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lunes, 8 de abril de 2019

Bafici devaluado II: London, the modern Babylon


por Marcos Perilli

Uno de los focos más interesantes de este BAFICI devaluado es el dedicado al cineasta y realizador de videoclips inglés Julian Temple. Con solo ver la lista de clips que dirigió en su extensa carrera -y que no han sido incluidos en este foco, lo que es una verdadera lástima, porque es uno de los aspectos más destacados de su creación- se puede entender su importancia en la historia de ese género: "God Save the Queen" de Sex Pistols; "Hey Hey, My My (Into the Black) y "Harvest Moon" de "Neil Young; "Do You Really Want to Hurt Me" de Culture Club; "The Meaning of Love" de Depeche Mode; "Come Dancing" de The Kinks; "Too Much Blood" de Rolling Stones; "Smooth Operator" de Sade; "Too Much Information" de Duran Duran o "Beautiful Night" de Paul McCartney. Hubiera sido muy bueno incluir algunos de sus notables aportes al género... pero se ve que el presupuesto o la imaginación de los programadores no dio para eso. Algo de la destreza rítmica adquirida en la realización de estos clips se percibe en el ritmo vertiginoso de su documental London, the modern Babylon (2012) en el que puede mantener ese vértigo a través de vibrantes 125 minutos.

London, the modern babylon es un collage de sucesos que oscilan entre el presente y el pasado -y a veces, gracias a su uso libre de la musicalización, un pasado narrado con la sensibilidad pop del presente-, contándonos no solo recordables sucesos de su historia, que emana de los protagonistas que la habitan, la sufren, la conquistan y disfrutan, sino también sus contrastes culturales y sus conflictos violentos.

Toda idea preestablecida de la famosa cultura inglesa, tan formal y almidonada, representada por hombres de traje y sombrero bombín, queda relegada en la mirada de Temple a un mero lugar común. En la ciudad que alguna vez fue centro del imperio más extendido de la Tierra, que supo sufrir guerras mundiales y pobreza digna de otras latitudes, se suceden revueltas, trifulcas y desacatos al orden establecido. La película se desenvuelve a través de su vasta y excitante cultura pop y las continuas peleas callejeras del pueblo con la policía.

La vanguardia en cuestión de rebelarse la llevaron las mujeres feministas británicas a principios del siglo xx y a partir de ahí los trabajadores, los inmigrantes, los jóvenes o los basureros se las ingeniaron siempre para desafiar las reglas y enfrentar a las fuerzas del orden. Otro punto que Temple destaca en su película es la conflictividad racial permanente, renovado en cada oleada inmigratoria (los judíos perseguidos en Europa, los negros, los africanos y asiáticos...) que en toda época generaron reacciones de un nacionalismo retrógrado y hasta la actualidad no dejan de chocar con un muro de defensores de la inmigración que le ha permitido a la ciudad establecerse como una sociedad multicultural.

El documental claramente es contado por las clases populares, "desde abajo hacia arriba", como dijo Temple al final de la proyección, mirando de reojo a la realeza y las clases dominantes; como si su verdadero corazón radicara en su puerto y suburbios y la sangre que anima a sus trabajadores. La Britania que Temple muestra es la de las rebeliones callejeras indómitas y no la del ridículo ornato monárquico, hoy ya decadente.

En la charla, Temple se refirió a la realización de este documental -que le llevo 7 años-, como una montaña rusa de emociones, en las que a veces estaba muy deprimido y en otras llegó a sentir un verdadero colapso nervioso. Por lo que no es extraño, al verlo, experimentar los subibajas del tiempo, transportados gozosamente por una música irresistible (desde The Kinks hasta los Sex Pistols y The Clash, desde las viejas melodías del music-hall hasta Linton Kwesi Johnson, sin olvidar por supuesto a los Stones), en torbellinos de imágenes y canciones que nos cantan y nos cuentan una ciudad turbulenta y vibrante.




domingo, 22 de abril de 2018

Las buenas maneras: BAFICI 20 (La mejor)


Cuando llega la época del destete, 
la madre ennegrece el seno, 
porque conservar su atractivo sería perjudicial 
para el niño que debe dejarlo. 
De este modo cree que su madre ha cambiado;
 pero el corazón de ella es siempre el mismo,
 y su mirada está siempre llena de ternura y de amor. 
¡Feliz aquel que no tiene que recurrir 
a medios más terribles para destetar al niño!
Johannes de Silentio, Temor y temblor

por Marcos Perilli

Dos directores brasileños, Juliana Rojas y Marco Dutra, trajeron al Bafici 20 una película excepcional, desde mi punto de vista la mejor de esta edición. No es posible exagerar los elogios hacia As boas maneiras, porque contiene todos los condimentos que sazonan un cine exquisito. El planteo narrativo juega con el uso de varios géneros (terror, fábula, musical, drama, comedia, melodrama, dibujos) sin que de esto resulte un pastiche. El juego con los géneros está pasado por el filtro de una estilización que los transforma, ante la mirada del espectador, en otra cosa que lo que uno espera. Es notable la manera en que, para lograr esta depuración, los realizadores se valen de una dirección de arte que cuida hasta en los más mínimos detalles el color, la luz, los fondos pintados y la caracterización de los personajes. Los aciertos de casting empiezan por la elección de una protagonista, Clara, que desde la secuencia inicial de la película fascina por su belleza misteriosa, andrógina e inquietante; también es genial la actuación de Joel, el niño al que en este cuento de hadas contemporáneo le va a tocar ser el portador de la otredad.




