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jueves, 29 de octubre de 2015

Cavalo Dinheiro, Rabo de Peixe y otras joyas del cine portugués, a partir de hoy

Tercera semana del cine portugués en el MALBA y la Lugones

Cavalo Dinheiro

Entre el día de la fecha y el 1 de noviembre se va a llevar a cabo la 3ª semana de cine portugués en el MALBA (ver programación acá), con una extensión en la Sala Leopoldo Lugones, donde se estrenará la más reciente película de Pedro Costa, Cavalo Dinheiro.

Ya dije muchas veces en este blog que la cinematografía portuguesa viene brindando en las últimas décadas una excelencia notable. La muestra de este año cuenta con varios de los más importantes cineastas de esa nacionalidad. Sólo vi un par de las películas que se anuncian, pero reconozco un enorme interés en el conjunto de estos títulos.

En la sección Panorama se van a proyectar O Velho do Restelo, una de las últimas películas del longevo y recientemente fallecido Manoel De Oliveira;  tambien se verá Rabo de Peixe, la nueva película de Joaquim Pinto y Nuno Leonel, los autores de la extraordinaria E ágora? Lembra-me. De Rabo de Peixe sólo escuché y leí maravillas.

Rabo de Peixe

En la sección de homenaje al director Paulo Rocha (1935-2012), se exhibirán copias restauradas Os Verdes Anos y Mudar de Vida, que en la década del 60, en plena dictadura portuguesa, rompieron y ampliaron las convenciones cinematográficas. Se considera a Rocha uno de los fundadores del movimiento Cinema Novo.

La muestra va a contar con la presencia de Catarina Mourão, quien viene a presentar su película A Toca do Lobo y a dialogar con el público. Mourão es nieta de Tomaz de Figueiredo y ella indaga la historia de su abuelo a través de films hogareños y memorias.

Respecto de Cavalo Dinheiro, que se estrena en la Lugones en simultaneidad con esta muestra (ver horarios acá), se trata de una de las películas del año. Cuando la vi en el BAFICI, escribí: 

"[es] de esas películas en las que puede reconocerse que una voluntad de estilo ha llegado a consumarse. Con una filmografía no muy extensa, en estos años Pedro Costa logró eso: tener un estilo reconocible, depurar sus recursos hasta la perfección, hallar el tono, el ritmo, lograr planos y climas inmediatamente memorables. La visión de Cavalo Dinheiro induce a una especie de trance, porque Costa sabe extraer de la sustancia cinematográfica sus propiedades hipnóticas. Sus personajes hablan, o más bien susurran, con una cadencia tan afinada que se acerca a la poesía y a la música. Son voces alejadas de cualquier realismo, que cautivan por su precisión y su delicadeza.

El manejo de la imagen que logra Costa es igualmente magistral. Pocos realizadores en la historia del cine lograron hacer de la oscuridad una materia tan sutil e inquietante.Todo transcurre como en un sueño o una serie de sueños que fluyen con tempo exacto. Los personajes se mueven como fantasmas por pasillos sombríos. Son inmigrantes de Cabo Verde que viven en los barrios pobres de Lisboa y hacen los trabajos que nadie quiere. Los negros de Europa. Se hallan física y espiritualmente dañados: se caen de los andamios, pierden sus dedos, pierden la memoria, o quedan fijados a momentos de un trauma insanable. Su negritud tiene algo de los zombies de Jacques Tourneur.

El cine de Costa es eminentemente político por hacer visibles a los damnificados de la historia. El triunfo de su estilo consiste en invocar asuntos graves, que interpelan a la conciencia social, con trazos refinados: reuniendo en un solo gesto lo mejor de la tradición humanista y la elegancia formal más admirable". 

El reconocimiento de sus excepcionales virtudes estéticas no me impide reconocer algunos reparos de orden político, que desarrollo más extensamente en la nota que pueden leer completa acá. Pero creo que merece que haga una segunda visión para pensarla mejor. Como sea, la recomiendo ampliamente.


La Semana de Cine Portugués luego seguirá itinerando por Rosario (El Cairo Cine: 
5, 12, 19 y 26 de noviembre), Córdoba (Cineclub Municipal Hugo del Carril: 26 al 29 de noviembre) y Montevideo (Cinemateca Uruguaya: 5 al 8 de noviembre).


Rabo de Peixe - trailer - INDIE from Joaquim Pinto Nuno Leonel on Vimeo.

sábado, 23 de mayo de 2015

Programazo: Koza / Aloras / Cannes / D'Angelo / Domingo medianoche

Todas buenas noticias: el cine que Roger Koza está viendo, el que en un tiempo -ojalá- vamos a ver.


