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jueves, 22 de enero de 2015

Voy al centro de la ciudad, me compré una 44 de acero azul

Especial de La otra.-radio sobre Plant, clickear acá


por César Colman

Tras el fallecimiento de John Bonham y la disolución de Led Zeppelin, Robert Plant inicia su carrera solista con un perfil notoriamente más bajo. En las primeras reuniones que mantuvo con Ahmet Ertegun (presidente y fundador del sello Atlantic) le pidió que lo tomen en serio. La inmensidad que adquirió Led Zeppelin demandó una estética distinta para la música de Robert Plant. En su etapa solista se pueden distinguir tres etapas. La primera, compuesta por los discos: Pictures at eleven, The principle of moments y Shaken’ n’ stirred. En esta etapa hubo un acercamiento al pop que le dio su mayor éxito comercial. La segunda etapa, compuesta por los discos Now and Zen, Manic nirvana y Fate of nations. En ella enriqueció su música con un endurecimiento en su propuesta, acercándose por momentos a lo hecho por Led Zeppelin. Y la tercer etapa, compuesta por los discos Dreamland, Mighty rearranger, Raising sand (Junto a Alison Krauss), Band of joy y el reciente lullaby and… The Ceaseseless Roar. Aquí lo vemos envejecer con sabiduría, manteniendo su voz en gran forma y jugando con distintos ritmos y sonidos. En el blog Un Largo, analizamos detalladamente disco por disco. Clickear acá.



Hey Joe, ¿dónde vas con ese dinero en la mano?
Hey Joe, ¿dónde vas con ese dinero en la mano?
voy al centro de la ciudad, me compré una 44 de acero azul

Hey Joe, oí decir que disparaste a tu mujer
Hey Joe, oí decir que disparaste a tu mujer
Sí, lo hice, la maté, tal como dije

Hey Joe, dónde vas a ir ahora?
Hey Joe, dónde vas a ir?
me voy al sur, donde supongo que estaré libre
sí, supongo que voy adonde pueda ser un hombre libre...

(Con esta versión del tradicional Hey Joe, incluida en su disco Dreamland (2002), Robert Plant quizás logre lo que parecía imposible, superar la versión de Hendrix...)



jueves, 15 de enero de 2015

Zep

Led Zeppelin / Robert Plant en La otra.-radio, para escuchar clickeando acá



por César Colman

Con la simple mención de su nombre debería bastar para describir su influencia, pero, para una banda cuya evolución fue constante y marcada, sería insuficiente. Porque también podría decirse que no es necesario aclarar lo propio y distintivo de su música, alcanzaría con solo hablar de los discos que editaron y sus temas más destacados. Sin embargo, si hay que mencionar lo que signó su música a lo largo de su existencia eso es la intensidad. Porque, si bien no se desconoce del todo, Led Zeppelin es la banda que consiguió llegar a lo más alto de una cima en la que solo había lugar para alguien como ellos. O tal vez ese lugar les pertenecía, sin más. De cualquier manera, su inmensidad le otorgó la representación máxima al término “dinosaurio”, con todo lo que ello implica. Poco importa ya la mitología de una banda que desde un principio estuvo signada por maldiciones y que con el correr del tiempo y en base a esa misma maldición, al talento de sus integrantes, a los excesos en general y a varios otros componentes, fue haciendo a un lado a sus competidores. Es por eso que desandar algunos puntos destacados de esta historia puede servir de introducción para vérnosla con los monstruos. (Fragmento de la nota "Led Zeppelin: el signo de la intensidad" que se puede leer completa en el blog Un Largo, cliceando acá).

viernes, 2 de enero de 2015

Estoy llamando a un 0-800, no voy a perder la oportunidad

Subí la radio: Especial Robert Plant en La otra: este domingo a la medianoche en FM La Tribu, online



En la senda de Charley Patton
la niebla, la lluvia, el barro
en algún lugar al este de Tunica
ya estoy por darme por vencido
el auto gira en círculos
el camino es siempre el mismo.
En busca de auxilio y consuelo
voy a prenderla de nuevo
voy a subirla más.

