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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Salir al aire

Emilio Bernini en La otra.-radio, presenta el nuevo número de Kilómetro 111, una audición para escuchar clickeando acá 




El domingo vino Emilio Bernini, de Kilómetro 111, a La otra.-radio.

Una constante de los 15 números que la revista Kilómetro 111 lleva editados hasta ahora es la de pensar el cine contemporáneo, o de pensar lo contemporáneo en el cine. En el número doble aparecido recientemente el eje temático lleva por título "Salir del cine" y trata un aspecto de la contemporaneidad audiovisual: el pasaje del cine a otras modalidades, especialmente el caso de la instalación. "Instalación cinematográfica o instalación video -nos dice Emilio Bernini-, dos modos propiamente contemporáneos de mutación de lo cinematográfico hacia otro espacio, otra arquitectura, lo cual implica también una mutación del espectador". Ante la instalación, ya no se trata del espectador de la sala a oscuras, en silencio e inmovilizado frente a la pantalla inmensa. Esto implica transformaciones muy profundas, no solo estéticas sino también pensadas en términos ideológicos por los propios instaladores, según la tesis que Bernini se propone indagar en esta edición de la revista. No es que el cine vaya a parar a la instalación, sino que también puede salir hacia allí y... ¿entrar al museo?

El origen de este número, dice Bernini, tiene que ver con la instalación que hizo Albertina Carri en el Parque de la Memoria hace ya varios años, Operación fracaso y el sonido recobrado, una de cuyas salas se llamó "Investigación del cuatrerismo". De esa experiencia instalativa Carri hizo después su película Cuatreros -que bastante perplejidad provocó en los críticos conservadores- de modo que hubo una salida del cine y también un regreso a él. "Lo que motivó el número -dice Bernini- es esa instalación, que me generaba preguntas acerca de por qué una cineasta, que es lo que Carri había sido hasta ese momento, pasa a la instalación para hacer una variación de ciertas cuestiones que habían quedado pendientes desde su película Los rubios". En nuestra conversación radial recordamos que otros cineastas también hicieron este pasaje hacia la instalación (Apichatpong, Kiarostami, Serra, Farocki, Akerman...).



En la madrugada del lunes hablamos de estas mutaciones producidas en la producción audiovisual contemporánea, propiciadas por los desarrollos tecnológicos que desde hace algunas décadas fueron desplazando el modelo cinéfilo de vincularse con la pantalla cinematográfica: la aparición del vhs primero, la circulación audiovisual a través de internet, en los monitores de las computadoras o en los celulares. Estos desplazamientos nos llevan a preguntarnos otra vez qué es el cine, poniendo en vilo las respuestas cobijadas por la costumbre.















Se me ocurre que estas tensiones por las cuales el cine es renuente a dejarse apresar en un ámbito y un hábito determinados han sido una constante desde que el cine existe: nunca estuvo dentro suyo, siempre estuvo saliendo de sí. El modelo cinéfilo, quizás, es una construcción discursiva que quiso aquietar lo que nunca reposó sobre sí mismo. "Un invento sin porvenir", decían los hermanos Lumiere, un espectáculo de feria, ilusionismo, intento fallido de salirse del mundo (¿dónde más vas a ir?), de recogerse en la oscuridad de los templos paganos o en palacios plebeyos, o de jibarizarse en la pequeñez cúbica del aparato ubicado en el medio del living pequeño burgués, activismo clandestino en épocas dictatoriales en las que ir a ver una película militante significaba arriesgar la vida o la libertad ambulatoria. ¿Dónde está el cine, si siempre estuvo saliendo de sí mismo, si el fuera de campo es precisamente esa ausencia que lo determina?

En la conversación radial hablamos de las proyecciones clandestinas de La hora de los hornos en la época que los proyectos revolucionarios querían expandir el proceso emancipador, cuando todo espectador era un traidor. Hablamos de las performances, voluntarias o no, que provocan los planteos estéticos radicales de cineastas como Raya Martin o Albert Serra. Hablamos del malestar que mueve de distintos modos la obra de dos cineastas, muy distintos por otra parte, como Albertina Carri o Nicolás Prividera, cuando cada uno a su manera se vieron movidos a salir de la posición cinéfila, salirse del cine sin dejarlo del todo. Y de las dificultades que tiene la crítica que todavía se mueve dentro del paradigma cinéfilo para seguir estos movimientos de salidas, de vueltas y revueltas.

Hablamos también de otras cosas, mientras escuchamos canciones grabadas en celulares o bajadas de internet. Esta parte de la audición la pueden escuchar clickeando acá, porque tanto La otra como Kilómetro 111 también salen del papel, andan por el aire, cuelgan de la nube y te comen la oreja.


Hay otra parte de la audición que subo después.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Lo que brota de repente

(Imagen: @rayamartin "Killed The Movies and Went Home" instalación de video digital de Raya Martin)

Primavera

A pesar de la lluvia,
quiere decir que la vida no se ha helado,
que las fotos que quedan de los muertos
                       en las redes sociales
son augurio de otra cosa que no es muerte.

Si pudiera darme fe como le pido,
si pudiera germinar en la alborada
sin tiritar con voces inaudibles
ni esperar conexiones, discursos vanos,
sobre todo lo que ha sido nuestra sangre.

Esta primavera se parece a un otoño:
está ahí mirando y no sabemos
quien maneja el reloj de sus minutos,
quién escribe por ella su legado de formas.

Es lo que brota de repente
y sin embargo está discontinuado,
escondido de sí, lleno de frío,
implorando por sol, por buenas nuevas
que le digan de nuevo por qué vive.

Carlos Juárez Aldazábal

(

Que seas un ángel no me exime de nada.
Insisto con eso
por más que patines sobre hielo,
saltes de estadio en estadio sin avisar,
hagas círculos en el aire,
excogites oliendo el ambiente
y percibas que no es una burbuja

)

Maximiliano Diomedi

jueves, 3 de abril de 2014

BAFICI $26: Los ultimos seran los primeros

La última película, de Raya Martin y Mar Peranson




Estos posts baficianos enviados desde una tablet con sistema android están expuestos a ciertos errores de auto corrección y acentos faltantes. Sepan comprender las molestias.

Empecé el bafici $26 con Raya y Mark, si obviamos la función apertura de El Congreso, y mejor obviarla.

Empezar con La última película de R.M. y M.P. es empezar por donde vale la pena empezar el Bafici, donde puede terminar el cine sin terminar, por tener la suficiente alegría como para sentir que recién esta empezando.

Con Mark, Raya hace su película más accesible, que a la vez se integra naturalmente en su obra, libre y radical, juvenil y dura con el estado del mundo y del cine.

Dos actores que hacen que hacen una película en Mexico, el año del fin del mundo. Hacen su última película, la última película rodada en fílmico, con la pretensión de auto destruirse, de dejar una película que valga la pena como última, que dure por la eternidad, o que no tenga ningún sentido. Martin y Peranson usan todos los pasos y formatos, de-construyen permanentemente la narración que van construyendo, logran imágenes de una belleza arrebatada, eligen llegar a una encrucijada y tomar a la derecha y a la izquierda al mismo tiempo, usar la última oportunidad para disparar la última bala en la frente del espectador, denunciar todas las imposturas, incluso las propias.

Hay directores cuya ambición se limita a pensar en lo que queda en el cuadro, mientras este dúo se propone, con la última película, la última de todas, meter en el cine todo lo que queda fuera de la pantalla, o sea el mundo.

jueves, 19 de abril de 2012

BAFICI: Buenas noches, España


por Liliana Piñeiro

“Otra vez Raya”- pensé, resignada, cruzando las piernas. Se sabe que este director espera espectadores pacientes: por suerte las butacas del Hoyts son cómodas y probablemente, agotada después de un día de trabajo y de ver algunas películas anteriores, me dormiría un rato. En un día de expropiaciones, el título de Buenas noches, España me pareció una feliz coincidencia, y la cita inicial sobre el amanecer de la patria (según recuerdo…) reforzó esta impresión.

