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sábado, 5 de abril de 2008

¿Qué es el peronismo? III

Seguimos con el asedio a esta identidad política tan esquiva y tan gravitante aún en la sociedad argentina. Hasta ahora, en esta serie hemos presentado a algunos autores que expusieron la perplejidad, la irritación, el miedo y la tristeza con que cierta intelectualidad porteña recibió la irrupción de las "hordas" peronistas en 1945 (acá y acá).

Pero hubo un militante y pensador de izquierda llamado Aurelio Narvaja que, desde su publicación FRENTE OBRERO, vio otra cosa, más difícil de ver en ese momento y por lo visto aún hoy. Así presentaba Jorge Abelardo Ramos a Aurelio Narvaja:



"Al producirse el 17 de Octubre, cuando aún las masas que habían protagonizado los sucesos no sabían exactamente cómo llamarse a si mismas, en el periódico "Frente Obrero", Narvaja interpretó sobre caliente los acontecimientos e inventó una palabra que sería luego bastante conocida: peronismo. Sin comprometerse con el Coronel Perón, marcó a fuego a sus adversarios de la izquierda y la derecha, abrazados y petrificados en la "Unión Democrática".

"Nadie explicó el origen y significación del peronismo, en el mismo momento, más lucida y rigurosamente que Narvaja. Asoció a la izquierda socialista la palabra nacional por vez primera. La clientela pequeño burguesa del gran puerto, aunque han pasado dos generaciones, aún no se ha repuesto de la consternación."

Y esto es lo que escribió el propio Narvaja en las jornadas inaugurales del peronismo, en su revista FRENTE OBRERO:


“Los acontecimientos de los días 17 y 18 de este mes han dejado perplejos y confundidos a los stalinistas, socialistas y en general a toda la pequeña burguesía que se hallaba bajo el influjo ideológico de la oligarquía y del imperialismo... La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón!. Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así tratan, ahora, la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones populares de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ‘proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente...

"La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresion débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista".

"Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas. Ve que los más abiertos y declarados enemigos del coronel lo constituye la cáfila de explotadores que querían enriquecerse vendiéndole al imperialismo angloyanqui, junto con la carne de sus novillos, la sangre del pueblo argentino...

"Aquellos que desconocen el sentido y la importancia de las tareas nacionales en nuestra revolución están incapacitados para comprender estos acontecimientos: en general, están incapacitados para comprender nada. Los que se engañaron tomando la movilización de estudiantes, burgueses y damas perfumadas (la Marcha por la Democracia y la Libertad del 19 de setiembre) por los preludios de la ‘revolución’, juzgan a la huelga general de l7 y 18 de octubre como una especie de aberración que echa al suelo todas sus teorías. La aberración estaría, en todo caso, en que individuos que se denominan a sí mismos marxistas, se pongan del lado del imperialismo en sus escaramuzas con algunos sectores de nuestra burguesía semicolonial... Por primera vez, en muchos años, la clase obrera ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo de nuevo en movimiento”.

AURELIO NARVAJA

viernes, 29 de febrero de 2008

¿Qué es el peronismo? I


(Comenzamos una serie que puede que sea bastante extensa; no se trata solamente de lo que cada uno dice del objeto por el que se pregunta, sino del punto de vista desde el cual se habla.)

«El 17 de octubre esos demonios [los demonios de la llanura] salieron a pedir cuentas de su cautiverio, a exigir un lugar al sol, y aparecieron con sus cuchillos de matarifes en la cintura, amenazando con una San Bartolomé del barrio norte. Sentimos escalofríos viéndolos desfilar en una verdadera horda silenciosa con carteles que amenazaban con tomarse una revancha terrible.» (Ezequiel Martínez Estrada, ¿Qué es esto? Catilinaria, Buenos Aires, 1956).

«Mi situación es muy semejante a la de Job y en lugar de discurrir sobre el bien y el mal, di en cavilar sobre mi país. Pues así como yo padecía de una enfermedad chica, él padecía de una enfermedad grande; y si yo pude haber cometido alguna falta pequeña, él la habría cometido inmensa. Yo y mi país estábamos enfermos.