Por medio del recurso de un mito popular que aquí no revelaremos, As boas maneiras nos cuenta una historia que transita por varias etapas y produce giros sorpresivos, cambios de tonalidad que los realizadores logran con una delicadeza asombrosa. A pesar de estas alteraciones, hay un hilo conductor que rige su unidad y lleva hacia la temática del amor al prójimo, desligado de todo cliché y encarnado en el personaje menos esperado. Los autores desechan todos los lugares comunes hacia los que podría derivar una película que, valiéndose de estas mitologías populares, les diera un tratamiento más convencional o cediera a las trampas del espectáculo, lo que podría terminar en resultados catastróficos.

Pero el amor que los autores exaltan en el funcionamiento del universo -humano y animal, poético y político- se materializa también en el cuidado amoroso de las formas cinematográficas usadas y en la apuesta por la sensibilidad de los espectadores.



Los directores también asumieron el desafío de exponer las diferencias sociales que subsisten en su país de una manera sutil, eligiendo como protagonistas a dos mujeres de diversa procedencia social, Ana, una chica burguesa que al principio espera un bebé, y Clara, una joven negra que se postula como su empleada doméstica. La acción transcurre entre las dos regiones de la enorme ciudad de San Pablo: la parte rica y la parte pobre. Hay un plano general que muestra el puente que une esas dos regiones, separadas a la vez por un abismo social y cultural, clases que en la película se van a encontrar sin conciliarse. Esta divergencia entre ambas escapa a la lógica convencional del melodrama primero y del cuento de horror después.

As boas maneiras rompe con todas las reglas y por eso es digna de ser considerada un ejemplo de creatividad a seguir por el cine latinoamericano.

sábado, 21 de abril de 2018

Transit: BAFICI 20




por Marcos Perilli

Basada en la novela homónima de la escritora judeo alemana Anna Seghers, Transit, la última película de Chirstian Petzold, que transcurre durante la ocupación Nazi en París, está sin embargo  situada en un limbo intemporal, que bien podría ser también contemporáneo. Los personajes, si bien usan vestuario de época, caminan por calles actuales y, en lugar de tanques y ejércitos con cascos nazis, vemos furgonetas cargadas de fuerzas policiales, taxis y autos modernos. Una astuta decisión del director para señalar que nada esencial ha cambiado en el mundo desde esa época hasta el presente respecto del trato a refugiados o perseguidos, salvo los motivos coyunturales que provocan su migración. El relato que en Transit se narra bien podría pertenecer a una condición permanente de Europa.

Almas acosadas por un monstruo llamado fascismo transitan y se ocultan en las bellas calles de una París sitiada y después en Marsella. Nadie quiere saber de sus penas como refugiados; los pocos con los que toman contacto les devuelven una cara aun más cruenta que la de sus cazadores. En ese panorama desolador, Petzold nos lleva de la mano a palpar la humanidad de esos seres a los que la historia les asignó un papel cimarrón, haciendo uso de una narración lírica y emotiva.

Georg es un refugiado alemán que se encuentra con la posibilidad de cambiar su identidad por la de un escritor fallecido al que debía entregarle unas cartas. A partir de ahí vemos al protagonista lidiar con su condición encontrándose con otros como él, que buscan escapar hacia América. En Marsella se cruza con una mujer fantasmal que parece confundirlo con alguien y de la que él queda prendado. Esta mujer trae una historia que le concierne.

Los personajes de Transit se mueven sigilosamente por una ciudad de ensueño, hostil a su presencia, lo que les impide entregarse al romanticismo que evoca el lugar. Los asuntos amorosos que afligen a los protagonistas los separan a la vez que los unen. Rondan calles, consulados y hoteles lúgubres en busca de respuestas por parte de burócratas que conocen sus angustias y juegan hipócritamente con sus anhelos.

Este es un rasgo muy particular del cine de Petzold, que a través de sus historias logra mostrarnos la sujeción de los destinos personales a las tensiones políticas que asedian el mundo en que viven. Con la peculiar distinción de su elegancia poética para mostrarlo.

jueves, 19 de abril de 2018

Pecker: BAFICI 20


por Marcos Perilli

Pecker es una de las obras más ligeras de John Waters, alejada del estilo trash que abordó en los años ’70. Con su humor mordaz aporta puntos de vista interesantes acerca de los circuitos del arte y también de su concepción. Especialmente en el caso de la fotografía, de cómo puede captar la esencia de la cotidianeidad para darle un valor estético.