Un hombre maneja un auto, el camino, el hombre maneja, el camino es largo, el hombre maneja, el camino…la escena se regodea en la repetición, saturada de distintos colores. El camino sigue, el hombre maneja, el camino es largo y aparece al costado de la ruta la figura de una chica que camina. La chica camina, sube al vehículo, camina, sube al vehículo, camina en distintos colores, dormita, el sonido acompaña, dormita, el camino es largo, el hombre maneja, saturado de color…El procedimiento se repite, el sonido se repite, a veces creo que es el infinito el que asaltó la pantalla. ¿Otro Possible Lovers?

Sin embargo, esta vez los amantes son posibles: las imágenes muestran el encuentro amoroso de una pareja que pasea, juega, atraviesa un bosque. Ellos y sus fantasmas suben los escalones de un museo en Bilbao, se emocionan ante las pinturas allí exhibidas, la cámara se demora en los detalles de las pinturas, la música y el sonido acompañan, todo desenfocado, saturado en distintos colores, en el juego de la repetición. Una frase sobre el colonialismo y la transportación pretende titular, los amantes ponen sus manos sobre una piedra con inscripciones y yo fracaso en darle sentido.

“Viaje a la luna” abre la segunda parte, y el silencio se hace ominoso. En blanco y negro la pareja se pierde en un paisaje desconocido, ven caer las gotas de lluvia sobre un río. Nunca había visto caerlas sin ningún sonido: el silencio se abre en demasía y viene de la pantalla hacia mí. El mundo se ha vuelto extraño y la clave es la inadecuación.

El siguiente título nos informa sobre un soldado filipino perdido hace muchísimos años en Méjico, creo. Así se abre la tercera parte, donde una figura esférica… la luna? cae lentamente, muy lentamente, al centro de la pantalla. La música la acompaña, esta vez, hasta el final.

Me quedo clavada un rato en la butaca. Raya tiene rasgos de genialidad, a veces solamente de provocador, y esta vez me gustó que me provoque así. Todo ha sido inesperado, mi percepción habitual desacoplada, el tiempo tendió a infinito vía la repetición. Me dejé llevar por una experiencia visual y sonora irreal, en fragmentos, donde el sentido huía velozmente delante de mí… tal cual el amor. Tal vez, quizá, una de las formas del colonialismo.

Y no me dormí, claro.

jueves, 1 de julio de 2010

Sublevando al ojo domesticado

Next Attraction, de Raya Martin



por Eduardo Chinaski

Esto es cine, señores. Este pequeño gran film es un milagro que surge entre las junturas del cine monolítico de hoy, como una hiedra salvaje. La demostración cabal de que al cine no le hace falta ningún tipo de aditamento. Nada de puesta en escena (teatro), guión (literatura), ni planos bellos, solo una hermosura áspera, desafiante e incómoda. Una poesía desapacible que juega a las escondidas en el reverberar de la luz.

La anécdota es, como podría esperarse, ínfima: apenas el making of de un cortometraje. Nada más. Pero Raya Martin utiliza esa leve fábula para saltar al vacío y sumergirse de cabeza en las cuestiones que inquietan al cine contemporáneo.



Cruzar las fronteras entre el cine de ficción y el documental, reflexionar sobre la materialidad del discurso fílmico, inquirir sobre los modos de representación, preguntarse por la constitución y el funcionamiento de la mirada, son los tópicos de Martin en Next Attraction (título que podría ser irónico), teniendo en cuenta que la historia de Filipinas en clave de mito no es lo único que interesa a este director, sino también la historia del propio cine.

Por otra parte, Next Attraction recalca, por si hiciera falta, que ningún film es su tema o su argumento, ilustrando textos pretéritos. No hay “historia” en Next Attraction, apenas un diario de filmación de un melodrama que mezcla cuestiones familiares con la temática homosexual. Es que cualquier film se remonta más alto cuando se libera de las cadenas de lo estrictamente narrativo, del impacto, de la verosimilitud, de los géneros. Tampoco Next Attraction depende de la ilusión de la técnica: ciertas partes parecen haber sido hechas con video digital, y otras con video analógico muy rudimentario (este aspecto se repite en otras películas de Martin).



El cine como sesión de espiritismo, invocando fantasmas en un eterno presente. Una apuesta a la perennidad, desde el hoy más inmediato. Un código traspasado por otro. Cine en su opacidad esencial.

Es muy interesante como Martin trabaja las influencias de Godard, por ejemplo, evidenciando el intervalo entre las imágenes en el montaje, trabajando el fuera de campo y la erotización de los límites del cuadro.

Al final, veremos lo que se ha filmado, y comprendemos que la anécdota no tenia tanta relevancia, pues como todo poeta (e investigador) cinematográfico, Martin trabaja sobre paradojas y contradicciones, con una aparente pobreza que se yergue desafiante ante el ojo domesticado de hoy.

martes, 29 de junio de 2010

Domingo con Raya (y sin fútbol)

Now Showing
por Painé Barrientos



Oscar:

Bueno, debo admitir que, igual que vos, como no me gusta el futbol, traté de pasarla bien yendo a ver esta película que entre los comentarios de lo extraño que es el cine de Raya Martin y algún amigo que me decía que había huído apenas a la media hora de otras dos de sus películas y su extensa duración, me generó mucha curiosidad. Pero aislarse del futbol es imposible, dos minutos antes de la proyección se escuchó el grito de gol proveniente de la cabina de proyección, para malestar de las más o menos treinte personas que estabamos allí y, cuando se abrían las puertas en los dos intermedios que hubo, se escuchaban los festejos de la gente de 10 pisos más abajo.

Primero que nada tengo que aclarar que en ningún momento aparece el título Now Showing; en vez de eso, lo primero que vemos es una animación muy rústica, infantil en la que se lee: "All that I want is just everything that everyone else wants, you know" y, por lo que a mi concierne, este título es mucho más exacto que el título oficial.

La primera parte de la película está filmada con una cámara VHS, y es la cotideanidad de una chica de 11 años llamada Rita, que vive con su tía Tita en una pequeña casa en los suburbios. Lo que vemos de Rita es cómo juega con sus amigas en la calle, sus fiestas de cumpleaños, cómo espera en el hostital para que le atiendan de un tobillo, estudiando matemática o física, charlando por teléfono, recibiendo a su madre (al padre nunca se lo ve, aparentemente está de viaje) y charlando con ella. La cámara movediza, a pulso, trata de registrarlo todo, casi vorazmente, incluso se da tiempo para que Rita juege con ella, haciendo títeres con sus dedos o pequeñas animaciones como la de los títulos del principio. El registro es similar al de una película casera y familiar de los años 90. Practicamente sin trama, uno ya supone que lo único va a a ver son secuencias sueltas y poco trascendentes de la nenita (lo cual no hubiera sido tan terrible), pero con esta filmación desprolija y sin ritmo, debo admitir que dormité en varios momentos.

Llegó el 1º intervalo y se fue casi todo el mundo, creo que quedamos solamente cinco personas.

Rita y su madre miran en el televisor una película de terror filipina llamada La bruja cortada en dos. Aparentemente no es muy buena, pero Rita se queda dormida y su madre la disfruta. Solamente las vemos a ellas, en un plano parecido pero por suerte mucho más corto al de Wang Bing en Petróleo Crudo, cuando retrata a los trabajadores que miran una película de Jackie Chan que nunca vemos. Pero lo que en Petróleo Crudo era algo hermoso, medido y prolijo, que descubría los problemas laborales y sociales de esa pequeña sociedad aislada, aquí sigue siendo algo rústico, improvisado, sin mayor profundidad, aunque con mucho más cariño. Luego vemos un auto que se aleja de la casa, a Rita le piden que se cambie rápido porque tienen que salir en mitad de la noche. Llegan a una playa (prácticamente la primera salida de la pequeña casa después de más de hora y media) y Rita comienza a llorar. Comienza a verse una película antigua en blanco y negro, parece que de 1939 por un cartel que aparece, sin sonido y con escenas con el orden cambiado o pasado de atrás hacia delante, de arriba a abajo, o con doble exposición. No puedo decir cuánto dura esto pero, realmente parecía interminable y enigmáticoa, tan enigmático que ya no pude volver a dormir durante la película. Ahora tengo algunas teorías: creo que murió el padre de Rita y que la película es una referencia a la abuela de ella, que fue actríz de cine.

