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domingo, 18 de junio de 2023

Ezeiza, a 50 años - El libro de Horacio Verbitsky

Lo que sigue es el comienzo del prólogo que Horacio Verbitsky escribió para la edición definitiva de su libro de investigación Ezeiza *:

El equívoco de los paradigmas

El ex vocero de Esteban Caselli en la embajada de la Argentina menemista ante el Vaticano, Ceferino Reato, sostiene que Ezeiza “nació con vocación de paradigma: ya en el primer párrafo de su Introducción, Verbitsky sostiene que esa matanza ‘cierra un ciclo de la historia argentina y prefigura los años por venir. Ezeiza contiene el germen del gobierno de Isabel y López Rega, la AAA, el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976, el eje militar-sindical en que el gran capital confía para el control de la Argentina’”. Añade que mi libro, “es el paradigma compartido por casi todos los historiadores y periodistas que han estado escribiendo sobre la década del setenta” y que si yo no lo hubiera terminado “a mediados de los '80, habría tal vez incluido al menemismo, el delarruismo, el duhaldismo y el macrismo en ese eje del mal porque lo que está ofreciendo es una manera determinada, más bien maniquea, de recuperar la historia reciente”.

La respondió el profesor de filosofía Oscar Cuervo [1]: “Lo que dice Verbitsky no es lo que quiere interpretar embrolladamente Reato. No es el libro Ezeiza lo que Verbitsky quiere imponer como modelo paradigmático de interpretación de la historia reciente (por otra parte: ¿qué autor podría lograr eso con su libro, el constituirse en un paradigma aceptado por ‘casi todos’? ¿Mediante qué recursos podría lograr un libro auto-engendrarse con vocación de paradigma?). Lo que Verbitsky dice en la frase citada es algo más sencillo —y tan discutible como cualquier otra hipótesis—: que en el episodio de Ezeiza empieza a configurarse un proceso de alineamiento de fuerzas que se extenderá en los años siguientes de la dictadura”.

Según Cuervo, “a Reato le gustaría erigir con su libro un nuevo paradigma que reemplace al del autor de Ezeiza, y para ello traza un ‘eje del mal’ que parte del asesinato de Rucci por obra de los montoneros y continúa en la propia escritura del libro Ezeiza, hasta llegar al ‘poder hegemónico’ del kirchnerismo actual. Este eje se extiende a lo largo de 35 años y por momentos parece que el sujeto permanente de esta operación criminal/discursiva fuera el propio Verbitsky. Se trata claramente del maniqueísmo del que Reato acusa a su oponente, en el que no importa tanto dilucidar lo que ocurrió con Rucci como instrumentar el sentido de este episodio histórico como clave del presente”.

Cuervo se pregunta por la finalidad de la operación de Reato (nombre que me es imposible no asociar a los primeros versos del Golem de Borges), y enumera:

- vender muchos libros,

- perdurar en el tiempo, “al menos tanto como perduró Ezeiza”.

- “Reabrir la causa judicial de la muerte de Rucci. Para eso no hace falta vencer el presunto paradigma Verbitsky, sino lograr nuevas pruebas que reactiven la investigación”.

- “Lograr un debate sobre la figura jurídica de los crímenes de lesa humanidad, para extenderlo a los delitos cometidos por las organizaciones armadas de los '70” [como intenta La Nación, desde que la Corte Suprema de Justicia declaró en 2005, en una causa que yo presenté como presidente del CELS, que esos delitos no pueden ser amnistiados ni su persecución cesa por el paso del tiempo].

- “Pero eso no se logra con anécdotas familiaristas sobre lo buen padre que era Rucci o lo leal que le era a Perón. La figura de lesa humanidad se delinea en un discurso jurídico que trasciende cualquier caso particular”.

[Para leer el prólogo completo de Ezeiza, uno de los textos más iluminadores que Verbitsky haya escrito en toda su obra, clickear acá].

[Para leer mi texto citado por Verbitsky completo, clickear acá]


* El martes próximo se cumplirán 50 años del regreso definitivo de Perón a la Argentina y de la emboscada tendida a un sector de sus partidarios. Ese fue el tema del libro Ezeiza de Horacio Verbitsky, publicado en 1985. El jueves 22 se presentará en el Centro Cultural Kirchner, en el ciclo de revisión de la obra literaria de Verbitsky, producido por Diego Sztulwark, Daniel Tognetti y Camila Perochena. Participarán representantes de distintas generaciones: Luli Trujillo, Magdalena Gainza y Mónica Peralta Ramos. 

lunes, 6 de abril de 2020

La extraña noche en que no salí de casa (La otra.-radio: FIN)

Penúltimo bloque de La otra, acá
Último bloque de La otra, acá


por Oscar Cuervo
Ilustración: Lucía Villalobos

El domingo pasado a esta hora estaba todo dispuesto para emitir La otra.-radio, previamente grabado y editado durante la semana. No pudo ser: las máquinas o algún eslabón en la cadena humana impidieron que lo que estaba listo no saliera al aire. Por el gran esfuerzo dedicado a armar el programa con la colaboración de todo nuestro staff  y ante la incertidumbre de garantizar la emisión en tiempo y forma, decidí personalmente que este fuera el último programa de este ciclo. Cuando todo se aproxime a la normalidad, volveremos a pensar cómo, cuándo, dónde queremos que siga La otra.-radio. Esta contingencia es una señal para invitarnos a  renovarnos, tomándonos todo el tiempo necesario.

Como algunos fragmentos del programa fueron emitiéndose en forma desordenada y sin que nuestros oyentes lo supieran a tiempo, estoy convencido de que vale la pena que se hagan accesibles en el blog:  son los dos últimos bloques de un ciclo que por ahora no sigue.

El editorial político conserva su vigencia, curiosamente, a pesar de que 7 días en el mundo actual pueden hacer caducar cualquier ocurrencia de coyuntura. La base de esa columna decía y todavía dice que la pandemia y la cuarentena no interrumpen los conflictos políticos, sociales y económicos del país, a pesar de que algunos esfuerzos apelan a una deseada unidad nacional para enfrentar la emergencia.

Las decisiones políticas del gobierno de Alberto y Cristina lograron que hasta el momento la emergencia sanitaria no escale hasta lo inmanejable, como sucede en países como Brasil, EEUU, Gran Bretaña o Ecuador, para citar ejemplos donde la calamidad de la infección se vio potenciada por liderazgos políticos calamitosos y criminales. En Argentina, la pandemia no causó una crisis política. Hoy parecemos un país civilizado.

La pandemia tendrá costos económicos muy severos. Pero el gobierno y un gran consenso social sostienen la prioridad de proteger las vidas como un principio no negociable. Afortunadamente no nos gobierna alguien como Bolsonaro, Boris Johnson o Lenín Moreno. Alberto parece la persona adecuada para ponerse al frente de esta circunstancia inédita. Tenemos que estar muy agradecidos de que no esté macri al mando del Poder Ejecutivo.

Pero las clases dominantes que apoyaron con firmeza el desastre macrista ya están presionando al gobierno democrático para que su lucro incesante no se detenga ni ante el costo de las vidas. El presidente hizo un esfuerzo por cerrar "la Grieta" pero la derecha no cambió: apuesta al fracaso del gobierno. Aunque cueste creerlo, el interés de las clases dominantes, aún con sus propias contradicciones, es que la catástrofe que hoy viven Brasil o Ecuador se repita en Argentina. La derecha siempre hace política con la muerte, no es novedad. Lo infrecuente es que un gobierno no  ceda diligentemente a las presiones de los rapaces. Si lo hiciera, como pasó en otras circunstancias menos difíciles, el gobierno perdería su legitimidad. La derecha aprieta y si consigue lo que reclama, vuelva a apretar por más, hasta vaciar al poder político de autoridad ante su base social.

Hace una semana los sectores más concentrados de la economía presionaban a Alberto para que levante la cuarentena. Techint tomó la delantera con 1500 despidos que sonaron a amenaza a la estabilidad social conquistada. El presidente no cedió ni piensa hacerlo, como lo manifiesta en la entrevista que ayer le concedió a Horacio Verbitsky.



La pandemia, si es que sirve para algo, es para iluminar con luz cruda los intereses inconciliables que atraviesan la historia nacional desde hace décadas y no se han interrumpido. Incluso cuando la pandemia pase el conflicto seguirá pendiente.

Carla Maglio comentó en su columna un par de textos a tener en cuenta para pensar la post-cuarentena: "¿Y después del encierro? Lo que nos espera cuando se aplane la curva del coronavirus", aparecido en el sitio español El Confidencial; y “Chinese Virus,” World Market, publicada en inglés en la revista digital n + 1 

Cristian Bonomo hizo su breve y exquisita columna musical dedicada al compositor Jean Philippe Rameau, un compositor francés del siglo xviii al que Cristian considera entre los más grandes de la historia de la música. Con las piezas breves que nos hizo escuchar a Cristian no le costó convencernos de que una vez más sabe lo que dice.

Todo eso lo escuchan acá.


