Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de marzo de 2026

Nuestra tierra

II

Conversación sobre Nuestra Tierra, la película de Lucrecia Martel en Patologías Culturales (14-3-2026)


Parte A

 
Entre las claves para interpretar la película de Lucrecia Martel, el propio título ofrece una indicación preciosa. En los títulos de sus obras anteriores la enunciación establece una distancia fría y a veces irónica: La ciénaga -el lugar del que no se puede salir-; La niña santa -la chica que confunde su despertar sexual con una llamada divina-; La mujer sin cabeza -la mujer aturdida por un choque que altera su percepción del orden social. Nuestra Tierra presenta una novedad absoluta: la enunciación en primera persona del plural y cargada de afecto. La película está narrada desde un "nosotros" que anuncia una politización más explícita y un giro popular en la sensibilidad de Martel. Es la tierra nuestra. ¿De quiénes? Se trata del relato de la producción de ese nosotros mediante los recursos del cine: la imagen y el audio.

Parte B


Esta apuesta a lo popular no implica una simplificación de los procedimientos. Al contrario: las capas de la enunciación se complejizan. Para poner el nosotros, Martel se vale de elementos del cine dispuestos de un modo inédito. 


III

Carlos Páez de la Torre es un historiador y docente tucumano, autor de libros que circulan en ámbitos académicos del noroeste argentino. En una de sus notas publicada en La Gaceta de Tucumán puso que los Chuschagasta se extinguieron en 1807. Esa tesis historiográfica es citada por la defensa de los acusados del asesinato de Javier Chocobar como prueba de la inexistencia de la comunidad que reclama la tierra en disputa. El jucio se lleva a cabo varios años después del homicidio. En la película Díaz vuelve a aparecer para lavarse las manos: "¿Eso escribí yo? ¡Con las cosas que escribo, mire si me voy a acordar de ese detalle!". Se alza de hombros y ensaya una sonrisa nerviosa: "Después de todo... ¿qué es la verdad?" -citando involuntariamente a Pilatos. Con idéntico desentendimiento, Elena Perilli de Colombres Garmendia -todos los apellidos de los usurpadores-, presidenta de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, sostiene desde su escritorio la idea de que es imposible acreditar la existencia actual de los Chuschagasta: si ellos no tienen nombres ni apellidos, ni rasgos que los identifiquen... El montaje incorpora a la escena los gestos delicados, la belleza serena, la piel cobriza, esos rasgos que el relato oficial niega. Los historiadores no pueden ser imputados por el crimen de Chocobar pero sus voces autorizadas blindan el relato que consolida la continua desaparición de estos cuerpos sin embargo presentes. El cine puede componer en una misma escena la negación y la presencia.

En nuestra historia como nación argentina, la desaparición no es solamente un procedimiento de violencia militar, aunque el desalojo o el extermino sean antecedentes materiales necesarios. La desaparición es perfeccionada por una tecnología del lenguaje y la distracción cotidiana: un decreto administrativo, una fe de bautismo omitida o la tesis historiográfica que declara la extinción de un pueblo para cartografiar el despojo. 

La mirada distraída del espacio que habitamos conjuga las desapariciones en un presente continuo. De eso se trata la tarea de enceguecimiento que atraviesa la protagonista de La mujer sin cabeza: todos sus queridos la inducen a embotar su conciencia, borroneando la huella del choque con el cuerpo del chango al que ella ha atropellado. La conversación cotidiana que remacha continuamente: "no pasa nada". 

Nuestra tierra se eleva sobre la falla de estos relatos para propiciar una mirada y una escucha que desanden el sistema desaparecedor. La película no se limita a registrar el juicio por homicidio; pone en escena al cine como una presencia perturbadora  y también amorosa. 