Durante la primera parte, cada vez que alguna persona cantaba, se anulaba el sonido, un efecto hecho a propósito durante la edición, y ahora también esta película vieja no tiene sonido, parece que Raya Martin quitara a sus personaje la posibilidad de pasarla bien, de que esa alegría que proveen el canto o el cine les/nos llegue por completo. Y este es el primer dato con el que pude percibir que la película no era un documental ni un video hogareño.

Cuando termina la película vieja, vemos a una chica joven y delgada (debe tener 16/18 años) caminando por un cementerio de noche. El cementario estaba compuesto por nichos, pero no ordenados como los de aquí, sino puestos asimétricamente, uno encima de otro, algunos más hacia afuera, otros más hacia adentro, o ligeramente a la derecha, o a la izquierda, o más abajo o arriba que el nicho de al lado, siempre con una placa y un pequeño espacio para colocar flores y velas. La chica se detiene frente a uno, saca de un bolso dos platos, dos vasos y se dispone a comer, luego comienza a caminar en este cementerio laberíntico, estrecho e irregular, y el cámarografo se pierde detrás de ella, corriendo de un lado a otro en la oscuridad, sin poder encontrarla o salir.

Al principio de la película, una de las vecinas de Rita pierde un perro y lo que comentan es que, si ya ha pasado mucho tiempo, seguramente se lo han comido, por lo que creo que me están mostrando costumbres que no llego a comprender.

Llega el segundo intervalo. Dos señoras mayores dicen que ya es demasiado para ellas, se van deseándonos suerte, quedamos dos. Luego llegará un viejito para dormir la siesta.

Yo ya no sabía qué pensar, había quedado completamente confundido e intrigado por la segunda parte y recordaba los consejos de mi amigo de salir corriendo de cualquier película de Raya Martin.

Comienza el tercer bloque.

Dos chicos y dos chicas están tomando gaseosa en el patio de una casa de noche, discuten sobre el tamaño de las tetas de una vecina. Descubrimos que la chica que estaba en el cementerio era Rita, que ahora tiene novio y vive en una casa distinta con su mamá, pero trabaja en el centro en una galeria vendiendo DVDs truchos, es el negocio de tu tía Tita. Su novio la invita a pasar una noche con él en su cumpleaños, ella acepta después de bastante resistencia. El formato de la filmación ha cambiado, ahora es digital y, aunque sigue siendo cámara en mano, la imagen es mucho más estable y nítida. La película se vuelve narrativa y, si bien es una narración cansina, llena de tiempos muertos, en la que nada importante, espectacular o inesperado nos será mostrado, se vuelve muy interesante. Primera gran escena de la película: Rita y su novio están en un resturant de cómida rápida, discutiendo detrás de un vidrio; los escuchamos perfectamente, sin embargo la cámara está del otro lado de calle y apenas se los distingue entre la gente que pasa por la vereda o los coches, los pequeños colectivos o las motos con sidecar que funcionan cómo taxis. Rita discute con su madre y luego, en medio de la noche, baja a la cocina, abre la heladera y comienza a llorar desconsoladamente.

Segunda escena brillante: Rita y su novio entran al hotel; luego lo único que vemos es el trabajo de uno de los empleados, encargado de ordenar las camas y limpiar. Luego viene el tercer cambio de formato, ahora todo está contado con cámara fija, en formato ancho, en un digital de mejor calidad y nitidez que el anterior. No hacen falta las palabras, mostrar es mejor.

Con este último tramo y a pesar de que todavía me quedaron situaciones sin poder resolver, Raya Martin me demostró que toda la fama que tiene y sus premios son bien merecidos, porque sabe cómo filmar, y que casi todo lo que había visto al principio tenía una razón de ser, solo había que ser paciente (muuuy paciente, digamos) para poder disfrutar a pleno de su talento.

Muy buena.

viernes, 25 de junio de 2010

No se han dormido todas las voces en las noches ancestrales

Pinceladas apresuradas sobre el cine de Raya Martin



por Eduardo Chinaski

A SHORT FILM ABOUT THE INDIO NACIONAL

Pocas veces somos realmente desplazados de nuestros cómodos lugares comunes: los que ejercemos la crítica, de algún modo u otro, los tenemos. Pero, ¿qué hacer cuando una obra artística se nos planta como un desafío a todas nuestras ideas preconcebidas? El cine de Raya Martin (26 años, nada más), se escapa de cualquier clasificación. Nunca había visto sus películas, no por prejuicio, sino por falta de oportunidades. Así que me apersoné este miércoles a la sala Lugones a adentrarme en el territorio incierto de este director filipino.

A short film about the indio nacional (soberbio poema cinematográfico, de sobria belleza interior), comienza con una larga escena, sin cortes, donde una mujer aborigen no puede dormir. Da vueltas y vueltas en la cama, angustiada. El marido se despierta y le cuenta un cuento, a medias real, a medias fantástico. Luego, el resto del film es un gran flashback sobre un mito fundacional sobre la Filipinas moderna: la revolución, que en el film de Raya Martin, está encarnada por Bernardo Carpio, un héroe asturiano al que los filipinos adoptaron. El flujo de imágenes mudas con intertítulos remite a los primeros tiempos del cine (esos tiempos a los que Noel Burch denomina -de forma bastante discutible- Modo de Representación Primitivo).

Así, las imágenes y sonidos (un piano que improvisa una melodía sombría) comienzan a llevarme a insólitas dimensiones en el espacio y el tiempo, y caigo en cuenta que ya no soy yo el que está mirando la película. Ingreso en un estado contemplativo, poético, abismado en un presente eterno, soy puro devenir (el relato podría durar horas o días -lo mismo da- y yo seguiría montado a horcajadas en la sucesión perfecta y armónica de sus planos). Ahora navego por el río del film: se suceden la Virgen María persiguiendo a un nativo (un Indio, como señala el título), el ensayo de una compañía de actores, un niño campanillero, un fraile arrojado al agua al grito de “¡Trescientos años!, la agonía de una niña, los planes de ataque de los kaputineros.

Fluyen a través de mí las fantasmales imágenes, y comprendo entonces que este film es un Aleph, una esfera sin bordes ni centro; y yo estoy ahí también, incluido. Vi entonces el inconcebible universo del cine pasando ante mis ojos: vi a Griffith, vi a Flaherty tratando de capturar al último esquimal, vi los fantasmas que se nos aparecen interpelándonos en los films de found footage, vi las voces espectrales que nos hablan desde el tiempo en The halfmooon files, vi al Murnau de Tabú (otro objeto inclasificable, con un pié en el documental, y otro en la ficción), vi El Reino de las Sombras que vaticinaba Máximo Gorki, vi la infancia y el porvenir del cine, simultáneamente. Vi también la unánime noche en que los espectros del cine nos devuelven a los terrores de la infancia. Y vi la música desangelada que acompaña la voz ausente de un pueblo sojuzgado. Y cuando el film concluye (allí donde debería empezar, permitiendo un fuera de campo inmenso), me despierto y advierto que soy las paralelas que se juntan. Soy el cero.

El rito arcaico ha terminado, salgo a la calle. Vuelvo a ser yo. Afuera, todo es mucho más gris.



AUTOHYSTORIA

El film comienza con un travelling sobre un hombre que camina por una barriada pobre de Filipinas. Diversas personas me habían advertido sobre el carácter difícil de esta película y sobre este plano en particular. Filmado con video analógico de baja resolución, este largo plano de más de media hora, me hace preguntarme sobre las capacidades perceptivas de quienes me previnieron acerca de este travelling. Realmente, yo lo disfruté mucho, sentí que caminaba con el personaje.

