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martes, 1 de agosto de 2023

Tirar botellitas

Ideas un poco amargas tiradas al aire dos semanas antes de que sea tarde:

- Si el problema es que Grabois le resta votos a Massa de sectores que no son interpelados por el jefe del FR, la solución sencilla no es denigrar o silenciar a Grabois, sino que Massa le dispute a Grabois la representación de los excluidos del sistema.

- Si hay algo que impide que Massa represente los excluidos del sistema y se quiere borrar a Grabois del mapa, entonces hay algo que en el esquema de UxP no funciona.

- Si el valor electoral de Massa es mostrar que el peronismo puede ser el partido del orden, hay algo en desorden: Massa habla a los que pagan sueldos pero no habla nada a los que reciben sueldos por debajo de la línea de la pobreza ni a los que salen a ganarse el pan de cada día.

- Digamos: si Grabois no les gusta, Massa tiene 2 semanas para ganar no el voto K sino al 40% de los pobres.

- ¿Se puede formar una mayoría con un discurso neodesarrollista que no contempla al 40 por ciento de los que no llegan a la línea de pobreza?

- Se les pide a los que no llegan a la línea de la pobreza que comprendan, callen y esperen?

- Boudou dice que Massa hizo una excelente negociación con el FMI. Estupendo: el corazón del FMI no logró ablandarlo. Ahora debería dar una buena noticia a los trabajadores formales y a los informales. Si no, le estamos pidiendo a los pobres un acto de fe.

- Si alguien me dice que en este contexto, proteger el poder adquisitivo de los pobres no se puede, entonces lo que esto quiere decir es que el tipo del conciliación que el peronismo propone no es viable.

- Situación extremadamente paradójica del proyecto UxP: seducir a un FMI que está esperando que UxP pierda y pedirle a la base social de UxP que sea comprensiva con la dificultad de la situación.

Una campaña electoral explicando lo dura que es la posición del FMI es imposible: entonces hay que apostar a que Patricia Bullrich siga cometiendo errores. Porque el FMI no comete errores.

- Digamos: no es una gran campaña ir por el conurbano diciendo: Sergio logró concesiones que el FMI nunca había hecho, pero igual nos piden que los salarios sigan bajando.

- Por lo visto para STM es más fácil mover la botellita con la mirada que conmover al FMI.

martes, 14 de septiembre de 2021

Los balcones de la miseria argentina (la relectura de un texto temprano)


Esta nota fue publicada el 1 de mayo del 2020, cuando el rumbo parecía que podía corregirse pese a las fallas ya evidentes del gobierno democrático del FdT. Durante este año no escribí casi nada de coyuntura política porque los blogs ya no están para eso: la coyuntura política está ampliamente cubierta (en todos los sentidos de la palabra) por los grupos mediáticos de diversa orientación política. Hubo un tiempo en el que había que romper un cerco mediático allá por el otoño de 2008 y entonces aparecieron los blogs. El gobierno actual, en cambio, ha decidido, según lo expresó el propio presidente Alberto Fernández, que la comunicación es un negocio y así quedó tercerizada en diversos grupos privados (incluso en los que trabajan para voltear al gobierno) y financiados por la pauta oficial. Pagamos para que Clarín, Infobae y La Nación armen el escenario de nuestra aniquilación. No se trata solo de un reduccionismo comunicacional en el que se alega que "falló la comunicación": estoy diciendo que con nuestros fondos públicos financiamos los proyectiles de quienes nos disparan. Lo que es la parte de un todo más amplio.

Pero al leer el texto que sigue, escrito cuando Alberto aún presidía la mesa de Larreta y Kicillof como símbolo de la "Unidad Nacional", ya abundaban los signos de que esa escena ocultaba el germen del resultado del que nos anoticiamos el domingo pasado a eso de las 20:30. De alguna forma el domingo nos golpeó como una novedad pero el 1 de mayo de 2020 se estaba percibiendo lo sustancial de esta nueva derrota del campo popular. Ojalá haya tiempo para todavía, un año y medio después, evitar que la derrota resulte irreversible.

1 de mayo de 2020: El gobierno de Alberto Fernández dejó abierto un flanco por el que la derecha dura logró vulnerarlo, después de un período en el que había conquistado un enorme consenso social en la primera fase de la crisis sanitaria causada por la pandemia del CoVid19. El costo político que Alberto va a pagar por esta distracción todavía está por verse. En sus pocos meses de gobierno mostró ductilidad para resolver los graves problemas que le reservaba una Argentina arrasada por el macrismo. Todavía podría ser que esa ductilidad vuelva a sacarlo de esta encrucijada. Pero con el cacerolazo de anoche, construido y sobredimensionado con tenacidad por los medios corporativos que encabezan la oposición, la derecha gritó su primer gol en doce meses. Recién el 18 de mayo se cumplirá un año del día en que Cristina anunció su decisión de proponerle a Alberto encabezar la fórmula presidencial.

El cacerolazo de anoche en los barrios del norte de la ciudad dista todavía de producir una crisis política como la que asoma en los países que, por preservar los intereses de las clases dominantes, dejaron crecer las pilas de cadáveres al colapsar sus sistemas sanitarios. El éxito del enfoque sanitarista de Alberto ante la pandemia, con el achatamiento de la curva de contagios y el número comparativamente bajo de muertos por el CoVid19 viene siendo un mal ejemplo para las derechas duras. Lo ideal para ellos sería que, si los gobiernos encabezados por crápulas como Trump, Johnson o Bolsonaro no pueden ni frenar la catástrofe sanitaria ni evitar el derrumbe de sus economías, ejemplos como el de la democracia argentina fracasaran también, para que la muerte los iguale a todos: un imperio extendido del cualunquismo mortífero.