Tiene como protagonistas al entonces joven Edward Furlong -que en 1991 había encarnado a John Connor para la segunda parte de la saga Terminator- y Christina Ricci -que por aquel entonces ya había saltado a la fama gracias a sus papeles en La familia Addams (1991) y Casper (1995)-. John Waters logró muy buenas actuaciones hasta en los papeles secundarios, dotados de una humanidad con toques de excentricidad.

La película lleva el nombre del protagonista, un joven de la ciudad de Baltimore que trabaja en una casa de comidas rápidas. El chico encuentra su pasión cuando halla una cámara usada en la tienda de su madre y se dedica a fotografiar compulsivamente todo lo que lo rodea, familiares, amigos, vecinos y situaciones que se le cruzan, por desopilantes o absurdas que sean. Waters le hace encontrar al chico escenas que él no puede resistirse a capturar.

El talento de Pecker es la singular visión de la realidad que retrata en sus fotografías, que denotan un especial cariño por el lugar y la gente con que vive. Esto le permite a Waters ver a su querida ciudad natal a través de la fresca mirada de su protagonista, lo que le da un valor adicional de la película. La particularidad de la vida en Baltimore y la candidez con que Pecker la retrata no pasan desapercibida para una galerista de New York que se interesa en su trabajo y lo convierte en la nueva sensación artística de la Gran Manzana.

Sin embargo, el éxito trastoca la vida del chico y de quienes lo rodean. Poco a poco va perdiendo las buenas relaciones que tenía con los suyos, cuyas vidas se ven afectadas a causa de la fama a la que los expuso.





La galerista lo acosa con sus propuestas para hacer más muestras en lugares sofisticados de Nueva York, a la vez que muestra su atracción erótica por el joven artista, por lo que él va perdiendo la felicidad que le producía su pasión creativa. Cuando se pone en riesgo su noviazgo, Pecker toma conciencia de qué es lo realmente importante en la vida para él. Decide cortar con las aspiraciones de la galerista, se deshace de una lujosa Nikon que ella le regala y vuelve a su vieja cámara.

Como siempre, con su humor bizarro Waters expone una crítica a las convenciones sociales, al satirizar a los profesionales del negocio del arte, poniendo en duda si estos "entendidos" lo comprenden tanto como dicen. Y tira sus dardos contra los oportunistas que vampirizan a jóvenes talentos ingenuos para manejarlos a su antojo y satisfacer las avidez de una sociedad esnob. Cuando ese mundillo se ve retratado en toda su ridiculez, se escandaliza. La acidez de la mirada de Waters no impide un toque esperanzador al final, con la promesa de que una nueva visión artística puede hacer también al cine más grande y mejor.

sábado, 14 de abril de 2018

Largas despedidas - Retro Murátova - BAFICI 20






por Marc Perilli

Kira Murátova es una cineasta de origen moldavo que empezó su carrera durante el período soviético e inmediatamente cayó bajo las objeciones de la censura oficial. Esto impidió u obstaculizó la exhibición de varias de sus películas, entre ellas la que abre la retrospectiva que le dedica esta edición del BAFICI, Largas despedidas (Long farewells, 1971). La temática que ella desarrolló no permite ubicarla para nada como una artista "disidente" ni tampoco recibió un trato de tal, pero su forma narrativa poco convencional se alejaba lo suficiente del realismo socialista imperante como para que su obra no contara con el beneplácito de los funcionarios que controlaban la producción cinematográfica. Más que crítica del sistema político de la URSS, se la consideró demasiado "rara". Y en esa rareza radica hoy su mayor interés, que la destaca entre todos los directores soviéticos de ese período. Con la Glásnost de Gorbachov logró el reconocimiento que antes se le negó y un trato  más acorde con su originalidad artística, aunque ya fuera un poco tarde.

Largas despedidas, de 1971, es una de sus mejores películas y también de las que más perplejidad causaron en los censores oficiales. Es difícil encontrar en su argumeno algo que justifique el hecho de que no la haya podido estrenar hasta 1987. Entonces hay que buscar por el lado de su forma: ahí uno descubre que Murátova manejaba una libertad en su puesta en escena y una ironía mordaz y también poética que la mostraban en sintonía con sus contemporáneos de las diversas nuevas olas internacionales: desde la nouvelle vague hasta la nueva ola checoeslovaca de Milos Forman y Věra Chytilová, o incluso tiene un aire de familia con el humor absurdo de un exponente del free cinema británico como Richard Lester, el de las películas de los Beatles.

