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01 agosto, 2010

Domingo



Me gusta la sensación de levantarte de la cama y no tener nada que hacer (nada inminente claro), porque cosas que hacer siempre hay.

Poder sentarte en el sofá después de desayunar tranquilamente y poner música, que no hay prisas ni sentimientos de culpabilidad por no hacer nada. Sonreirle y despeinarle porque te apetece, sin más, estamos relajados los dos... y volverle a sonreir.

Y mientras la canción que suena en tu ordenador te lleva a un mundo que no es el de hoy, pero no importa, que es una canción de verano, de playa y fuera el día está nublado, pero eso da igual, hoy no te importa.

Ayer al final el día nos dejó celebrar el cumpleaños de la pequeñaja, la única que hay de momento en la familia y no, no es nuestra. Eso sí, ver la cara de felicidad que tienen los niños cuando abren los regalos es inmensa.

Hoy por la tarde iremos al Spa y a cenar... nos lo regalaron por la boda, así que antes de que caduque y antes de irnos al sur de vacaciones hemos decidido ir, así que claro que hay cosas que hacer, pero por el momento seguiremos aquí sentados, mirándonos, sonriendo y disfrutando de la compañía que tenemos, que aunque cada uno esté a lo suyo, de vez en cuando mirar al lado y ver que estamos ahí, es importante.