El estruendo de los balcones pequeñoburgueses alimentados por el resentimiento clasista y magnificado por la tele hace sonar una alarma en el esquema de unidad nacional y el "cierre de la grieta" con el que Alberto Fernández viene intentando consolidar su liderazgo político. Ese cacerolazo balconero que los medios de la derecha dura gustan relatar como "masivo" se opone simbólicamente al silencio temeroso que reina en los barrios pobres que no tienen quién los televise. No importa que el gobierno de Larreta deje por semanas sin agua a las villas mientras en la tele las campañas publicitarias machacan todo el tiempo con la necesidad de lavarse las manos. Fuera de los barrios pobres, las clases medias se lavan siempre las manos. El balcón es el escenario preferido por la televisión. Esa grieta no se cierra nunca.

La consolidación del liderazgo de Alberto en esta primera fase fue sorpresiva para sus partidarios e inquietante para la derecha. "Menos mal que ya no está macri en el gobierno" fue la frase más repetida en estas semanas. Una frase lacerante para una derecha que no encuentra un liderazgo fuera de los telepastores que nunca dejaron de recalentar el resentimiento de la burguesía televidente: ¿acaso a alguien se le ocurriría salir a pedir por macri o por peceto? La certeza de que si la pandemia se hubiera desatado durante el régimen macrista el número de muertos habría crecido exponencialmente logró que la figura de Alberto llegara a índices de aprobación que duplicaban los votos obtenidos en octubre pasado.

De pronto, la derecha argentina se había quedado huérfana. Alberto llegó con los votos de Cristina y un pequeño caudal de sectores medios despolitizados, dañados por el maltrato sistemático del macrismo, pero los reflejos rápidos de Fernández ante la emergencia sanitaria hicieron crecer su figura de líder político hasta límites inesperados. Un líder político que goza de gran aprobación popular conquista una autonomía que resulta siempre un obstáculo para los poderes fácticos, mientras en el mundo los gobiernos de la derecha obscena naturalizan el desprecio por la vida digna. El poder trasnacional juega en esta partida una batalla simbólica que no puede permitirse perder: la prevalencia de los más aptos y el aniquilamiento de los débiles, la alucinación nietzscheana de la voluntad de poder convertida en sentido común hegemónico.

Pero cuando para oponernos a la ley de esa ferocidad reinante en el capitalismo tardío en nuestro haber solo contamos con la memoria de la organización popular, se producen distracciones, un lujo que no podemos darnos.

Desde que se desató la pandemia se vio que hay sectores sociales muy vulnerables a la amenaza del virus: barrios pobres, geriátricos y cárceles en los que la distancia social es impracticable, formas de la arquitectura civil incompatibles con el aislamiento necesario para frenar la propagación de la enfermedad. La reacción de los países gobernados por la derecha dura fue dejar a estos sectores librados a su suerte, incluso propiciar su destrucción. Que la muerte haga su faena. La derecha siempre cuenta con la muerte como instrumento de gobierno, también ante la pandemia. Así se explica la persistencia de Trump, Bolsonaro o Johnson, a pesar de sus gestiones catastróficas. Cuando los cientificistas ingenuos creen que la actitud natural de toda sociedad es siempre defender la dignidad de la vida humana, chocan rápido con la evidencia de que para el capitalismo la vida no es un fin sino apenas un medio y, a veces, un lastre para el desarrollo de las potencias productivas. La voluntad de poder quiere el aniquilamiento de los débiles. Plena vigencia del nihilismo.

En el esquema humanitario que asumió Alberto, desde el primer momento debería haber prestado especial atención a estos grupos que la experiencia mundial señalaba como focos en los que el virus se expandía fácilmente. Las cárceles, los geriátricos y los barrios pobres tendrían que haber ocupado un lugar especial en sus primeras comunicaciones, esperadas con respeto y ansiedad por una enorme mayoría social. Quizás un exceso de alfonsinismo lo hizo reparar en sectores en los que el peligro no está tan expuesto y "guardarse unas semanas" resulta viable. El #QuedateEnCasa no le habla a la villa, al geriátrico ni a la celda. En sus primeros discursos dedicó gran parte de su tiempo a considerar a los runners, a los que añoraban su hora de esparcimiento o los nenes que dibujan en los deptos. Un enfoque clasemediero.

No está mal pensar en ellos si se gobierna para todos. Pero esos casos en los que Alberto reparó en sus discursos no arman una totalidad. Lo malo, si realmente se gobierna para todos, es olvidarse de que la burguesía y la pequeño-burguesía tienden a abandonar a sus viejos en los geriátricos, prefiere apartar de la vista a los villeros y las cárceles son el reino del horror en el que la sociedad cómplice de la violencia sistémica esconde su fracaso.

Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija hará responsable al juez que la autorice: lo dice el artículo 18 de la Constitución, algo que la clase media ignora porque nunca se piensa a sí misma en la cárcel. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que desde 1994 tiene rango constitucional dice en su artículo 10 que toda persona privada de su libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. La derecha que alardea de republicana jamás lo creyó; al contrario, se complace en hacer de las cárceles reductos de lo inhumano. Es una falla inquietante que también para una perspectiva humanista cueste tanto visualizar este problema, porque las cárceles infectas no cesan de señalar el fracaso de una comunidad organizada.

La pandemia es la gran oportunidad para que un gobierno que se propuso instalar una nueva institucionalidad tome el problema estructural de las cárceles como medida de su legitimidad. El macrismo nos legó cárceles sobrepobladas por pobres en las que vivir dignamente no es posible, pero las cárceles ya eran insoportables desde hace mucho tiempo. El marginal: las ficciones sensacionalistas de televisión las convirtieron en fuente de su esparcimiento. El balcón de los caceroleros es el contraplano de la Argentina blanca. Las pantallas pueden trasmitir su indignación latosa hasta pretenderla obligatoria para todos.

Si el problema de la deuda parecía demandar la necesidad de postergar algunas reformas humanitarias para momentos más propicios, la pandemia cambió el orden de las prioridades. La defección del estado y la sobrepoblación de las celdas, incluso antes que un reto moral para la sociedad, se convierten ahora en una urgencia sanitaria. Si cuando hay que propiciar el distanciamiento social y la higiene no se resuelve la inhabitabilidad del sistema carcelario, ¿cuándo va a asumir la democracia su propia miseria? La experiencia de otros países ya nos había advertido sobre la necesidad de poner el foco en estas debilidades. Lo mismo pasó con los geriátricos y los barrios pobres: los contagios empezaron a acelerarse en los ámbitos de los que ya estábamos avisados. El enfoque del comité de expertos se centró en una perspectiva clamediera en la que la existencia transita entre el living y el balcón. El único problema era entonces pasear al perro o a los nenes.