«Inmediatamente reflexioné y recordé que Dios solía castigar a los pueblos valiéndose de los hombres, como leemos en la Biblia. Al propio pueblo elegido con personas de su fe o de otra; y a otros pueblos con éstas o con otras personas.

«Gengis Khan se llamaba a sí mismo "el látigo de Dios". Es frase común que fueron azotes o flagelos de Dios, Alarico, Atila, Tamerlán, Gengis Khan -¿y por qué no?- César Borgia, Bismarck, Mussolini, Hitler, Stalin y Perón. Perón ha sido un castigo de Dios.

«Había entonces una relación verdadera y misteriosa entre individuo y sociedad, entre ciudadano y nación, entre historia y biografía. Era nuestro caso, el de mi país y el mío. Pensé: ¿qué falta pudo haber cometido mi país para ser castigado tan duramente? En circunstancias de esta clase llamamos con frase un tanto grosera "hechos históricos" a lo que son hechos de conciencia o pecados colectivos. No os extrañéis de este lenguaje insólito en mí. No tiene nada de misticismo ni de teosofía: es que, simplemente, necesito emplear metáforas y un lenguaje figurado en cuanto me es posible para expresarme con más veracidad, exactitud y sencillez. ¿Qué pecado, digo, había cometido mi desventurado pueblo? Sin duda alguna contra el espíritu nacional de la historia, algún pecado contra el Espíritu Santo. Pensé: si hemos vivido siempre cerrando los ojos a los deberes de una vida superior, realmente espiritual ¿no sería justo el castigo?...» (Discurso improvisado de Ezequiel Martínez Estrada en la cena ofrecida en el Club Universitario de Bahía Blanca el 18 de enero de 1956, durante el gobierno de la llamada revolución libertadora.)

jueves, 28 de febrero de 2008

Chimpancés


En la revista Ñ del pasado 23 de febrero dice el historiador argentino Tulio Halperín Donghi:

«Mi sincera opinión del peronismo –creo que no tengo ningún motivo para cambiarla –es que es un mamarracho. Pero no es mía la definición. Es de Lily O 'Connell, la hermana de Arturo, que estaba en la Embajada de Washington. Cuando vino Cámpora y con él volvieron los peronistas, ella de pronto se preguntó por qué tanto problema con los peronistas: "Dicen que son comunistas. Eso es un disparate. Otros dicen que son fascistas, pero media Argentina es fascista, incluso los no peronistas" . Y agregaba: "Hasta que llegaron y los vi, con sus bigotes de escobillón. . . " ¡Son los mismos mamarrachos de siempre!».

Podría pensarse que se trata de un exabrupto, viniendo de un prestigioso intelectual, referente máximo de la historiografía argentina actual. Claro que en el concepto “mamarracho” no habla la ciencia historiográfica, sino que se trata de la opinión de un particular, por más prestigioso que sea. Estas palabras quizá hubieran provocado en otros momentos del país una gran polémica, pero en este caso no pasó nada. Raro, si consideramos que el actual gobierno es peronista y si hacemos caso de lo que dicen representantes de la oposición como Elisa Carrió y periodistas prestigiosos como Mariano Grondona, Quintín o Jorge Fontevecchia acerca del carácter autoritario del gobierno. ¿Será que no pasa nada porque en realidad el gobierno no es peronista? ¿O porque siéndolo, no es autoritario y exabruptos como el de THD pueden emitirse sin que siquiera despierte ninguna réplica? ¿Será porque lo que diga THD no le importa a nadie? ¿Será que THD no es un intelectual importante? ¿Todo eso junto o un poco de cada cosa?

El antiperonismo que expresa THD parece gozar de una salud tan buena como el clásico antiperonismo denominado por décadas “gorilismo”.

Precisamente: unos días antes de que se publicaran estas declaraciones, el actual director de la carrera de Sociología de la UBA, el sociólogo
Lucas Rubinich respondía a una pregunta de otro Halperín (Jorge, periodista de Página 12):

«-(...) venimos a las elecciones presidenciales de hace algunos meses, octubre de 2007, en las que se dijo que volvió un clima de “gorilismo”. ¿Qué significado tiene esto hoy?