Luego, una plaza céntrica de Manila es circunvalada por el tráfico de la ciudad. La noche en Filipinas. Automóviles, ruido, sirenas, policía, gente, policía, más policía. La cámara aquí está quieta, y la imagen es de video de alta definición. Los minutos se suceden. En la sala, los resoplidos y expresiones de fastidio, aumentan. En el plano siguiente, dos hombres parecen ir presos y esposados (¿) en un patrullero policial. Sus rostros denotan miedo y desesperación. Yo comienzo a inquietarme, un vago terror comienza a apoderarse de mí. Presiento que esto no terminará bien. Algo terrible va a suceder de un momento a otro. Por lo que se puede percibir por ventanillas del auto, deduzco que el auto está dando vueltas en círculo, interminablemente. No hay palabras, sobran. Las imágenes hablan por sí solas.

El clima pesadillesco se profundiza con los planos siguientes. Los árboles. La luna, testigo de hechos horrendos. Un bosque abigarrado. Dos hombres cautivos. Una caminata eterna en la oscuridad. Contengo el aliento. Presiento lo peor, y Martin sabe eso. Llegan a lo que parece ser el claro de un bosque. Luego de lo que son unos minutos interminables, uno de los cautivos es ejecutado. El otro pretende escapar, pero su suerte está echada. Estos personajes parecen aludir a los hermanos Andrés y Procopio Bonifacio, ejecutados por las tropas de Emilio Aguinaldo, primer presidente de Filipinas. Lo inconexo de los diferentes planos realza el efecto de mal sueño. Es la pesadilla del colonialismo repetida ad infinitum, encarnada en este film de bucles sin fin, una cinta de Moebius que nos coloca en el laberinto sin centro del horror contemporáneo. La imagen final lo atestigua: la caballería americana, desfilando, presta entrar en combate. Y la agonía nunca parece terminar, de eso nos habla –entre otras cosas- Autohystoria. El plano final revela el germen de la enfermedad que se propagará a otras naciones, repitiendo el ciclo, con nuevas Guyanas, nuevas Filipinas, nuevos Irak. Y a nosotros nos queda contar desde el dolor, desde los cuerpos, con poesía oscura y luminosa a la vez, como Raya Martin.

La belleza es ruda

El crítico Jean-Pierre Rehm sobre
el cine de Raya Martin *




LA OTRA: No parece que Raya Martin pudiera ser considerado un cinéfilo, por el contrario, él practica un cierto primitivismo de estilo, como si el cine acabara de ser inventado. ¿Esta de acuerdo con esta idea?

JPR: Cuando se dialoga con Raya Martin, es bastante obvio que él muestra ser un cinéfilo, con una conciencia muy clara del curso del cine, tanto de los viejos clásicos como de los nuevos, con una curiosidad apasionada y muy ávida de todo tipo de films. Su padre ha sido un crítico de cine y el cine fue siempre parte de su vida familiar. Es, en cierta forma, la historia contada en Now showing, el film que presentó este año en Cannes: esa chica, Rita, a la que le pusieron su nombre por Rita Hayworth, que quiere verse como esa famosa actriz. Y el cine modela su vida, al punto de vender DVDs piratas.... El cine representa algo fundamental para Raya. Esto en cuanto al aspecto biográfico -que no trata de lo anecdótico, sino de la manera en que alguien se forma-. Por otro lado, los archivos del cine filipino han sufrido una enorme destrucción durante las diferentes guerras y han sido muy pocas las películas que se salvaron. Así que yo estoy convencido que este primitivismo que tú correctamente señalas es en realidad un gesto muy sofisticado. Se trata de su voluntad de ir hacia el tiempo pasado. Por dos razones. Al menos. Una es su voluntad de construir una narración épica, contando la Gran Historia a la vez que los pequeños dramas personales. El título tan largo de su primer film (Short film about the indio nacional or The prolonged sorrow of the filipinos) es bastante explícito en ese sentido y suena como un manifiesto. Y este camino ha sido iniciado por directores como Lino Brokca o, más recientemente, Lav Díaz, de quienes Raya se siente muy cerca. Pero Raya quisiera retroceder hasta los tiempos de comienzos del cine -de modo que la única forma legítima de visualizar esos inicios es aproximarse a la forma en que el cine primitivo se hizo, como apuntando a una retórica idiomática. Hacia el final de Short film about the indio nacional, por ejemplo, podemos encontrar la cita de una película primitiva, yo creo que filmada por invasores. Y la otra razón es que haciéndolo de esta mane-ra es como si él pudiera revivir esos films perdidos, como si nos los devolviera a nuestra mirada, reinventando el pasado perdido. O mejor: haciendo un duelo por ese pasado, o mejor aún: pacificándolo. Es una forma de curar la historia de las Filipinas de la pérdida de una parte de su memoria. Esto está puesto en juego de manera evidente, desde mi punto de vista, en Possible Lovers. Este film comienza con imágenes de archivo y luego aparece la pareja de hombres jóvenes sentados. ¿Quiénes son esos dos “amantes”, de los que sólo el título nos aclara sus sentimientos? Una respuesta puede ser: el pasado (el hombre dormido que tiene puesto el sombrero y el tuxedo) y el presente. Dos períodos de la historia del cine -que “posiblemente” podrían enamorarse, uno vigilando el espíritu dormido del otro. O también podría ser el amor que siente el cine sonoro por el cine mudo... dado que tenemos esa disyunción fuerte entre la imagen de la transición de la noche al amanecer, mientras oímos los sonidos que provienen... ¿de dónde? ¿Del pasado? ¿De otro film, ya que algunos sonidos parecen ser eco de Autohystoria? “Possible” es una clave en la mirada que Raya tiene del cine. Se trata siempre de lo que podría haber sido, de lo que pudo ser: es acerca de la libertad en el marco de la imposibilidad. Su cine, sus imágenes son muy concientes del marco, de los límites, de lo que no puede ser; a veces en una forma cruel, y aún tratando de expandir la realidad desde esos límites. Por caso, el cine primitivo está perdido, pero a través del video puede, sorpresivamente, ser repetido: salvado, como Benjamin podría haberlo dicho. De modo que se hace posible que lo perdido retorne. La pesadilla se transforma en película. Además, como sabemos bien, en el así llamado primitivismo yace una sofisticación, muy profunda, muy sutil, demasiado viva, aún contemporánea y aún indescifrada. Pero, de nuevo, lo que Raya hace aquí no tiene nada que ver con impostar un viejo estilo. No es manierismo: es obedecer una necesidad, dictada por la pulsión.

- La imagen rústica y el sonido saturado del soporte digital que usa Martin no funcionan como un reemplazo de bajo presupuesto del film 35 mm, sino que esa rusticidad es expuesta en toda su crudeza, acentuando una sensación alucinatoria que caracterizan a sus películas. ¿Considera que Martin hace un arte de la rudeza?

- El arte, es decir el buen arte, siempre descubre su modo de rudeza. ¿Qué más? Hasta la belleza es ruda. Especialmente la belleza, de hecho. Pero, sí, tienes razón, Martin no usa el lowtech como un sustituto barato de la película 35 mm: él expone las condiciones de la realización, instala una distancia. Entre el sueño de un Gran Cine y el sueño del cine actual –no menos grande, pero más a mano- por lo tanto en cierto sentido más opresivo. Porque esta distancia es la distancia del tiempo mismo, de la Historia -o, de sus “sujetos”-. Es tal la paradoja que el título Autohystoria (este juego de palabras se lo sugirió su amigo y cineasta Khavn de la Cruz) enfatiza de un modo juguetón: uno mismo y la Historia, Historia e histeria, uno y todo, lo mudo y lo parlante, etc. Se trata de no ser nunca capaz de ser UNO a la vez, sino al menos dos y contradictorios, por medio de un movimiento dialéctico, jugando con lo que es el cine. Y también, me parece, porque el sabe que el cine en su propio corazón no tiene nada que ver con las perfecciones técnicas, sino con la singularidad de cada decisión que se toma. Esto es lo que provee esa “sensación alucinatoria” de la que tú hablas. Te internas en la mente de alguien, o en la de todo un pueblo. Y no puede ser lisa, tiene que ser granulosa, espesa, caótica. Sofisticada, una vez más.