¿Nadie pensó en las villas? ¿Nadie pensó en los geriátricos? ¿Nadie pensó en las cárceles? La derecha sí: pensó que esa zona débil de la trama social era su oportunidad para corroer el liderazgo político que estaba tomando un vuelo propio inconveniente: vio ahí la hendija para inyectar sus fobias más tóxicas. El gobierno de Alberto, un abogado penalista, justo en este punto se mostró inconvincente para encarar el crimen de la sobrepoblación carcelaria. Incluso un pensamiento calculador puede advertir que estos regímenes de encierro no funcionan como compartimentos estancos: en las cárceles -igual que en los geriátricos y en las villas- hay personas que todos los días entran y salen. Hasta para un sanitarismo blanco es evidente que estos eran los lugares que se debían cuidar con delicadeza para conducir el tránsito social de la cuarentena. Si las cárceles, los geriátricos y los barrios pobres se convierten en focos infecciosos, no hay manera de controlar la propagación del virus y el sistema sanitario se expone al colpaso. La cuarentena precoz podría no ser el remedio de todos los males.

Alberto y su gobierno prefirieron suponer que el problema de las cárceles superpobladas se disiparía  de algún modo en la bruma de la cruzada sanitaria. Tocó la cuestión con desgano, con tuits poco precisos que intentaron derivar los aspectos más corrosivos de la cuestión hacia un mero enfoque jurídico, despolitizado. Para no hablar de los sectores del Frente de Todos que abrazan el punitivismo fascista con fervor, como Massa o Berni. Tocar el problema de las cárceles y de las villas es la contrapartida necesaria de plantear un impuesto a las grandes fortunas, porque implica dar un enfoque integral de las desigualdades permanentes que la pandemia vino a desencubrir. El gobierno de Alberto comunicó mal, no por una falla de los equipos de comunicación, sino porque no pensó el problema en su carácter sistemático. La derecha sí es buena comunicadora y se tomó una semana para asustar a la clase mierda con la amenaza de una apertura masiva de las cárceles, azuzando justo ese punto en el que el Frente de Todos se muestra inconsistente. 

Hasta los caceroleros con dos dedos de frente podrían comprender un hilo de enunciados de fácil conexión. Un rebrote en las cárceles -en villas, en geriátricos- compromete la disponibilidad de las camas del sistema sanitario. Si las camas de terapia intensiva se llenan de presos, de habitantes de las villas o de gerontes, puede no haber lugar para los propios caceroleros. La ficción tanática de que los pequeñoburgeses se desentienden de la suerte de presos, pobres y viejos es también inconsistente: para que el sistema funcione es preciso que todos los días los trabajadores de las villas, los geriátricos y el sistema penitenciario circulen de un lugar a otro. No se sostiene la ilusión pequeñoburguesa de que cárceles, villas y geriátricos puedan estallar mientras el estado "nos va" a reservar camas. Es una ilusión entrópica.

Esto se dice en tres pasos. Lleva explicarlo pocos segundos. El riesgo del gobierno de Alberto radica justo en que sus primeros pasos los anduvo bien. El gobierno del Frente de Todos juega su legitimidad en que estos sencillos enunciados se asimilen por las mayorías sociales. Tiene que asumir su responsabilidad estatal. Las cárceles somos nosotros. Del otro lado, la derecha seguirá apostando a la muerte. 

viernes, 22 de febrero de 2019

Los rubios

Imágenes para un libro de historia del futuro


"Hoy un 20 por ciento aportan el 99,4 por ciento de la recaudación" dice un informe del ministerio de producción macrista distribuido hoy a través de las redes sociales. La frase es ilustrada por la imagen que encabeza este post. Un pequeño grupo de rubios trajeados sostiene sobre sus espaldas el peso de un montón de morochos que posan inmóviles con sus manos en los bolsillos.

Es una postal de época que aconsejamos guardar. Hoy será rápidamente desplazada por otras más impactante imágenes en twitter, facebook e instagram. Dentro de unos años esta imagen va a ilustrar el carácter racista y descaradamente clasista del régimen que por ahora nos gobierna.

La imagen quedará guardada en la memoria junto con la de las primeras Madres de la Plaza que rondaban en 1977 alrededor de la Pirámide, la silla de industria nacional que se rompía al sentarse en la época de Martínez de Hoz, el tanque de la DGI que al abuelo de Solnicki le recordó a la Gestapo, el "Felices Pascuas" de Alfonsín ante la plaza multipartidaria que había ido a respaldarlo,  la desorientación en tiempo y espacio de De La Rúa en el programa de Tinelli, el coreano que lloraba porque le habían saqueado su mercadito en la crisis del 2001, las Madres reprimidas por la policía de la Alianza ese mismo año o la tapa de Clarín que escribió Julio Blank para esconder el asesinato de Kostecki y Santillán, "La crisis causó dos nuevas muertes".

Esta imagen significa también el programa de gobierno de un presunto segundo mandato de Cambiemos: varios de esos negritos vagos se van a caer de ahí.

Imágenes para un libro de historia del futuro.

lunes, 18 de junio de 2018

Sororidad y luch@ de clases



En el tema pendiente del presupuesto con que se va a financiar el derecho de las mujeres pobres al aborto en un hospital público aflora la insuficiencia de los reduccionismos de género. Porque en sus discursos Sor Lopilato nos hace llorar a todos, como Andrea del Boca en Papá Corazón, pero cuando haya que poner la tarasca, ahí, igual que en el presupuesto para la escuela pública, los hospitales o  las pensiones por discapacidad, la sororidad no va a alcanzar. Va a depender de la lucha de la clase trabajadora contra la clase opresora. Y fíjense que en esta frase no hay problemas de género. No hace falta usar cacofonías como clase trabajadore o clase opresorx. 