El dron es el dispositivo de cámara que Martel adopta con una hermosura imprevista para hacer patente la mirada del cine en el cine. No remite a la exterioridad objetiva que el género documental supone como "tema". El vuelo ligero asume perspectivas que no emulan la mirada humana ni la visión omnsciente. Cada plano filmado desde el dron está acompañado por el zumbido de la máquina, pero la máquina es un invento humano y en la película funciona de tal modo que termina siendo un personaje decisivo. Cuando el ambiente del juzgado se vuelve asfixiante, la cámara-dron respira el aire de altura y la belleza de la ladera y la bruma. Cuando una de las testigos de la defensa quiere insinuar que la casa de Chocobar está lejos del lugar donde se produjo su muerte, la cámara corrige con movimiento brusco, para mostrar que no, que está ahí nomás. Cuando la cámara-dron parece enamorarse de la belleza del caballo que pasta en la ladera, el animal la descubre y la sigue con la mirada, girando su cuello sin perder su majestad. En el duelo de miradas uno se descubre alineado con la perspectiva del dron y de pronto centellea el tiempo completo de la historia humana en el planeta. La asignación consabida del dron a la tecnología bélica resulta cuestionada. 

Poco después un pájaro va a chocar contra la cámara y todo el plano se sacude. El accidente inesperado en el plan de filmación -chocan durante la filmación y a causa de ella- rima con la caída del celular que registró el momento del asesinato. En los dos casos las cámaras están materialmente ubicadas en el espacio del drama, como un observador cuya presencia perturba el trayecto del objeto: se introduce el principio de incertidumbre. Esta estructura en abismo se repite varias veces en la película y configura una forma que piensa: la voz de la Negra que clama la piedad al Señor desde la estación satelital; el reclamo ofendido de la abogada defensora de los imputados cuando descubre que se está filmando la película -el cine que altera el proceso que registra-; la proyección de la propia película para los comuneros en la inmensidad de la noche tucumana, además de los ya citados encuentros con la mirada del caballo y el choque con el pájaro.

La travesía que empieza en la  plegaria a un dios que no sabemos si escucha y culmina en el dron que se acerca al cine-fogón en el que los comuneros contemplan su historia restituida no es un alambique retórico que decora el registro documental sino la vuelta a esa tierra que el dios, las armas y los expedientes habían expropiado.

jueves, 12 de marzo de 2026

El nacimiento de otra nación

Nuestra tierra 1a.parte

Nuestra tierra: desde el título la película de Martel incita a un movimiento dialéctico que suspenda los sentidos fijos. ¿Nuestra? ¿Quién habla así? ¿Un nosotros que precede a la historia, cuya unidad no cesa de hacerse y deshacerse? ¿Nuestra de los argentinos, de la nación construida sobre bases coloniales, o nuestra de las comunidades que esperan el reconocimiento de una existencia que el estado y la teología se empeñan en sustraerle? ¿Será solo un reconocimieto simbólico o una más concreta y tangible devolución de los territorios que el Dios de la iglesia y la fuerza de las armas le sacaron también de manera concreta? 

¿Y la tierra? ¿De qué tierra habla el título? ¿De la tierra de la que los chuschagastas fueron expulsados por las malas? ¿Del intento de expulsarlos de la historia? ¿De la declaración "oficial" de su extinción, que la Nación Argentina y sus profesores perpetran cada día? ¿O habla de esa tierra que vemos rotando en el espacio en el plano inicial, ese planeta del que ahora algunos proyectan migrar para ir a saquear otra tierra, ya que no saben habitar?

¿Y es ficción o documental? ¿Martel ha abandonado el terreno de las ficciones o vuelve sobre sus primeras ficciones para hacer salir a la luz esos relatos del poder que ya desde sus primeras películas operaban tácitamente? ¿No es acaso Nuestra tierra una dialectización de La mujer sin cabeza? ¿No expone el borramiento que pretendían hacer en la conciencia de Verónica aquellos que querían traerla a esa normalidad en la que "acá no ha pasado nada"?

¿Y Dios? ¿Ese Señor al que ruega la Tucumana al comienzo, "ten piedad de nosotros", es el mismo que les envió a los chuschas su Rayo Fulminante, la maldición que aún profiere la catedral tucumana, sin que la iglesia oficial les haya pedido perdón? ¿Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva?

Y así todo: La perspectiva del dron, que nos pone la tierra patas para arriba: ¿dios, pájaro o máquina? ¿Y el duelo entre la cámara del celular y la del rollo fotográfico, que termina en los disparos (shots) que ultiman a Javier Chocobar?

Todo en Nuestra tierra nos incita a la inquietud.