Lo que se cuenta: la relación entre una madre y su hijo adolescente atraviesa una crisis después de que el chico vuelve de una estadía junto a su padre, con quien parece haber vivido experiencias más estimulantes que en la chatura provinciana de su pueblo natal. La película muestra con toques leves esa alienación social. Los destellos de lo que conoció afuera lo embriagan de un deseo de ir por más, y busca la forma de hacérselo saber a su madre. Ella mira con celos su actitud, nota su cambio de humor y se desvive por retenerlo. Intuye que puede perderlo y eso la pone ansiosa, pero para evitar esa pérdida no tiene demasiados recursos. Siempre ocupó su rol social, obediente de lo que se espera de una mujer ya madura en una sociedad anquilosada por la rutina. Sin grandes aspiraciones es una mujer muy simple y vive pendiente de su hijo.

Cada uno de los dos sienten sus propios anhelos; el hijo, la ambición de trotar mundos junto al padre; la madre, que su hijo se quede con ella. Los dos se aman y así lo muestra Murátova, con gestos sutiles, un tono poético y gracioso y una narrativa inusual.

El conflicto podría dar lugar a un melodrama lacrimógeno en manos más convencionales, pero Murátova se las arregla para extraer de ahí motivos de lirismo y ligera comicidad, deteniéndose en detalles y personajes laterales (hasta un perro hace lo suyo para alterar la paz pueblerina). La directora sabe hacernos entrar en los sueños de sus personajes mediante apuntes rápidos y eso la ayuda a romper con el realismo socialista que los productores le reclamarían. El resultado es tan bueno que los censores parecen no haber podido soportarlo.

viernes, 13 de abril de 2018

El león ha muerto esta noche: BAFICI 20

Imprescindible



por Marcos Perilli

¿Qué es el cine si no una pasión abrasadora de emociones, de vacilación del sentido del tiempo que a su vez transcurre en el tiempo? Una magia que nos absorbe y alimenta.



En Le lion est mort ce soir del japonés Nobuhiro Suwa, esa pasión fluye como música, de la mano de una leyenda del cine moderno como Jean Pierre Léaud. Parece que cada año un cineasta diferente sintiera la necesidad de captar su respiración fatigada y filmar la manera en que el tiempo obra sobre su cuerpo mortal. Jean Pierre vuelve a morir a cámara y resucita meses después para que otro director se agregue a la lista de agraciados por su querida presencia. Linda forma de alcanzar la eternidad.



Sus directores previos fueron Tsai, Kaurismaki y Serra y él siempre viene con todo lo que trae a cuestas, como si en los mínimos pliegues de su piel llevara adheridos a Truffaut, Godard, Eustache, Rivette, Pasolini, Glauber, Ruiz, Garrel, Moullet, Bertolucci, Blier, Assayas...


De hecho, la situación inicial de Le lion est mort ce soir parece extraída de un episodio de La nuit américaine y en el transcurso del film no faltan alusiones a Godard y al recientemente moribundo Luis XIV de Serra. Pero él no trae solo lo que ha sido sino que se conecta con lo que viene: en la película de Suwa, Léaud le pasa la posta a una generación que tiene la edad que él tenía cuando apareció en una pantalla y transmite su experiencia a los futuros generadores de historias.



Jean es acá un actor de setenta y pico, o sea... él mismo. Debe actuar su muerte en un film, pero lo primero que dice en la película es que no puede hacerlo. Un imprevisto en el rodaje le da tiempo libre para hacer una visita a una ex pareja. Cuando se encuentran, los dos advierten que no es a ella a quien él realmente busca, lo que lo lleva a la casa de la que ha sido su gran amor, para arreglar unos asuntos pendientes. Una vez en ese caserón bastante sombrío se cruzará con unos niños que tienen la intención de rodar allí una película de fantasmas, desatándose una serie de encuentros fantásticos, reales, o ambas cosas a la vez.



La avidez juvenil, con un deseo de hacer cine que atraviesa los contratiempos de todo proyecto, se entrevera con una relación fantasmagórica de dos seres separados por la muerte, que saldan sus heridas de amantes en un sueño placebo.



Le lion est mort ce soir es una película que celebra al cine y a sus hacedores, entrecruzando lo mejor de la nouvelle vague con el género romántico y los cuentos de fantasmas. Es a la vez un cántico a la vida y a la muerte como parte de ella.



Postdata: el título y la canción que Jean y los niños cantan dicen inequívocamente "el león ha muerto esta noche", pero los subtítulos se empeñan en malversar por "el león duerme en la noche". ¿Qué onda los traductores con la muerte?

miércoles, 26 de abril de 2017

El bar (Alex de la Iglesia)

BAFICI 19



por Marcos Perilli

Como sostiene el editor de este blog acerca del viraje de Tarantino hacia un cine con connotaciones políticas desde Bastardos sin gloria, lo mismo podríamos decir de Alex de la Iglesia desde Mi gran noche, lo que se ve en particular en El Bar. En sus últimas películas se ve explicitada su visión de los tiempos que corren.

Ya en Mi gran noche nos anticipaba, con un humor desopliante, que el mundo se había vuelto un caos invisibilizado por los medios de comunicación, que se encargaban de poner la ostentosa frivolidad como religión de las masas. Y esto no puede terminar bien.