A solas y desconectado
no encuentro una sola palabra
prendo la radio
y habla un tipo desquiciado
date por rendido, dice
y serás salvado
El alejará tus demonios
Su auxilio está en camino.

Subí la radio, ah
subila más
ah...

Estoy perdido en América
estoy dado vuelta.
Estoy metido con alguien
de quien oí decir muchas cosas.
Estoy cegado por el neón
el justo y el poderoso
estoy atrapado por la radio
prendela y dejame ir.

Una coincidencia afortunada
un poco de suerte
la radio de este auto
me trae una guía del cielo
una mínima contribución
me podrá en buenas manos
estoy llamando a un 0-800
no voy a perder la oportunidad.

Subí la radio, ah
subila más
ah...

domingo, 5 de octubre de 2014

Repetición para esperar a que llegue la noche

La otra.-radio del domingo pasado para escuchar clickeando acá:

Primera parte

Segunda parte



"También el que ha perdido una pequeña cosa puede afirmar con razón que lo ha perdido todo..." 

Constantin Constantius, La repetición

Los psicoanalistas me invitan seguido para que hable del concepto kierkegaardiano de repetición. Su interés se origina en las alusiones que hace Lacan en su obra a esa noción de Kierkegaard, noción que el francés vincula con una idea de repetición que aparece en la teoría de Sigmund Freud. Lo primero que hago siempre es advertir que desconozco prolija y firmemente a Lacan y que de Freud sé poco y sé mal. Así que lo mío se limita a reponer el contexto en el que Kierkegaard habla de la repetición. Lo segundo que hago es remarcar que Kierkegaard no es un autor sistemático y que no es sensato ir a sus libros en busca de una "teoría" de la repetición. Y esto porque Kierkegaard no tiene en gran estima la actitud teórica, muy por el contrario. Finalmente, como para empezar, desaliento toda expectativa de que en el libro La repetición se pueda hallar una definición de ese concepto. De hecho, La repetición no es un tratado sino una novela. Y su autor, estrictamente hablando, no es Soren Kierkegaard, sino un pseudónimo suyo llamado Constantin Constantius. Kierkegaard mismo avisó con mucha claridad que no debe adjudicarse a los libros que firma con pseudónimos la expresión de su propio pensamiento. El lleva a cabo una estrategia de comunicación indirecta por la cual no pretende nunca trasmitir un saber (contemplativo, teórico, desencarnado) sino un poder: que el lector pueda encontrar en su escritura la ocasión para pensarse a sí mismo, que pueda hacer patente el pensamiento de su corazón.

En La repetición Constantín Constantius, el narrador, se hace amigo de un joven que está enamorado de una chica. Lo que cuenta el libro es la relación de confidente entre Constantin –que es un hombre adulto, tenemos que calcularle unos 40 o 50 años– y el joven -que tendrá unos 20. El muchacho está en el momento más dichoso del amor, un amor correspondido. Pero justo en medio de la dicha se dispara en él una melancolía extraña: siente que, teniendo a su amada, ya la perdió. Empieza a proyectar con su imaginación las posibilidades hacia las que se dirige su relación y se le aparece la idea de que el amor, al estar pasando por su mejor momento, de ahora en más solo puede deteriorarse; que la próxima vez ya no se quieran tanto, que ella se aburra de él o, lo que es peor, que él se aburra de ella, que él mismo ocasione la ruina de la dicha que está gozando. Teme que cada vez que se acerca a ella sea una pérdida de la primera intensidad, que la primera vez sea la mejor. Empieza a sufrir la finitud de la relación amorosa, el terror a perder lo que tiene. Lo curioso es que el joven vive este amor presente como si fuera un recuerdo, es decir, como si ya hubiera terminado. Y se coloca subjetivamente en una posición en la cual el amor ya se perdió. Lo único que hace cuando está con ella es recordarlo: recordar, paradójicamente, lo que tiene, como si ya formara parte del pasado. Por eso, cuanto más dichoso se siente, más sufre. Llega al extremo de acercarse a la puerta de la amada y retroceder, por miedo a que ella abra la puerta y el amor empiece a arruinarse, que la vez siguiente sea el comienzo del fin. Dice Constantín Constantius:

“Nuestro joven, pues, estaba profunda e íntimamente enamorado. De esto no podía caber la menor duda. Y, sin embargo, ya en los primeros días de su enamoramiento se encontraba predispuesto no a vivir su amor, sino solamente a recordarlo. Lo que quiere decir que, en el fondo, había agotado ya todas las posibilidades y daba por liquidada la relación con su novia. En el mismo momento de empezar ha dado un salto tan tremendo que se ha dejado atrás toda la vida” .

Constantín no objeta que el joven atraviese esta experiencia, a la que considera típica de esa disposición erótica. Pero se sorprende de que no pueda contraarrestar esa melancolía con otras disposiciones:

“Cada uno debe de hacer verdad en sí mismo el principio de que su vida ya es algo caducado desde el primer momento en que empieza a vivirla, pero en este caso es necesario que tenga también la suficiente fuerza vital para matar esa muerte propia y convertirla en una vida auténtica. En el alborear de la pasión amorosa luchan entre sí el presente y el futuro con el fin de alcanzar una expresión eternizadora”.

No voy a seguir contándolo, pero quiero decir que el relato de La repetición es endemoniadamente vueltero y después de leerlo varias veces uno tiene la sensación de que hay algo que se le escapa. Parece que Kierkegaard escribió una versión que contenía un pasaje que le parecía demasiado explícitamente ligado a su autobiografía: él había vivido una historia amorosa bastante complicada con una chica llamada Regina Olsen y , después de haber sido aceptado por ella, él sintió la necesidad de romper el compromiso por motivos nunca del todo claros. No es mi intención reducir el significado del libro a esta cuestión autobiográfica. De hecho, creo que la clave autobiográfica no ayuda a comprender el sentido del libro ni, en general, el pensamiento de Kierkegaard. La cosa es que ese tramo presuntamente explícito fue arrancado por él en la versión definitiva del libro y yo diría que eso se nota: en algún punto, que nos resulta imposible determinar, falta algo. Mi hipótesis de lectura es que el narrador Constantín Constantius no entiende bien lo que le pasa al joven, a pesar de que cree que se las sabe todas. Y que de modo irónico Kierkegaard nos da indicios de la falta de comprensión profunda del narrador del sentido de lo que cuenta.

Si algo original aporta Kierkegaard a la historia de la filosofía europea es la intención de hacernos sospechar de la sapiencia de los narradores. Y eso se aplica especialmente a los libros de filosofía. Los tratados de filosofía están escritos por una especie de narrador omnisciente: en la Fenomenología del Espíritu Hegel intenta hacernos creer que es el Espíritu Absoluto mismo quien narra, así como en la Crítica de la Razón Pura Kant pretende dejarnos la impresión de que es la Razón la que examina sus propios límites. Kierkegaard, con su juego de máscaras, autores ficticios y comunicaciones indirectas, nos invita a desconfiar de narradores sapientes y teóricos impasibles. A él le gusta desconcertar a sus lectores. El humor y la ironía son claves que nunca hay que perder de vista cuando se lo lee.

Por la misma época que apareció La repetición, también editó un libro con otro pseudónimo, El concepto de la angustia, firmado por Vigilius Haufniensis, "un mero análisis psicológico en dirección del problema dogmático del pecado original", según dice su estravagante subtítulo. No voy a desarrollar ahora el tema de ese libro. Solo quiero destacar que en una nota al pie, Vigilius se refiere al problema de la repetición, al libro La repetición y a su autor, Constantín Constantius.