En el último bloque la amada Rebekah del Río nos dejó "Llorando".


Santiago Santiago Segura nos hizo escuchar una canción muy linda del grupo Monotoro del disco El extraño día que no salí de casa, título muy adecuado para la ocasión.


Finalmente, hablé de Days, la película de de Tsai Ming-liang estrenada hace pocos meses en Berlín, ultimo gran festival pre Covid-19. La película es involuntariamente una elegía al mundo previo a la pandemia. Su escena central nos muestra un contacto íntimo, erótico y amoroso entre dos desconocidos. Tsai la filma con una ternura tan triste y serena que invita a pensar que vio el mundo que hizo posible la pandemia y el que se abre a partir de ahora. Más que ningún otro cineasta, Tsai parece afirmarse como el artista visionario del siglo xxi. Ampliaré en próximo post.


Y terminamos el programa con un mensaje que nos mandó Carlos, un amigo que vive en este momento en Barcelona.

Los invito a escuchar acá los últimos minutos de La otra.-radio (por ahora).

domingo, 9 de junio de 2019

La lucha por la verdad no debe tener banderías


"La lucha por la verdad no debe tener banderías" termina su imprescindible nota de hoy Horacio Verbitsky.

"Por la verdad" (perdón foucaultianos, perdón nietzscheanos, que hace años renunciaron a ella).

Verbitsky refelxiona acerca de su compromiso periodístico con la verdad, simultáneo con su posición política (incomparable en persistencia, firmeza y eficacia con la de cualquier otro periodista argentino contemporáneo).

El Perro atravesó como periodista más de medio siglo de una Argentina que suele hacer trizas muchas trayectorias profesionales. El Cohete a la Luna lo encuentra en un momento brillante de su carrera y le permite reflexionar acerca de su práctica integral. Para eso, se refiere a sus posiciones publicadas tempranamente contra el carácter altamente nocivo que tuvo Guillermo Moreno durante los años kirchneristas, gobiernos que Verbitsky apoyó en sus puntos esenciales.

Hay muchos peronoicos que consideran a Moreno algo así como el paradigma del "peronismo puro", si tal cosa existiera. Lo cierto es que la desastrosa gestión de Moreno facilitó grandemente la tarea sucia que desde 2015 hizo el macrismo. Néstor y Cristina tardaron en comprenderlo, pero finalmente Kicillof fue el encargado de poner fin a la ejecución del daño morenista. Los efectos de ese daño los seguimos viviendo.

Ahora Moreno pasó a integrar la lista de mediáticos bizarros en un grupo en el que lo acompañan Santiago Cúneo, Alfredo Olmedo, Julio Bárbaro, Luis Juez o Javier Milei. Divertimento para las cloacas televisivas.

Aún hoy hay peronoicos y kirchneroicos confundidos que consideran a Moreno un soldado de la causa patriótica, a pesar de sus bravatas machistas, macartistas y reaccionarias. Alguien me comentaba hace poco: "Moreno todavía se quedó en el palco de Ezeiza".

Más allá de este personaje, la nota de Verbitsky sirve para pensar los vínculos inescindibles entre política y verdad. Perdón foucaultianos, perdón nietzscheanos.

Si todavía no leyeron la nota, la encuentran acá.

martes, 15 de mayo de 2018

Verbitsky: "La fantasía de la izquierda que pedía asamblea constituyente en 2002 no está sostenida en ningún hecho de la realidad"

La tensión entre el kirchnerismo y la izquierda. Una conversación en La otra.-radio con Diego Sztulwark -autor de Vida de perro, el libro de conversaciones con Verbitsky- que se puede escuchar clickeando acá 



Diego Sztulwark nos dice, a propósito del tiempo que le llevó concretar Vida de perro, su libro de conversaciones con Horacio Verbitsky, que fueron dos años de encuentros con el Perro, pero antes transcurrieron otros dos años para convencerlo de que tenían que hacer el libro:

-Me acerqué con la curiosidad de qué pasaría si alguien como Verbitsky, que en los últimos diez años había estado comprometido con el proceso político kirchnerista, apareciera ofreciendo un balance mucho más largo y más complejo de la historia política argentina, de la historia de la militancia y la historia de la investigación. Más complejo, digo, que aquellos que se vieron involucrados en el debate militante de los últimos años, a favor y en contra, que a mí me parece que en muchos momentos redundó en una especie de simplificación muy brutal. Y Verbitsky ofrecía la posibilidad de otra complejidad, por su trabajo de sistematicidad, por método, por precisión de la información, pero también porque tuvo cuatro o cinco décadas de protagonismo muy fuerte y era un interlocutor privilegiado para hacer un repaso de nuestra historia política, no para hacer sólo una historia, ni mucho menos por arrepentimiento, sino, al contrario, para restituir historicidad a los debates actuales y las tareas militantes de este momento. Él se fue convirtiendo en un actor político muy singular, una persona que tiene muchísima influencia, muy leída, sus columnas se esperan, para bien o para mal, en muchos sectores de toma de decisiones del país. Sin embargo su poder de influencia no ha dejado de ser su capacidad para tratar la información y escribir. El no tuvo ni grandes capitales ni grandes cargos públicos.

- ¿Y por qué tanto tiempo para convencerlo?

- Yo en 2013 estaba en contacto con él por tareas militantes de ese momento, a través del mail. No lo conocía personalmente y, en contra de las imágenes habitualmente blindadas de Verbitsky como una persona inaccesible, me respondió con suma amabilidad. Me sorprendió muchísimo y me tomé el atrevimiento de decirle que yo creía que sería interesante hacer una reflexión de balance con alguien que viniera de los años 70 e hiciera un recuento histórico de procesos políticos más largos. Se lo venía proponiendo y él no me respondía más que con monosílabos o muy secamente: "no", "más adelante", "vamos a ver". Pero la noche en que Macri le gana a Scioli por tan pocos puntos la segunda vuelta electoral le dije: "bueno, es el momento". Y él me dijo: "sí, es el momento, pero yo soy un señor mayor, así que yo voy a marcar los tiempos".

Pasaron todavía algunos meses de 2016 entre respuestas evasivas, y en marzo Sztulwark insistió: "mirá, Horacio, creo que hay que hacerlo ya". Verbitsky respondió: "sí, yo le tengo un poco de miedo a tu registro más abstracto, más filosófico". Sztulwark le explicó que desde muy joven había sido un militante político y había leído sus notas, que conocía ese lenguaje perfectamente y creía que podían trabajar en ese nivel de conversación. Verbitsky aceptó y le dijo: "vamos a trabajar dos mañanas por semana durante los meses que hagan falta". El había recibido muchas veces propuestas de libros de entrevistas y por razones diversas las había ido rechazando. Cuando aceptó finalmente la propuesta de Diego, Verbitsky dijo: "sí, vos tenés la edad de mis hijos, me interesa cómo esa generación puede tomar mi obra, puede narrar y hacer algo con eso".

Entonces apareció el obstáculo por el cual Verbitsky recelaba de ese registro abstracto que suponía que Sztulwark manejaba: 

- Él rechaza -dice DS- toda ideología abstracta, le tiene mucha desconfianza. Para él la política nunca puede encallar en la moral o en categorías abstractas, porque piensa que hace falta un ritmo, una vitalidad y una apertura, un habitar las contradicciones que él no encuentra en la izquierda clásica. Y él me pidió: 'yo te cuento lo que hago y vos conceptualizá'.

Esta tensión es lo más interesante que plantea Vida de perro. Ante cada pregunta que corriera el riesgo de elevarse hacia conceptos muy generales, Verbitsky intentaba reconducir la discusión hacia las condiciones concretas en las que los conflictos se desenvolvieron, las fuerzas materiales que incidieron y los obstáculos que había que enfrentar para tomar una decisión, tanto en su época juvenil como militante de Montoneros, como en su década de compromiso maduro con el kirchnerismo. 