Ahora en El bar se pone de manifiesto el lado más salvaje de la humanidad actual en pos de su supervivencia, no en medio de una jungla natural sino en una de cemento y rascacielos, donde las personas quieren sentirse seguras y acompañadas.

Un suceso inesperado desata los miedos (con sus bajezas) de ocho personajes que se ven obligados a convivir en un bar de esquina madrileño. Cada uno de ellos encarna un modelo de esos que pueden encontrarse en las grandes ciudades: el especialista en diseño moderno, la chula engreída, el poli retirado, el vendedor, el barrendero y hasta un vagabundo. A medida que más obstáculos se les interponen para lograr su supervivencia, van perdiendo uno a uno su moral ciudadana y resurgen de sus debilidades como monstruos.

Atributos como la solidaridad y la empatía se desdibujan en una sociedad que hace rato está sumida en el individualismo y la desconfianza. Alex de la Iglesia vino a decírnoslo en una película de un humor desatado.

jueves, 28 de abril de 2016

BAFICI: la perla irregular

Una novia en Shangai (Mauro Andrizzi, 2016)



por Oscar Cuervo y Marcos Perilli


¿Qué podría ser el cine? No solo lo que ha sido ni lo que efectivamente es. Por suerte, su posibilidad es más grande que su realidad. 

Si la última edición del BAFICI fue poco interesante, no se debe solo a la nefasta política cultural del macrismo que tiene a cargo la organización del festival y -desgraciadamente- la conducción política del país. Tampoco es atribuible a que Javier Porta Fouz no le ponga a su misión más onda que Panozzo. Puede que gran parte de la abulia que provoca esta programación sea atribuible a que el cine no está pasando por un gran momento. Hay etapas de alza y otras de baja, flujos y reflujos. Y, más allá de que cuatro o cinco películas que deberían haber estado no fueron programadas, probablemente se trate de que el cine que hoy se hace no es tan interesante como el de hace 15 años, o que un nuevo despuntar se está gestando en alguna parte pero todavía no se hizo visible. 

Por eso siempre nos queda la posibilidad. Debe haber tipos como Perrone en algún rincón del mundo que están trabajando a pesar de la burocracia festivalera,  contra la inercia de la tradición y los límites de la imaginación. Hay también límites objetivos, económicos y políticos, que hacen que la desertificación que produce el neoliberalismo en la vida planetaria alcance a la creación cinematográfica. Hay momentos históricos en los que determinados modelos reproductivos se fatigan y solo son capaces de dar más de lo mismo.



En nuestra conversación reciente en La otra.-radio, Roger Koza remarcaba la estandarización de la mirada de muchos cineastas latinoamericanos, sometidos a voluntad a un modelo fomentado por las fundaciones europeas que con su prepotencia económica fijan una división internacional del trabajo y promueven un estilo "latinoamericano global". "Se pueden buscar los ejemplos, son paradigmáticos -nos decía Roger-. Y en el aspecto formal: películas de planos largos, una forma de pensar el sonido, ves 10 minutos y ya son todas iguales. Yo tenía la idea de hacer un ensayo audiovisual, ponés treinta películas sin decir que son distintas y creés que son la misma". Digamos: eso que alguna vez se llamó "cine independiente" ahora es un segmento del mercado. Y como tal, se rige por mecanismos globales como la obsolescencia programada, la avidez de novedades y las habladurías del mundo.

¿Qué puede ser el cine? es una pregunta que un crítico jamás debería olvidarse, porque la apertura a la posibilidad sostiene el tiempo de la espera. 



La nueva película de Mauro Andrizzi, Una novia de Shangai, me hace pensar en factores que nunca deben desdeñarse: la inspiración de un autor, su placer de fabular, su desenfado, su alegría por filmar. Andrizzi tiene la doble virtud de hacer películas que no se parecen a las de otros y además no se aferra a un programa estético que lo normalice prematuramente como autor; por eso sus películas no se parecen ni siquiera entre sí. Mono, Iraqui short films, Accidentes gloriosos y En el futuro son ensayos que muestran la voluntad de usufructuar la independencia posible para probar qué es lo que el cine podría ser y todavía no ha sido. Esa soltura no necesariamente produce obras maestras ni logra reconocimientos instanáneos y unánimes. Incluso puede desconcertar a quienes creen que en el arte es preferible llorar que reír. Lo que se percibe en Una novia de Shangai es que el juego y la risa son caminos posibles para revivir el cine.



Andrizzi consiguió, con el apoyo de un grupo de productores argentinos, una residencia artística de 6 meses en el Swatch Hotel de Shangai, para filmar un largometraje en esa ciudad china. La oportunidad en sí era magnífica y el primer mérito es haberla conseguido, pero la chatura generalizada podía haber dado lugar a una película parecida a muchas otras. Una novia en Shangai se nutre de distintas tradiciones culturales y específicamente cinematográficas pero se permite jugar irresponsablemente con ellas sin sucumbir por su peso. 



