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sábado, 23 de mayo de 2015

Programazo: Koza / Aloras / Cannes / D'Angelo / Domingo medianoche

Todas buenas noticias: el cine que Roger Koza está viendo, el que en un tiempo -ojalá- vamos a ver.


Hou Hsiao-hsien: "La nueva película de Hou pertenece a una especie en extinción llamada cine clásico. Los secretos y saberes de ese cine del que ya casi no quedan exponentes le importan poco a una gran mayoría, y son una minoría notable los que resguardan esa devoción por la imagen en movimiento. Es que lo que sucede en The Assassin es verdaderamente de carácter alucinatorio, porque todo, absolutamente todo, está al servicio de esa historia que parece menor pero que no es otra cosa que la estructura propia y el develamiento del poder en general en un contexto histórico que no se elude. Esto no es el limbo, sino una época del mundo que reenvía signos pretéritos a un sistema de corrupción que tal vez no ha sido superado del todo. Es una película fulgurante, irrepetible y de una hermosura pocas veces vista en el cine. Es como encontrarse por primera vez con una película de Mizoguchi o Dreyer y ser uno de los primeros testigos de una obra que, desde ese momento, se sabe que será un clásico hasta el fin de los días". [Completo acá]


Apichatpong Weerasethakul: "Es casi una afrenta y un ejercicio de poder obsceno que Cemetery of Splendour, la nueva película de Apichatpong Weerasethakul, esté en la segunda competencia de importancia, siendo el director tailandés uno de los ganadores recientes de la Palma de Oro. Cuando dos días atrás tuvo su estreno internacional, la indignación resultó mayor.

"La tensión acechaba en el Teatro Debussy. Subieron los productores y Apichatpong Weerasethakul, y éste, con su amabilidad característica, agradeció y dijo lo que se tenía que decir sin apelar a la mala educación. Joe, como le dicen sus amigos cercanos, afirmó estar muy contento de participar en una sección dedicada a descubrir nuevos talentos". [Completo acá]


Manoel de Oliveira: "De Oliveira, a sus 73 años, decide hacer una película personal que recién su público conocerá a una vez que él esté muerto [Visita ou memorias e confissos]. Es probable que a principios de la década de 1980 el realizador de Gebo y la sombra no podía imaginar que viviría aún por más de tres décadas. Su longevidad es todavía más enigmática. Había especulaciones sobre los motivos de esta confiscación de un material que, tras la interdicción en vida, la muerte viene a liberar. ¿Algún remordimiento de naturaleza política? ¿Alguna mácula en el trayecto de una vida que resultaba inconfesable? Ahora que se ha visto, nada había para esconder. La amabilidad de la película no solamente nada tiene que ocultar, sino que el clima confesional no parece detenerse frente aquello que para un hombre lo es todo.". [Completo acá]


Cornelio Porumboiu es un genio. Filma cada vez mejor; el suyo es un cine puro, consistente, de una eficacia narrativa notable. Por ejemplo: un auto; en él viajan el padre y su hijo. Plano medio sobre el niño sostenido por un rato y un conflicto en pleno desarrollo: el padre llegó tarde a buscarlo a la escuela. El congestionamiento callejero, aparentemente, lo demoró. Así lo entiende también el niño, pero todavía sigue molesto. ¿Por qué? La conversación que se mantiene en el auto es extraordinaria. Justeza melódica en los diálogos y decisión de registro perfecta sobre cuándo dejar el foco en un personaje o cambiar el ángulo y la perspectiva; la reproducción y la lógica de los giros argumentativos son contundentes, una especialidad de los rumanos en general y de Porumboiu en particular. [The treasure, completo acá]


Nanni Moretti: La nueva película de Nanni Moretti, Mi madre, también habla de la confrontación con la muerte de un ser querido. El tono sereno y no exento de comicidad predomina en una de las películas más simples y menos narcisistas del director, incluso cuando la inspiración viene de la muerte de su propia madre. En el film, es una directora la que está rodando una película sobre una lucha sindical en el contexto de una fábrica. La escena inicial es magnífica porque empieza con una manifestación en la que la bronca de los operarios tiene una verosimilitud táctil hasta que alguien grita “¡Corte!”. Los otros cortes son de orden onírico. A menudo, la directora tiene algunos sueños. Uno de ellos, por cierto, es hermoso. Mientras espera el estreno de una película suya va caminando por una larga fila; puede divisarse su nerviosismo. La puesta en abismo, entonces, es doble: sueños y secuencias de la película en la película. [Completo acá]

[Todos los textos anteriores provienen de la pluma febril de Roger Koza en Cannes; mañana  en La otra.-radio conectamos directamente con él, tras el cierre del festival]


Black Messiah del músico proveniente de Richmond, Virginia, fue elegido el disco del año 2014 por La otra (acá). Gonzalo Aloras tuvo la oportunidad de ver hace un tiempo en vivo a este asombroso talento. Mañana Gonzalo Aloras lo cuenta en La otra.-radio. The last DJ trae además algunas otras gemas inesperadas.