Hou Hsiao-hsien: "La nueva película de Hou pertenece a una especie en extinción llamada cine clásico. Los secretos y saberes de ese cine del que ya casi no quedan exponentes le importan poco a una gran mayoría, y son una minoría notable los que resguardan esa devoción por la imagen en movimiento. Es que lo que sucede en The Assassin es verdaderamente de carácter alucinatorio, porque todo, absolutamente todo, está al servicio de esa historia que parece menor pero que no es otra cosa que la estructura propia y el develamiento del poder en general en un contexto histórico que no se elude. Esto no es el limbo, sino una época del mundo que reenvía signos pretéritos a un sistema de corrupción que tal vez no ha sido superado del todo. Es una película fulgurante, irrepetible y de una hermosura pocas veces vista en el cine. Es como encontrarse por primera vez con una película de Mizoguchi o Dreyer y ser uno de los primeros testigos de una obra que, desde ese momento, se sabe que será un clásico hasta el fin de los días". [Completo acá]


Apichatpong Weerasethakul: "Es casi una afrenta y un ejercicio de poder obsceno que Cemetery of Splendour, la nueva película de Apichatpong Weerasethakul, esté en la segunda competencia de importancia, siendo el director tailandés uno de los ganadores recientes de la Palma de Oro. Cuando dos días atrás tuvo su estreno internacional, la indignación resultó mayor.

"La tensión acechaba en el Teatro Debussy. Subieron los productores y Apichatpong Weerasethakul, y éste, con su amabilidad característica, agradeció y dijo lo que se tenía que decir sin apelar a la mala educación. Joe, como le dicen sus amigos cercanos, afirmó estar muy contento de participar en una sección dedicada a descubrir nuevos talentos". [Completo acá]


Manoel de Oliveira: "De Oliveira, a sus 73 años, decide hacer una película personal que recién su público conocerá a una vez que él esté muerto [Visita ou memorias e confissos]. Es probable que a principios de la década de 1980 el realizador de Gebo y la sombra no podía imaginar que viviría aún por más de tres décadas. Su longevidad es todavía más enigmática. Había especulaciones sobre los motivos de esta confiscación de un material que, tras la interdicción en vida, la muerte viene a liberar. ¿Algún remordimiento de naturaleza política? ¿Alguna mácula en el trayecto de una vida que resultaba inconfesable? Ahora que se ha visto, nada había para esconder. La amabilidad de la película no solamente nada tiene que ocultar, sino que el clima confesional no parece detenerse frente aquello que para un hombre lo es todo.". [Completo acá]


Cornelio Porumboiu es un genio. Filma cada vez mejor; el suyo es un cine puro, consistente, de una eficacia narrativa notable. Por ejemplo: un auto; en él viajan el padre y su hijo. Plano medio sobre el niño sostenido por un rato y un conflicto en pleno desarrollo: el padre llegó tarde a buscarlo a la escuela. El congestionamiento callejero, aparentemente, lo demoró. Así lo entiende también el niño, pero todavía sigue molesto. ¿Por qué? La conversación que se mantiene en el auto es extraordinaria. Justeza melódica en los diálogos y decisión de registro perfecta sobre cuándo dejar el foco en un personaje o cambiar el ángulo y la perspectiva; la reproducción y la lógica de los giros argumentativos son contundentes, una especialidad de los rumanos en general y de Porumboiu en particular. [The treasure, completo acá]


Nanni Moretti: La nueva película de Nanni Moretti, Mi madre, también habla de la confrontación con la muerte de un ser querido. El tono sereno y no exento de comicidad predomina en una de las películas más simples y menos narcisistas del director, incluso cuando la inspiración viene de la muerte de su propia madre. En el film, es una directora la que está rodando una película sobre una lucha sindical en el contexto de una fábrica. La escena inicial es magnífica porque empieza con una manifestación en la que la bronca de los operarios tiene una verosimilitud táctil hasta que alguien grita “¡Corte!”. Los otros cortes son de orden onírico. A menudo, la directora tiene algunos sueños. Uno de ellos, por cierto, es hermoso. Mientras espera el estreno de una película suya va caminando por una larga fila; puede divisarse su nerviosismo. La puesta en abismo, entonces, es doble: sueños y secuencias de la película en la película. [Completo acá]

[Todos los textos anteriores provienen de la pluma febril de Roger Koza en Cannes; mañana  en La otra.-radio conectamos directamente con él, tras el cierre del festival]


Black Messiah del músico proveniente de Richmond, Virginia, fue elegido el disco del año 2014 por La otra (acá). Gonzalo Aloras tuvo la oportunidad de ver hace un tiempo en vivo a este asombroso talento. Mañana Gonzalo Aloras lo cuenta en La otra.-radio. The last DJ trae además algunas otras gemas inesperadas.