La primera gracia es la nacionalidad problemática de la película. Además del director, hay otros argentinos involucrados en el proyecto (por ejemplo, Daniel Melingo autor de la música), pero la casi totalidad del cast y del equipo de rodaje son chinos. La película está enteramente filmada en Shangai y hablada en mandarín. Pero la subjetividad que fabula la historia y la mirada que registra las mutaciones urbanas de una locación insólita son las de un cinéfilo porteño y cosmopolita. Para la fábula, Andrizzi se deja inspirar por tradiciones orientales arcaicas que le dicta una ciudad donde el pasado y el futuro se yuxtaponen de manera irregular. Partiendo de la historia de dos buscavidas enredados con un fantasma y otros lúmpenes, Andrizzi logra incrustar poesía dadaísta en un documental sobre un lugar del mundo que desafía el asombro. Shangai es una ciudad increíble y el director no olvida que el cine tiene la capacidad de registrar lo real que no se puede contar. Sobre ese fondo real puede escribirse un disparate gozoso con una estructura digresiva y un montaje ocurrente. 

Los truhanes protagónicos imaginan que del otro lado del mundo, en Latinoamérica, en países de cuatro sílabas como Guatemala, Venezuela o Bolivia (?), la gente vive en estado de perpetua felicidad. Andrizzi sueña a unos chinos que sueñan ingenuamente que la felicidad está en sus antípodas, los hace acarrear un ataúd por barrios bajos y subirlo en un container para que dos amantes ya muertos se reencuentren en el trasmundo; se cruzan con un anciano que evoca un pasado apócrifo, con mujeres vestidas de novia que posan para la foto con transeúntes desconocidos, con masajistas ciegas que no son tales, los lanza a la busca de un tesoro que remite al maletín radiante de Kiss me deadly, juega con el imaginario desbordado del cine oriental reciente, cita a Bowie y Leos Carax, desbarata los planes chapuceros de sus anti-héroes, pero no los hace renunciar a la fe de que el amor vence al odio.



Una novia en Shangai juega a imaginar una improbable historia de amor del trasmundo posibilitada por sujetos que no creen en el más allá porque recibieron una educación materialista. A pesar de dejar a la vista su voluntad de fabulación, la película nunca cae en el cinismo y logra que la emoción romántica luzca genuina. Y, como quien no quiere la cosa, Andrizzi filma los paisajes más bellos y desolados que el cine ¿argentino? haya logrado en mucho tiempo.

jueves, 21 de abril de 2016

Canción del atardecer (BAFICI)

Sunset Song (Terence Davies)



por Marcos Perilli

Sunset Song es una película épica que bordea el melodrama histórico en la Escocia de principios del siglo XX. Adaptada de una famosa novela de Lewis Grassic Gibbon, la realización tiene como protagonista a Agyness Deyn, en el rol de Chris Guthrie, la joven hija de una familia de agricultores, estudiosa y con ilusiones de llevar una vida diferente a la de sus antepasados.

Sin embargo debe lidiar con las imposiciones de un padre tiránico e irascible (Peter Mullan), quien trata a sus hijos como posesiones. Además de Chris, están sus otros 3 hermanos, uno mayor, con el cual su progenitor se ensaña ejerciendo brutales castigos y con el cual Chris tiene una conexión emocional muy fuerte. Mientras que su madre observa con sumision la violencia ejercida contra su hijo y soporta los abusos de su marido.

Así discurren momentos en la vida de Chris, tanto trágicos como de una felicidad intensa, casi como de cuento de hadas, para concluir en que estos destellos de dicha son efímeros y por ello uno los atesora más.

La lucha de las mujeres de esa época por independizarse de los hombres y el mensaje antibelicista son los ejes de la película, plasmado en bellas imágenes de la Escocia campestre filmadas en planos amplios, y una musicalidad que acentúa la sensibilidad que transmite.

miércoles, 20 de abril de 2016

Ultimas conversas (BAFICI)



por Marcos Perilli

Un documental entrañable, gracioso y triste, acerca de cómo piensan, sienten y sueñan los jóvenes adolescentes de hoy día, en el estilo de conversas que Eduardo Coutinho asumió como el rasgo más personal de su filmografía.

Es emocionante ver en pantalla a Coutinho abrir la película hablando con una colega del set de filmación sobre sus decepciones, deseos y dudas de seguir filmando, sentado en el lugar que después ocuparán sus jóvenes entrevistados, dejando entrever que es la curiosidad por el pensamiento de los adolescentes actualess la que lo llevó a filmar aquellas conversaciones.

La mayoría de ellos son estudiantes de clase media baja, quienes se explayan con desempacho y franqueza, dejando traslucir sus heridas internas, ya sea por el entorno familiar o social en el que subsisten, frente a un hombre mayor que indaga sobre sus vidas con calidez. Tratando de no perder la alegría característica de esa edad, todos ellos buscan dónde refugiarse para mantenerla.