- En el Bafici, las proyecciones de los films de Martin han generado siempre reacciones indignadas de una parte del público. Muchos se ha preguntado si se trata de un impostor o si lo que se presenta como sus películas es en realidad un fraude. Ha llegado el caso en que un simple corte de montaje (al final de la larga caminata en Autohystoria) ha sido aplaudido con ironía por los espectadores. ¿Cree usted que este uso extremo de las convenciones cinematográficas provoca una incomodidad en el espectador actual que lo lleva a extrañarse hasta de un recurso tan simple como un corte de montaje o una elipsis narrativa?

- Deberías hacerle esa pregunta al público. No tengo idea. ¿Quién pretende que él es un impostor? Todo es complejo –siempre: aplaudir después de tal secuencia puede ser también una actitud desesperada de reasegurarte y probarte que aún estás vivo. Que has sobrevivido a la fuerza y la audacia de un film que muestra que él no necesita la aprobación del público, porque sus propias razones son suficientemente fuertes. Andy Warhol, por ejemplo, que hizo esos films de una sola toma larga, fue sospechado en su momento, o quizá aún lo es, de ser un fraude. Y, de todos modos, dónde podemos ver sus films? Bien, sucede que es un cineasta de la mayor importancia. Entonces la pregunta viene a ser qué es lo que nosotros (el público) deseamos realmente ver. ¿Es el cine aún libre, hasta el punto de importunar al público, o tiene miedo de atravesar el tiempo, de quedar aislado, como cuelgan las grandes obras maestras en los museos? Yo creo que el cine aún esta por venir, y que cineastas desafiantes como Raya me reconfortan en esta convicción.

- Tanto en Autohystoria como en Possible lovers la oscuridad, la aspereza, la estridencia y la incertidumbre parecen conducir a una experiencia terrorífica. ¿Puede ser que este terror sea el rasgo más propio de Martin como autor, más allá de que el tema que toque sea en un caso la historia política de Filipinas y en el otro una historia de amor?

- El comienzo del terror fue la manera como una vez el poeta R. M. Rilke calificó a la belleza. Y la belleza no tiene nada que ver con una perspectiva, sino más bien con su capacidad de abarcar en un abrazo generoso tanto la Historia como los así llamados “destinos privados”. Short film... comienza con la hermosa escena en la que esa pareja tiene problemas para descansar, para dormir, y así la totalidad del film puede ser vista como el sueño que la mujer está cosntruyendo a través de las palabras de su marido. Puede ser la relación entre un país y sus artistas. De modo que es al mismo tiempo una historia de amor y la Historia política. De hecho, es amor por la Historia, pero un amor que no es abstracto, que es muy sensual, muy físico, que se vale de las imágenes no como superficies, sino como cuerpos realmente vivos, sudorosos, activos. Esta es la razón de que no se trata simplemente de oscuridad, sino sobre la noche: un tiempo específico del día en el que la gente deambula, sueña, duerme, hace el amor, tiene miedo, ve películas, etc. En horas del día, aun violentamente opuesto a la luz diurna y su firmeza tranquilizadora. La oscuridad no es solamente una metáfora, un estado de ánimo, es una noche real que la cámara capta (y entonces aparece esa rudeza del video –como si el video pudiera ser usado contra sus propósitos naturales, haciendo aparecer a la noche como tal; oscura, áspera, irregular, etc. No ver en la oscuridad, sino ver a la oscuridad misma. Como en algún viejo film en blanco y negro). Como en Possible lovers, donde tardamos en darnos cuenta de que es de noche porque los personajes están en un departamento –de hecho sólo lo advertimos cuando la mañana empieza débilmente a clarear. Brillante forma de hacer que las cosas crezcan y decrezcan. Y sí, estoy profundamente impresionado por la increíble ambición de Raya hacia la épica. También en ese horror que tú señalas, él está muy cerca de la tierra, muy específico, como un amante verdadero, aun cuando nosotros perdamos muchos detalles, por falta de información. Así que no estoy seguro de que él sea incierto. Por el contrario, me parece muy preciso, hasta terco en cierto sentido.

- ¿Qué puede decirnos de la última película de Martin proyectada en Cannes 2008? ¿Continúa en el estilo que hemos conocido?

- Su última película * es actualmente Next Atraction. Raya es bastante productivo. Pero Now Showing parece a primera vista ligeramente diferente de las anteriores, en el sentido de que describe la vida de una chica desde su infancia hasta el fin de su adolescencia. La alegoría está oculta esta vez detrás de un estilo de documental de cinema verité para relatar l destino no demasiado especial de un solo personaje. Pero necesita cuatro horas enteras para alcanzar este objetivo. Aún así, usando esta presentación banal y pseudo naturalista, logra entretejer de manera muy discreta varias capas, enredando, superponiendo la mitología, también la mitología del cine, con la vida cotidiana. Con el secreto de la infancia, de hecho, lo cual es también el núcleo de Citizen Kane, por ejemplo. No para comparar estos dos films, sino para insistir en el hecho de que las películas de Martin se mueven alredor de la idea del origen. Puede ser del origen de una nación, su “nacimiento”, o de la misteriosa representación que un perso-naje tiene de su propio origen. Esta es la razón de que, nuevamente, casi en el centro del film hay un momento de melodrama silente del cine primitivo filipino.

* Jean-Pierre Rehm es el Festival Internacional de Documentales de Marsella (FID Marseille). Especialista en teoría y crítica cinematográfica, forma parte del consejo editorial de Cahiers du Cinéma. Esta entrevista fue realizada por OAC Y Marcela Medina en exclusiva para La otra. Publicada originalmente en La otra 20, año 2008. Después de esta entrevista, Raya Martin hizo dos largos más: Independencia y Manila. Hoy se estrena en la sala Lugones Independencia.

miércoles, 23 de junio de 2010

El que espera, desespera

Sobre Possible lovers, la ¿película perdida? de Raya Martin





por Oscar A. Cuervo

Cuando vamos al cine, estamos dispuestos a mirar lo que se nos muestra. Y estamos dispuestos a esperar que algo suceda. Suponemos que algo sucederá digno de mirarse. Y esperamos. Por ejemplo que dos personas hagan el amor. Eso es algo digno de mirar. Pero ¿cuánto tiempo puede pasar antes de que dos personas hagan el amor? Es evidente que esta pregunta no tiene una respuesta, o que tiene tantas respuestas como posibles amantes haya. Hay personas que, antes de llegar a ser amantes, esperan días o semanas; hay quienes esperan años. Y, como es sabido, hay personas que esperan y esperan y nunca se les hace. Hemos visto películas donde una persona desea ser amante de otra, pasa por mil peripecias y finalmente lo logra. También hemos visto otras donde al final ese deseo fracasa.

Raya Martin, en Possible Lovers nos invita a mirar a alguien mirando dormir a otro. Al releer lo que escribí, advierto que mis palabras no llegan a describir esta escena con precisión. Mientras A duerme tirado en un sofá, B está al lado mirándolo de reojo, con el cuello torcido. B no está simplemente mirando dormir a A, está paralizado, lo cual se evidencia por la posición incómoda y tensa de su cuerpo. Mira de reojo y no de frente, mientras repiquetea nerviosamente los deditos de la mano, indicando así que quizá se esté debatiendo ante la posibilidad de mirar a A de frente o, incluso, de tirársele encima. En esa posición (que no es de contemplación, sino de vacilación antes de emprender un salto riesgoso) B está paralizado durante todo el tiempo que dura la película. La prolongación de esa situación no es un estiramiento sino un tributo al realismo: el tipo se pasa una hora y media entre que hace el segundo movimiento o se queda así. ¿O acaso no es reconocible haber pasado por situaciones semejantes? Ese estado de parálisis, donde la situación no llega a precipitar en una nueva instancia, puede durar no 90 minutos, sino años enteros.

