muchísimo por las mañanas. Por las tardes, imagino que me iba a la piscina.
jueves, septiembre 03, 2009
vélez rubio de cine (negro)
Acabo de volver de unos días en el pueblo. Esto de ir de visita al pueblo de uno es cosa que siempre reconforta. Ves a la familia, a los amigos, te pones ciego de beber (antes), de tocinillos y demás grasas saturadas varias a la parrilla (ahora) y descansas. A todo da tiempo. Incluso a enterarse de cotilleos. Cada vez me cuesta más saber quiénes son los protagonistas por más que me dicen sí hombre, el que la mujer está casada con el sobrino del vecino del alcaina, el de los cerricos, el primo de la del llano... pero que se fue con otro y que ahora ha vuelto, y que fíjate. Hace unos meses apareció uno en el polígono industrial atado a una farola, en pelotas y con una flor en el culo. Al parecer tenía el hombre ínfulas de Don Juan y así le aplaudieron la función. No tengo ni idea de quién es, pero sabiendo que es del pueblo tiene como más gracia... Pasa que el pueblo aparte de cosas de cuernos, y anécdotas simpáticas como esta, tiene un lado oscuro del cagarse... todo el mundo conoce a todo el mundo, y todos parecemos respirar la misma atmósfera serena del lugar... pero resulta que, y esto lo digo con todo el respeto para con las familias y protagonistas de la historia truculenta de la villa, es raro el mes que no aparece uno colgado en una era, que la espicha de sobredosis un zagal, o a algún desalmado o desalmada no se le ocurre otra cosa que borrar a la mujer o al marido del mapa... Estas cosas pasan en las ciudades e imagino lo único que hacen es alterar alguna estadística, pero en el pueblo... ¡joder! pero si ayer me crucé yo con él... Pensaba yo que estas cosas ocurrían sólo de un tiempo a esta parte, pero como desde que ando exiliado me ha dado por la espeleología velezana, leyendo un periódico local de hace como un siglo, me sorprendió el que más que una gacetilla de eventos sociales parecía El Caso en sus mejores tiempos... entre otras venía la noticia de uno que se le disparó la escopeta en la rambla y mató a dos (ríete tú de la bala que mató a JFK). Salió absuelto. Sin investigación ni nada. Dicen que es el aire que pega por allí, que vuelve a la gente loca, pero yo creo que es el agua. En adelante siempre que vaya llevaré cantimplora y reservas de agua mineral. Porque la de los caños del Blanco* a saber en qué clase de bicho me puede mudar.
Y más chascarrillos del pueblo: al parecer unos ingleses tenían una plantación de marihuana brutal... cuentan que la colonia inglesa de los alrededores asistió con lágrimas en los ojos al arrancamiento de matas por parte del personal del ayuntamiento (que dicho sea de paso se les ve de un tiempo a esta parte con los ojos entornados y mucha hambre); y siguiendo con el tema que quema, escuchas al más puro estilo The Wire (y yo ahí creyéndome que esto era cosa sólo de Baltimore) desembocaron en una redada con gente descolgándose de helicópteros en cortijos. De cine oiga...
(*) Vélez Blanco: villa vecina a la de Vélez Rubio, famosa mundialmente por que el patio renacentista de su expoliado castillo señorial luce en el metropolitano de Nueva York, además de por tirar al santo por el barranco después de que el pasearlo por el pueblo diera infructuoso resultado pluvial.
jueves, agosto 13, 2009
de como la que iba a ser la segunda parte de las fiestas acabó siendo otra cosa
Juro por Dios que pensaba escribir la segunda parte del post de las fiestas. Iba a empezar hablando de que me dejo cosas a medias, pero que este post no. Y mira...
martes, agosto 11, 2009
las fiestas de mi pueblo
El otro día me preguntaba Carmen si este fin de semana eran las fiestas de mi pueblo. Eché cuentas y resulta que sí. Que tal día como ese, en vez de estar tirado en el sofá burguillero, otros años andaba yo recuperándome de los excesos de los dos o tres días que ya me hubiera festeado y dispuesto a pegarme otra noche más dando tumbos por lo que ha venido siendo el nómada recinto ferial de la villa.