The last DJ este domingo a medianoche en La otra. FM La Tribu, 88,7. Online HD o SD.

viernes, 3 de abril de 2015

Manoel de Oliveira por Alejandro Ricagno, 2010

Retrato de un señor con sombrero

(como un cuadro del viejo Chagall)


por Alejandro Ricagno (un luso da alma)

Este señor, Manoel de Oliveira, portugués, cineasta, aristócrata de espíritu, que nació en Oporto en 1908, hoy cumple 102 años. Y aquí está, saludándonos desde Cannes, cuando tenía apenas 101, y venía a presentar su Opus numero 56 O estranho caso de Angélica, que se exhibió el miércoles pasado en el cine Gaumont durante la Semana del Cine Europeo, curada por Thierry Fremaux

El extraño caso, no solo es el de Angélica, sino, como vemos el del mismo Oliveira. No debe haber en la historia del cine, un caso igual de productividad y genialidad tal, que se acrecienta con la edad.

Entre 1931 y 1977, Don Manoel ya había realizado trece films, la mayoría cortos y mediometrajes documentales, entre ellos su opera prima experimental, Douro, pesca fluvial (1931), inspirado en Berlín, sinfonía de una ciudad, como lo admitió el mismo Oliveira, y una ficción, la mítica Anikki Bóbó (1944) que algunos críticos consideran el antecedente directo del neorrealismo italiano, enteramente interpretada por una pandilla de niños de la calle de Porto. De cualquier modo, esa tendencia neorrealista, fue prontamente abolida, décadas más tarde, para abocarse a la creación de un cine que tiene por centro la idea de representación, ensayando un extenso dialogo con el teatro y hasta con la opera, (como en ese exquisito delirio cantado que es Los caníbales) o con la literatura del siglo XIX (El valle de Abraham, es una inspiradísima adaptación de Madame Bovary) sin dejar de ser eminentemente cinematográfico, lejos de toda falsa “qualité”. Y poniendo en jaque, constantemente, los conceptos de clasicismo y modernidad cinematográfica, con repentinos raptos de humor.


Por más que haya sido uno de los pioneros de la cinematografía de vanguardia portuguesa, fue uno de los primeros en experimentar en el uso el color en su país, a mediados de los 58 con el documental O pintor e a cidade, la primera parte de su filmografía fue espaciada y de poca difusión. La dictadura de Salazar, la censura, la poca repercusión en su territorio –a diferencia de lo que pasaba con sus producciones cuando se exhibían en festivales en el exterior- sumados a problemas económicos de la empresa vitivinícola familiar, impidieron que desarrollara una carrera más prolífica entre los años 50 y los 70. Recién a partir de 1977, es decir cuando ya tiene 69 años, comienza a filmar con una regularidad pasmosa, a partir de lo que puede llamarse el segunda período, ya decididamente volcado a lo ficcional.

Con la realización de Benilda o la virgen madre en 1975, y principalmente con el lanzamiento de Amor de perdiçao, adaptación de la famoso novela de Castelo Branco, exhibida como miniserie por la televisión portuguesa que estrenó en 1977 y cuya versión cinematográfica tiene una extensión de cuatro horas, se inicia esta “segunda “juventud de Oliveira..

A partir de allí no paró; desde entonces –y en parte gracias a la labor del gran productor Paulo Branco, responsable de producir por ejemplo a Raúl Ruiz, Pedro Costa, toda la obra de Joao Cesar Monteiro, entre otros indispensables- realiza una película por año, y a veces un corto, en medio de un largo y otro. O sea, su carrera, por así decirlo, como director de ficciones con proyección, y merecido reconocimiento internacional, comienza al filo de sus 70 años. Allí es que aparecen esos films singulares, de variada extensión -O vale de Abraao, dura, por ejemplo tres espléndidas horas, Belle toujours, apenas una) con una pie en la literatura del siglo XIX y otro moviéndose entre el clasicismo cinematográfico, la modernidad y la vanguardia..

Y como le suele suceder a los grandes maestros, el espíritu de juventud –en marcha- se manifiesta más aún en las obras de madurez. Ahí está la gracia de Viagem a principio del mundo ( 1997),Vou para casa (2003), de Porto de Minha Infancia, o la coda juguetona de Belle Toujours.


O Estranho caso de Angélica, es una película en estado de ligereza. No tiene ni por asomo, el tono de un film de despedida, si bien la muerte está presente en su tema de principio a fin. Pero en todo caso, es una “muerte enamorada”, agradecida por ser preservada para la eternidad.