Se suele decir que el cine tiene algo de hipnosis y que en eso se parece al enamoramiento. Bueno: esto no se aplica exactamente a Possible Lovers. Porque allí hay uno que duerme y otro en vigilia: un solo plano capaz de condensar la pesadilla amorosa, el deseo en estado de parálisis, ese quedarse mirando al posible amante sin atinar a nada más. Y mientras B mira dormir a A, el plano sigue y el corte no llega. ¿Acaso no provoca Possible lovers lo contrario de un efecto hipnótico? ¿No hace aparecer esta situación una impotencia del espectador, impotencia que es la base de cualquier experiencia cinematográfica, aunque suela escamotearse? ¿No estamos siempre librados a un régimen (el del montaje) que, como espectadores, se nos impone por completo?

El corte, por lo general, siempre llega antes de que podamos reclamarlo, y por eso no advertimos que vemos lo que el cineasta quiere, durante el tiempo que él quiere. Sólo cuando ese dispositivo (que siempre funciona, en cualquier escena cinematográfica) se violenta mediante un recurso extremo (como puede ser la dilación del corte) "sentimos" la presencia del cineasta, mediante su negativa a cortar. En ese caso, queda expuesta la situación de poder e impotencia que sostiene al cine.

Pero además: ¿por qué quiere el cineasta no cortar? ¿de dónde puede provenir su negativa? A duerme, B lo mira. C (yo, el espectador) mira a B mirando a A. B no puede dar el paso siguiente, y por ende, filmando ese no poder, el cineasta no puede cortar. Y por ende, yo no puedo más que aceptar seguir viendo ese no poder. Posibles amantes: en el título está la posibilidad: no son amantes, podrían serlo.

* Su cuarto largometraje, presentado mundialmente en el BAFICI 2008 y que no está incluido en la actual retrospectiva ya que, según su propio autor, "no copy, i dont know where it is. there was only one copy". A esperar.

RetroRaya

Ang isla sa dulo ng mundo


por oac

La oportunidad de ver en retrospectiva la obra de un cineasta que está en pleno desarrollo y que, a pesar de eso, ya tiene un corpus considerable (7 largos, 6 cortos y un episodio de un largo) es inmejorable para revisar las nociones con las que se encara el pensamiento del cine: qué es un autor, cómo se construye el concepto de una autoría, quién es específicamente el autor en cuestión, cómo se vincula un autor con el horizonte de expectativas de la época que lo recibe, cómo se inscribe en relación a la(s) tradición(es) cinematográfica(s), qué grado de innovación es capaz de asimilarse a partir de una teoría crítica previa, qué relaciones de tensión se establecen entre obra y teoría, cuál es el grado de prioridad que cada uno de estos elementos (obra y teoría crítica) se arroga y cuál de esos polos ha de prevalecer... Son cuestiones a la vez muy generales, la relaciones permanentes entre arte y pensamiento (desde que Platón diseñó una ciudad en la que los poetas no tenían cabida) y a la vez muy singulares (ya que toda la bibliografía acumulada a lo largo de siglos debería quedar en suspenso ante el reto que implica la existencia de una sola película). Lo que quiero decir es que en materia artística todo vuelve a empezar cada vez y el arte es traído al mundo siempre por primera vez, porque cada artista (venga Sören en mi ayuda, que la lengua se me añuda y se me turba la vista, pido al danés que me asista en una ocasión tan ruda) es a la vez él mismo y toda la especie.



Hago todas estas invocaciones en el párrafo inicial de una serie que pretende reseñar el comienzo de la RetroRaya, porque estas cosas me vuelven a la cabeza al ver por segunda vez La isla del fin del mundo de RM. En términos estrictos este es el primer largo de Martin, aunque no es su primera feature: porque se trata de un documental y porque está registrado en digital. Este engorro de formatos y soportes diversos que complican cualquier intento de fijar una obra es uno de los rasgos distintivos de la producción "cinematográfica" del siglo XXI. Y Raya Martin pertenece plena e inequívocamente a este siglo. Hay cineastas del nuevo siglo, como Lisandro Alonso, que sólo han filmado "películas" (largos de ficción en 35 mm); con Lucrecia Martel pasa algo parecido: tiene sus cortos, sus videos y sus programas de tv, pero el peso del reconocimiento autoral que logró en el plano internacional lo acaparan La ciénaga, La niña santa y La mujer sin cabeza. Alonso y Martel parecen cineastas en un sentido clásico, como pueden serlo Robert Bresson o Hou Hsiao Hisen. Raya, en cambio, empieza proliferando como un organismo anfibio -en la línea de Sokurov, el gran cineasta anfibio de las últimas décadas, como pueden haberlo sido antes, ya en los años 70, J. L. Godard o R. W. Fassbinder-. Porque Una película corta acerca del Indio Nacional (que se proyecta hoy en la Lugones) es su primera "feature", pero La isla del fin del mundo es su primer largo. Y todo indica que Raya está destinado a seguir siendo anfibio, que en su obra convivirán cortos, largos, videos, digitales, fílmicos, features, instalaciones, bonus, works in progress y obras con destino de anomalías como Possible lovers (por estas horas y por lo que dice su propio autor, una obra extraviada, destinada a vivir en la memoria de los pocos espectadores que la vimos, hasta que la "única copia" existente aparezca); y los historiadores del futuro tendrán que arreglárselas para ordenar tal proliferación.



Bueno, todo esto es un prólogo que hoy al menos se me ocurre necesario para decir que La isla del fin del mundo es el primer "algo" de Raya. Y que detrás de su apariencia tan frágil se trata de una obra con toda las de la ley. Martin la hizo cuando nadie esperaba nada de él, cuando su nombre no decía nada al mundo del cine. Es su irrupción en el bazar, y al hacerla sólo cuenta con su propia voluntad autoral. Es un film (convengamos en usar esta palabra de un modo amplio) muy libre, por estas mismas razones. Rodado en digital, con esa tosquedad de la imagen digital que cineastas "clásicos" (como Lisandro Alonso) deploran; otros cineastas no clásicos (Sokurov, Martin) encaran esta reputación dudosa de la imagen low fi como una materia que permitirá desarrollar una nueva elegancia, una belleza ciertamente distinta de la que reclaman los fundamentalistas del celuloide. La imagen digital se compensa de modo automático, según reacciones involuntarias que responden a las ciencias del caos: cuando la cámara reencuadra a un sujeto con fondo de cielo (esto pasa muchas veces en La isla del fin del mundo) la luminosidad y el contraste cambian de modo abrupto e inevitable. Eso nunca pasa en el noble celuloide. Esa fluctuación, que un fotógrafo formado en los rigores del cinematógrafo considera aberrante, es tratada con una graciosa ligereza por el camarógrafo-iluminador-entrevistador-director Raya (que a los 19 años, cuando hizo este primer largo, cumplía todas estas funciones). El documental que está realizando hace gala de una precariedad que ha sido contagiada por la precariedad de la vida en la isla de Itbayat.

La isla del fin del mundo (voy a seguir escribiendo sobre este film para el dossier que se publicará en La otra 24) es un fresco descriptivo de la vida en Itbayat, una isla perdida en el fin del mundo, un lugar al que el correo llega tres veces por mes. Sobre el objeto descripto se recorta la sombra del realizador y esa mirada personal aleja defintivamente a esta obra de cualquier intento de cine antropológico. Como prometedor anticipo de lo que vendrá, cada uno de los retratos que Raya realiza en la isla (en la biblioteca, el hospital, la ambulancia, la iglesia, en las barcas de los pescadores) se ve intersectado por pequeños momentos líricos que apenas levantan vuelo son abruptamente cortados. Son micro-licencias que anuncian el alma de un poeta de la imagen que se permite asomar por unos pocos segundos. Los que no estuvieron ayer en la Lugones ahora deberán esperar para ver esta pequeña maravilla.