Sigue el sábado a las 18hs en FM La Tribu, Patologías Culturales.

martes, 20 de enero de 2026

Aceleración 2: fuga y retorno de lo mismo


 

Aceleracionismo: antecedentes filosóficos

El párrafo de El Antiedipo en el que se introduce la idea de aceleración dice:

“Pero ¿cuál es el camino revolucionario? ¿Existe alguno? ¿Retirarse del mercado mundial, como Samir Amin aconseja a los países del Tercer Mundo, en un curioso resurgimiento de la «solución económica» fascista? ¿O acaso ir en la dirección opuesta? ¿Ir aún más lejos, es decir, en el movimiento del mercado, de decodificación y desterritorialización? Porque quizás los flujos aún no están lo suficientemente desterritorializados, no están lo suficientemente decodificados, desde el punto de vista de una teoría y una práctica de carácter altamente esquizofrénico. No retirarse del proceso, sino ir más allá, “acelerar el proceso”, como decía Nietzsche: en este asunto, la verdad es que todavía no hemos visto nada".

Este párrafo se ubica en el contexto de una discusión que postula a la esquizofrenia como el límite y el potencial revolucionario del capitalismo. Deleuze/Guattari plantean una disyunción engañosa: ante los flujos descodificados y desterritorializantes del capitalismo, la salida no sería un repliegue fascista que nos aplasta en un territorio sino una escape hacia adelante. Quizá ese dilema del posestructuralismo sesentista hoy pueda ser añorado con melancolía. El resistirse al mercado tal vez no sea una reacción distintiva del fascismo, así como la compulsión de ir siempre aún más lejos haya terminado por mostrarse como la prisión perfecta que el fascismo no se atrevió a soñar. ¿No fueron capaces los antiedípicos de ver que Nietzsche se aterrorizó cuando advirtió que no poder sino huir más allá lo condenaba a encontrarse eternamente en lo Mismo? ¿Qué parte de Zaratustra no entendieron?

Ellos optaron por acelerar, aligerando la tragedia nietzscheana, afrancesándola, al preferir que la acción revolucionaria no se resistiera a los flujos del capitalismo en procura de frenarlos, sino más bien apurarlos para llevar al sistema a un punto de ruptura, un cuerpo sin órganos que desbordaría su capacidad de control y reterritorialización. La esquizofrenia resultó complicada.

Para ellos, la desterritorialización fue el concepto crucial para propiciar una ruptura, desmantelamiento y liberación de las fijaciones, estructuras y códigos represivos que organizan un territorio determinado. El territorio no es solo geográfico sino que metaforiza toda organización: social, conceptual, afectiva, lingüística o psíquica. Desterritorialización como fuga del territorio, desarticulación de las normas vigentes, apertura a inventar algo nuevo. Este desarraigo nos prometía entrar en conexiones novedosas, aunque siempre pendiera la amenaza de una nueva reterritorialización. ¿El principio de aceleración podría desligarnos definitivamente del territorio? ¿Y si resultara ser un movimiento quieto, paralizado sobre sí mismo?

El pasaje citado fue la partida de nacimiento del aceleracionismo. Nick Land y los neorreaccionarios interpretaron la aceleración como justificación para desregular absolutamente al mercado -en el sentido más absolutista de lo absoluto- y disolver todos los vínculos sociales y políticos, adjudicándole al capitalismo un impulso cósmico e impersonal -¡teológico!- hacia una singularidad tecnológica post-humana, sin las intenciones éticas o emancipadoras que conservaban Deleuze y Guattari. La flecha disparada al más allá, incapaz de detenerse. Es decir, la versión impotente del Übermensch.



Marx, Nietzsche, Heidegger, Deleuze: 
una conversación

"La burguesía no existe sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de trabajo, es decir, todas las relaciones sociales. La persistencia del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Este cambio continuo de los modos de producción, este incesante derrumbamiento de todo el sistema social, esta agitación e inseguridad perpetuas distinguen a la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones sociales tradicionales y consolidadas, con su cortejo de creencias y de ideas admitidas y veneradas, quedan rotas: las que las reemplazan caducan antes de haber podido cristalizar. Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión.

"Impulsada por la necesidad de mercados siempre nuevos, la burguesía invade el mundo entero. Necesita penetrar por todas partes, establecerse en todos los sitios, crear por doquier medios de comunicación.