O estranho caso es una historia de metafísico amour fou: Isaac, (interpretado por Ricardo Trepa, actor nieto del realizador, al que ya vimos como el protagonista de Singularidades de una rapariga loura, film inmediatamente anterior a éste) un joven fotógrafo judío, -atentos al nombre bíblico; Isaac es el hijo que Abraham concibió a los 100 años, dos menos que Oliveira cuando consiguió completar este viejo proyecto!!- es llamado en medio de la noche para retratar a la joven Angélica- bajo el rostro inolvidable de la española Pila López Anaya, la improbable Sylvia, de Unos días en la ciudad de Sylvia, de Guerin- que ha muerto justo antes de su boda. Isaac, al retratarla, vigilado por la madre y la devota hermana monja de la muerta, cree ver que la muerta le sonríe a través del visor de su cámara, y cae en un embrujo de amor necrófilo, que hubiera Buñuel celebrado. Pero Oliveira, lejos de rendir otro homenaje al aragonés, como en Belle Toujours -apenas si lo saluda con un guiño- sino que mediante una fabula que mucho le debe a cierta tradición jasídica, a esos relatos tradicionales que ha sabido reconstruir el escritor Isaac B. Singer, -y que se hace explícita en el origen sefardí del protagonista, pero también en los ensueños que evocan a los cuadros de Marc Chagall:, Don Manoel revisa la evolución de la historia técnica del cine, y de la imagen y su poder alucinatorio. Desde la invocación a Chagall, hasta los trucajes Fx digitales, de los que se vale por primera vez en su carrera en un par de secuencia, y que sin embargo se utilizan para evocar más a Georges Méliès que a James Cameron, sutilmente Oliveira, hace una investigación de los diversos estados y usos y efectos de la imagen. Como si la evolución técnica le sirviera, paradójicamente, para volver “al principio del mundo! cinematográfico. Pero que no se vea en esto un lamento lloroso, sino más bien como un perfecto cruce entre tradición narrativa, modernidad, y actualidad técnica. La técnica puede cambiar, parece decirnos, pero el “clasicismo moderno”, valga el oxímoron, del que hace gala el portugués en este film, está tan lejos del postcine, como el de la lamentación ruinosa. Por el contrario, hay un estado celebratorio, no exento de nostalgia o más bien saudade muy portuguesa, que cruza todo el relato. Empezando, desde ya, por la seductora sonrisa enigmática de la muerta, o ese final a todo vuelo. Un relato con ecos literarios de fabula del siglo XIX con personajes que se visten y mueven como si estuvieran en la mitad del siglo XX -Oliveira escribió el guión de este film en 1950- y que se mueven en un mundo donde no se oculta la convivencia de los autos mas modernos y la evocación del universo campesino, del siglo pasado, a la orillas del Douro. El film, paralelo a su relato, ensaya una perfecta síntesis de un mundo evocado, junto a otro, presente, actual, y sus respectivos modos de representación: pintura, fotografía, cine mudo, universo documental, cine en fílmico, trucaje digital. Cada elemento que aparece, es como un autoafirmación de alguien que dice: yo también vi, pase, estuve ahí. Yo fui testigo, contemporáneo de estas estéticas, de estos cuadros, de estos paisajes que han cambiado, de estas técnicas que han evolucionado, pero la canción del cine, del mundo que amé y amo, cuando tiene alma y respira, sigue siendo la misma.

El espíritu de ligereza, sobrevuela incluso en ese infaltable momento “falado” -marca da Caso Oliveira- la conversación alrededor de una sobremesa. En esta ocasión, una discusión sobre materia y antimateria, el Hubble, el acelerador de partículas, que oficia además como pivote entre el anacronismo de los personajes, la actualidad científica y la curiosidad de Oliveira, por seguir asimilando la información actual, para hacer con ella inclusive,.un chiste ecológico, como cuando habla de los “siete mosquitos del Apocalipsis”. Ese efecto de desacomodo temporal, el juego entre lo moderno y lo antiguo, funciona como si Oliveira, resumiera en estos noventa, parsimoniosos minutos, toda la evolución técnica del mundo en 100 años, los cambios de los que ha sido testigo (¿de cuantas cosas se ha sido testigos cuando se ha vivido más de un siglo? ) y la vez refirmara por sobre ellos, todo su amor y su fe por lo atemporalidad del arte, por la capacidad de juego del cine, que aún es capaz mover y conmover a fuerza de sensibilidad y talento.

Hace poco, en un reportaje, Oliveira dijo que tenía aún muchos proyectos, que si no filmaba, se aburría y entonces sí, seguramente moriría. También dijo que su sueño es morir filmando. Desde aquí le deseamos un muy feliz cumpleaños y esperamos que su último deseo se cumpla lo más tarde posible. Nos deje, al menos, un par de películas más antes de salir volando de este mundo, inmaterial, e ingrávido y enamorado como su fotógrafo que resucita hermosas sonrisas vivas en bellas jóvenes muertas.