"A propósito de esta categoría, se puede consultar La repetición de Constantín Constantius -Copenhague, 1843. Este último libro, desde luego, es una obra estrafalaria, y lo curioso es que así lo quiso el autor intencionalmente. Sin embargo, en cuanto se sepa, él ha sido el primero que con energía se ha fijado en la repetición y nos la ha puesto delante de los ojos con la carga peculiar de su concepto. (...) Pero C. Constantius vuelve a ocultar en seguida lo que ha descubierto, camuflando el concepto con el ropaje bromísitico de la correspondiente descripción. Es difícil decir por qué ha hecho semejante cosa, o más bien es difícil de comprenderlo. Claro que él mismo nos afirma con la carta con que cierra el libro que ha escrito de esa forma 'para que no puedan entenderle los herejes'".

Pasajes como estos son de máxima importancia para orientarse en ese laberinto literario que Kierkegaard construyó. Lamentablemente los estudiosos concienzudos suelen pasárselos por alto. De modo que el intríngulis de la repetición no es resuelto ni en un libro ni en el otro; ni siquiera en un tercero. Pero Kierkegaard logra dejarnos picando esta inquietud: cómo hacer para que el amor no se arruine, cómo lograr que la segunda vez no sea un poco peor que la primera, y así resignarse que a que de a poco el amor se vaya trastocando en hastío o en odio.

En el programa pasado de La otra.-radio hablamos de este tema y estuvimos escuchando el gran disco que acaba de sacar Robert Plant, lullaby and... The Ceaseless Roar.

La otra.-radio primera parte (Carlos García López, Federico Kucher, Robert Plant): clickear acá

Segunda parte (Kierkegaard, Robert Plant): clickear acá



Ahí está la pequeña Maggie
con el vaso en la mano
está con otro
está con otro hombre.

La última vez que vi a Maggie
estaba sentada a orilla del mar
con su 44 alrededor suyo
y un banjo en sus rodillas.

Oh, cómo podré soportar
sólo ver sus ojos azules
brillando como un diamante
como un diamante en el cielo.

Ahora parto para la estación
con mi maleta en la mano
me voy lejos para dejarte, niña,
me voy a una tierra lejana.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Roberto Planta lo hizo otra vez

Uno de los mejores discos del año, lullaby and... The Ceaseless Roar hoy a medianoche en La otra.-radio


A esta altura se disiparon las dudas: cada disco que saca, Robert Plant se consolida como uno de los artistas más importantes de la historia del rock. Miembro de un grupo fundacional de la edad dorada, su gloria pasada no puede opacar su brillo presente. La sensibilidad detrás de Led Zeppelin -ya no caben dudas- no podría haberse disuelto en la nada. Si esa banda asombrosa tuvo lugar, no ha sido solo por el fulgor ocasional de una época. Ahí había cuatro grandes músicos, pero el plus consistía en que había al menos un artista. Pudo haberse apoyado cómodamente en el sitial de leyenda perpetua de una marca instalada, varias millas por delante de casi cualquier banda que se formara después de ellos. Pudo haberse puesto de acuerdo con Page, como hacen cada 7 años Jagger y Richard, y seguir facturando con giras gigantescas. Pero para no quedar anclado a una gloria pasada, y por ende ajena -el pasado nunca nos pertenece-, para esquivar el vaciamiento del rito, Plant eligió la restitutio in pristinum. Si lo había podido hacer, podría volver a hacerlo cada vez. Enfocándose en el sonido, reintegrando el espíritu creativo de ese tiempo extraordinario, desentendiéndose del imperativo del perfil alto, libre otra vez. En la era del sonido (cualquier era donde haya un músico lo es).