La última conversación la tiene con una niña de 6 años. Él le pregunta quién era Dios. La frescura lúcida de la respuesta de la nena lleva a Coutinho a pensar que le hubiera causado más entusiasmo haber conversado solo con niños.

Esa dulzura final adquiere otro peso al saber que con ese hallazgo terminó la obra de este gran director, muerto en circunstancias trágicas cuando aún no había editado la película. El corte final quedó a cargo de su amigo y productor, João Moreira Salles, gran cineasta también, quien había impulsado a Coutinho a estas Ultimas conversas

Entre lo mejor de este festival.

martes, 19 de abril de 2016

El hijo de José (BAFICI)


por Marcos Perilli

“Fue por su hijo, Jesús, que José se convirtió en padre, y no al revés.”

Implícita desde su título, la paternidad y su significado más espiritual es el que se irá descubriendo capítulo a capítulo en esta película contada en tono de comedia.

Vincent (Víctor Ezenfis) es un adolescente desilusionado por la vida a causa de no saber quién es su padre y emprende la tarea de buscarlo. El hallazgo de la persona buscada (un inusualmente contenido y antipático Mathieu Amalric) no logrará sino decepcionarlo todavía más. Sin embargo, una intervención fortuita obrará un cambio en su forma de ver el mundo: aparecerá otro hombre, el Joseph del título (encarnado por Fabrizio Rongione, en un papel también muy diferente al que acostumbra a jugar en las películas de los Dardenne), que podría ocupar esa falta que les pesa a Joseph y a su madre (Natacha Regnier). La gracia de la situación reside en que durante gran parte del relato los personajes no saben con exactitud cuáles son sus verdaderos vínculos.



Tomando como referencia escenas y personajes bíblicos y con una recurrencia de la imagen del cuadro El sacrificio de Isaac de Caravaggio, el cineasta Eugene Green construye una puesta en escena geométrica y hace hablar a sus protagonistas bajo la regla bressoniana de la no actuación, pero sin la gravedad del genial autor de Mouchette y El Dinero. En cambio, Green logra extraer del tono neutro de las "no actuaciones" una suave comicidad que por momentos recuerda al cine de Aki Kaurismäki, aunque esta historia transcurra en un contexto social muy diferente del que aparece en el cine del finlandés. Le fils de Joseph es una obra refinada y amable.

Próxima función: hoy martes 19 a las 12.45 hs. en Village Recoleta.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La maestra de jardín

(The kindergarten teacher, Nadav Lapid)


1-
por Marcos Perilli

En una sociedad anquilosada en el individualismo, los milagros cotidianos pasan desapercibidos. ¿Qué sucede con quien, consciente de ese execrable devenir, encuentra algo divino? ¿Cómo evitar ensimismarse ante tal belleza que agudiza nuestros sentidos, alejándonos cada vez más de una realidad que nos resulta pueril y hasta nefasta?

¿Cómo hacer para que lo que se presenta ante nosotros como una salvación no se vaya? ¿Cómo acercarlo para sentirlo, palparlo, retenerlo; para nunca más dejarlo ir? Pero sobre todas las cosas: ¿cómo hacerlo sin perder la cordura?

2-

por Oscar Cuervo

En 2012, cuando Nadav Lapid vino con su opera prima Policeman al BAFICI (por la que terminó llevándose el premio a la mejor película de la competencia internacional), escribí algo que veo que se aplica perfectamente a este, su segundo largo:

"La diferencia que conquista Lapid radica en una manera oblicua de mirar el comportamiento de los grupos, que no pierde tiempo en explicaciones funcionales a la narración, sino que se detiene en gestos, en detalles laterales, en una tensión latente continua en las vidas cotidianas que hace que la posibilidad del estallido se haga sentir más que si fuera explícito todo el tiempo. (...)

"Lapid filma esa tensión cotidiana con una mirada desnaturalizadora, lo que produce un enrarecimiento en la visión de la película. Hay un subtexto que remite a las bases explosivas sobre las que se asienta la nación israelí; los árabes no aparecen más que de un modo lateral, pero eso no quiere decir que su presencia en off no sea uno de los factores determinantes de lo que sucede". 

Releyendo este texto que se refería a una película que retrata a un grupo de policías, es notable que sea tan pertinente para otra película cuyos protagonistas son una maestra jardinera y un niño poeta. Quizás de eso se trate ser un autor cinematográfico.

viernes, 24 de abril de 2015

BAFICI: Corazón atómico

ATOMIC HEART (Alí Ahmadzadeh, Irán, 2015)



por Marcos Perilli

Ya desde el título algo se nos ríe en nuestra cara occidental. Y es genial que así sea. Porque cualquier noción que de este lado se pueda tener sobre Irán (bombas nucleares, velos, sociedad retrógrada, terrorismo religioso, etc.) pierde significado en el primer tramo de esta película.