Y es lucha de clases, no es luchx de clasos, ni luch@ de clasxs.

Sor Lopilato a favor del tarifazo:



Pensemos en los muertos de frío por las tarifas que Sor banca desde su banca.

lunes, 28 de agosto de 2017

El neoliberalismo y los mitos del progreso científico

Ciencia y longevidad humana


por Cristina Campagna
Dibujos: Carmen Cuervo

Como eterna estudiante de filosofía y en especial de la filosofía de la ciencia, me autorizo a responder a las declaraciones del diputado Leandro López de Cambiemos, quien como justificación de la necesidad de la extensión jubilatoria afirmó que los niños de hoy (puso como ejemplo a su propia hija de 8 años) vivirán 200 años gracias a los avances científico-tecnológicos.

No he leído ni buscaré las fuentes consultadas del diputado, no las necesito. Pues como vicio de la profesión me permito preguntar: ¿cantidad o calidad de vida?

Porque hoy a pesar de los avances científico-tecnológicos :

- no se logró disminuir la mortandad infantil, lo que es peor aún, en algunos ha aumentado

- mil niños/as mueren por día a causa de consumir agua no segura

- millares de niños/as mueren a causa de enfermedades evitables, es decir que existen remedios o vacunas que, de haber tenido ellos acceso, seguirían con vida

- incontables niños/as mueren por hambre y frío

- cientos de niños/as mueren a la semana por guerras o atentados en sus territorios

- miles de niños/as son expulsados de sus comunidades producto de la segregación, las diferencias políticas, religiosas o simplemente por la ocupación de esos territorios, porque son apetecibles para los invasores

- miles de miles de niños/as viven como refugiados en carpas o viviendas muy precarias

- miles de niños/as quedan huérfanos por la violencia étnica, guerras civiles, etcétera.

- cientos de miles de niños/as no reciben educación o la que reciben es de pésima calidad, que compromete seriamente su futuro

- miles de niños/as mueren a causa de los desastres climáticos: lluvias, inundaciones, sunamis, terremotos...

- miles de niños/as sufren enfermedades graves o ya nacen con deformaciones producto de los pesticidas

- cientos de miles de niños/as están condenados a la desnutrición por su escasa o pobre calidad alimenticia, cuestión ésta que los inhabilita para un desarrollo pleno y digno

- miles de miles de niños/as no alcanzarán la adultez a causa del HIV o distintas enfermedades de transmisión sexual

- miles de niños/as son sujetos del comercio de la carne humana a través adopciones ilegales, que en muchos casos sirven para ser vendidos para la prostitución

- miles de niños son entrenados para la guerra y por cierto en la primera línea de combate

- miles de niños/ as son segregados y/o despreciados por sus entornos a causa de sus discapacidades físicas o mentales

- miles de miles de niños/niñas son… agreguen mil y una calamidades más…


Entonces después de este desdichado recorrido de nuestros niños/as, ¿de que doscientos años hablamos? ¿de qué esfuerzo científico-tecnológico discurren?

No engañemos o nos hagamos los distraídos o permitamos que nos distraigan, la cuestión es política, producto de la profunda desigualdad que atraviesan las sociedades actuales.

Por cierto, para derrotar esta profunda desigualdad las ciencias tienen herramientas o pueden señalar caminos. Las devaluadas ciencias sociales son las fundamentales para aproximar soluciones, respuestas provisorias, porque cada aspecto de los señalados requieren estudios situados. No existen soluciones universales para los problemas aunque estén vinculados.

Las respuestas necesariamente tienen que contemplar las diferencias étnicas, culturales, estructurales. De ahí que el mayor peso tiene que ser aportado por las ciencias sociales, atravesadas para bien y para mal por las tecnologías.

Para seguir pensando dejo abierta la pregunta ¿Cantidad o Calidad de vida?

miércoles, 3 de febrero de 2016

La crueldad burguesa


"Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.

"Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.

"El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.

"En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario".

Así empieza "El niño proletario". Ni les puedo explicar cómo sigue porque a Osvaldo Laborghini no se lo puede explicar, hay que leerlo. Por momentos parece que la escritura de Lamborghini desborda los límites de la literatura. El filo hiriente de sus palabras saltan del papel y uno siente que le pegan en el cuerpo. Por momentos roza lo insoportable, no tanto por sus temáticas, que vienen de la tradición literaria argentina, sino porque hace aparecer la rugosidad, los rebordes, la violencia del lenguaje como lenguaje. Entonces se podría decir al revés: que Lamborghini es uno de los pocos que hace literatura, que muestra el lenguaje en su poder amenazante, mientras la mayoría solo escribe. Escribir, escribimos todos, pero unos pocos hacen patente la atrocidad del decir, uno de los acontecimientos más anómalos y riesgosos del universo.

Lamborghini no hizo una carrera de escritor normal. No era normal. Escribió mucho pero en su vida publicó poco y pocos lo reconocían como escritor. Como persona, dicen, no era fácil. Algunos que lo conocieron dicen que era jodido, o que estaba jodido (no es lo mismo). Pero qué importa lo que dice la gente. Después de muerto su obra se empezó a difundir, de apoco y cada vez más, se hicieron ediciones póstumas y su consideración creció. Hay quienes piensan que es uno de los más grandes escritores argentinos, el menos conocido entre los más grandes.

Yo digo que no soy crítico literario, pero leerlo es distinto a leer otra cosa, leer meros libros.

Su escritura es política, o sea: hacía política escribiendo. No "crítica social" o "denuncia" o "testimonio", como si hablara de cosas que pasan en la realidad. Escribir era continuar la política por otros medios. O quizás hacer la guerra. Su asunto la guerra de clases como acto aberrante de por sí. O más precisamente la guerra infinita de la clase dominante contra los oprimidos. Parecería que la clase burguesa no se conforma con dominarte, sacarte la plusvalía, quedarse con una parte de la riqueza que producís. Parte de su economía libidinal consiste en humillarte, gozarte, hacerte morir. La derecha hace política con la muerte. La crueldad no es un añadido, sino parte de lo que el burgués necesita para mantenerse tonificado. Esa es la intuición de Lamborghini. 