La última fue para Robert Plant una década ganada. Cada disco un milagro de frescura, la sensibilidad intacta, la confianza del camino al andar. Su nuevo disco lo lleva de vuelta a su terruño, luego de una incursión americana. Y Plant lee una vez más, con sensibilidad actual, es decir, tan contemporáneo como antes, las raíces musicales: el blues, el country, el folk, la música celta, los aires orientales, mostrando la íntima comunidad de los ritmos ancestrales, pasados por el filtro del hard rock que él mismo ayudó a diseñar, suavizado por el trip hop más refinado. Su voz perdió la estridencia juvenil y ganó en expresividad. Es uno de los mejores cantantes de la tierra, pero su virtud consiste en no tener que estarlo demostrando.

lullaby and... The Ceaseless Roar (así con minúsculas) es el nuevo disco de Robert Plant y The Sensational Space Shifters, una banda de ingleses prestigiosos que incluye a un par de Portishead (el tecladista Justin Baggot y el bajista Billy Fuller). Un disco donde narra una y otra vez su dolor por el extravío amoroso a una con un nuevo hallazgo artístico. Lo escuchamos esta noche en La otra.-radio. FM La Tribu. 88,7. www.fmlatribu.com



En la senda de Charley Patton
la niebla, la lluvia, el barro
en algún lugar al este de Tunica
a punto de darme por vencido
el auto gira en círculos
el camino es siempre el mismo.
En busca de auxilio y consuelo
voy a encenderla de nuevo
voy a subirla más.

A solas con la desconexión
no hallo una sola palabra
prendo la radio
y habla un tipo perturbado
date por rendido, dice
y serás salvado
El alejará tus demonios
Su auxilio está en camino.

Subilo más, oh
subilo más
ah...

Estoy perdido en América
estoy dado vuelta.

Estoy metiéndome con alguien
de quien oí decir muchas cosas.

Estoy cegado por el neón
el justo y el poderoso
estoy atrapado en la radio
prendela y dejame ir.

Una coincidencia afortunada
un poco de suerte
la radio de este auto
me trae una guía del cielo
una mínima contribución
me podrá en buenas manos
estoy llamando a un 0-800
no voy a perder la oportunidad.

Subilo más, oh
subilo más
ah...

viernes, 11 de febrero de 2011

Sail to me, here I am

La canción del verano 19 (¿la definitiva?)


Sail to me
sail to me
let me enfold you...



Here I am
Here I am
Waiting to hold you...



La canción Song to the siren fue compuesta por Tim Buckley y apareció en su LP Starsailor (1970). Posteriormente tuvo numerosas versiones, entre ellas las de This Mortal Coil, Geoege Michael, Cocteau Twins. Pero la que a mí más me gusta es la de Robert Plant

Las fotos de Nicolás Villalobos fueron tomadas en Cabo Polonio, Uruguay.

jueves, 3 de febrero de 2011

Me parece que ahora sí

Esta canción es de una belleza insuperable 16




Otro día que termina
y recuerdo cuando
mi mundo se vino abajo
la estrellas dejaron de bailar
ahora perdido en mi oscuridad
la lluvia sigue cayendo.

Luz de mi vida
¿dónde te has ido?
la llama verdadera del amor muere
sin el calor de tu sol.

Ah... Ah...

Aquí llega un tren azul
que atraviesa mi corazón
la lluvia sigue cayendo
tengo miedo de un nuevo día
puede ser que más tarde
el amor vuelva a rondar.

Luz de mi vida
¿dónde te has ido?
la llama verdadera del amor muere
sin el calor de tu sol.

Estuve esperando en una esquina
sí, esperando hallar un signo
estuve esperando en una esquina
esperando hallar un signo ahora.

Oh, ahora...

Luz de mi vida
¿dónde te has ido?
la llama verdadera del amor muere
sin el calor de tu sol.

Así que ya sabes, el tren se va
se lleva mi alma y mi corazón
suena el silbato, el tren avanza
va rodeado por mi oscuridad
suena el silbato, avanza el tren
lleva mi corazón.

Estuve esperando en una esquina
sí, esperando hallar un signo
oh, estuve esperando en una esquina
esperando hallar un signo ahora.

Suena el silbato, el tren avanza
llama a mi mente ahora.