La desconfianza de Verbitsky hacia la abstracción teórica no es una cuestión de estilo. Más bien él la considera un problema político: la principal objeción que le achaca a la izquierda tradicional argentina -que durante años llamó, aunque ya no, la "paleoizquierda"-es su incapacidad para vivir las contradicciones reales y operar sobre ellas, su inclinación a resguardarse en un plano teórico donde los conceptos estén despejados y desde allí posicionarse en el cuadro de la lucha política. Eso hace que sea el peronismo, y no la izquierda -si interpretamos bien el pensamiento implícito en la praxis de Verbitsky- el campo desde el cual se puede llevar a cabo una lucha transformadora contra las clases dominantes argentinas. La izquierda, por causa de la abstracción conceptual que privilegia para orientarse en sus decisiones, a menudo se coloca en un lugar apartado de los intereses populares. Verbitsky le dice a Sztulwark, como reprodujimos en un post anterior, que el PO es una fuerza reaccionaria y sus opciones políticas en la escena nacional juegan muchas veces del lado de la derecha, mientras que el kirchnerismo es una fuerza progresista. Esto no le impide valorar el compromiso militante de los jóvenes que integran la izquierda trosquista, ni ver la cuestionabilidad de figuras como Gildo Insfrán, integrante del FPV en los años de Néstor y Cristina. Pero esas cualidades personales no deben confundirse con una apreciación más global acerca de cómo cada fuerza opera en las pujas políticas argentinas. Por eso, desde hace décadas es desde el peronismo que, con sus contradicciones y zonas oscuras, se lleva a cabo una lucha contra el poder oligárquico o el poder financiero trasnacional, mientras la izquierda se abstrae en los márgenes. Estas tensiones aparecen en un tramo del libro en que hablan del conflicto del kirchnerismo con la comunidad primavera, de Félix Díaz:

DS: Mi interés en esta conversación tiene que ver en parte con tratar de entender, valorar y también discutir esta posición tuya, que tiene la complejidad de una doble valoración. Por una parte hiciste una lectura del FPV en la coyuntura argentina en términos positivos, sin negar que esa posición contiene a Insfrán (acabás de decir que te parece que el FPV fue objetivamente más progresista que el PO), y al mismo tiempo, el CELS defiende a Félix Díaz y a la comunidad de La Primavera contra el mismo Insfrán, que formó parte de ese Frente. Hasta cierto punto, se da el mismo esquema en el caso Ferreyra/Pedraza. De algún modo, me parece que el kirchnerismo en el gobierno no asimiló ni las demandas de los trabajadores tercerizados ni las de las comunidades en conflictos por tierras contra el Estado provincial o las grandes empresas.

HV: Yo te conté la pelea con Cristina por Milani, así que también te puedo contar la pelea por Félix Díaz. Algunos hijos de puta nos acusan de haber participado en el desalojo de los Qom. Todo lo contrario. A mí me avisa Gastón Chillier que está en el lugar, que los Qom se van, que están los ómnibus en el lugar, que está todo arreglado para que se abra la mesa de negociaciones, pero que allí está el Cuervo Larroque apurando, empujando para que se vayan. Y yo la llamo a Cristina y le digo: “Se acordó la negociación, se van voluntariamente, se están yendo. Déjenlos que se vayan tranquilos, no los apuren”. Y Cristina me dice, gritando: “Yo lo mandé al Cuervo, si te parece mal lo que hace el Cuervo te parece mal lo que hago yo, porque yo lo mandé al Cuervo”. Y le digo: “Sí, me parece mal lo que hacés vos, si fuiste vos. Te estoy diciendo: es provocativo, innecesario, tergiversa las cosas”. Fue la otra discusión fuerte que tuve con Cristina.



En una reflexión incluida en el libro, Sztulwark acota: 

"Su razonamiento, concentrado en la confrontación con la derecha más conservadora sobre qué valores se ponen en juego a la hora de evaluar los gobiernos de los Kirchner –a qué se llama “errores” y a qué “aciertos”–, tiende a eludir por momentos una profundización en cuestionamientos políticos que podrían iluminar desde otro ángulo –ya no en polémica con las derechas, sino con las izquierdas–la debilidad de las transformaciones ocurridas estos años. Ese otro costado de la discusión [el que Sztulwark reivindica] pretende cuestionar la articulación entre modo de acumulación, modo de pensar y modo de toma de decisiones sobre la que se recostaron, con diferencias entre sí, los gobiernos llamados progresistas.

"Aunque tal vez haya otro modo de considerar el problema de la debilidad política de estos gobiernos progresistas. Su tendencia a plegarse a líneas neodesarrollistas –confianza en la creación de empleo de calidad a partir de un proceso de industrialización y de una centralidad del Estado- nación que subestima fenómenos como el de la llamada economía popular–y neoextractivas –explotación de recursos naturales para la exportación, según los requerimientos del mercado mundial–imposibilitó la consideración de combinaciones más audaces entre los aciertos que enfurecieron a las oligarquías –bajar el cuadro de Videla de la ESMA, estatizar las AFJP– y líneas de experimentación más creativas con los sujetos que emergieron de la crisis de 2001. Esa falta de experimentación sostenida puede ser comprendida como el anverso de lo que con frecuencia se llama los “errores” del gobierno, que la mayoría de las veces no han sido sino compromisos con las fuerzas del orden (empresas multinacionales que sustraen riquezas vía extracción de recursos o vía fuga de capitales, todavía habilitadas por la legislación de la dictadura en lo que concierne a las operaciones bancarias y empresariales, apoyadas por las fuerzas represivas y de seguridad de modo directo o tercerizado).

"Si algo parecido a un programa circuló de hecho entre las multitudes que protagonizaron la crisis del año 2001 argentino, ese programa fue parcial e inorgánico. Sin embargo, esa fecha sigue ofreciendo una perspectiva histórica, incluso para entender por qué, de todas las expresiones políticas creadas en aquella coyuntura, fue el PRO(hoy Cambiemos) el que mejor capitalizó a largo plazo el proceso abierto en aquella crisis".

Sztulwark y Verbitsky debaten:

DS: Me parece que el cierre de la toma de decisión política sobre un grupo político que subordina o excluye a referentes de luchas populares resta capacidad de identificar contradicciones y debilita la capacidad crítica de cualquier gobierno. ¿Cómo juntar fuerza de transformación sin ensayar procesos de decisión más colectivos?

HV: Siempre fue así. Fue así en los aciertos y fue así en los errores. Estoy de acuerdo con lo que planteás pero, de nuevo, es lo que dijimos anteriormente: la incorporación de las organizaciones sociales a la decisión política hubiera significado que la ruptura con Moyano no se habría producido en 2010 sino en 2004 y que el Congreso no habría aprobado todas las leyes que aprobó. Seguramente había equilibrios mejores, seguramente se habrían podido hacer cosas que no se hicieron y que hubieran dado mejores resultados. Siempre, en cualquier situación, este razonamiento es válido. Sin embargo, como balance de conjunto de la experiencia de los doce años, yo no veo que se hubiera podido hacer mucho más que lo que se hizo. El país había atravesado veinte años de democracias totalmente dependientes, incompletas, que se limitaban a hacer viables las políticas de ajuste por métodos no violentos, más otros ocho años entre lopezrreguismo y dictadura, de destrucción de bases materiales, de desindustrialización, de precarización laboral.  (...) La fantasía de la izquierda que pedía asamblea constituyente en 2002, y la idea de que estaban en una situación prerrevolucionaria, me parece que no está sostenida en ningún hecho de la realidad, es nada más que una expresión de deseo.

En la conversación que tuvimos el domingo en la radio Sztulwark reconoce que estos reproches de Verbitsky hacia el carácter abstracto de la política de izquierda provienen de una discusión anterior, la que John William Cooke desde el peronismo revolucionario sostuvo con la izquierda marxista clásica hace muchas décadas. La tradición, que viene de Cooke y en cierta forma Verbitsky encarna, propone partir de los fenómenos de radicalización y tensión efectivos y no de un conjunto de abstracciones lógicas. 

- Creo -dice Sztulwark- que es el problema, en última instancia, de cómo se piensa la dialéctica. Él [por Verbitsky] lo piensa en términos de una dialéctica que hay que habitar en una tensión y no como una resolución. Hay, como decís vos, una teoría nunca del todo enunciada pero que está ahí operando, y claro que es fascinante. Pero me pareció siempre que con Verbitsky no serviría de nada si yo me ponía en el papel de admirador, que lo que había que hacer con Horacio, como con cualquier persona con la que uno tiene una interlocución, es pensar cuáles son las tensiones con las que hay que trabajar, el tipo de sacudidas que hacen que ese pensamiento esté obligado a decir más de lo que ha dicho, ¿no?

Sztulwark no se considera parte de una izquierda clásica, sino de un autonomismo que revaloriza el proceso de emergencia de los movimientos sociales, sobre todo los que aparecen en las asambleas de principios de siglo, posteriores al colapso de la alianza, que él considera que el kirchnerismo en cierta forma vino a obturar. ¿Cómo devolverle peso, en los momentos de decisión política, a estos sujetos colectivos, sin delegar su representación en liderazgos individuales que adelgazan, según su perspectiva, esta lucha?

Y la conversación siguió moviéndose entre planteos más conceptuales y ejemplos más concretos: Perón, Bergoglio, Néstor, Moyano, Mariano Ferreyra... La manera en que Verbitsky tramitó estas tensiones y el modo en que debemos repensarlas ahora que se plantea un nuevo momento político, en la resistencia contra el macrismo. 

Para escuchar la conversación completa con Diego Sztulwark, tienen que clickear acá.

viernes, 11 de mayo de 2018

Verbitsky: Vida de perro - Balance político de un país intenso, del 55 a Macri

Diego Sztulwark, autor del libro de conversaciones con Horacio Verbitsky, el domingo a medianoche en La otra.-radio - FM 89,3



Dice Diego Sztulwark en la introducción a Vida de Perro, el libro de conversaciones con Horacio Verbitsky que acaba de publicar: "Verbitsky es un escritor austero que se halla inmerso en el conflicto político que atraviesa a la Argentina. (...) Militancia, periodismo y derechos humanos son momentos de una participación decidida y poco convencional en la política, sobre todo si se toma en cuenta que su poder de influencia no proviene de cargos públicos. Verbitsky maneja información. La obtiene, la interpreta y la usa". Es un modo de aproximación preliminar a la figura de su entrevistado.