Yo vengo de una familia de trabajadores. Nunca me pasaron las cosas horribles que Lamborghini describe en "El niño proletario" ni de lejos. Pero algo de la hijaputez burguesa sentí cada vez que me tocó tratarlos. Sentís directo en tu cuerpo el desprecio que te tienen, incluso cuando no te dicen nada. La peculiaridad de "El niño proletario" es su punto de vista: el de los opresores en su faz más perversa. Cuando asoma alguna metáfora, la belleza, algún desborde "literario", surge como una supuración o como usurpación. Todo fuera de lugar. El arte en su escritura es improcedente, incómodo. 

Su procedimiento es hiperbólico pero no deja de ser realista.

Muchos han dicho que sus relatos anticiparon el horror de los campos de concentración de la dictadura. En estos días en que la derecha llegó al poder, yo sentí el desprecio de Macri, de Prat Gay, el cinismo de Lombardi y Avelluto. Y me acordé de Lamborghini.


Por eso publiqué en el blog Un Largo su cuento "El niño proletario". Lo pueden leer clickeando acá.

martes, 9 de junio de 2015

Un paro contra los pobres


Un paro contra los pobres. Hoy a las 7 de la mañana, plena noche, vi a pacientes pobres esperando  infructuosamente que los atendieran los médicos de consultorios externos de un sombrío Hospital de Clínicas. Médicos que puede que ganen un poco más que los tipos de ropas raídas que yo vi hoy cómo esperaban inútilmente que alguien los atendiera. No sabemos si los doctores pagan ganancias o se tomaron el día. Quizás ni siquiera los médicos de los consultorios externos sean beneficiarios de los reclamos de hoy. Pero fueron conducidos por una elite de burócratas.

Chantajistas con grandes mansiones que hace décadas no trabajan, si acaso alguna vez trabajaron.

Es parte de las deudas pendientes del kirchnerismo la democratización sindical. Quizás el asesinato de Mariano Ferreyra, que obsesionó a Néstor en sus últimos días de vida, era el momento de tomar una iniciativa que fuera más allá de Pedraza.

Si al menos el paro lo decretaran tipos que todos los días laburan, si pidieran la incorporación al trabajo del 30% de los no sindicalizados. Si en lugar de parar por los que cobran más de $ 15000 pararan por los que no llegan a la canasta básica o por los que no tienen empleo formal. Si los convocantes al paro no fueran mafiosos fijados a sus cargos hace décadas por su poder de extorsión, si fueran delegados de los trabajadores que comparten sus jornadas de trabajo. Entonces el paro tendría toda la legitimidad, necesaria para ir más allá de lo que el kirchnerismo deja como cuentas pendientes.

Barrionuevo dice después del paro que hasta con los militares de la dictadura negociaba... Alguien tendría que pedirle que explique cómo y cuando negoció con los milicos. Y el resto de burócratas que hoy compartían el escenario con Barrionuevo y aceptan su compañía, muestran así dónde están parados.

El kirchnerismo en 12 años subordinó a las fuerzas armadas, cuestionó a las corporaciones mediáticas, pulseó contra el FMI y los buitres... Sin embargo, desperdició 12 años cediendo a la extorsión de los gordos corruptos que manejan la burocracia sindical. Néstor le concedió por años a Moyano la imposición para que no se le diera la personería jurídica a la CTA que representaba a trabajadores no sindicalizados, subocupados, desocupados.

Las fuerzas de seguridad entramadas con el delito, la corporación judicial, la burocracia sindical son residuos del esquema que condujo al desastre del año 2000. Los obstáculos para profundizar el modelo.

martes, 16 de octubre de 2012

Fiesta en los vestuarios de rugby y en el bunker del PRO



Miembros de la comisión directiva de Alumni y Deportiva Francesa se comunicaron con allegados a la banda Poxyclub amenazando con iniciar acciones legales si el video seguía online. También recibieron llamados de un abogado de la Unión Argentina de Rugby.

El video en youtube desencadenó una lluvia de insultos y amenazas.

El presidente del club Deportiva Francesa, Juan I. Blanco, consideró que “Rugby Time” es “una falta de respeto, pasaron una barrera que no tendrían que haber pasado. La creatividad que tiene hoy la juventud lamentablemente no la tiene en experiencia y realmente se creen que significa llevarse el mundo por delante. El mensaje es creativo. El tema es que se confunden y tomaron atribuciones que no les correspondían. No nos molestó la homosexualidad en el rugby, si todos nos reímos de nosotros mismos, lo que molestó fue la no autorización formal de la institución para filmar en el lugar y con esa camiseta, que no es neutra sino de un club amigo. Lo más grave es que hay sponsors y usaron la cancha principal del club”.

Pero Andrés Gil Domínguez, profesor de derecho constitucional de la UBA, consideró que “más allá de los colores que se pueden utilizar, no hubo ninguna identificación con el signo o marca del club. A ellos los dejaron filmar y no les impusieron ninguna condición, no les hicieron firmar nada, entonces les dieron libertad para filmar. Así que no hay un fundamento legalmente válido. El trasfondo es una ideología homofóbica: los jugadores de rugby son tan machos que no pueden ser gays y decirlo o sugerirlo es ofensivo o disvalioso”.

Los Poxyclub también son autores de "Fiesta en el bunker de Macri" y "Quiero Flashear Ser Pobre".


lunes, 25 de octubre de 2010

Los grandes empresarios contra Moyano

El pequeño detalle que gorilas, Fontevecchia Boys y trosquistas nunca incluyen en sus análisis sobre la "violencia sindical"


Las principales cámaras empresarias del país emitieron un duro comunicado para rechazar el proyecto que prevé el reparto de ganancias y la interferencia gremial en la dirección de las empresas. Dijeron que la iniciativa antenta contra el derecho a la propiedad y pidieron alejar "los fantasmas de la violencia".