"Por la explotación del mercado universal, la burguesía da un carácter cosmopolita a la producción de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su carácter nacional. Las antiguas industrias nacionales son destruidas o están a punto de serlo."

Karl Marx, Manifiesto Comunista.


"Somos, con mucho, los más fuertes entre los fuertes. Ni siquiera necesitamos la mentira: ¿qué otro poder podría prescindir de ella? Una fuerte seducción lucha por nosotros, quizás la más fuerte que haya: la seducción de la verdad... ¿de la verdad? ¿Quién me puso esta palabra en la boca? Pero ya la vuelvo a sacar, desdeño la orgullosa palabra: no, tampoco necesitamos la verdad, llegaríamos al poder y a la victoria también sin la verdad. El encanto que lucha por nosotros, el ojo de Venus que cautiva y enceguece hasta a nuestros enemigos, es la magia del extremo, la seducción que ejerce todo extremo: nosotros, inmoralistas, somos los extremos". 

Nietzsche, Fragmento póstumo

- Me interesaría indagar en las relaciones que pueden establecerse entre la desterritorialización de El Antiedipo y el nihilismo nietzscheano, así como su vinculación con el aceleracionisno de Nick Land y Curtis Yarvin. Propongo la hipótesis de que la filosofía deleuziana, en lugar de dar paso a un proceso de radicalización anticapitalista, terminó por proveer las bases de una filosofía de ultraderecha. También me pregunto si tanto la desterritorialización de El Antiedipo como el aceleracionismo de Land no remiten al concepto marxista del desvanecimiento de todo lo sólido en el capitalismo. No digo que quisieran lo mismo: mientras Marx impulsó una filosofía como crítica práctica del sistema capitalista -no intepretar el mundo, sino transformarlo- que dio lugar a movimientos políticos antiburgueses en los primeras décadas del siglo XX; en cambio Deleuze y Guatari despejaron el espacio para la consolidación de los mecanismos de desmantelamiento más opresivos que hoy describen y celebran los neorreaccionarios, en su vínculo funcional con los magnates de Silicon Valley. El marxismo condujo a revoluciones antiburguesas, así como la voluntad de poder de Nietzsche acuñó ideales que el nazismo primero y el aceleracionismo después reinterpretaron para promover la reacción hoy en curso en la ultraderecha global. ¿No se quedó El Antiedipo a mitad de camino, al proporcionar conceptos que solo aprovechó la ultraderecha?

- Tus hipótesis plantean preguntas provocativas sobre la apropiación de conceptos filosóficos con sus consecuencias políticas, un tema de debate intenso en la teoría contemporánea. Tocas puntos clave de la controversia que rodea a la obra de Deleuze y Guattari y su relación con el aceleracionismo de derecha. Puntualicemos:

La Desterritorialización, Marx y el Capitalismo

- Aciertas al trazar un paralelo entre la frase de Marx "todo lo sólido se desvanece en el aire" y el concepto de desterritorialización de Deleuze y Guattari. Marx señaló que el capitalismo disuelve constantemente las jerarquías feudales, las tradiciones y las relaciones sociales fijas, reemplazándolas por el nexo del dinero y la innovación constante. Esta disolución era para él un proceso crítico práctico que abonaba el terreno para la revolución proletaria, al desencadenar las contradicciones de la praxis burguesa. Deleuze y Guattari reconocieron la capacidad del capitalismo de desmantelar códigos y territorios. De hecho, ellos se declaraban marxistas a su manera, al insistir en que cualquier filosofía política debería centrarse en el análisis del capitalismo y su desarrollo. En El Antiedipo describieron cómo el capitalismo empuja los límites de la desterritorialización, liberando flujos de deseo y producción, aunque simultáneamente los reterritorializa mediante mecanismos de control más opresivos, como el Estado o la familia. Estado y familia, más que mercado era el objetivo al que ellos apuntaban.