Cuando se habla de Verbitsky, es inevitable tratar de determinar con precisión bajo qué categoría se lo piensa. Decir que es el mejor periodista de Argentina parece cierto pero no suficiente. Con eso hablamos de una superioridad profesional, pero la cuestión con el Perro no es una diferencia de grado, de mayor calidad, sino una distinción cualitativa. Si Verbitsky es un periodista, lo que lo distingue es que es también otra cosa. Lleva a cabo una praxis que no tiene en el presente otros practicantes.

De acuerdo: es un escritor. Ok: forma parte de un conflicto político del cual no es un mero analista ni un teorizador. No describe, o no solo describe; por sobre todas las cosas él interviene. La clave consiste en precisar cuál es su modo de intervención. No es la mera opinión ni la simple información. Tampoco es un operador al servicio de determinados poderes fácticos, alguien que dice lo que a otro le conviene que se diga. Quizás lo más interesante de Vida de Perro, de los extensos y pormenorizados repasos de muchos años y situaciones que tuvieron a Verbitsky como testigo, como participante y a veces hasta como protagonista, de las diferencias políticas que a veces asoman entre los interlocutores, sea que el libro incita a cuestionar la naturalización de la práctica del periodismo, requiere pensar en todo lo que hay por debajo, por encima y por los costados de esa profesión con tanta resonancia. Porque es por esos márgenes poco o nada explorados que Verbitsky se ha venido moviendo con una persistencia a lo largo de décadas, lo que lleva a sospechar que hay un pensamiento tácito en su praxis. 

Único ejemplar de su especie, parece que Diego Sztulwark advierte esta singularidad, tanto como la necesidad de que algo de ese saber moverse por los intersticios de la lucha política en la Argentina cruenta de los años 60, 70, 80, 90, del 2000 y del presente valga la pena transferirse a las nuevas generaciones: de periodistas y de luchadores políticos.  Verbitsky sabe algo que está implícito en su trabajo: su escritura, en libros, revistas, diarios y últimamente en publicaciones digitales. Es un maestro en el estilo de comunicación indirecta. Deslumbra también por sus silencios. Eso que él sabe lo lleva a intervenir en la disputa política. También a la inversa: por intervenir en esa disputa es que ha aprendido. Y su modo de intervención es gravitante no para un sector político, sino para una diversidad de sectores -eso que a falta de un nombre mejor podríamos llamar "el campo popular", aunque la izquierda clásica no se sienta cómoda con esta categoría- a los que a veces les cuesta sentarse a discutir, si acaso lo logran.

Verbitsky cuando publica sus notas instala un diálogo tenso con diversos actores políticos: con dirigentes de ese campo popular, con el movimiento de los Derechos Humanos (que lo cuenta desde hace varias décadas como uno de sus principales actores), con el peronsimo, el kirchnerismo, la izquierda, las organizaciones sociales, los medios, otros periodistas y muchísimos militantes que esperan sus notas incluso para discutirlas. Su singularidad puede constatarse cuando se percibe la diferencia de la edición dominical de Página/12 antes y después de su salida: el diario puede seguir siendo bueno e interesante, pero perdió algo de la tensión que él le infundía. Quizás haya que buscar por este lado: su escritura no solo describe sino que también crea tensiones con actores concretos.

En este sentido, la conversación con Diego Sztulwark es interesante porque los dos son distintos: Diego es dos generaciones más joven, responde a un perfil más clásico de la izquierda y por ende se encuentra distante del apoyo que Verbitsky manifestó en los años kirchneristas. Si ellos se ponen a discutir, eso significa varias cosas: que Verbitsky y la izquierda clásica no son lo mismo, que ese diálogo es posible y necesario para ambas posiciones y, finalmente, que todavía no se logró hacer, al menos de manera pública.

Sztulwark declara que se propuso entrevistar a Verbitsky para desentrañar su método, por una necesidad histórica: Verbitsky acumuló en estos años un tipo de experticia que ahora hace falta transferir a las nuevas generaciones. Pero leyendo el libro se advierte que no se inquiere por un método en el sentido técnico, sino más bien por una praxis. No cómo hacer, sino qué hacer.

El Perro es reacio a teorizar sobre lo que hace y, en general, a teorizar en cualquier sentido. Su filosofía está implícita en sus movimientos y sobre todo en las cosas que Verbitsky nunca hace, en eso que lo diferencia de otros. Por ejemplo: la categoría de "periodismo militante", a la que no queremos desdeñar, no lo describe bien. Por eso, Verbitsky nunca fue a 678. No porque él desprecie la función o la utilidad política que pudo tener un programa así, sino porque su propia práctica es incompatible con ese tipo de intervenciones. Algo de eso es lo que Sztulwark quiere caracterizar cuando dice que Verbitsky es austero

También podría decirse que su vinculación con la teoría política es de un pragmatismo escéptico, lo cual no implica que sea políticamente escéptico. Su escepticismo radica en que desconfía de la capacidad de las teorías para apresar las tensiones reales de la política. Quizás ese mismo escepticismo lo haya llevado a distanciarse de las posiciones de la izquierda clásica, a la que durante muchos años llamó "la paleoizquierda". Sztulwark le hace notar su disgusto con esa terminología y Verbitsky, en sus conversaciones, aclara que ya no usa más ese concepto, porque piensa que a partir de la emergencia de nuevos dirigentes como Myriam Bregman o Nicolás del Caño esa caracterización ya no es justa. Sin embargo, la tensión con la -ya no paleo- izquierda subsiste. Cuando en el libro se habla de la cercanía de Verbitsky con el kirchnerismo y también de sus manifiestas diferencias, cuando Verbitsky explica su visión del peronismo y el momento en que decide dejar de ser peronista -1973-, cuando marca el desencuentro de la izquierda trosquista con los procesos políticos populares, en todos esos pasajes también él parece guardar un escepticismo hacia el exceso de teoría que frena prácticamente a la izquierda clásica y la confina a no poder desbordar un límite social.

No lo dice así, pero es lo que yo creo intepretar. Sería algo por el estilo: "la izquierda quiere operar sobre la realidad desde un lugar de claridad teórica que no existe, las contradicciones son reales, también la de aquellos procesos con los que Verbitsky simpatizó o apoyó; él mismo los percibe, pero no está dispuesto a refugiarse en una posición de no contradicción que lo ponga a salvo de atravesar esas tensiones". O como diría Pasolini, en una frase que quizá Verbitsky nunca haya tenido en cuenta, pero es posible que haya encarnado como nadie: "las contradiccciones no hay que resolverlas, hay que vivirlas". La distancia de Verbitsky hacia la izquierda parece provenir de su escepticismo acerca de la existencia de un lugar de enunciación no contradictorio desde el cual ejercer la crítica de las relaciones reales de poder. Si se quiere intervenir en las disputas reales de poder, hay que tener menos resguardos teóricos y asumir la necesidad de que las contradicciones se hagan carne en uno mismo. Verbitsky dice: "Que yo no sea peronista no me hace ignorar la centralidad que aún tiene el peronismo y que puede tener en el futuro”.

Diego Sztulwark reconoce "la necesidad de aprovechar a fondo la mirada sistemática y documentada que Verbitsky establece con el presente político, el ejercicio analítico con que nutre semana a semana a sus lectores desde hace décadas, la perspectiva histórica de algunos de sus trabajos (de modo ejemplar, sus cuatro tomos sobre la Iglesia argentina) y la vocación de intervención en la actualidad, no sólo a través del periodismo sino también a través de dispositivos prácticos de gran alcance, como el CELS".

Un solo ejemplo de cómo en Vida de Perro se transitan estas tensiones. Dice Verbitsky:

- El día que mataron a Mariano, yo comí en Olivos con Néstor y Cristina, de casualidad, no por eso. Lo habíamos combinado antes. (...) Néstor era consciente de la gravedad de la situación. Cristina estaba con el mismo reflejo que el día que discutió conmigo por Milani, el de las provocaciones de la izquierda. Y contaba que el día anterior habían intentado quemar la puerta en una manifestación frente al palacio Pizzurno. Néstor estaba más preocupado por la muerte del pibe y por la patota que por la política de la izquierda. Esa fue la última vez que lo vi. Murió una semana después. Estaba cansado, se lo veía desmejorado, se fue a dormir temprano. Me llamó por teléfono uno o dos días después, exultante porque había logrado identificar a uno de los de la patota y había contado cómo había sido todo.

DS: ¿El CELS ya había definido tomar el caso Ferreyra?