Entidades de la industria, el agro, la banca, el comercio y la construcción denunciaron esta tarde que el proyecto para repartir ganancias empresarias entre los trabajadores instaura un "sistema de cogestión sindical" y manifestaron su preocupación por el "desaliento a la inversión" que puede generar la medida.

Así lo admitieron en un comunicado conjunto la Unión Industrial Argentina (UIA); la Asociación de Bancos de Capital Argentino (ADEBA); la Bolsa de Comercio de Buenos Aires; la Cámara Argentina de Comercio (CAC); la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) y la Sociedad Rural Argentina (SRA).

El documento fue elaborado tras una reunión en la sede de la central fabril, durante la cual se consideraron diversos temas, entre ellos, el proyecto en tratamiento en la Cámara de Diputados de la Nación sobre participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.

"Las entidades manifestaron no estar de acuerdo con el proyecto en cuestión, presentado de manera intempestiva, sin respetar los compromisos de consulta previa entre los sectores establecidos por la Organización Internacional del Trabajo y firmado por Argentina como país miembro", afirmaron los ejecutivos.

Entre las objeciones marcadas por los líderes empresarios, consideraron que es “inviable” el “sistema de congestión empresaria que el proyecto instaura”, y marcaron que lesiona el derecho constitucional de propiedad, “primordial” para el ordenamiento jurídico de la argentina.

“Nos preocupa, asimismo, el desaliento a la inversión que el régimen provocará con su inevitable consecuencia de incremento de la exclusión y el desempleo”, indicó el escrito firmado por Enrique Wagner, Eduardo Eurnekian, Adelmo Gabbi, Hugo Luis Biolcati, Jorge H. Brito y Héctor Méndez.

Los empresarios proyectaron que, de aprobarse la iniciativa en el Congreso de la Nación, sus efectos serán "contraproducentes" ya que se atentará contra "el clima de paz social que es necesario para que la empresa y sus trabajadores prosperen".

Los integrantes del G7 dijeron que están dispuestos a dialogar con el sector gremial para llegar a un consenso, pero pidieron evitar "los excesos verbales" y "alejar los fantasmas de la violencia, cuyos efectos han vuelto a generar hechos lamentables y desgraciados", en alusión a la pelea de los ferroviarios del miércoles pasado.

lunes, 5 de mayo de 2008

Diez notas sobre el Mayo francés de Alan Pauls

Por José Miccio
I

“Porque ¿con qué otra puta época del Siglo de lo Real podemos decir lo que decimos del ’68: que tenemos con ella una relación de alegría?”. Con esta pregunta concluye Alan Pauls su contribución de cuatro columnas al cuadragésimo aniversario del Mayo francés. “La relación cero y la alegría” es su título; el suplemento Radar del último domingo su lugar de publicación. Se trata, aquella, de una pregunta elegante, como elegantes son siempre los textos de Pauls, incluso (sobre todo) esos, curiosísimos, que dice como presentación de las películas que Primer Plano proyecta en I-sat y que más que dichos parecen leídos, tan exquisita es su sintaxis, tan precisos sus juegos retóricos. Allí están, en la cita, esas mayúsculas lacanianas para referir un siglo entero y esas cursivas finales de espíritu carnavalizador. Y sobre todo está allí la huella léxica de la historia que Pauls celebra: la palabra puta como signo de un compromiso máximo, político y existencial, con el tema del que habla. A decir verdad, es esa palabra, que carece de una tipografía que le otorgue relieve, la que, sin embargo, está marcada. Porque Pauls no gusta de esas rupturas estilísticas tan evidentes (y por lo tanto tan poco elegantes); en otras palabras: Pauls no escribe puta sino cuando escribir puta es, digámoslo así, necesario. En ese sentido hay en su texto algo subrayado; y eso, claro, no atañe a la educada estética que Pauls practica con tan buenos resultados y que ha legado a nuestros ensayos y a nuestras conversaciones ese adjetivo que lleva consigo el máximo de los elogios: sutil. Por esta razón, ese final no termina el texto sin devolverlo a su comienzo y a sus zonas intermedias, nunca de manera sencilla, nunca por una calle de dirección única. Y está bien que así sea; porque Pauls es, como sus modelos intelectuales, un hombre del texto: nunca un écrivant; siempre un écrivain.

II

¿Y cómo empieza Pauls su ensayo? Así, con una clasificación de las reacciones que Mayo del ’68 ha provocado:

“1) ‘Mayo del ’68 es responsable de todos los males que vivimos hoy: falta de autoridad, relativismo absoluto, crisis de valores’;
2) ‘Mayo del ’68 es responsable de todas las conquistas de las que puede jactarse el presente: pluralismo, derechos de las minorías, laicismo, antiautoritarismo’;
3) ‘Mayo del ’68 tuvo cosas geniales y cosas estúpidas’”.

Pauls volverá a hacer uso de sus irónicas prosopopeyas cuando presente al personaje sobre el que arreciarán sus broncas: el cliente de la Historia. Por ahora se contenta con establecer un escenario: el de los cuarenta años que han pasado desde Mayo. Lo hace, dice, grosso modo. Entonces tenemos tres reacciones y sus respectivos tipos ideológicos: el ofendido, el celebrante y el mesurado. ¿En cuál se inscribe Pauls? En la segunda, arriesgamos. Pero no. Estamos frente a un fenómeno conocido: el del humano que clasifica humanos y se mantiene, sin embargo, fuera de todas sus categorías. Se trata de un escándalo lógico: o bien la clasificación no sirve o bien quien la realiza no es humano. Pero no hay por qué llevar las cosas a este lugar: Pauls no escribe un tratado sino un ensayo que habrá de publicarse en un periódico; su interés no es lógico sino ideológico; su medida no es la adecuación sino la persuasión. En ese sentido, lo que dice es otra cosa: dice su bronca sin por ello ser el ofendido; su alegría sin por ello ser el celebrante; su razón sin por ello ser el mesurado.