Estuve esperando en una esquina
esperando la caída del sol
sí, el tren azul, es el tren azul
oh, un tren azul que avanza.

domingo, 9 de enero de 2011

Incluso esto pasará

Buscando a la canción del verano 5

por oac

Primero vino la etapa "el país en estado de shock tras la muerte de Néstor", a la que inmediatamente siguió la etapa "grata sorpresa por la irrupción de una nueva generación con compromiso político". Esta sorpresa dio lugar a la fase "euforia por el triunfo de Cristina en primera vuelta incluso para Poliarquía". Para dar por terminado el período de duelo, Carlos Pagni lanzó la etapa "el Departamento de Estado preocupado por la salud mental de la Presidenta", opereta que se desmoronó en cuestión de horas. Pero lo bueno no puede durar, así que sobrevinieron las etapas "El narcotráfico y la delincuencia venidos de Bolivia invaden los predios y dejan a los buenos vecinos en estado de indefensión" (puesta en escena de Cristian Ritondo), y sin solución de continuidad: "Arde Constitución, el país es un caos ingobernable y los muertos ya ascienden a...", una idea original de Lilita Carrió llevada a la pantalla en una coproducción entre el lumpentrosquista Néstor Pitroll y el Catedrático de Harvard Eduardo Duhalde.

Pero como incluso esto se termina, el caos ingobernable se esfumó en cuestión de horas, para dar paso a la "Fiebre del consumo en la Nochebuena de los Shoppings", auspiciada por Uvasal. "Temporada récord en la Costa Atlántica" no brindaba demasiada emoción, así que inmediantamente pasamos a la fase "No hay luz, no hay billetes, no hay monedas, no hay nada". Pero la programación de cable sigue las 24 horas  y hay que llenarlas. Esto no rendía televisivamente hablando.

Ahora, en un verano que no tiene la emoción de enero pasado, cuando Redrado había oKupado el predio del BCRA, hay que esforzarse en encontrar temas de hondo dramatismo. Entonces la derecha corporativa instala la melanKolía de Cristina: "la presi está triste, no para de llorar y Flor no quiere que siga". Fontevecchia hace punta en el relato que se ilusiona con sacar del medio a la candidata que parece arrasar en primera vuelta, ganándole las elecciones a Nadie, el segundo candidato con mayor intención de votos, seguidos, bien atrás, por distintos exponentes del mamarracho opositor. Daniel Hadad, Luis Barrionuevo, Mario Das Neves y el turco Asís, con sus diversas capacidades de presión, pretenden operar sobre la interna pejotista para impulsar la candidatura de Scioli en lugar de la melancólica viuda.

Eso por el lado de los Mediáticos sin Candidato. Porque también se ha desatado una mini-polémica en la blogosfera K. Los que tomaron la iniciativa fueron los exponentes de la Vieja Guardia Pejotista 2.0, que salen a defender la Esencia Inmarsecible del Mito Fundacional del General Perón sobrevolando la Historia con su Sonrisa Benévola. Encabezados por el sagaz Artemio López, quien no para de arrojar dardos venenosos y pedregullo contra el ladriprogresismo y sus diversas encarnaciones. La figura demonizada viene a ser Sandra Russo, quien hace unos meses tuvo la mala idea de hablar del kirchnerismo como "etapa superadora del peronismo" en un reportaje, y con eso solo encendió todas las alarmas de la Ortodoxia Juandominguera. Ahora Sandra ha pasado a constituirse en el Eje del Mal, en tandem quizá con Martín Sabatella, por las críticas que él hace contra la estructura corrupta del PJ bonaerense y por el lanzamiento de su candidatura a gobernador, apoyando a Cristina presidenta 2011 (sólo si es ella la que encabeza la fórmula presidencial y no cualquier otro figurón del PJ). En los blogs de la Ortodoxia se refieren con sorna y con sarna hacia todos aquellos que reivindiquen su pertenencia al proyecto kirchnerista sin sentirse a la vez peronistas. Los insultos a la orden del día son "progres", "izquierda boba", "gorilas", todo esto para referirse no a la Mesa de Enlace ni a Jorge Altamira ni a José Ramal que Para, sino a los que se reivindican kirchneristas pero no peronistas.