Dos jóvenes amigas que sudan libertad, a pesar de sus velos, manejan un auto último modelo por la ciudad de Teherán (una de las mejores escenas que pude ver en este BAFICI transcurre en ese auto, al mejor estilo El mundo de Wayne). Se divierten mientras se mofan de nosotros, “los ingenuos occidentalitos”.

Sin embargo, hay algo en común entre ambos mundos (el oriental y el occidental) ; algo que ocurre cuando dejamos que nos posea demasiado tiempo la estupidez, la frivolidad, la vanidad y la indiferencia. Algo que se filtra entre nosotros para impedirnos pensar y llevarnos a cometer actos irracionales.

Ese algo está a la vuelta de cualquier esquina del mundo, conoce todos los idiomas, todas las historias. Está expectante de incurrir en nuestras vidas al menor atisbo de debilidad humana.

miércoles, 22 de abril de 2015

BAFICI: The kindergarten teacher y más recomendaciones

Israel, Nadav Lapid, 2014


1-

por Marcos Perilli

En una sociedad anquilosada en el individualismo, los milagros cotidianos pasan desapercibidos. ¿Qué sucede con quien consciente de ese execrable devenir encuentra algo divino? ¿Cómo evitar ensimismarse ante tal belleza que agudiza nuestros sentidos, alejándonos cada vez mas de una realidad que nos resulta pueril y hasta nefasta?

¿Cómo hacer para que lo que se presenta ante nosotros como una salvación no se vaya? ¿Cómo acercarlo para sentirlo, palparlo, retenerlo; para nunca más dejarlo ir? Pero sobre todas las cosas: ¿cómo hacerlo sin perder la cordura?

Ver funciones clickeando acá.

2-

por Oscar Cuervo

En 2012, cuando Nadav Lapid vino con su opera prima Policeman al BAFICI (por la que terminó llevándose el premio a la mejor película de la competencia internacional), escribí algo que veo que se aplica perfectamente a este, su segundo largo:

"La diferencia que conquista Lapid radica en una manera oblicua de mirar el comportamiento de los grupos, que no pierde tiempo en explicaciones funcionales a la narración, sino que se detiene en gestos, en detalles laterales, en una tensión latente continua en las vidas cotidianas que hace que la posibilidad del estallido se haga sentir más que si fuera explícito todo el tiempo. (...)

"Lapid filma esa tensión cotidiana con una mirada desnaturalizadora, lo que produce un enrarecimiento en la visión de la película. Hay un subtexto que remite a las bases explosivas sobre las que se asienta la nación israelí; los árabes no aparecen más que de un modo lateral, pero eso no quiere decir que su presencia en off no sea uno de los factores determinantes de lo que sucede". 

Releyendo este texto que se refería a una película que retrata a un grupo de policías, es notable que sea tan pertinente para otra película cuyos protagonistas son una maestra jardinera y un niño poeta. Quizás de eso se trate ser un autor cinematográfico.

Hay en esta edición del BAFICI varias otras muy buenas películas que todavía no tuvimos tiempo de comentar, pero no queremos dejarlas pasar antes de que se terminen sus proyecciones: P'tit Quinquin (de Bruno Dumont, para mí la mejor de las que vi hasta ahora), Fassbinder: To love without demands (Christian Braad Thomsen), Une jeunesse allemande (Jean-Gabriel Périot), Jaco (Paul Marchand, Stephen Kijak), Goodnight Mommy (Veronika Franz, Severin Fiala), Taxi (Jafar Panahi), Le meraviglie (Alice Rohrwacher), Haze (Chloe Domont), Hill of freedom (Hong Sangsoo), Loulou (Maurice Pialat), entre otras... Más adelante las vamos a comentar.

martes, 21 de abril de 2015

BAFICI: Taxi (Jafar Panahi)

por Marcos Perilli


“¿Cómo hago para conseguir una historia para filmar?” le pregunta el joven estudiante de cinematografía al protagonista de esta película, que no es otro que el mismo director que la filmó (todos sabemos que lo hizo en las condiciones de clandestinidad que el gobierno iraní ha impuesto a Panahi desde This is not a film). Y la respuesta bien podría ser este especie de documental-ficción (uno nunca llega a determinar bien a cuál género pertenece), que sucede dentro de un taxi manejado por un experimental Panahi, que no debe conducir demasiado lejos para hallar historias, porque están se topan con él.

Aquí el cine es la incógnita y es la respuesta. Una herramienta que a través de mostrarnos micro mundos, nos expresa lo macro. Lo que hay detrás y está latente, determinándonos.

Muy recomendable, ver funciones acá.

sábado, 18 de abril de 2015

El Hombre Depaso Piedra (II)


por Marcos Perilli

La primera película de la primera jornada del Bafici no pudo haber sido mejor elección.

Martín Farina nos invita a un viaje, no solo físico, sino uno interno, propio y del mundo. Nos invita a danzar con la vida en un paraje árido de extrema belleza en donde las diferencias cognitivas no existen y todo diálogo es posible.

Martin Farina está concentrado.


(Ver más funciones acá)