–Yo creo que el significado es básicamente antipopular. En este caso no es sólo el que rechaza a los sectores populares, sino, en particular, al peronismo. Ya que el peronismo es identificado con cierto desorden, con prácticas políticas non sanctas, con una serie de cosas que no se adhieren a una idea más abstracta de lo republicano, una idea de escritorio o de tablero. La política real siempre tiene una serie de dificultades, pero uno se encuentra con que la mirada antikirchnerista había provocado como reacción una Coalición Cívica que integraba a distintos sectores, que coincidían básicamente en su antiperonismo. No había que hacer demasiado esfuerzo para encontrar cierta connotación antipopular en esa alianza. Igual, sigue teniendo cierta zona de ambigüedad.

–Ahora se critica el autoritarismo...

–Ahora hablan del autoritarismo, y realmente me parece que utilizar esa terminología es, como se dice, gastar pólvora en chimangos. Después de toda la experiencia cruel que tuvo la Argentina con las dictaduras, blandir la palabra “autoritarismo” de una manera inconsciente e irresponsable porque tengo un estilo más o menos simpático con los periodistas, me parece que es una exageración.


–Hasta escuché a un sociólogo, como Manuel Mora y Araujo, que desde un lugar distinto me dijo: “Volvió el voto antiperonista”.

–Bueno, estoy de acuerdo. Admito que son generalizaciones, pero efectivamente, es verdad: sectores medios que miran con cierta desconfianza al peronismo pueden haber utilizado nuevamente los argumentos del antiperonismo. Tal como se presentó en los medios la idea, y tal como fue la estrategia de la oposición, consistió en captar un voto decididamente antiperonista. Ese voto antiperonista anclado en sectores medios que miran con desconfianza a lo que ven como autoritarismo no elegante, y, sobre todo, asociándolo a las relaciones que tenía Néstor Kirchner con Hugo Chávez, puede asustar a una cantidad importante de sectores medios y reproducir algo del espíritu del voto antiperonista.»




Difícilmente alguien acepte hoy ser gorila. Y, salvo excepciones como las de THD o tal vez Juan José sebrelli, es difícil encontrar que algun político diga ante los micrófonos que es antiperonista (otra cosa es lo que dicen cuando los micrófonos no funcionan). Lo más común es escuchar una reivindicación del pueblo peronista, como dice una
asidua comentadora del blog de Tomás Abraham,

«...si bien no soy peronista, soy solidaria con quienes llamo “peronistas de alma”, aquellos que sienten al peronismo como un movimiento que ayudó a que una clase desposeída y maltratada finalmente comenzara a ser tenida en cuenta …. los que no me gustan nada son algunos de sus corruptos y oportunistas dirigentes…»

¿Será esta una forma soterrada del gorilismo, que dice ser solidaria con quienes al mismo tiempo se subestima, ya que se los considera incapaces de advertir que sus dirigentes son corruptos y oportunistas?

Tomás Abraham decía en noviembre de 2007, en las
notas políticas (oct/nov de 2007) publicadas en su página web:

«Gorilismo: Sobre un concepto perimido

«Interpretar la realidad política argentina, además de la elección reciente, en términos de peronismo-antiperonismo es instalar una opción que no tiene vigencia desde hace cuarenta años. El doble del tiempo que se tomaron los radicales para dirimir su personalismo o antipersonalismo después de Yrigoyen. El dilema postperonista termina con el Cordobazo y la renuncia del General Onganía que prepara el retorno de Perón. A partir de ahí, 1969, nace la guerra civil peronista ampliada –hasta ese momento había sido una guerra sindical– por la que el movimiento es objeto de la lucha entre facciones castristas, neotacuaristas, falangistas, nacionalistas, etc. Durante el Proceso es Massera quien trata de apropiárselo mediante la alianza con grupos del lorenzismo y de los montoneros. En veintitrés años de democracia el peronismo fue menemismo luego de haber intentando un cambio renovador con el manzanismo y el grossismo. Durante Menem, el peronismo se hace neoliberal y trata de iniciar lo que Jorge Castro llamó una “revolución conservadora”, moderna en la economía y tradicional en lo cultural: es decir nacionalista y macartista. Fue más bien farandulera.