Las fiestas de Vélez Rubio imagino tienen un programa parecido al del resto de pueblos de entre cuatro y seis mil habitantes del sur de España. Esta población se multiplicaba por cuatro o cinco esos días. Por cosa de la emigración, el pueblo era invadido por hordas de catalanes, valencianos, franchutes y demás repatriados estivales, que ahora que lo veo con un poco de distancia, la mayor de las veces no eran sino gentes del extra-radio de urbes como Barcelona a las que sus padres se habían mudado para sobrevivir, pero que eso sí, cuando venían al pueblo se daban unos aires que no veas. Las cosas como son, les cogí coraje a un gran porcentaje de nuestros visitantes estivales. Básicamente al porcentaje masculino. Las féminas eran otra cosa. A estos forasteros les tenía tirria, aparte de porque las mozas se quedaban embobadas con ellos, porque eran tontos. Y lo dejo, y sigo con el programa porque me pierdo. Las fiestas empezaban con la coronación de la reina y sus damas. Esto, lo sabe todo el mundo, estaba MUY amañado. No hay otra explicación para ver las bellezas con que nos deleitaban en el famoso “El libro de las fiestas”, señera publicación velezana, sufragada con la aportación de los comerciantes listados, en la que el alcalde de turno saludaba a sus paisanos y lectores con bien poco arte. Ahí venían que si los conciertos, que si la verbena, que si el pasacalles, que si la carrera de cintas... en fin, grandes eventos todos en los que al final siempre acababan desfilando los mismos. Célebre es el golf descapotable de la hija de Tortosa. Con todo siempre entraba un cosquilleo cuando iba llegando el día. Daba gusto ver tanta gente, acostumbrado uno como estaba a que en cuanto oscureciera no quedara ni un gato en la calle. Y el pueblo, oye, de punto en flor...
Y ahora no tengo más tiempo de escribir... a ver si me animo y escribo una segunda parte y cuento lo de cuando me firmó Regina Do Santos en una barra de pan.
martes, agosto 04, 2009
el diario de patricia (que ya ni es de patricia ni nada), manolo escobar y la inyección
peeeeeerooo... pero merece la pena verlo diez o quince años todas las tardes sólo para darse la panzá de reír que me he dado yo viendo este caso que corto pego (youtube mediante)
si pudiera, repescaba el vídeo de cuando salió uno del pueblo, o una... se hacía llamar sina... y que no es ni otro ni otra que la alfonsina... no tuvo mucha gracia, pero era del pueblo, aunque no se dignara a mentarlo... cosa que por cierto mis abuelos agradecieron...
viernes, marzo 06, 2009
le llaman conejo
Me llaman conejo me repartieron malas cartas en esta partida pero sabes? no me quejo.
Gran esquetche el otro día en muchachada nui. No hubo grandes carcajadas, pero me pareció un muy gracioso y glorioso ejercicio del reyes & company. Esta gente no tienen vergüenza ninguna, lo mismo cargan contra Mecano que contra los previsibles esquemas del cinema vérité de barrio patrio.
El caso es que a mi me vino a la cabeza un tipo de mi pueblo al que llaman “el conejo”. Es un tipo que no llegara al metro y medio, con el pelo corto pero enredado, un rubiales bastante peculiar que espero no sepa que existen los blogs. Lo contrario podría suponerme un problema. Es uno de esos tipos, mitad mito, mitad hombre... en los pueblos está la gente normal, la que trabaja en el ayuntamiento, de dependienta en lo del ramoncillo o lo del manchón, que por cierto, en navidades vi que estaba cerrando... menuda trauma.... allí descubrí los levis-605-etiqueta-naranja que eran como los 501, pero más baratos... como me apretaban aquellos pantalones por dios... cada vez que me acuerdo se me encogen los cataplines... pero que me pierdo, sigo con las gentes normales, los que tienen un bar y los que se van a estudiar fuera, los primos de Francia y la tía de Barcelona, los maestros y el fragüero, el de los seguros y el del banco, el de la panadería de arriba y el de la de abajo, los de la tiendecilla y los del super... el que compra la almendra y el de la almanzara, los que van a echar el agua al alporchón, y los que van al cortijo en mobileta... las que andan por el camino a la parroquia y el cura... en fin... mucha gente normal, como un servidor. Pero luego, luego están los tipos que marcan la idiosincrasia de una villa. El conejo, sin duda, sería uno de estos (otros ejemplos podrían ser el alfonsón, el porrongo, el ganga, el misisipi, el julio, el atocha, el pinino, el carlón,...), yo no habría nacido cuando él ya empezaba a fundamentar la leyenda en la que se convertiría en mi imaginario infantil, aventuras en las vegas y las pepas, riñas de bar y pérdidas legendarias a las caras en la gasolinera... pero hay un episodio que marcó sin duda su entrada en la mitología velezana... y es cuando tras pararlo la guardia civil, este, lejos de achantarse, les conminó diciendo: ¿acaso no sabéis quien soy? (pobres diablos), estos gendarmes, que probablemente acaban de llegar a la comandancia de huercal overa (leer güercalovera todo junto), se quedaron perplejos, y este, sin darles tiempo a sacar la porra, les dijo, con el orgullo que sólo puede tener un pigmeo cabezón criado a base de bellotas y vino con sopas: yo soy, yo soy el famoso, “er conejo”. Cágate. Mientras la mitad del vulgo, aún teniendo todos los papeles en regla y no habiendo catado ni gota de alcohol no puede evitar que se le encoja el estómago al acercarse a un control de la benemérita, este hombre no dudó ni un momento en marcar el terreno y exhibir su fabuloso poderío y celebridad. Grande conejo.