Este debate parece tener poco gollete, a menos que se trate de una reacción de los viejos perucas que miran con desconfianza a la camada de jóvenes y de otros sectores sociales recién llegados, que se sienten convocados por las figuras de Néstor y Cristina pero a los que la foto del General subido al caballo pinto no les para la pija, mientras la frase "la realidad es la única verdad" les suena a una huevada con rima. A estos sectores que se hicieron visibles en el velatorio de Néstor se los ningunea diciendo que son operados por 678, con los mismos argumentos con los que hace poco la derecha antikirchnerista despreciaba a los movilizados en apoyo al gobierno. En lugar de tratar de comprender la novedad de esta irrupción, la Ortodoxia se refugia en presuntas certezas doctrinarias según las cuales se trata siempre del genio inagotable del General, eterno en el alma de su pueblo. "El peronismo es la vía irreductible hacia todo" es la exquisita síntesis a la que se llegó en uno de estos sorprendentes debates blogosféricos. Cómo estará la cosa que hasta apareció Quintín, después de su fallida aventura carriotista, para alinearse junto a la Ortodoxia Justicialista. Dice el ex-árbitro de fútbol y ex-crítico de cine:

"Me parece que si el kirchnerismo tiene alguna esperanza es la de integrarse en el peronismo. De lo contrario, su destino será realizar los postulados de la Revolución Libertadora. La soberbia y el sectarismo progresistas hacen temer que las cosas enfilen hacia ese terreno".

Q trata de congraciarse sin demasiado éxito con la Ortodoxia, con frases que difícilmente se animaría a repetir en su propio blog.

¿Seguirá mucho tiempo más esta pequeña reyerta bloguera entre los K no P y los P ahora K? ¿Se agudizará en cuanto se empiecen a barajar los nombres del vice que acompañe a Cristina en la fórmula presidencial? ¿O se esfumará en cuanto la derecha corporativa lance una nueva ofensiva destituyente?

De todo esto quizás hablemos esta noche en la radio (quizás no), con la presencia de Gonza Fernandez (del programa Rebeldes Estereotipos, de FM La Tribu) y el ya anunciado Hank Soriano. Incluso esto pasará:

Una vez hubo un rey en Persia
que sobre el sello de su anillo
grabó una máxima verdadera y sabia,
la que, con solo tenerla ante la vista
se ajustaba a cualquier azar
palabras solemnes que decían
"incluso esto pasará."

Hileras de camellos en la arena
traían joyas desde Samarcanda
y las flotas de galeones surcaban los mares
trayendo perlas que hacían juego
pero él no contó como ganancias suyas
esos tesoros de la mina o de altamar
"¿qué es la riqueza?" el rey diría:
"incluso esto pasará."

En medio de los fastos de su corte,
en el cenit de su reino,
cuando las palmas de todos sus invitados
ardían de tanto aplaudir
él, entre los higos y el vino,
exclamó: "¡oh, queridos amigos míos
los placeres vienen pero no se quedan,
incluso esto pasará."

Elevándose en la plaza pública
a veinte codos de altura
se erigió su estatua tallada en piedra.
entonces el rey, disfrazado, desconocido,
parado ante su nombre esculpido
Meditó con mansedumbre: "qué es la fama
sino una lenta decadencia,
incluso esto pasará".

Diezmado por las llagas, paralítico y viejo
Esperando ante las Puertas Doradas
dijo con su último aliento
"la vida ha sido, pero ¿qué es la muerte?"
Luego, en respuesta al rey,
cayó un rayo de sol sobre su anillo,
como un mensaje celestial:
"incluso esto pasará."

Hoy a la medianoche en La Tribu. 88.7