«El carapintadismo y el seineldinismo se hacen peronistas, Rico es peronista, Macri fue simpatizante peronista gracias a Menem, lo mismo Daniel Scioli y su imprevisto hermano José, Patti, Reuteman, Palito, el mismo Narváez que cantaba la marchita por los pueblos de la provincia, por supuesto Lavagna, Mendiguren, Alberto Fernández y Cavallo, Cavalieri, Quindimil, Solanas, Valeria Mazza, de Vido, Sofovich, todos los caudillos del NOA. Por lo tanto no puede haber antiperonismo ni gorilismo porque hace rato que no existe el peronismo. Lo que sí existe es la simbología peronista que permite que sectores dominantes se legitimen en una historia de hace sesenta años de la que han hecho leyenda protectora para sus intereses. Y funciona, no por definición de movimiento, que por su voracidad digestiva todo lo traga y acomoda, sino por ser albergue permanente de todo tipo de saqueadores, unidad básica de oportunistas y trepadores mediáticos, coleccionistas de almanaques antiguos, doctores en Realpolitik, tangueros de la lealtad, frepasistas sushi, rentistas temerosos, hechiceros y megalómanos, además de los antiimperialistas de tablón. En síntesis y para citar a David Viñas: el peronismo es el sentido común de los argentinos.»



Y bien: ¿qué pasa con el gorilismo? ¿es un conceptto perimido? ¿o es una fuerza operante en la politica argentina actual? ¿son las declaraciones de THD el exabrupto de un dinosaurio en extinción, que no se vincula de ninguna manera con el renacimiento del gorilismo del que habla Rubinich?

Hace poco, en una discusión yo admití que el término gorila resulta un tanto inadecuado para caracterizar a una posición política actual. Ya no existen gorilas, porque tampoco existen los peronistas. ¿O seguimos gobernados por peronistas pero ya no hay gorilas?

Pero en la historia las cosas nunca desaparecen del todo, sino que mutan. Muchos dicen “peronismo” y tienen una representación lineal, filtrada por el sentido común y el imaginario de las señoras que llaman a las radios en los programas matinales. Enseguida piensan “gordos”, “choripán”, “manada”, “clientelismo”. O como dice THD: “mamarracho”. Esa reducción de un objeto complejo no creo que sea inocente. Si hay algunos conceptos en la política argentina que hay que problematizar, uno es este: “peronismo”. Es casi más un tema para filósofos que para politólogos o historiadores (dada la pobre idea que puede aportar el pope máximo de la historiografìa argentina).

Está claro que el peronismo no es hoy exactamente lo mismo que era en 1945 o en 1973. Pero eso no quiere decir que se haya extinguido en la nada. ¡Qué va! Sigue siendo el único sector político que puede gobernar en la Argentina durante períodos completos mediante elecciones libres. Esto no quiere decir que siempre vaya a ser así, ni que estos gobiernos sean necesariamente buenos. Pero creo que la política pasa por articular poderes (a menos que alguien piense que ir a hacer vaticinios a los programas de tv sea hacer polìtica) y eso nadie ha demostrado saber hacerlo mejor que los peronistas en la Argentina de los últimos 50 años.


Bien, así como el peronismo ya no es lo que era, pero sigue siendo algo en la Argentina, así los gorilas de ayer (Aramburu, Rojas, Alsogaray, Grondona, Halperin Donghi, Martinez de Hoz, Sebrelli, etc.) no son lo mismo que los x de hoy, pero en algo se le parecen. ¿Qué hacemos? ¿Inventamos una nueva palabra? ¿Neogorilizamos? ¿Chimpanceamos? ¿Lilitamos? ¿Grondonamos? ¿Fontevecchiamos?

OSCAR ALBERTO CUERVO