Quizás sólo esté a su altura otro personaje magnífico velezano, el lobillo, pero habrá que esperar a que los de muchachada hagan otro esquetche sobre animalicos para que venga a cuento mentarlo.
martes, diciembre 23, 2008
a qué me sabe vélez rubio
Ayer me llegó una carta del censo electoral. Es un documento de estos que se abre rasgando por donde la línea de puntos que comienza con unas tijeritas. Normalmente este sistema se sigue sólo por un lado y por el otro se tira a lo bruto. El resultado, un desplegable en el que básicamente se constata mi cambio de padrón. Y es que desde hace unos meses oficialmente soy burguillero, de Burguillos (Sevilla). Suena fatal, ¿verdad?. Once we were great, y yo era de Vélez-Rubio (Almería), un pueblo perdido donde se acaba Andalucía y empieza Murcia. De hecho, mi acento (ya desvirtuado por mis doce o trece años en Sevilla) es básicamente murciano. Mi pueblo sabe a pan recién salido del horno del cortijo que hacía mi abuela debidamente condimentado con un chorreón de aceite y una pizca de sal, a las cabras de mi abuelo, a las migas de cuando llueve y a las gachas para ponerse guapo de grande. Al camión del carujo y el carro del alfonsón, a las cantarerías y a la carrera del carmen, al camino real y a las pistas de san josé. A engancharme en las ramas de los almendros en septiembre y a ordeñar olivos en navidad. A tortas fritas en carnaval. A cuándo habéis venido y cuándo os vais. A partidas de tute después de comer y a buenos ratos con los amigos. A buena gente y vecinas tan amables como cotorras, a de-qué-se-trata y a qué-pasa-nene. A los Mortadelo y Filemón de la biblioteca mezclados con la vieja espasa que plagiaba para los trabajos del instituto. A clases de máquina en lo del Quiles aprendida en artilugios dignos de la mismísima fletcher en los que repetía en cuartillas de la imprenta el asdfg al principio y pasajes del quijote al final. Me encantaban los paquetes de cincuenta de cuartillas, iban envueltos cuidadosamente en papel marrón rematado con celo. Y para paquetes, en los que buscábamos tebeos en el disparate que era la librería de jose. A ponerse guapo para ir a misa el domingo. Al cepillo, a futbolín y a la risa floja. A la balsa del mesón y la fuentes de los molinos, del gato o del piojo. A las quinielas en lo de las quinielas y a mangar unos donetes en el carmen. A clases de inglés en lo de la pía y al pollete de enfrente por el que rescullarse mientras se hacía la hora. A las catequistas y al mercado. A cinco duros de churros, y diez de cortezas. A partirme el diente con la bicicleta y jugar a los cartones. A porterías con cajas de tabaco y a pelotas de papel albal. A pedir maderas en la carpintería y a tirachinas hechos con bocas de botella y un globo, o un cacho de madera y dos pinzas y una púa. A los alatones y las allozas, a albaricoques que hacían que se te saltaran las lágrimas y a un corzo de habas. A mi bisabuela rezándome y quitándome el mal de ojo que me echaban porque tenía los ojos claros y a la burra del bancal de enfrente. Ahora mismo me desayunaba un bocata de aquellos de tortilla con mayonesa del bocatas (60 ptas) o uno de calamares con tomate de los de la cantina (75 ptas). A sesos de las pepas y a hamburguesa completa en lo de gaspar. A la alcancía y al botijo de barro del puerto lumbreras. Al ochoa y al guirao, a la torta con mucha molla o con poca. Pero sobre todo sabe al bocadillo que me hacía mi abuela de jamón-tomate-aceite-y-sal. Y a un montón de cosas más, pero es que dejo de escribir que es que es navidad y me voy a empaparme de todos esos sabores, me voy al pueblo, al mío, que no es en el que estoy empadronado ya, pero que es donde nací y me crié, Vélez Rubio. Es el que salé en la foto, entre los almendros y las faldas del Mahimón. Mi casa no se ve, pero está ahí.