III

El problema está justamente en esto último, es decir, en su razón (en su trama argumentativa, quiero decir). Sus tres reacciones típicas son deliberadamente arbitrarias y su objetivo es, creo, provocar irritación. Son como tres cubeteras donde caben todos los que dicen algo sobre Mayo menos él. ¿Cómo va a entrar Pauls en alguna si esos útiles domésticos enfrían y sacan todo lo que producen de igual forma? ¿Cómo, si él es irreducible (Pauls escribiría irreductible, seguramente) a un modelo y es, sobre todo, caliente? Porque hay que decirlo, el habitual (y a mi juicio valioso) distanciamiento de Pauls respecto de los temas de sus ensayos no tiene lugar aquí. Quiero decir: a Pauls le importa mucho Mayo, tanto como para terminar su texto con una descarga emocional depositada en la palabra puta. Entonces, como Pauls es trascendente respecto de sus clasificaciones, puede juzgar sin demasiados inconvenientes. Lo peor es la mesura, así que a quien forma parte de la última categoría lo salpica de adjetivos que alternan ascos intelectuales y políticos: mediocre, conformista, ignorante, reaccionario. ¿Qué sucede con las dos primeras categorías? ¿Hay que tomar partido? Ya sabemos que Pauls no hace eso. Tal vez alguien mediocre e ignorante piense que vale la pena el esfuerzo de ajustarse, pero Pauls sabe muy bien que ambas son muy semejantes; es más, podríamos decir, foucaultianamente, que su oposición es meramente doxológica ya que las dos hunden su positividad en la misma episteme; los tipos ideológicos uno y dos son, entonces, reliquias de un mismo nivel arqueológico: el del presente. Así describe Pauls las dos primeras reacciones: “… son desoladoras porque son apenas una representación vaguísima de dos categorías vaguísimas, derecha e izquierda, que ya ni siquiera necesitamos decir qué son para que no nos interesen”. Y, por si fuera poco, “…parecen diseñadas para impactar mentes extraordinariamente básicas”.

IV


Pero no hay que equivocarse; no todo es lo mismo. Las reacciones uno y dos son superiores a la tres: “…al menos postulan alguna relación de tensión – por retrógrada que sea - con la Historia de la que forman parte”. Llegamos entonces a la presentación del personaje más deplorable de este drama pequeño pequeño: el ya mencionado cliente de la Historia. A él pertenece la tercera reacción, la que sopesa, mide, compara. Pauls escribe en primera persona del plural, pero, sabemos, nada tiene que ver él con su tipo ideal: “Decimos que Mayo del ’68 tuvo cosas geniales y cosas estúpidas con el mismo tono con que, enfrentados con el escándalo de un producto que no fue lo que esperábamos, un servicio que no nos sació o un espectáculo que dejó que desear, debatimos en silencio si estamos en condiciones de exigir que nos devuelvan el dinero”. En esto – creo – Pauls tiene razón. Y también – y sobre todo - en la caracterización que hace de la memoria del amnésico, esa persona “…para quien el único sentido que tiene la Historia es probarle si hizo bien o no en invertir en determinado acontecimiento”.

V

Pero las metáforas económicas que usa Pauls tienen sus trampas. Y estas se hacen evidentes en un paréntesis muy desafortunado. Inmediatamente después de exponer que el cliente de la Historia piensa en Mayo como en una insatisfactoria mercancía y debate entonces si está en condiciones de reclamar su dinero, Pauls escribe: “(Lo sofisticado es que aquí no se trata de dinero. Aquí el capitalismo no necesita dinero para funcionar. Aquí el único capital es hablar cuando Mayo del ’68 ya ‘está muerto’)”. En otras palabras, Pauls dice aquí lo que Mayo nos dejó decir, sin rubor, tantas veces: dice capitalismo como si este se tratase ante todo de una moral y no de una relación social de producción; bajo la misma sombrilla podría haber dicho revolución social como si esta se tratase solo de unos versos nuevos o de una ropa extraña y no de una confrontación de clases. Es esta una idea diseñada por una mente extraordinariamente básica, y no importa cuán (justamente) prestigioso sea su nombre. Se trata del - a esta altura - viejísimo truco de la completa reducción de las relaciones sociales a estados del espíritu. Un poco de Marcuse acá; otro poco de Deleuze allá y tenemos todo: tranquilidad de conciencia y discurso crítico, esto es, un elegante pensamiento burgués.

VI

Es probable que esto no suene elegante, pero no está de más recordarlo: el capitalismo es un modo de producción y un modo de relación social; el dinero puede ser su religión y la banalidad el estado dominante de la vida espiritual de quienes viven en su trama histórica (es decir, todos nosotros) pero su crítica es también (y a mi juicio necesariamente) no solo una crítica del espíritu burgués sino también una crítica de la propiedad burguesa. De eso Pauls no dice nada. Más fácil es, parece, hablar pestes de los mediocres y los ignorantes, esos que no tienen, como él, la arenilla dorada. Y aún más fácil es dictaminar una vez más el fin de polaridad izquierda-derecha, esas categorías sometidas al pensamiento binario (como explotador-explotado, como lucha de clases) y “que ya no nos interesan” (y el plural aquí es inclusivo, no irónico; es el de los que saben sobreponerse a las tramas que dominan a los otros pobres hombres, los a-lumnos, es decir, los sin luz; es el plural del plano de Música nocturna que muestra a los amigos de Filipelli, entre los que se encuentra, cómo no, el mismo Pauls). Todo esto es más bien un mal chiste. Como el del atribulado macho que le habla así a su pene: “pensar que nacimos juntos y te moriste primero”. No más izquierda y derecha: esa antigualla nació con el capitalismo pero murió antes. A nosotros nos queda la impotencia; a Pauls, la gracia aristocrática.