HV: En ese momento aún no había causa. Yo siempre pensé que el CELS tiene que estar en ese tipo de conflictos fundamentales. En este caso, hubo un cruce de muchos trabajos nuestros: el litigio, el adecentamiento de la justicia, la violencia institucional, la precarización del empleo.

DS: ¿Por qué el adecentamiento de la justicia?

HV: Porque en el transcurso de la investigación se detectaron los sobornos y la intervención de la Side para beneficiar a Pedraza y lograr su impunidad. Denunciamos todo eso y promovimos una causa penal y el juicio político contra un juez de la Cámara de Casación, Eduardo Riggi. (...)

DS: ¿Cuál es tu balance del juicio?

HV: Del juicio a Pedraza, extraordinario. Muchas veces las patotas sindicales atacaron a militantes y opositores, como el caso de Blajaquis y Zalazar. Pero esta fue la primera vez en la historia argentina que un burócrata sindical fue condenado por el accionar de una patota. El kirchnerismo tuvo mucho que ver con eso. La izquierda dice: “Pedraza era el dirigente sindical del kirchnerismo” y muestra la foto con Cristina y con Néstor. Sí, es cierto, pero cuando mataron al pibe, el kirchnerismo se puso de punta contra Pedraza, y a pesar de todos esos nexos que evidentemente existían, no hizo nada para defenderlo sino todo lo contrario. En cambio, no tuvimos éxito con las denuncias contra Riggi, que fue protegido por la corporación judicial. Hubo críticas al juicio e incluso al CELS desde algunas posiciones liberales o de izquierda por no haber ido más arriba de los policías, hacia las responsabilidades políticas, particularmente contra Aníbal Fernández. Algunas personas lo dicen de buena fe y otras no. No es que el CELS no fue contra Aníbal Fernández, sino que no encontramos elementos para ir en contra de él. De hecho, hubo un juicio público transparente, que duró meses, y nadie aportó ningún elemento que mostrara algún involucramiento de Aníbal, más allá de las declaraciones estúpidas que hizo bancando la versión judicial. Ni la estupidez ni las posiciones políticas cuestionables son delito. Eso vale para un reproche político, pero no penal. El saldo de ese juicio ha sido muy importante y muy positivo. Puso en evidencia en la persona de Pedraza la parábola de la burocracia sindical. Yo lo conocí a Pedraza de joven en la CGT de los Argentinos (CGTA). No venía del peronismo sino de alguna de las orgas marxistas que confluyeron en la CGTA, enfrentadas con la burocracia sindical vandorista. Y décadas después termina siendo el responsable del asesinato de un pibe como él. Han pasado cuarenta años y él es el asesino de su propia juventud, impresionante.

DS: Fue un acontecimiento terrible que muestra algo más: un contraste entre tipos de militancia juvenil. Reconozco a la militancia como la de Mariano Ferreyra el hecho de meterse de lleno en el conflicto obrero, en el problema de los tercerizados, contra los componentes fascistas que contribuyen a gobernar las fuerzas del trabajo y que otras militancias no cuestionan.

HV: Es lo que te decía yo con respecto a la subordinación de la lucha gremial al partido político. Es lo mismo que sucede en Lear, con los cortes en la Panamericana. No cortan los laburantes, son los centros de estudiantes, es el partido.

DS: No sé, creo que no nos entendimos.

HV: Yo creo que sí. Sólo que acentuamos cosas distintas.

DS: Lo que quiero decir es que la patota de Pedraza, al tratar de sacar a los pibes que acompañan esas luchas por “rojos”, termina de confirmar –por contraste– que hay militancias que no acompañan esas luchas ni hablan de esos poderes fascistas. Me refiero concretamente a cierta militancia juvenil kirchnerista, que en estos años se ha planteado más como “soldados” de Néstor y Cristina que como una fuerza autónoma capaz de intervenir en conflictos como este que estamos señalando. Desde ahí me parece muy problemático que se silencie ese tipo de militancias como la de Ferreyra.

HV: En ambos casos son fuerzas subordinadas a un proyecto político. La Cámpora, al de Néstor y Cristina; los pibes de izquierda, al PO u otros partidos de izquierda. No me parece que difieran en eso. Yo no puedo dejar de ver que en el gran cuadro general uno es una fuerza progresista y el otro es una fuerza reaccionaria. Yo creo que el PO es una fuerza reaccionaria. Sus opciones políticas en la escena nacional jugaron en aquellos años del lado de la derecha y las del kirchnerismo, no. Esto no califica la militancia respectiva. A mí me resulta mucho más simpático Nicolás del Caño que Insfrán.

DS: ¿Dirías que un tipo como Insfrán, en Formosa, por el marco en el que estuvo inserto, terminó por fortalecer una política progresista incluso a pesar suyo?

HV: Sí, pero eso dura lo que dura el Gobierno nacional; cuando se acaba el gobierno, Insfrán vuelve a ser lo que es. Ahora los procesos en los territorios que controlan esos gobernadores quedan liberados a su propia influencia. Nosotros defendemos a Félix Díaz en Formosa, a la comunidad Qom. Y no dejamos de ver lo difícil de la situación en la que Insfrán tuvo apoyo. Es una mierda que haya sido así. Al mismo tiempo, no son pocos quienes viajan a la provincia y cuentan que en torno a Insfrán hay mafia, narco. En el contexto nacional, lo que hacemos desde el CELS es defender a La Primavera y enfrentar a Insfrán. Con toda la dificultad que tiene eso en un contexto como el que se dio en la década pasada.

[Fin de la cita]

En este notable pasaje aparecen todas las tensiones que mencioné al principio de este post: las que subsisten entre el apoyo crítico de Verbitsky al kirchnerismo y la distancia de la izquierda clásica, mejor representada por Sztulwark. El rol de Verbitsky como dirigente de una organización de Derechos Humanos. Sus discusiones con Néstor y Cristina y sus momentos de encuentro en causas que Verbitsky considera reivindicables. Su objeción hacia la falta de perspicacia de la izquierda para involucrarse en las luchas donde se disputa el poder real. Las tensiones entre su rol de investigador y su rol de luchador político, en las que ninguno de los dos roles anula al otro.

¿Qué es Verbitisky? parece preguntarse el libro Vida de Perro. No ¿quién es?, como si lo importante fuera algo del ámbito de su intimidad o su psicología particular. Qué es significa: qué tipo de práctica encarna, cómo hay que pensarla, que fertilidad permite esta práctica y que obstáculos encuentra. En un pasaje, Sztulwark dice que Verbitsky es un investigador político. La fórmula es atractiva, siempre que el "político" no sea solamente el adjetivo de "investigador". Puede pensarse también invirtiendo los términos: político investigador. La investigación del poder como una modalidad de la intervención política, que exige hallar un punto preciso en el que se reserva grados de autonomía que un militante típico no posee, pero no se sacrifica por eso un compromiso efectivo, el apoyo a determinados procesos en los que el poder real está en disputa, aun cuando estos procesos tengan aspectos contradictorios. O mejor: precisamente porque estos procesos son contradictorios hace falta involucrarse en ellos.

De todo esto vamos a estar hablando el domingo en La otra.-radio con Diego Sztulwark. A las 12 de la noche en Radio Gráfica, FM 89,3. Online acá o acá

lunes, 4 de diciembre de 2017

Se terminó el misterio: Verbitsky vuelve el domingo desde una plataforma digital: "El Cohete a la Luna"


El mejor periodista argentino dejó de escribir sus esperadísimas columnas dominicales en Página 12 hace casi un mes. Pocos días antes, macri había hecho trascender a través de sus voceros oficiosos que el país empezaría a marchar como él quería cuando se pudieran mandar a 562 argentinos a la luna, que son quienes obstruyen el diseño de sociedad que su voluntad quiere imponer. Esas declaraciones, el modo de darlas a conocer y las consecuencias que pueden detectarse después del trascendido configuran una evidencia del poder faccioso y antidemocrático que hoy nos gobierna.

La metáfora del cohete puede entenderse como una velada amenaza de muerte, como una condena al ostracismo interno o externo, una prohibición, una prisión preventiva con toda la ilegalidad con que se mueven hoy los jueces que se ponen al servicio del poder y fuera de la ley. Muerte, prohibición y prisión preventiva se verificaron en los últimos meses con  celeridad alarmante: los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, la cárcel política para Milagro Sala y otros compañeros de la Tupac, las prisiones preventivas arbitrarias de Julio De Vido y Amado Boudou sin las garantías de  defensa en juicio, la multiplicación de casos de violencia policial que tuvo como víctimas a ancianos, niños y hasta un hombre linchado por una patota policial en Constitución, y la censura, mal disimulada bajo la excusa de las reglas del mercado, de  periodistas críticos como Roberto Navarro, Víctor Hugo Morales y el propio Verbitsky son la concreción del deseo de remover los obstáculos humanos para el proyecto presidencial.