Y esto es todo lo que voy a decir por ahora, cosas escritas de un tirón, aunque no estoy seguro de que más adelante lo pueda decir mejor. No ignoro que todo el mundo por estas horas está extasiado con el milagro de Diego Armando Maradona y su magia inagotable. Yo también estoy muy contento por Diego y por la nueva frustración de sus detractores, ojalá nos dure. Pero en realidad estoy más en esta RetroRaya que en otra cosa y quiero que me perdonen en este día los muertos de mi felicidad.

Si tienen alguna posibilidad de ir hoy por la Lugones a ver Una película corta acerca del Indio Nacional, no la dejen escapar, porque después no van a verla en Direct TV, ni en Cablevisión/Multicanal, ni en Telefé, ni en el Hoyts Abasto, hasta quién sabe cuándo.

Posibles amantes

La respuesta a todos los interrogantes *



Oscar Cuervo: Hey Raya, why Possible lovers is not included in this retro?

Raya Martin: no copy i dont know where it is. there was only one copy

* El film más radical de Raya Martin no está en esta retrospectiva; más adelante subo un texto sobre el único Raya que no se verá ahora.

lunes, 21 de junio de 2010

Acontecimiento Raya

Raya Martin + Independencia + docBsAs
+ Lógicas económicas del cine independiente




Se cumplen 10 años del docBsAs, una de las principales fechas del calendario cinematográfico porteño.

El doc aborda la actualidad del cine documental desde dos aspectos:

- Por un lado, está el Forum de producción, que se propone reunir a los principales productores y difusores internacionales de cine independiente con los proyectos de films y sus autores, para favorecer una comunicación directa entre quienes realizan las películas y quienes están en condiciones de adquirirlas y difundirlas en el mercado internacional.

- Por otro lado, anualmente se realiza la Muestra Documental, que presenta las nuevas tendencias de este género, las obras en las que documental y ficción se contaminan en una exploración de sus respectivos límites, y también repasa las filmografías de los autores fundamentales del documental, desde Raymond Depardon hasta Alexander Sokurov y desde Eyal Sivan hasta Avi Mograbi. Forum y Muestra se llevan a cabo todos los años en la primavera porteña.

Pero en 2010, con ocasión del décimo aniversario del doc, tendremos un gran acontecimiento al comienzo del invierno:

- el estreno del film Independencia en la Sala Leopoldo Lugones (19 funciones en los dos próximos fines de semana);

- más una retrospectiva integral * de su realizador Raya Martin: todas * las películas del filipino, incluyendo varios cortos y largometrajes nunca antes exhibidos en la Argentina y Nouvelle young, un corto que tendrá aquí su estreno mundial;

- más un taller dictado por Antoine Segovia, productor francés de Raya Martin; el taller se titula: "El lugar de la producción en la mutación de las lógicas económicas en el cine independiente"; se va a llevar a cabo en la Alianza Francesa de Buenos Aires los días 23, 24 y 25 de junio. El taller tratará tanto la situación de la coproducción europea para el cine independiente del mundo, como el lugar que tiene la producción en la mutación de las lógicas económicas del cine independiente. El taller concluirá con un estudio del caso de Raya Martin como emergente de estas mutaciones del cine del siglo XXI.



Es evidente que este taller será especialmente interesante para productores y realizadores locales de cine independiente, para informarse y reflexionar sobre estas nuevas formas de producir y concebir las obras cinematográficas. Pero el estreno local de Independencia y el estreno mundial del corto Nouvelle young son también grandes acontecimientos para los cinéfilos porteños.

Para quienes leen habitualmente este blog y la revista La otra, para quienes escuchan nuestro programa de los domingos en La Tribu y nuestra columna de los sábados en Patologías Culturales, y para quienes vienen a nuestros ciclos de cine en el Auditorio La Tribu, el nombre de Raya Martin es muy conocido. En el Bafici 2007 vi su película Autohystoria y ni bien salí de la proyección me vi involucrado en una áspera polémica en la que decidí tomar partido por el cine de Raya. Con un tono algo pomposo, escribí entonces: "yo no elegí dar esta batalla. Pero las circunstancias volvieron a ponerme como contendiente y no soy de rehuir a mi destino. Entonces me ha tocado levantar la bandera de Autohystoria, de Raya Martin, de un camino posible para el cine, para las jóvenes generaciones". Sí, ya sé que tuve un tono excesivamente épico; sin embargo mi entusiasmo era real y, por suerte, en los tres años posteriores a mi solemne declaración, la figura de Raya creció en la consideración internacional.



Por eso, a fin del año pasado no tuve ningún prurito, con la imprudencia que me caracteriza, en poner a Raya al tope de la lista de los más grandes cineastas vivos. No estoy tan solo: cuando el año pasado Luciano Monteagudo vio Independencia escribió en Página 12:

"Raya Martin es un cineasta que a los 24 años parece haber encontrado ya su propia voz y que, al mismo tiempo, no cesa de buscar nuevos caminos. En Independencia, por ejemplo, profundiza y perfecciona el concepto que ya había detrás de Una película corta acerca del Indio Nacional (2005), la primera parte de lo que Martin imagina será una trilogía sobre la resistencia a las tres potencias invasoras que se disputaron el territorio filipino: España, Estados Unidos y Japón.

"Filmada en un parpadeante y maravilloso blanco y negro, que evoca al mejor cine mudo, Independencia transcurre en lo más profundo de la selva filipina, a comienzos del siglo XX.(...)

"En los antípodas del mero panfleto, el film de Raya Martin articula su discurso político a partir de un proyecto cinematográfico tan inteligente como bello y audaz. Ante la inexistencia de un cine que hubiera podido dar cuenta de la historia de su país, Martin se dedica a suplir esa carencia, a refundarlo desde sus inicios, a sentar las bases y los mitos de origen que él interpreta le faltan a su cultura. Sus modelos cinematográficos entonces son David Wark Griffith y Friedrich W. Murnau, pero a diferencia de lo que sucedía, por caso, en Huérfanas de la tempestad o Tabú, aquí las fuerzas desatadas de la naturaleza expresan no sólo el concepto romántico de la tragedia del alma sino, en todo caso, la noción moderna de tragedia política".



Los gustos que me regala La otra: durante el otoño que ayer terminó tuve la enorme felicidad de conocer personalmente a Raya, cuando vino al Bafici. Además de ser uno de los cineastas más jóvenes y talentosos del mundo, es un tipo muy simpático. Estuvimos charlando mano a mano con Raya y Alejandro Ricagno en uno de esos barcitos del Abasto, entre película y película.

Ahora los datos duros (por supuesto que en los próximos días iremos contando lo que veamos y en el próximo número de La otra una de las tapas va a ser para Independencia):

Estreno de Independencia en 19 únicas funciones:
Viernes 25 de junio y sábado 26 de junio a las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas; Domingo 27 de junio a las 22 horas; Viernes 2 de julio a las 17 y 22 horas; Sábado 3 de julio y domingo 4 de julio a las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas. Sala Lugones, Corrientes 1530, 10º piso.

SINOPSIS: Filipinas, principios del siglo XX. La guerra empieza y se anuncia la llegada de las tropas americanas. Una madre y su hijo deciden huir a la montaña para poner a salvo sus vidas. Un día, en medio del bosque, el hijo descubre el cuerpo yacente de una mujer que ha sido violada, y decide llevarla a su casa. Los años pasan. El niño ya es un hombre y la mujer y su hijo viven aislados, alejados del caos que reina en el país. Pero una tormenta repentina da un vuelco a sus vidas mientras las tropas americanas se acercan.



FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA: Dirección: Raya Martin - Guión: Raya Martin y Ramon Sarmiento - Música: Lutgardo Labad - Elenco: Sid Lucero, Alessandra de Rossi, Tetchie Agbayani, Mika Aguilos - Duración: 77 minutos.

