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miércoles, 8 de agosto de 2018

Philip K. Dick, una eiségesis

Especial Dick La otra.-radio, para escuchar clickeando acá


por Rodrigo Videtta

Si hablamos de ciencia ficción, Philip Dick (1928-1982) suena como sinónimo. No importa si lo que el escritor estadounidense escribió no se parece a la mayoría del género: ciencia ficción y Dick van de la mano. También se forman otras parejas: Dick-Paranoia, Dick-Cine, Dick-Drogas, Dick-El Mal, Dick-La Verdad, Dick-Dios. Aquí el guión es puente que facilita una relación entre campos que tienen como factor común o, más bien, epicentro a Dick.

La vida y obra de Dick impresiona como un torbellino que nos arrastra por lugares tan oscuros como reveladores, donde las coordenadas de tiempo y espacio se amplían, donde la pregunta sobre qué es lo real gana protagonismo cuando aparece de múltiples formas.

Contar la vida del autor es motivo de una extensa biografía (de hecho hay varias que dan cuenta de ello). Contar la obra daría lugar a un análisis literario díficil de dar por terminado. Nos proponemos entonces armar una eiségesis (que introducen interpretaciones personales en un texto dado) contraponiéndola a un proyecto al que Dick dedicaría gran parte de su energía hacia el final de sus días; su Exégesis (cuyo significado literal es "extraer", un concepto que involucra una interpretación crítica y completa de un texto, que se aplica especialmente a los textos religiosos). El hecho de que la exégesis haya aparecido tanto en la vida de Dick como en una de sus novelas (VALIS) da cuenta del rico entrecruzamiento entre vida y obra del autor.

Eiségesis Dickeana.

1. Philip K. Dick nace prematuramente en 1928 junto con su hermana gemela Jane. Semanas más tarde, Jane muere. La frase "gemelo fantasma" volverá una y otra vez a lo largo de su obra.

2. Luego de separarse los padres, Philip se muda junto con su madre a California, donde crecerá rodeado del ambiente universitario de Berkeley y estimulado a leer a los grandes de la literatura (Joyce, Kafka, Poe, Lovecraft, entre otros) algo que el propio autor destacará como un sello distintivo en su obra.

3. "Psicológicamente inestable", "esquizoide", "paranoico", las etiquetas diagnósticas acompañaran desde chico a Philip. A partir de su primera visita de adolescente a un psiquiatra, abre un portal de comunicación asistencial que, por diferentes cuestiones, no cerrará a lo largo de su vida.

4. La etiqueta diagnóstica no suele aportar demasiado a un análisis sobre la riqueza literaria del autor.

5. Desesperación y escritura han sido compañeros de un fecundo campo de acción literario.

6. En interjuego con la desesperación, la pobreza es motor para la escritura por su necesidad de trabajar para subsistir. En este sentido, Dick vive como un detective de policial negro; se involucra en la historia que cuenta, necesita embarrarse para obtener alimento. Detective impoluto y resolución del caso son caminos que se bifurcan.

7. El exceso tiñe su vida, de ello dan cuenta 5 matrimonios, 36 novelas y 121 relatos, en una búsqueda incesante.

8.Busca la verdad, la característica esencial de lo humano, la definición del enemigo. Busca en un intento de ordenar el mundo que lo rodea y ordenarse a sí mismo en relación a este. Así y todo, la sensación de vértigo y la tendencia a la entropía es un sello característico de su obra.

9.Dick es un escritor de izquierda, se posiciona con las causas extremas, para muchos, perdidas.

10. Muere en una aparente mayor calma a la del resto de su vida. Muere sin dejar de buscar. Muere y es enterrado junto a su gemelo fantasma.

jueves, 5 de julio de 2018

Lecturas salvajes, vol. III. Vonnegut, el spoiler

La otra.-radio, segunda parte, para descargar acá



por Naza Brain y Rodrigo Videtta

En la segunda parte del programa del domingo pasado nos inmiscuimos en el universo Vonnegut (anticipo acá, primera parte del programa acá), donde la tragedia es resistida activamente con humor y dilemas éticos, sin perder de vista el lugar de la escritura. Allí donde el autor es consecuente con su oficio de escritor, es como un pájaro enjaulado puesto al fondo de un túnel por un grupo de mineros. Cuando el oxígeno empieza a escasear, es el primero en avisar al resto con su canto, para luego esperar el final.

Madre Noche es libro paradigmático en la obra de Kurt Vonnegut. En esta novela nos detuvimos especialmente durante La otra del domingo.