Pero tuvimos una fiesta. Pauls escribe muchas veces, y con mayúscula, la palabra Historia, pero Mayo es para él (y no solo para él) un relato mítico como el que solo una revuelta inocente - es decir, sin muertos y sin poder - puede regalar. La pos-izquierda puede celebrar hoy el empuje estudiantil de aquellos años y cuestionar el conformismo proletario o la manipulación de los sindicatos. La conclusión es la misma: los trabajadores son conservadores o sumisos o directamente imbéciles. Esta frase la dice uno de los jóvenes de Los amantes regulares: “Tendremos que hacer la revolución para los obreros sin los obreros”. Y el asunto no se terminó allí. Como a Negri - es solo un ejemplo - no le gusta hablar de imperialismo (esa cosa que suena a Lenin, ¡aj!) prefiere hablar de Imperio. ¿No es ese el libro que fue saludado como el manifiesto y la teoría de las nuevas luchas? ¿No es la multitud el nuevo sujeto histórico? ¿Y no es de Mayo de donde toma impulso un proyecto como este? Lo cierto es que algo hemos aprendido: podemos no decir nada diciendo todas y cada una de las palabras más rimbombantes de la filosofía politica. ¿O no es así, Foucault? ¿O no es así, Deleuze? ¿O no es esa una (la peor) de las contribuciones de Microfísica del poder y Capitalismo y esquizofrenia a la historia del pensamiento político? También esta es una herencia de Mayo.

VII

Hay, según entiendo, otra cosa en la que Pauls tiene razón: la del cliente es una reacción fácil, poco dramática. En sus palabras: “No es sólo un juicio que usufructúa las prerrogativas del post facto; es un juicio que confunde la mera posteridad con una superioridad moral, histórica, política”. Después de este diagnóstico escuchamos esa fantasmal (¿o fantasmática?) voz cobarde contra la que Pauls escribe. Dice esa voz: “Tengo derecho a juzgar lo que sucedió por el solo hecho de haber llegado tarde. Soy superior a lo que juzgo; lo que juzgo tiene conmigo ciertas obligaciones; es decir, lo que juzgo tiene que satisfacerme”. Hasta aquí, de acuerdo. Digamos que llegar tarde es un accidente; derivar de ese accidente una ventaja es, tal vez, un absurdo. Lo que sigue, en relación con el tiempo del que piensa y el tiempo de lo pensado, es más dudoso. Si hay que ser impuntual, parece decir Pauls, hay que llegar temprano. Como Godard, el profeta. ¿Tiene el que llega antes lo que el que llega tarde no tiene, es decir, una voz autorizada? Para Pauls parece que sí. ¿Por qué? Bueno…porque sí.

VIII


La chinoise es de 1967. Y de esa película extrae Pauls uno de los tres emblemas de la época que hoy atesora: el plano “…en el que Anne Wiaszemsky come un bol de arroz con una pantalla de lámpara invertida en la cabeza junto a un surtidor de nafta que dice ‘Napalm/Extra’”. Curiosamente, de todo lo que Godard tiene para decir sobre esos estudiantes revolucionarios atendidos por mucamas Pauls no rescata nada. Sí reencuentra el encanto de la foto en que Cohn-Bendit (entonces Danny El Rojo, hoy Danny el Verde) se burla de un policía en la puerta de La Sorbona. ¿Qué pensaría de esa foto el Godard de La chinoise? Pauls se refiere a esa mueca como a un desafío. Piensa, seguramente, en Bajtín y su estudio sobre el carnaval, es decir, sobre el contexto cultural en que Rabelais escribió Gargantúa y Pantagruel. ¿En la Francia de 1968 ese gesto era visto por todos los participantes de Mayo como una insubordinación o también se lo veía como una forma de rebeldía propia de un niño burgués? ¿Es la mueca de Cohn-Bendit el lugar donde confluyen los críticos del PCF? ¿O es en ese plano de Godard? Los emblemas de Pauls, me apresuro a decir, no tienen por qué guardar entre sí estrictas relaciones de coherencia.

IX

“Bajo los adoquines, la playa”. Este slogan es el tercer emblema que Pauls recupera de aquellos tiempos (porque Mayo no es un mes, por supuesto). Tiene su encanto, quién lo duda. Y el suficiente hermetismo como para habilitar posiciones diversas. ¿Se trata de una recuperación de la naturaleza? ¿De un llamado a mirar las cosas con ojos de historiador? ¿De la confesión del carácter vacacional de los movimientos estudiantiles? ¿De una reivindicación de la vida preindustrial? A Pauls no parece importarle nada de esto porque su interés por el slogan es más bien poético. El problema es que lo mismo se puede decir de otras, muchas, frases de su autoría. De esta especie de epíteto épico, por ejemplo: Mayo es “esa segunda Revolución francesa”. ¿Se trata de una tesis? ¿O es un verso? Como sea, la relación que establece entre ambos tiempos es históricamente insostenible. Si Pauls piensa en 1789 olvida, por ejemplo, la revolución jacobina, y si piensa en bloque el periodo que va de 1789 a, digamos, 1830 (o 1815, no importa ahora), olvida la revolución de 1848 y la experiencia, breve y radical, de la Comuna. Algo en común tiene los tres emblemas de Pauls: son más estéticos que políticos.

X


La mención a estos emblemas aparece dentro de un extenso paréntesis. La frase que está fuera de él es esta: “El hormigueo irrefrenable que nos despierta hoy cualquier emblema de la época (…) no miente”. Las primeras palabras (“el hormigueo irrefrenable”) preparan el escenario para que otra palabra – puta - pueda ser bien leída. La superioridad epistemológica de la pasión (es eso lo que no miente) que Pauls sostiene aquí tal vez explique algunas de las extrañas afirmaciones de su ensayo; tal vez su tradición intelectual explique otras; su lugar social, algunas más y su buena prosa las restantes. Pauls eligió para esta efeméride el terreno de la invectiva. ¿Tiene, además de su ingenio, alguna idea para ofrecer? No muchas esta vez. Pero tiene, sí, condenas y condenas para repartir. Una vez hecho eso, todos somos culpables, Mayo es inocente y Pauls el único juez. ¿Qué le dejó el ’68 además de los mencionados souvenirs? Poca cosa, finalmente: la seguridad de no ser de izquierda ni de derecha, la higiene política propia del becado, la estetización del capitalismo y el vértigo estilístico de escribir puta en un texto elegante.