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martes, agosto 11, 2009

las fiestas de mi pueblo



El otro día me preguntaba Carmen si este fin de semana eran las fiestas de mi pueblo. Eché cuentas y resulta que sí. Que tal día como ese, en vez de estar tirado en el sofá burguillero, otros años andaba yo recuperándome de los excesos de los dos o tres días que ya me hubiera festeado y dispuesto a pegarme otra noche más dando tumbos por lo que ha venido siendo el nómada recinto ferial de la villa.

Las fiestas de Vélez Rubio imagino tienen un programa parecido al del resto de pueblos de entre cuatro y seis mil habitantes del sur de España. Esta población se multiplicaba por cuatro o cinco esos días. Por cosa de la emigración, el pueblo era invadido por hordas de catalanes, valencianos, franchutes y demás repatriados estivales, que ahora que lo veo con un poco de distancia, la mayor de las veces no eran sino gentes del extra-radio de urbes como Barcelona a las que sus padres se habían mudado para sobrevivir, pero que eso sí, cuando venían al pueblo se daban unos aires que no veas. Las cosas como son, les cogí coraje a un gran porcentaje de nuestros visitantes estivales. Básicamente al porcentaje masculino. Las féminas eran otra cosa. A estos forasteros les tenía tirria, aparte de porque las mozas se quedaban embobadas con ellos, porque eran tontos. Y lo dejo, y sigo con el programa porque me pierdo. Las fiestas empezaban con la coronación de la reina y sus damas. Esto, lo sabe todo el mundo, estaba MUY amañado. No hay otra explicación para ver las bellezas con que nos deleitaban en el famoso “El libro de las fiestas”, señera publicación velezana, sufragada con la aportación de los comerciantes listados, en la que el alcalde de turno saludaba a sus paisanos y lectores con bien poco arte. Ahí venían que si los conciertos, que si la verbena, que si el pasacalles, que si la carrera de cintas... en fin, grandes eventos todos en los que al final siempre acababan desfilando los mismos. Célebre es el golf descapotable de la hija de Tortosa. Con todo siempre entraba un cosquilleo cuando iba llegando el día. Daba gusto ver tanta gente, acostumbrado uno como estaba a que en cuanto oscureciera no quedara ni un gato en la calle. Y el pueblo, oye, de punto en flor...

Y ahora no tengo más tiempo de escribir... a ver si me animo y escribo una segunda parte y cuento lo de cuando me firmó Regina Do Santos en una barra de pan.

jueves, marzo 19, 2009

El disparate estético de Las Fallas

No sé porqué tenía la idea de que Las Fallas eran una cosa, estéticamente, horrorosa. Siempre me ha gustado todo cuanto más sencillo mejor, líneas elegantes y depuradas, nada de excesos. Los retorcidos desmadres rococó falleros se me antojaban cargadísimos, un desmán vaya. Pero el otro día de repente me quedé impresionado con un traje de estos de fallera... me dejó como hipnotizado...
entonces pensé que lo que no me gustaba eran las fallas (que creo que se llama así a lo que prenden). Ahora me había puesto a buscar un par de imágenes para que se viera el contraste entre algo tan hermoso como el traje este que me embelesó y la fealdad cargante de los cartones de colores estos con formas y motivos variados.

Pero el caso es que echando un vistazo rápido también me han gustado. Así que al carajo mi teoría. Otra más. Una de dos, o no tengo nada claro, o me estoy haciendo viejo y acabaré teniendo un salón lleno de figuritas.(*)

(*) eso sí, los petardos no los soporto, de pequeño me explotó uno en la mano y me dejó la yema del dedo gordo como una flor.
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