Ningún resultado electoral puede legitimar esta pérdida de libertad gradual y sostenida. Los voceros oficiosos (léase alcahuetes de macri) empiezan a marcar los próximos "objetivos" entre sindicalistas, jueces, ex funcionarios del gobierno anterior, empresarios de medios opositores. No existe ninguna caracterización más fallida e inoportuna que la que hizo José Natanson, refutando su capacidad como analista político, cuando dijo que el macrismo era una derecha democrática y moderna. macri, al producirse el desdichado "análisis" de Natanson, parece consagrado a demoler su verosimilitud.

Argentina ya no vive en democracia. No depende de  encuestas ni del resultado de las elecciones. No existe poder judicial independiente, no hay libertad de información, solo hay lugar para los miedosos negociadores de su permanencia y para  colaboracionistas de diversas extracciones. No es que en el estado podría fusilar, hacer desaparecer, torturar o censurar: es que ya lo hizo. La pregunta correcta es con qué ritmo seguirá haciéndolo y dónde encontrará su límite.

El caso de Verbitsky es emblemático. Empecé diciendo que es el mejor periodista argentino y no hay que ser muy sagaz para advertirlo: está avalado por una trayectoria de rigor, veracidad y decisión de practicar su profesión sin complacer a los poderes fácticos y facciosos. Por eso es que los autoritarios de diverso signo político siempre detestaron y temieron su filosa escritura y su capacidad investigativa. Por eso es que los comunicadores alcahuetes lo envidian y desean su proscripción.

En medio de una "cruzada de transparencia" simulada por el régimen, Verbitsky denunció en dos domingos sucesivos maniobras de bienes no declarados y blanqueo de capitales de origen dudoso por parte del entorno familiar y empresarial de macri. Las notas se titularon "Plata negra" y "Plata blanca". El propio macri hizo trascender su furia por la divulgación de esa información y buscó los medios para castigar a los que habían posibilitado las filtraciones, pero nunca las desmintió.

Por eso macri amenazó con encarcelar al propietario de Página 12, donde Verbitisky publicó esas notas, e hizo echar a Roberto Navarro de C5N, en cuyo programa Verbitsky repitió la información. "Verbitsky es la peor lacra que existe" hizo decir macri a un columnista de un diario oficialista. El perro respondió que esas palabras en boca de macri significaban para él un galardón. Es difícil no estar de acuerdo. Verbitsky pone muy alta la vara con la que cualquier otro periodista debe medirse.

Consciente de que la furia macrista ponía en peligro la fuente de trabajo de sus compañeros de Página, Verbitsky dijo en una entrevista para la revista Contraeditorial que estaba dispuesto a dejar de escribir en el diario para evitar que cerrara. Desde entonces sus columnas dejaron de salir y solo tuvo breves apariciones en el programa de Roberto Navarro, ya expulsado de C5N, que se trasmite esporádicamente por plataformas online con  gran repercusión. Así es como funciona la "libertad de expresión" en Argentina. Es una prueba ácida para los declamadores de valores republicanos que conviven con estas formas de persecución y censura. Los principales perjudicados ni siquiera son los periodistas perseguidos, sino la población encerrada en una burbuja tóxica.

De todo laberinto se sale por arriba: hacia la luna.

Verbitsky escribió ayer su última columna en Página:


Luego de 30 años de contacto semanal con muy contadas interrupciones, mi columna dominical ha dejado de aparecer en PáginaI12. Esto ha motivado un aluvión de mensajes inquiriendo por las razones de la ausencia. Estas líneas son para agradecer el afecto y calmar la inquietud. Las urgencias de un año político me impidieron tomarme las vacaciones correspondientes hasta la conclusión del proceso electoral. Por este único medio informo que dedicaré el próximo año a cuestiones pendientes que demandan mucha atención. En primer lugar, dos libros en preparación y la reedición de los veintitantos anteriores. Liberado del contrato con una editorial que saboteó la difusión de mis trabajos sobre la historia política de la Iglesia Católica en la Argentina, he acordado la publicación integral de toda mi obra con la editorial Siglo XXI. Además, desde fines del año pasado estoy encarando nuevos proyectos en un entorno audiovisual y digital, de los que los tendré al tanto para no perder el contacto, que yo valoro tanto como ustedes. Quienes lo deseen pueden enviarme sus datos de contacto a ros12@pagina12.com.ar

Hasta anoche, el texto resultaba enigmático. Estaba claro que Verbitsky ya no publicará su columna en Página, la censura fue consumada. A la noche él hizo su breve aparición en el especial de El Destape Web.

Pero unas horas más tarde el misterio terminó de disiparse: apareció en la web una nueva página, El Cohete a la Luna, "la nueva plataforma digital de Horacio Verbitsky, en la que la parte que quedó pendiente en el diario de la mañana fue completada por tora breve pero ya muy explícita nota de Verbitsky.

El Perro no se calla

Por Horacio Verbitsky
Al embarcar en El Cohete a la Luna quiero agradecer a quienes grabaron su mensaje de solidaridad y apoyo a la libertad de expresión con la consigna Página/12 no se calla, en el diario en el que trabajé durante treinta años, y a los muchos que se comunicaron por otra vía para preguntar y alentar. Los cuento entre los pasajeros de esta travesía en entorno digital. Aquí los espero, a partir del 10 de diciembre en elcohetealaluna.com con mi nota de los domingos y mucho más. Va a ser todo un viaje.

Subite al cohete

Más abajo, Verbitsky narra la historia de la película de Georges Melies El viaje a la luna (1902). Y más abajo sigue:


Somos muchos más que 562

El otro responsable de que este cohete despegue hacia la luna se llama Maurizio Macrì y cree que sus órdenes son deseos para todo el mundo, ¿o era al revés? Furioso por la publicación de mi primera nota en Página/12 y en Economía Política sobre el blanqueo de capitales de su hermano Gianfranco, de su hermano de la vida Nicky Caputo, del presunto comprador de la empresa familiar, Marcelo Mindlin, del cuñado de su secretario legal y técnico Pablo Clusellas Zorraquìn, del primo de su jefe de gabinete Alejandro Jaime Braun Peña, de su suegra Pomi Awada y de sus cuñadas Leila y Zoraida dijo que el país estaría mejor si pudiera meter en un cohete y enviar a la luna a 562 personas. Muy Méliès, el presidente. Si fuera más Lumière, habría que mostrar 562 secuestros y asesinatos, tipo Triple A. Mejor que no.
Pero Macrì es un optimista y vive una realidad tan fantasiosa como la de Méliès. Desde aquí, a partir del domingo 10 de diciembre trataremos de hacerle saber que somos muchos más que 562. Por empezar, me acompañan Fred Astaire, Eduardo y Victoria Basualdo, Eli Gómez Alcorta, Martín Kovensky, Damián Loreti, Mónica Muller y Adrián Paenza.
En 1971, cuando España vivía el último lustro de la dictadura de Franco, el dibujante Forges (un viejito de barba nacido unos días antes que yo) publicó una pieza maestra del humor político. Un barbudo sentado en un banquito y con una lámpara apuntándole al rostro es interrogado desde las sombras por varios detectives de civil. Uno de ellos lo insta: “Confiesa, sabemos que sois 36 millones”.
Busqué el dibujo, pero sólo encontré otros sobre el mismo tema, pertinentes para estos tiempos. En uno la consigna del investigador es “Confiesa, ¿Qué pretendías con eso de salario digno? ¿Subvertir el sistema?”. En el otro, apenas “Sabemos qué piensas”.
Porque sabemos lo que ustedes piensan, los citamos aquí y les pedimos que ayuden al buen destino del cohete, cuyo despegue se realiza con más entusiasmo que recursos. Seremos lo que ustedes decidan que seamos.

sábado, 29 de octubre de 2016

Liberen a Milagro Sala: cachetazo de la ONU al macrismo

Verbitsky, sobre la resolución de la ONU: "En el corto plazo vamos a estar dando una conferencia aquí con Milagro Sala"



Fue una semana mala para el macrismo: ya volveremos sobre sus crecientes complicaciones legislativas y su incierto panorama para las elecciones de 2017, lo que puede desmoronar toda expectativa sobre la legendaria lluvia de inversiones. Solo el grotesco trío de la CGT parece rendir sumisión incondicional al régimen. Pero la noticia de que la ONU dictaminó que la detención de Milagro Sala es arbitraria y solicitó al gobierno liberarla de inmediato desbarata el cacareo republicano y devuelve al país a la retaguardia de la civilización mundial. No es una novedad para nosotros: lo dijimos el 16 de enero de este año: Argentina vuelve a tener presos políticos. Pero una cosa es que lo diga La otra y otra cosa es que lo diga la ONU. Hasta hace pocos días el macrismo aspiraba a encaramar a la Malcorra en la presidencia de las Naciones Unidas, lo que les hace más sonoro el cachetazo.

El Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de Naciones Unidas determinó que hubo un entramado de "acusaciones consecutivas" contra Milagro Sala y que el Estado Argentino inició una serie de causas judiciales para sostener su privación de libertad de manera indefinida en el tiempo. La ONU afirmó que en este caso se está vulnerando la independencia judicial y que ningún elemento legal justifica su prisión preventiva: no se ha demostrado que exista riesgo de fuga ni de entorpecimiento de la investigación por parte de la dirigente detenida. También consideró que el Estado Argentino, con su falta de precisión y claridad de los hechos que se le imputan, impidió el ejercicio del derecho de defensa de Sala. Además, por su condición de parlamentaria del Mercosur, ella cuenta con fueros que desligitiman su detención. El Grupo solicita que sea inmediatamente liberada, que se investigue la violación de sus derechos y que el Estado informe cómo va a asegurar que hechos así no vuelvan a repetirse.

Esta decisión del Grupo es consecuencia de una denuncia internacional presentada por Amnistía Internacional, el CELS y ANDHES en febrero de este año.

Ayer a la tarde, Horacio Verbitsky y Gastón Chillier (CELS), acompañados por Elizabeth Gómez Alcorta, del equipo de abogados defensores de Milagro Sala, dieron una conferencia de prensa en la que detallaron la resolución de la ONU. En la conferencia participó también el Comité por la Libertad de Milagro Sala.

Verbitsky remarcó la importancia de la resolución: "Desde enero de este año todos los argentinos estamos bajo libertad condicional. Desde el momento en que es posible privar de su libertad a una persona sin ninguna causa justificada y a pesar de los fueros que tiene como parlamentaria del Mercosur, todos estamos en peligro. Una vez más los organismos defensores de derechos humanos debimos recurrir a instancias supranacionales debido a la falta de respuesta jurisdiccional y política dentro de nuestro país". El Presidente del CELS afirmó que el Estado no se puede negar a dar cumplimiento a la resolución, "salvo que el gobierno decida salirse de la legalidad internacional. No me parece que las condiciones para eso estén dadas, en este momento en el que funcionarios nacionales están viajando por el mundo pidiendo inversiones".

El lunes el CELS va a presentar una nota ante la Cancillería para que el Poder Ejecutivo responda de qué manera y cuándo dará cumplimiento a la resolución. En referencia al intento del gobierno de Jujuy de minimizar los efectos de la resolución, Verbitsky aseguró: "Esta es una resolución definitiva. No es una recomendación, es una resolución. El Grupo de Trabajo solicita al Estado Argentino la inmediata libertad y además pide que se investiguen las violaciones a los derechos humanos. El contador Morales puede decir lo que quiera, pero la responsabilidad no es de la provincia de Jujuy sino del Estado Argentino".

Elizabeth Gómez Alcorta sostuvo que la resolución confirma cada uno de los planteos que realizó el equipo de abogados de la dirigente social: "El Poder Judicial de Jujuy está disciplinado al poder político de Gerardo Morales; y lo que este Poder Judicial no quiso hacer ha tenido eco en una resolución que para nosotros es impecable, porque viene a demostrar que Milagro sufre una detención arbitraria y que por eso es una presa política".

El Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias depende del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas y está compuesto por cinco expertos internacionales de distintos países. Se trata de un mecanismo que genera obligaciones internacionales: el Grupo controla el cumplimiento por parte de los Estados del Pacto de Derechos Civiles y Políticos. Y el informe plantea que en el caso de Milagro el Estado Argentino violó los artículos 9 y 14 del Pacto. "No hay dudas -dice Gómez Alcorta- de que el Estado forma parte del sistema universal y asume las responsabilidades al suscribir sus tratados internacionales. Esto implica obligaciones. La decisión es una responsabilidad de cumplimiento o incumplimiento ante la comunidad internacional".

Mara Brawer, del Comité por la Libertad de Milagro Sala, dijo: "Estamos contentos porque lo que venimos planteando desde los distintos Comités en el país y en el mundo se ve claramente reflejado en el dictamen de las Naciones Unidas. Por eso volvemos a afirmar que Milagro y los otros 11 compañeros detenidos de la Tupac son presos políticos y no nos vamos a detener hasta que se les otorgue la libertad".

Finalmente Verbitsky dijo: "Esta es una oportunidad para que el gobierno aplique la actitud que el Presidente ha mencionado varias veces: que, cuando se equivocan, rectifican, que no se empecinan en el error, que pueden dar marcha atrás en las decisiones que se demuestran erróneas. Tengo mucha confianza de que en el corto plazo vamos a estar dando una conferencia aquí con Milagro Sala".

viernes, 10 de junio de 2016

Horacio Verbitsky en Radio Gráfica: la tensión política después del primer semestre



Esta semana el periodista Horacio Verbitsky fue entrevistado por el programa Sindical Federal (Radio Gráfica, 89,3, ver acá) y se refirió a varios temas de actualidad:

- La tensión política en los primeros meses de gobierno de la Alianza Cambiemos (escuchar completo clickeando acá).

"Hay una tensión fuerte porque Macri ganó por poca diferencia, pero ganó la elección, hace pocos meses, y hay una inercia del electorado. Vos fijate que el único presidente que perdió la primera elección posterior a su elección fue Fernando De La Rúa en octubre de 2001 y en diciembre se acabó su gobierno. El resto de los presidentes de la democracia argentina ganaron la primera elección legislativa posterior a su elección. Hay una inercia por la cual los cambios de posición son más lentos. Ahora la política que está llevando adelante la Alianza Cambiemos es tan extrema que está provocando reacciones muy fuertes. Habrá que ver -y esto se sabrá el año que viene- si se repite la historia de todas las presidencias democráticas o la excepción de De La Rúa".

- ¿Habrá unidad de las cúpulas sindicales? (Escuchar completo clickeando acá):

"Yo no sé si va a haber esa unidad o no. Se ha hablado mucho de esa unidad, en el acto del 29 de abril se anunció que el 22 de agosto iba a estar la nueva conducción unitaria, pero ese mismo día el sector de Barrionuevo se bajó. Y además hay en este momento una disputa muy fuerte porque Hugo Moyano exige que el secretario adjunto de la nueva conducción sea su hijo Pablo y el resto de las conducciones sindicales no lo aceptan, de modo que habrá que ver si eso se produce. Está anunciada la posibilidad, existe la posibilidad, la probabilidad no es baja, pero yo no lo daría por seguro todavía. Y al margen de esta posibilidad de esa reunificación de las cúpulas, también está el tema de la movilización contra las políticas del actual gobierno, donde hay muchas diferencias entre sindicatos. Además una cosa es aquí, en la Capital o en el Gran Buenos Aires, y otra cosa es en el interior del país. En el interior del país la unidad existe de hecho, ustedes conocen muy bien lo que fue el plenario de Rosario, la declaración de la Corriente Sindical Federal, ahí participaron gremios de las distintas CGTs, de las CTAs, sin diferencias entre ellos y con una declaración muy distinta de las que manejan las cúpulas nacionales de las distintas centrales. Son realidades muy distintas que coexisten y hay que contar con todas ellas porque todas tienen un elemento de la realidad.

El proyecto de blanqueo y la amenaza a la libertad de información (escuchar completo clickeando acá). [El proyecto inicial de la ley de blanqueo de capitales intentaba imponer el más absoluto secreto de toda la información fiscal -obtenida por la AFIP, la UIF, los jueces o empleados judiciales- sobre el proceso de blanqueo. Este secreto incluía el castigo a periodistas o a ONGs que pudieran filtrar información sobre los capitales blanqueados].

"Leí completo el proyecto de ley y encontré esto, el artículo 85, que me llamó mucho la atención, lo publiqué el domingo. Ya ha habido una serie de reacciones a partir de entonces muy fuertes y desde el gobierno están diciendo que lo van a modificar. Ahora, que lo hayan incluido es muy llamativo. (...) Acá lo más llamativo no es el secreto fiscal [que siempre existe] sino, por un lado la extensión al periodismo, y por el otro la contundencia del castigo: [si se difunde periodísticamente un caso de blanqueo]: una multa equivalente al dinero blanqueado por la persona sobre la cual se informe. Lo cual plantea una situación absolutamente intolerable, porque se supone que, cuanto más grande es la cantidad blanqueada y cuanto más notoria sea la personalidad de quien lo hace, mayor será el interés público [por conocer la información]. Y eso justamente es lo que más se castiga. (...) Es un disparate que no se va a poder sostener".

domingo, 24 de enero de 2016

Rechazo a la declaración de emergencia en seguridad

Documento de los grupos Acuerdo por la Seguridad Democrática y Convergencia, firmado por Verbitsky, Sarlo, Garré, Arslanián, Pérez Esquivel, Taiana, Binner, Solá, Gargarella, Artaza, Abal Medina, Svampa y Donda, entre otros



Referentes de la cultura, la política, organizaciones sociales y organismos defensores de los derechos humanos emitieron un documento en el que rechazan los términos de la declaración de emergencia en seguridad decretada por el gobierno de Macri. La crítica, publicada ayer en la página web del Acuerdo por la Seguridad Democrática, reúne a personas de posiciones políticas muy diversas, como León Arslanian, Horacio Verbitsky, Beatriz Sarlo, Nilda Garré, Marcelo Saín, Adolfo Pérez Esquivel, Jorge Taiana, Eduardo Valdes, Hermes Binner, Felipe Solá, Martín Becerra, Eduardo Rinesi, Roberto Gargarella, Pablo Alabarces, Juan Gabriel Tokatlian, Leonardo Grosso, Dante Caputo, Juan Sasturain, Carlos Gabetta, Mempo Giardinelli, Maristella Svampa, Gabriel Puricelli, Nito Artaza, Juan Manuel Abal Medina y Victoria Donda, entre otros.