Nietzsche, la voluntad de poder y la apropiación por la derecha

- La historia de Nietzsche es un ejemplo notorio de cómo las ideas pueden ser pervertidas. La voluntad de poder y el Übermensch fueron horriblemente reinterpretados por el nazismo, que los usó para justificar doctrinas de superioridad racial y belicismo, a pesar de que el propio Nietzsche despreciaba el antisemitismo y el nacionalismo alemán de su época. Puede que esta dinámica se repita en la actualidad: el aceleracionismo neorreaccionario de Land y Yarvin pervierte conceptos deleuzianos para celebrar el desmantelamiento capitalista, no como un paso hacia la revolución sino hacia un orden tecnocrático, un neoabsolutismo: la Ilustración Oscura. 

¿Se quedó El Antiedipo a mitad de camino?

Tu hipótesis de que la filosofía deleuziana, en lugar de ser anticapitalista, proveyó las bases para la neorreacción es una crítica común. Deleuze y Guattari buscaban un uso revolucionario de la desterritorialización, una esquizofrenia experimental que pudiera desbordar los límites del capitalismo e inventar nuevas  vidas. Se figuraron una "máquina de guerra nómade" contra el aparato de Estado sedentario. Apuntaron, dijimos, contra el Estado con más énfasis que contra el mercado. El aceleracionismo de Land lleva la lógica capitalista al extremo, abogando por agudizar el proceso de desterritorialización tecnológica y económica hasta el punto de una singularidad post-humana, desentendiéndose de la liberación social o de una crítica humanista, alineándose funcionalmente con los megamillonarios de Silicon Valley. En este sentido, la crítica no sería tanto que El Antiedipo se quedó a mitad de camino, sino que sus conceptos son tan abiertos como para permitir interpretaciones radicalmente opuestas: una izquierda aceleracionista como la que encarnan Nick Srnicek y Alex Williams busca reapropiarse de la tecnología y la infraestructura capitalistas con fines socialistas; mientras una derecha neorreaccionaria ve en esos mismos flujos una justificación para el darwinismo social y un autoritarismo tecnocapitalista. La filosofía deleuziana, al enfocar los procesos inmanentes de flujos y máquinas, puede ser vista, igual que un martillo, como una herramienta que en manos de diferentes actores produce resultados muy distintos. La cuestión pendiente es si esa postura contiene suficientes barreras de seguridad éticas o políticas para evitar su uso por ideologías opresivas, un debate vigente. Aunque la dinámica de la desterritorialización no sea propicia a las barreras.


- Uhmm... Podría decirte que, aunque exoneráramos a Nietzsche de los intentos de su hermana por asociarlo al antisemitismo y al nacionalismo germanófilo, no sería tan fácil desligar a la voluntad de poder del desencadenamiento total de la desmesura tecnocapitalista. ¿Qué otra cosa que eso es una voluntad que no reconoce límites a la desmesura que dinamita todas las jerarquías? ¿No es precisamente eso lo que Land y Yarvin celebran, de modo que no sería una mera perversión de la intención subjetiva de Nietzsche sino una prolongación plausible de las posibilidades que él mismo esboza? ¿Y no se aplicaría esa misma vara a Deleuze y Guattari? ¿Dónde quedó la radicalidad de un pensamiento cuyos rastros, medio siglo después, solo encuentra una continuidad efectiva en la alianza entre neorreaccionarios y megamagnates, mientras el presunto aceleracionismo de izquierda solo produce una literatura académica que no da lugar a ninguna praxis transformadora? ¿Dónde hallar una praxis en Deleuze y Guattari, dónde están los esquizos experimentales que amenacen disolver el capitalismo, mientras los paranoicos Land y Yarvin lo absuelven? ¿Ellos pervierten a Deleuze o solo extraen las consecuencias prácticas que deja sembradas El Antiedipo? ¿Aparece una crítica suficientemente radical para desligar capitalismo y tecnología?