The last DJ este domingo a medianoche en La otra. FM La Tribu, 88,7. Online HD o SD.

jueves, 19 de julio de 2012

Estoy en llamas

Bat for Lashes en La otra.-radio
Domingo a la medianoche




Ey, nenito ¿está tu mamá en casa?
ella se fue y te dejó solo
tengo un mal deseo
estoy en llamas.

Ahora decime, nene, ¿ella es buena con vos?
¿puede hacerte las cosas que yo te hago?
puedo alzarte más alto
estoy en llamas.

A veces es como si alguien empuñara un cuchillo, nene,
afilado y mellado, y abriera un valle de 6 pulgadas
en el centro de mi alma.

Por la noche me despierto entre sábanas mojadas
y un tren de carga cruza por mi cabeza
Sólo vos podés aplacar mi deseo
estoy en llamas.



Hace poco descubrí, gracias a una recomendación de mi amigo Marcos, a una cantante inglesa increíble llamada Natasha Khan, que lleva por nombre artístico Bat for Lashes. Y quedé subyugado por su voz misteriosa y sensual. Lleva editados dos discos, Fur and Gold (2006) y Two Suns (2009). Y el primero termina con esta versión de I'm on fire, el gran tema de Bruce Springsteen al que Natasha le cambia el género (donde Bruce canta "little girl", ella dice "little boy"). La versión de Natasha es un poco más lenta pero tan buena como la original. Y al escucharla fue inevitable remontarme a una escena genial de Pallombella Rossa, la obra maestra de Nannni Moretti. En medio de un partido de waterpolo, y sin que exista ninguna justificación, alguien pone un casete con el tema de Springsteen; el juego entonces se detiene un momento y todo el estadio queda cautivado por la canción. Es una escena inolvidable, absurda, ridícula y sublime, una de esas mágicas salidas musicales por las que las comedias de Moretti se elevan a un plano superior. Ya que hablamos de esa canción, no me pude resistir a traer la escena:



El domingo escuchamos a Bat for Lashes en La otra.-radio. FM La Tribu. 88,7. Online.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¡Peccato!

La última de Nanni Moretti


por Oscar Cuervo

Ningún comentario sobre Habemus Papam pudo resistirse a la tentación de contar la película: el recién elegido Papa, el cardenal Melville (Michel Piccoli), sufre un ataque de pánico o algo así cuando tiene que salir al balcón a saludar a los fieles que esperan el anuncio de su designación. El virtual Papa está aterrrado. Entonces la burocracia vaticana llama a Nanni Moretti, que es el mejor psicoanalista de Italia, para que preste sus servicios profesionales. Y Nanni tendrá que analizarlo, con todo el colegio cardenalicio presenciando la escena. Poco antes recibió una instrucción del asistente papal: en el diálogo con Su Santidad no se puede hablar de sexo, de deseos incumplidos, ni de sus sueños. Como venta de la película, es irresistible. ¿Quién que conozca el cine de Moretti podría negarse a verla? "El alma y el inconsciente no son compatibles" dice el burócrata vaticano; "veremos" dice Nanni. Uno puede cerrar los ojos y ver la escena antes de verla; y reírse de solo pensarlo.

Admiro a Nanni: casi todas sus películas me gustaron mucho: digamos, un 80 % de las que hizo me parecen buenísimas. Y algunas de ellas, directamente, geniales: el primer episodio de Caro diario, toda Palombella Rossa, Bianca, La messa è finita (que acá fue estrenada con un título algo estúpido: Basta de sermones). Incluso La habitación del hijo me parece magistral, un drama en el límite de lo soportable, filmado con una delicadeza milagrosa, y con un par de escenas muy graciosas. Creo que lo que más me gusta de su cine es ese vaivén impercetible entre la comedia y el drama. Cultiva un género que podríamos denominar "comedia amarga". Y en medio de ese vaivén se permite cantar: las canciones muy a menudo son puntos de inflexión en sus películas. Canciones populares, que de pronto empiezan a sonar en el espacio habitado por sus personajes, que no pueden evitar cantarlas y bailarlas. La canción irrumpe en medio de una situación y la transfigura. Mi momento favorito de todo su cine es cuando en Palombella Rossa, durante la detención de un partido de waterpolo, empieza a sonar Bruce Springsteen con I'm on fire:


Sencillamente sublime.