El Poder Ejecutivo Nacional declaró la emergencia en seguridad a través de un decreto que, sin apoyarse en diagnósticos claros, pone en marcha medidas que profundizan las peores tendencias en materia de políticas de seguridad. Para dar respuesta a demandas sociales legítimas, otra vez se realizan anuncios efectistas pero ineficaces, con el agravante de que en esta oportunidad la escalada punitiva llega a habilitar una pena de muerte encubierta.

El decreto expresa un enfoque que considera que el narcotráfico es “la principal amenaza a la seguridad de los argentinos” y lo transforma en la explicación de los problemas relacionados con el delito y la violencia. Así se intenta justificar que para detener el ingreso de drogas declaradas ilegales al territorio nacional es necesario un estado de emergencia que habilita medidas excepcionales. Sin tener ningún diagnóstico, la emergencia hace foco en la frontera norte como causa principal de los problemas del narcotráfico y decide concentrar allí los recursos con un enfoque de corte militarista. Ya se ha demostrado que este camino no tiene capacidad para desarmar el complejo mercado de las drogas ilegales, ni su tejido con las instituciones estatales involucradas en las redes de ilegalidad. En cambio, sobran pruebas de su capacidad para incrementar los niveles de violencia y las violaciones a los derechos humanos.

El decreto caracteriza al narcotráfico como una violación a la soberanía nacional e inscribe a las políticas para enfrentarlo en el modelo de las “nuevas amenazas” que EEUU prescribe para América Latina pero que no aplica en su propio territorio. Asimilar el narcotráfico a una agresión militar extranjera lo coloca por encima de otros delitos tanto o más violentos como la comercialización ilegal de armas de fuego. Como consecuencia de este paradigma, se le atribuyen a las Fuerzas Armadas nuevas facultades para intervenir en cuestiones de seguridad pública y no de defensa nacional. Esta decisión produce un quiebre en la distinción entre seguridad interior y defensa nacional que ya se había debilitado en el gobierno anterior.

Las FF.AA. no se limitarían ahora a controlar el espacio aéreo sino que también tendrán la potestad de derribar aviones que no se identifiquen, sin necesidad de consultar a las autoridades políticas para hacerlo. Esta medida es inconstitucional desde el momento en que constituye una pena de muerte sumaria encubierta, en contradicción con el Pacto de San José de Costa Rica, con jerarquía constitucional. Las experiencias internacionales han demostrado que la intervención militar contra el narcotráfico no produce ningún efecto beneficioso, sólo contribuye a una escalada de la violencia.

La emergencia no reconoce las principales deficiencias del sistema de seguridad como la falta de profesionalización y de reforma de las fuerzas policiales para que dejen de ser un engranaje fundamental de los mercados ilegales ni la degradación de los sistemas penitenciarios y las deplorables condiciones de detención. En lugar de ello, se habilitan una serie de procedimientos de excepción para aumentar el número de efectivos policiales y dotarlos de mayor poder de fuego. Por ejemplo, se autoriza la convocatoria a personal retirado, medida que ya ha sido adoptada reiteradas veces y que no aporta nada positivo, pero que desprofesionaliza a las fuerzas de seguridad. Estos cuerpos policiales reforzados, que mantienen los mismos problemas de violencia y corrupción, son luego destinados a operativos de saturación en barrios pobres, sumando un problema más a las situaciones cotidianas de violencia que se viven en algunos de estos barrios. Al mismo tiempo, la declaración de emergencia habilita al poder ejecutivo a incrementar los gastos en tecnología y armamento y debilita los sistemas de control para las contrataciones estatales.

La declaración de emergencia se presenta como una estrategia unilateral e ineficaz que tiene más de impacto comunicacional que de política consensuada, técnicamente eficaz, sustentable en el tiempo y evaluable por sus resultados.

La declaración de emergencia no propone medidas capaces de afectar el funcionamiento de los mercados ilegales como por ejemplo fortalecer el control del lavado de activos provenientes del narcotráfico que atraviesan el sistema financiero. Al mismo tiempo, los nombramientos en la unidad encargada de elaborar estas políticas no parecen ir en el sentido de incrementar el control. Tampoco se han dado a conocer medidas para intervenir en la relación promiscua entre fútbol y política, fenómeno íntimamente vinculado al narcotráfico y a los crímenes mafiosos. Para promover una verdadera política de Estado para enfrentar los complejos fenómenos del delito y la violencia no es posible dejar de lado la necesidad de profesionalizar las instituciones policiales y el sistema de Inteligencia. Al mismo tiempo, debería jerarquizarse el trabajo preventivo territorial, en particular con los jóvenes y los niños.

Las políticas de seguridad en general y de drogas en particular, deben surgir de diagnósticos rigurosos y de un enfoque de seguridad democrática. La emergencia en seguridad declarada por el Poder Ejecutivo es otra oportunidad perdida para dar un debate serio sobre las formas en que un estado democrático debe abordar los problemas del delito y la violencia. Diversos espacios políticos, sociales y académicos, entre ellos el Acuerdo de Seguridad Democrática y el grupo Convergencia, venimos planteando que la obligación del Estado de dar seguridad a los ciudadanos debe realizarse en el marco de principios democráticos, a partir de acuerdos políticos y sociales amplios que eviten medidas demagógicas e ineficaces. Estos acuerdos deben avanzar en el diseño e implementación de políticas de corto, mediano y largo plazo, orientadas a encontrar soluciones perdurables a las demandas sociales en materia de seguridad.

Grupo coordinador Acuerdo de Seguridad Democrática y Convergencia: León Carlos Arslanian, Alberto Binder, Gastón Chillier, Enrique Font, Gabriel Kessler, Gustavo Palmieri, María Victoria Pita, Marcelo Saín, Sofía Tiscornia, Paula Litvachky, Marcela Perelman, Manuel Tufró, Agustín Colombo Sierra, Nicolás Comini, Enrique del Percio, Ernesto López, Juan López Chorne, Pablo Martínez, José Paradiso, Raúl Sánchez Antelo, Luis Tibiletti, Juan Gabriel Tokatlian, José María Vásquez Ocampo.

Horacio Verbitsky, Beatriz Sarlo, Nilda Garré, Adolfo Pérez Esquivel, Felipe Solá, Jorge Taiana, Eduardo Valdes, Hermes Binner, Rafael Gentili, Leonardo Grosso, Dante Caputo, Rut Diamint, Carlos Acuña, Victoria Donda, Gabriel Puricelli, Juan Manuel Abal Medina, Nito Artaza, Paula Alicia Ciciliani, Juan Pablo Cafiero, Roberto Gargarella, Germán Montenegro, Alicia Pierini, Manuel Garrido, Eduardo Rinesi, Ana Jaramillo, Hernán Patiño Mayer, Humberto Tumini, Juan Sasturain, Carlos Gabetta, Mempo Giardinelli, Maristella Svampa, Paula Canelo, Khatchik Derghougassian, Pablo Bergel, Marcelo Leiras, María Esperanza Casullo, Gabriel Anitua, Hugo Spinelli, Andrea Catenazzi, Silvia Guemureman, Virginia Manzano, Sebastián Pereyra, Máximo Sozzo, Esteban Rodríguez Alzueta, Alberto Schprejer, Mario Pecheny, José Garriga Zucal, Natalia Bermúdez, Alejandra Otamendi, Martín Becerra, Juan Tapia, Pablo Alabarces, Alberto Bovino, Ileana Arduino, Jorge Ceballos, Roberto Cipriano, Victor Mendibil, Gabriel Ganon, Alejandro Grimson, Lila Caimari, Diego Tatián, Susana Morales, Magdalena Brocca, Natalia Federman, Alfredo Lazzeretti, Graciela Cousinet, Federico Masso, Isaac Rudnik, Edy Binstock, Ángela Oyhandy, Juan Carlos Manoukian, Gabriel Bombini, Eduardo Tavani, Pablo Semán, Cecilia Ales, Daniel Lvovich, María Marta Bunge, Norberto Alayón, Daniel Badenes, Diego Sztulwark.

Asociación por los Derechos Civiles (ADC), Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), ANDHES, Asociación Pensamiento Penal (APP), Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Colectivo Habitar Argentina, Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ), Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires (CPM), Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia (ILSED), Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), Intercambios Asociación Civil, Programa Universidad y Cárcel (Universidad Nacional de Córdoba), Xumek, Organización Barrial Tupac Amaru, Instituto de Investigación y Experimentación Política (IIEP).

Siguen las firmas…

Se reciben adhesiones enviando mail a consultas@cels.org.ar