Madre Noche nos interpela desde el comienzo. Desligándose de la cronología de los sucesos, el narrador nos cuenta la vida de Howard W. Campbell Jr. empezando por el final.  Howard es un escritor norteamericano que al mudarse a Alemania se encuentra con la inminente explosión de la segunda guerra mundial. Allí se convierte en locutor de radio y escritor aliado al nazismo; trabaja para el ministro de propaganda Goebbels y su esposa es una hermosa actriz, Helga. Juntos forman "su nación de dos", eso que el creía verdaderamente importante, el motivo que lo sujetaba a Alemania.

Detrás de esta primera apariencia, incluso en el mismo espacio radial, Howard es otro. Por encargo de un grupo de agentes estadounidenses, cumple su rol como emisor de mensajes cifrados cuyo significado él mismo desconoce, mensajes destinados a otros agentes americanos que operan en Alemania. Howard intercala voces, acentos y silencios que esconden un mensaje para estos agentes, mientras el resto de su audiencia escucha simplemente un programa de radio. Howard es doble agente y su programa son dos programas a la vez, depende de quién lo escuche. ¿Cuál es su verdadero lugar de pertenencia? ¿A quién sirve? Por un lado, a Alemania. Por otro, ligado al primero aunque no equivalente, vive en su nación de dos junto a Helga. Y por otro, a los Estados Unidos, su pais de origen, al que secretamente ayuda sin él saber con precisión lo que transmite.´Howard es dos o bien tres.

Al terminar la guerra, es tomado como prisionero y juzgado. Ya sin Helga, su alma gemela, la vida en Alemania pierde todo sentido para él. Pero los norteamericanos lo rescatan. Vuelve a empezar en Greenwich Village, en las afueras de Nueva York.

Cuando el lector ya consideraba esta historia dotada de la cualidad del vértigo y lo variopinto, alcanzada cierta calma, una partida de ajedrez a manos de un vecino, agente ruso encubierto él, conducen al protagonista y al lector al lugar donde termina, o empieza, la gran historia. Es capturado por Israel y vuelto a procesar. ¿Quién ha sido Howard W. Campbell Jr., más allá de toda apariencia? ¿O solo ha sido apariencias? De esta forma, aportando caos a una posible historia lineal, aparece una voz prologadora, entre narrativa y autoral:

“Esta es la única novela mía cuya moraleja conozco. No creo que sea una moraleja espectacular, es sólo que sé cual es: Somos lo que fingimos ser, así que debemos tener cuidado con lo que fingimos ser”.

Más allá de las moralejas, en cierto disloque de las formas de exposición de sus historias, la literatura de Vonnegut nos invita a encontrar otros sentidos.



En el programa del domingo también anticipamos el ciclo de cine y pensamiento que organiza La otra a partir de este sábado a las 19:30 en Ayacucho 483, con la proyección de Fulboy (Martín Farina). La música que sonó fue el anticipo del nuevo disco del Indio Solari ("Stranger Danger, siniestro ladrón/ ladrón de todo el globo, ese sos vos/ predicador itinerante, estás aquí/ te recibimos con honores de virrey/ divertido sos/ como un toque de queda sos/ todo lo valioso vos te llevás/ mis enemigos me van a asustar/ cuando comiencen a tener razón..."), Gabo y Serio Ch ("La estación") y Prince, cuyo disco aún inédito, Piano & A Microphone 1983, tiene un anticipo extraordinario en el feeling de un blues titulado"Mary don't you weep". Todo esto acá.


domingo, 1 de julio de 2018

Vonnegut, el spoiler

Especial Vonnegut: hoy a las 12 de la noche en La otra.-radio, FM 89,3, Radio Gráfica, online acá o acá


por Rodrigo Videtta y Nazareno Brain

Hablar de la vida del escritor norteamericano Kurt Vonnegut (1922-2007) es, en apariencia, contar una historia desde el final o espolearla por lo que imaginamos podría ser su epitafio: "So it goes..." (algo así como "y así fue..."). Esto se debe a dos cuestiones.

Por un lado lado, en de su obra los sucesos son contadosaparecen en forma desquiciada. Nos anticipa en la primera página lo que va a pasar en el resto de la novela. Incorpora voces y realismo allí donde la literatura transcurre y lo hace de forma tal que esas voces se tornan literarias. A la inversa, la literatura deviene voz de los acontecimientos del contexto. Vonnegut es un hombre entre dos milenios: escribió desde los 50 y murió en 2007, pero sus ecos resuenan y siguen moviendo la tierra donde pisamos.