Lo primero que vi de Habemus Papam es justo uno de esos momentos cantabiles, la voz de la Negra Sosa aparece en el aire vaticano cantando Todo cambia:


Lo vi por youtube y no necesité más para ansiar ver la película entera.

Bueno: esa escena es, de lejos, la que más me gustó: un scherzo de pura gratuidad, un momento lúdico compartido por cardenales, cineasta y espectador.

Estoy tratando de decir que Habemus Papam me decepcionó. Después de haberla visto, tengo la explicación adecuada: el arranque narrativo es tan irresistible como ingenioso. Y eso es lo mejor y lo peor que se puede decir de una película así. 

Como en buena parte de su obra, se trata de la conciencia de una crisis. Personajes que se sostienen a partir de un sistema de creencias que, por algún motivo más o menos aleatorio, se desmorona. Un psicoanalista al que se le muere un hijo (La habitación del hijo), un diputado comunista que se da un golpe y no puede recordar qué cosa significa ser comunista (Palombella...), un cura de pueblo que toca fondo al enterarse de que su hermana se hizo un aborto (La messa è finita). Es una grieta producida por un golpe exterior que no hace más que poner en evidencia otra grieta más profunda, incorporal, que viene de dentro, no sé si les suena. Esa idea le ronda a Nanni desde hace años. Hizo muy buenas variaciones sobre este tema. En las anteriores, el que experimenta la crisis es el personaje encarnado por él mismo. Y resulta revelador ver cómo los roles del diputado comunista (Palombella...) y el cura de pueblo (La messa è finita) son intercambiables. Esa sola analogía derriba cualquier presunción acerca del artista librepensador que fuera capaz de burlarse de la Italia católica. Así que yo no fui a ver Habemus Papam esperando una aguda sátira del mundo vaticano. Sé que Nanni tiene cuerda para más que eso.

Y efectivamente, no hizo eso: el personaje del Papa Melville con ataque de pánico (extraordinario Piccoli) es un tipo noble, sensible, tierno, lo más alejado posible de lo que un librepensador puede creer que es un Papa. Es una belleza de personaje. Del otro lado, Nanni es Nanni, pero ya canchero, aplacado (ya no se enoja como antes). A cierta altura, las líneas de la película se bifurcan: Piccoli se escapa y Nanni se queda con los cardenales, para hacer la Gran Nanni. Y de pronto, hacia el final, inexplicablemente, el personaje del psicoanalista se esfuma: como si nunca hubiese importado, como si el autor no supiera bien qué estaba haciendo en medio de su propia película.

¿Entonces? Las dos escenas persistentes son la de la canción de la Negra y la abdicación del Papa, el balcón vacío. Una el reverso de la otra. El discurso final del Papa explicita lo que de algún modo había quedado claro a lo largo de todo el metraje: el cura vacila, se siente vulnerable, no se cree capaz de ser el pastor de almas que todos esperan. Un acto de parresía. Se habló mucho, en las reseñas, del acto de desobediencia. No concuerdo. No hay desobediencia en la abdicación de Melville, más bien todo lo contrario. Que el Papa fuera humano, que sintiera miedo, que se mostrara vulnerable y se reconociera frágil y que, no obstante todo eso (o mejor aún: por eso mismo) asumiera su Papado, eso sería un acto de auténtica desobediencia institucional. Eso sería parresía: un Papa frágil en medio de la opulencia católica. Reconocer su debilidad sería el verdadero acto de fe. Que ese sea en cambio el motivo de la abdicación vuelve a la película una fábula lineal, rayana en un sentido común decepcionante: un cura que vacila no tiene fe. Es un desperdicio artístico que Nanni lo resuelva así.

No es que él no pueda hacer otra cosa: la escena del Todo cambia dejó expuesta la posibilidad: ahí aparece la Gracia, nada menos que en terreno enemigo: en el Vaticano. Moretti en otro momento sería capaz de conectarse con esa posibilidad de manera más persistente, extraer de esa idea las últimas consecuencias.

Habemus Papam está filmada y actuada con toda la elegancia que un cineasta como él es capaz de exhibir. Pero está pensada con pereza y autoindulgencia. Un pecado imperdonable.