El propio Raya dice de esta película: "En Filipinas, la historia del cine es paralela a la de la situación colonial. Los orígenes del cine filipino provienen de los amos españoles. Por otro lado, la estructura más influyente, que todavía resuena hoy en día, es la de Hollywood. Tanto Una película corta acerca del Indio Nacional como Independencia son películas sobre la historia de nuestro país y la historia del cine de nuestro país. Formalmente Independencia imita la estética de las películas realizadas en estudio durante la ocupación americana, mientras que la historia se centra en la resistencia durante ese mismo período. La idea era exponer el substrato de Hollywood y subvertirlo para redefinir nuestra lucha".




Retrospectiva Raya Martin a partir del martes 22:

- Martes 22: La isla en el fin del mundo (2005).
Un atípico documental antropológico filmado en la isla de Itbayat, que registra las costumbres de los habitantes y su vida alejada de la modernidad. Itbayat está abierta a los visitantes sólo durante el verano; las tormentas de la región aíslan por completo a los isleños el resto del año. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas (109’)



- Miércoles 23: Una película corta acerca del Indio Nacional (2005)
Primer largo de ficción de Martin y primera irrupción de un estilo bello e inimitable. Ambientada durante la revolución filipina contra España, en la década de 1890, la película se divide en dos partes, entre una noche de insomnio y pesadillas de una pareja filmada en color, y un film silente filmado en un luminoso blanco y negro que anticipa el estilo de Independencia. Un must absoluto de este ciclo. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas. (96’)

- Jueves 24: Autohystoria (2007)



La película que hace la diferencia; el más inquietante exponente del cine del nuevo siglo. Un film de horror político. La intuición de que se trata de un film de horror me fue confirmada por el propio Raya en el otoño pasado, quien se declaró admirador de John Carpenter y George Romero; ahora: nadie espere ver aquí un film de género. En todo caso, Martin refunda este género. Si alguien quiere saber qué hay de nuevo en el cine del siglo XXI, no debería faltar este jueves en la Lugones. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas. (95’).

- Viernes 25 y sábado 26: Independencia (2009)
A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas (77’).

- Domingo 27: En cartel (Now Showing, 2008)



Primera exhibición en Buenos Aires. Qué les puedo decir: no la vi, dura 280 minutos (sí: cuatro horas y cuarenta minutos); se exhibe con un intervalo el domingo desde las 16:00 y ahí estaré si Dios quiere.

La sinopsis: Rita fue bautizada con ese nombre por su abuela, una ex actriz que solía adorar a la famosa Rita Hayworth. Vive en uno de los distritos más antiguos de Manila junto a su madre, una mujer siempre ocupada, y una tía emprendedora. Años más tarde, todavía enamorada de la televisión, Rita ayuda a su tía en un puesto callejero de venta de dvds piratas. En otro lado, sobreviven imágenes de una película realizada antes de la guerra, el clásico filipino Real Mother, estrenada en el año 1939. Now Showing es la primera parte de una trilogía todavía inconclusa, filmada con la estética de los videos hogareños, con estilo deliberadamente descuidado.

- El domingo a las 22 va Independencia.

- Lunes 28: Próxima atracción (Next Attraction, 2008)
Primera exhibición en Buenos Aires. No la vi.



Sinopsis: Coco Martin y Paolo Rivero son dos celebrados jóvenes actores de la escena filipina contemporánea. En el film son contratados para realizar un cortometraje. En la historia de este corto un muchacho escapa de su casa luego de una pelea con su madre. El film lo sigue mientras recorre el centro de Manila, conoce a un hombre y mantiene su primera relación sexual. Aunque pueden ser vistas independientemente, es la segunda parte de la trilogía iniciada con Now Showing. Next attraction es un making-of, que propone interrogantes acerca de si la película dentro de la ficción se está realmente filmando. El resultado, en forma de cortometraje, puede verse hacia el final del film. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas. (90’).

- Martes 29: Cortometrajes de Raya Martin
Seis cortometrajes inéditos en la Argentina:

1- La visita (2004)
Realizado a la edad de 20 años, resultó ganador del Premio Ishmael Bernal al Cine Joven en el Festival de Manila. (13’)

2- Infancia en las islas de Filipinas (2005)
El encargado de hacer sonar las campanas de la iglesia del pueblo es un joven indio, dividido entre sus obligaciones hacia el estado español y su identidad como filipino. Sus conflictos se expresan a través de diversas situaciones, como un eclipse o la muerte de un niño. (33’)

3- Proyecciones de vida (2006)
Una reflexión acerca del derrame de petróleo de Guimaras, cerca de la costa de Filipinas,en agosto de 2006, el segundo derrame más grande de la historia. (4’)



4- ¡Larga vida al cine filipino! (2007)
Una sátira burlesca sobre la Señora del Cine Filipino, la productora Mother Lily, una mujer odiada y temida, a quien nadie puede acercársele. Mother Lily no es una invención metafórica, existe de verdad… por ahora. ¿Algún parecido con ciertos personajes siniestros de la cultura argentina? Lo sabremos el martes 29. (6’)

5- Proyecciones de rieles (2007)
Este sí lo vi. Raya vuelve a la fascinación inicial del cine por los trenes. Los hermanos Lumière mostraron las máquinas de hierro acercándose rápido a cámara. Martin convierte el movimiento del tren, mediante la pretecnología VHS, en un viaje abstracto en pos de un amor lejano. (6’)

6 - Nouvelle Young (2009)
Estreno mundial
Rock’n roll en colores y la Torre Eiffel en blanco y negro. La lluvia, un beso y después… La nouvelle vague como una imagen congelada en la memoria colectiva, pero todavía en movimiento. Yo no me la perdería... ¿estará la Selección Argentina jugando las instancias finales por esos días? Yo igual no me pienso perder esta película de 5 minutos. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas (68’ duración total del programa de cortos).

- Miércoles 30: Manila
Estreno en Argentina



Co-dirigido por Raya Martin y Adolfo Alix Jr., Manila toma como referencia el cine filipino realizado en los años 70 y 80. Ambas historias de este díptico están protagonizadas por el actor Piolo Pascual. El primer segmento, dirigido por Martin, está inspirado en Manila de noche, de Ishmael Bernal. En él William, un drogadicto, trata de conectarse nuevamente con la gente cercana. Lentamente, mientras la noche va cayendo, descubre que no hay nadie en quien confiar, ni siquiera en él mismo. En el segundo segmento, basado en Jaguar, de Lino Brocka, el actor interpreta a Philip, un guardaespaldas que trabaja para el hijo de un político y que tras un tiroteo huye hacia las más oscuras esquinas de la ciudad. A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas. (90’)



- Jueves 1º: Manila de noche (Manila By Night – City After Dark, 1980) Dirección: Ishmael Bernal.
Esta es la única película del ciclo que no está realizada por Raya. En ella se inspiró pata hacer Manila. Es un clásico del cine filipino que, por ser un retrato violento y duro de la vida en Manila, tuvo que retirar del título original la referencia a la ciudad de Manila y cambiarlo por City After Dark. Se supone que Martin repara este agravio titulando a su película Manila. A las 14:30, 18 y 21 horas (150’).

- Viernes 2: Una película corta acerca del Indio Nacional
A las 14:30 y 19:30 horas (96’).

Independencia. A las 17 y 22 horas (77’).

Sábado 3 y domingo 4: Independencia
A las 14:30, 17, 19:30 y 22 horas (77’).

Volveremos, volveremos, volveremos otra vez... a hablar de este ciclo y de este cineasta excepcional.

* Postdata de las 22:06: acabo de descubrir con sorpresa que no se trata de una retrospectiva integral, dado que falta nada menos que Possible Lovers, el que quizá sea su film más radical. Why? Trataré de averiguarlo, pero imagino algunas explicaciones. Para compensar esta notoria carencia, en los próximos días voy a subir un texto mío sobre esta película. Por ahora, algo escribimos sobre Possible lovers y se puede leer acá y acá.