Por otro lado, la estructura que crea y dentro de la que juega en un constante ensayismo profesional no versa sobre cualquier temática. Podría decirse que es repetitivo, superficial y moralista. O también que en esa repetición y diferencia se va metiendo en profundidad con la existencia humana, sin dejar de sostener nunca, aunque el pozo sea oscuro y peligroso, una bandera ética y una boca sonriente con un cigarrillo encendido. Al final del agujero hay una jaula con un escritor-pájaro, el primero en morir cuando el oxígeno se torna insuficiente, el primero en compartir que la destrucción planetaria es inminente, el primero en sostener que no vale llegar allí de cualquier forma.

martes, 5 de junio de 2018

Lecturas Salvajes vol. II - Mario Levrero

Especial Mario Levrero en La otra.-radio (y otros asuntos), para descargar clickeando acá



Fotografía: Rodrigo Videtta on the radio

Aquello que hay en mí, que no soy yo, y que busco.
Aquello que hay en mí, y que a veces pienso que
también soy yo, y no encuentro.
Aquello que aparece porque sí, brilla un instante y luego
se va por años
y años.
Aquello que yo también olvido.
Aquello
próximo al amor, que no es exactamente amor;
que podría confundirse con la libertad,
con la verdad
con la absoluta identidad del ser
—y que no puede, sin embargo, ser contenido en palabras
pensado en conceptos
no puede ser siquiera recordado como es.
Es lo que es, y no es mío, y a veces está en mí
(muy pocas veces); y cuando está,
se acuerda de sí mismo
lo recuerdo y lo pienso y lo conozco.
Es inútil buscarlo; cuanto más se le busca
más remoto parece, más se esconde.
Es preciso olvidarlo por completo,
llegar casi al suicidio
(porque sin ello la vida no vale)
(porque los que no conocieron aquello creen que la vida no vale)
(por eso el mundo rechina cuando gira).
Este es mi mal, y mi razón de ser.

Mario Levrero, Prólogo a El discurso vacío, 22 de diciembre de 1989


por Rodrigo Videtta

El domingo a medianoche en La otra molestamos a Don Jorge Mario Varlotta Levrero. Hablamos sobre parte de su obra, en particular acerca de lo novelístico (La trilogía involuntaria, Dejen todo en mis manos, Diario de un canalla, El discurso vacío y La novela luminosa), de sus Irrupciones (recolección de ensayística), de sus cuentos (La máquina de pensar en Gladys) y parte de su vida todoterreno, su percepción kafkiana entre el ahogo, la desesperación y la broma, sus aventuras porteñas y su refunfuneo constante. Así y todo lo que nos impactó de manera luminosa fueron dos poesías en el prólogo a El discurso vacío; la búsqueda de una verdad o de una vida vivida poéticamente o, como tercera posición para abrir otras, la fusión de verdad con poesía.

A pesar de todo esto, teoría del iceberg de Hemingway mediante, resonó desde el silencio la lucidez crítica del autor, su faceta de tallerista a la par de sus mañas, obsesiones y depresiones vitales, el mundo de la parapsicología y el auto-análisis diario devenido en literatura.

La fascinación con capacidad de sorpresa es una combinación de características que hicieron de Levrero uno de esos autores que cuando se los lee dan ganas de conocerlo en persona (con todo el riesgo artístico que eso conlleva).

El domingo a la noche lo molestamos a Levrero y ojalá siga sucediendo. Me lo imagino espiando por una mirilla bajo una lápida sin nombre, para evitar las molestias en un lugar donde ahora sí puede descansar tranquilo, sin riesgo de que le toquen el timbre, o que una vendedora de productos de limpieza le haga entrar un circo a su casa. Ahora sí puede observar a las hormigas hasta pulverizarlas y hacerlas una rosa o dejarlas tranquilas siendo hormigas y él seguir siendo Jorge Mario Varlotta Levrero.


He visto a Dios
cruzar por la mirada de una puta
hacerme señas con las antenas de una hormiga
hacerse vino en un racimo de uvas olvidado en la parra
visitarme en un sueño con el aspecto repulsivo de una babosa gigantesca;
he visto a Dios en un rayo de sol que oblicuamente animaba
la tarde;
en el buzo violeta de mi amante después de una tormenta;
en la luz roja de un semáforo
en una abeja que libaba empecinadamente de una florcita
miserable, mustia y pisoteada, en la plaza Congreso;
he visto a Dios incluso en una iglesia.
Mario Leverero, Prólogo a El discurso vacío



¿(y otros asuntos) ¿Cuál fue el acontecimiento de la semana? ¿El desastroso mensaje presidencial sobre las "locuras" de Cristina? ¿El tuit sobre el machirulo? ¿La ley antitarifazo? ¿El veto? ¿La Marcha de los Cayetanos? ¿El derrape de Mariu contra los pobres en las universidades? ¿La caída de Rajoy? ¿El Martín Fierro a la trayectoria a Mirtha?  Música: Yo La Tengo, Cosmo Jarvis, Bob Dylan, Teresa Parodi, Liliana Herrero, Chango Spasiuk, Andrés Calamaro, Aniceto Molina / Krunk Mix DJ Ralphy Ralph. Cuando hace calor los programas de La otra._radio salen geniales. Pero en las noches de frío salen mejor. Escuchen acá.

domingo, 3 de junio de 2018

El yogurt originario

Especial Mario Levrero en La otra.-radio, hoy 12 de la noche en Radio Gráfica



por Rodrigo Videtta

Mario Levrero fue Jorge Mario Varlota Levrero o Mario Levrero, a secas, porque lo que conocimos de él fue su literatura, su mirada del mundo, de ese mundo que pasaba por sus anteojos culo de botella oficiando de lupas detectivescas y volvía a medio digerir por el irritable estómago del escritor.

Levrero es un jabón que resbala, díficil de asir; etiquetado de kafkiano, de rebuscado, en la siempre dudosa categoría de los "raros" de la literatura de la República oriental del Uruguay junto con Onetti y Felisberto Hernandez. Quizás lo que compartía con ellos era su categoría, la de maestro, lo raro, en el orden de lo que irrumpe, una filosofía oriental y el pasaporte uruguayo.

Levrero, el estilo de Mario Levrero, es el yogurt originario, aquel del cual, proceso mediante, se generan tantos otros. Escritores motivados y curados por su lectura crítica y lateral, la que tiende a llevar al centro de la escena la marginalidad de una vida anónima. Una característica en común: escribir no "para" sino "por" la literatura, escribir por la misma necesidad de escribir.

En el programa de esta medianoche de La otra en FM 89,3, Radio Gráfica (online acá) vamos a estar hablando del misterioso Mario Levrero

sábado, 5 de mayo de 2018

Una broma que encubre algo muy serio

Especial Roberto Bolaño en La otra.-radio - Domingo medianoche FM 89,3 - Radio Gráfica


Y les pregunté a los muchachos, les dije, muchachos, 
¿qué es lo que han sacado en limpio de este poema?, 
les dije, muchachos, yo llevo más de cuarenta años mirándolo 
y nunca he entendido una chingada. Ésa es la verdad. 
Para qué voy a mentirles. Y ellos dijeron: es una broma, Amadeo, 
el poema es una broma que encubre algo muy serio.
Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

por Rodrigo Videtta

Roberto Bolaño fue, ante todo, un gran lector y para nuestra suerte como lectores, un sublime escritor. Contaba con una tenacidad tan querible como necesaria para ordenar su mundano caos en un cosmos jerárquico, personal a la vez que compartido. Gustaba de las listas, de los rankings, de cosmogoniar el mundo literario y esto surtía sus efectos: provocación, ofensa, admiración, entre una amplia gama de reacciones.

Era un tipo que daba la impresión de que podía ver la muerte cara a cara, sin pestañear, prestando atención hasta en los detalles escotomizados por la gran mayoría y luego, somatizándolos, los volcaba en páginas usando su sangre como tinta. Encontró en la ficción una forma más real -en tanto verídica- de hacer historia, y en los ensayos literarios y debates que libraba, su autobiografía.

Era un escritor en apariencia quieto, poeta de elección, artista activo de la vida, flujo difícil de contener. Una imagen: un personaje de Los detectives salvajes que se baña con un libro de poesía en una mano. Agua salada que sale por la ducha, el poeta con los ojos abiertos, irritados, observando, lee el mundo en un poema. Un océano pasa por una esponja sostenida por su mano. 

Al leerlo da la impresión de contar con la generosidad de los maestros, aquellos que no guardan sus secretos como sagrados misterios. Mostraba la carne, el fuego y las cenizas. El humo, quizás como un tempo literario, un recurso. Esto no lo hacía perder un centímetro de maestría, al contrario.

Concebía a la literatura como una forma de vida o a la vida como una forma de literatura. Vivía como un detective en un policial negro. Necesitado del trabajo para comer, metía los pies en el barro. Parecía estar obsesionado con algunos temas: literatura, vida, sexo, juventud, muerte y vida. Partía de un punto para hablar de muchos, poniendo la lupa en los importantes, iluminando con una oscura profundidad.

Trabajador polirrubro hasta encontrar en la escritura el llamado, eso que algunos denominan vocación, eso que él nombró como una suerte de destino del cual nunca más iba a despegarse.

Obsesión, pasión, enfermedad, patologicémoslo como queramos, pero primero leamos sus páginas y pensemos si no es un acto reactivo para contener el desborde de tanta vida.

De este grandísimo escritor, autor de obras mayores como gustaba designar a las obras de otros, que escribía en un cuartito de Blanes, ciudad pequeña al norte de Barcelona, sin estufa y con Reed y Bowie de fondo, hablaremos este domingo a medianoche en La otra.-radio.  FM 89,3. Radio Gráfica, online acá o acá.