Tu planteo apunta directamente al núcleo de los debates contemporáneos sobre la filosofía post-estructuralista y el aceleracionismo. Sugieres que la voluntad de poder nietzscheana, lejos de ser simplemente un concepto distorsionado por la ultraderecha, podría ser la proclamación legítima de la desmesura tecnocapitalista moderna, y que El Antiedipo no ofrecería una crítica suficientemente robusta para contrarrestarlo. Vayamos por partes:

1. La "Voluntad de Voluntad" y la cuestión de la tecnología

La conexión que señalas entre voluntad de poder y la desmesura técnica del capitalismo tiene un precedente filosófico evidente en Martin Heidegger, quien interpretó la voluntad de poder nietzscheana como la culminación de la metafísica occidental y la esencia misma de la tecnología moderna, a la que llamó Gestell, el "armazón" o estructura de emplazamiento. La voluntad de poder, interpretada como voluntad de voluntad, es decir, una voluntad que se quiere a sí misma, busca el dominio total y el aseguramiento de todo lo que es, reduciendo a la naturaleza y a los seres humanos a un fondo de reserva (Bestand) de energía disponible y calculable: recursos naturales y recursos humanos. Esta es la desmesura ilimitada a la que aludes: un impulso constante hacia el acrecentamiento que no reconoce  límites naturales ni morales, esos cielos que admiraba Kant desde su sepulcro. Si así fuera, Land y Yarvin no estarían pervirtiendo a Nietzsche, sino solo sacando las consecuencias prácticas y lógicas de lo que Heidegger caracteriza como la dirección de la técnica moderna. Los NRx celebran precisamente esa disolución de jerarquías tradicionales en favor de un flujo de poder puro, tecnológicamente mediado, absuelto de cualquier humanidad.

2. Deleuze, Guattari y la carencia de praxis revolucionaria

Tu segunda crítica es aún más molesta: ¿dónde está la práctica revolucionaria de Deleuze y Guattari, si su única herencia práctica parece ser la aceleración capitalista? Ellos celebraron la capacidad del capitalismo de desterritorializar y liberar flujos como algo potencialmente revolucionario, un paso adelante a través del cual la revolución podría emerger: esta es la idea central del aceleracionismo, tanto de derecha como de izquierda. Sugieres que, al no proporcionar una barrera de seguridad o una ética suficientemente arraigada para dirigir esos flujos hacia fines anticapitalistas, El Antiedipo dejó la puerta abierta a los teóricos neorreaccionarios, publicistas de Silicon Valley. Si la filosofía alguna vez fue ancilla theologiae y más tarde auxiliar de la ciencia newtoniana, ahora tuitea al servicio de los Barones Neofeudales. Al aceleracionismo de izquierda se le reprocha por producir una literatura que no da lugar a ninguna praxis, mientras la alianza entre ideología neorreaccionaria y capital tecnológico parece garantizar una continuidad efectiva y consecuencias materiales tangibles en la reconfiguración del poder global. 



En suma, tus conjeturas sugieren que ni Nietzsche ni Deleuze/Guattari son inocentes de las apropiaciones de la ultraderecha. Más que meras distorsiones, estas relecturas serían prolongaciones legítimas de las posibilidades intrínsecas de sus ideas, que no supieron criticar la desmesura tecnocapitalista con la radicalidad con que apuntaron contra otros ideales, sino que la abrazaron de maneras que hoy benefician a las fuerzas más opresivas del rumbo contemporáneo. El debate actual en la teoría política gira en torno a si se puede reapropiar la aceleración -a esta altura, un facto, más que un proyecto- con fines emancipatorios, o si la filosofía está intrínsecamente viciada y solo sirve para interpretar, acaso acompañar desde la retaguardia la desmesura capitalista. 

Atención pido al silencio

y silencio á la atención

que voy en esta ocasión

si me ayuda la memoria

a mostrarles que a mi historia

le faltaba lo mejor.

(continuará)

domingo, 18 de enero de 2026

Aceleración inmóvil o la era neorreaccionaria

I

Aceleracionismo

Para Nick Land (1962, GB), el aceleracionismo no solo debe destruir la democracia sino propiciar un secesionismo biónico.

Ir más allá de lo humano para que una pequeña élite superior pueda reinar sobre todos los seres vivos.

Land es conocido por haber teorizado el aceleracionismo. Critica la esclerosis de la izquierda contemporánea, la que se esfuerza en vano, aduce, por contener los efectos negativos del capitalismo. Según él, por el contrario, habría que asumir la dinámica del capitalismo para acentuarla. Si bien su aceleracionismo tiene sus raíces en el pensamiento crítico, Land termina adoptando una posición procapitalista. A principios de la década de 2010, buscando la forma más eficaz de «reacelerar» el capitalismo en Occidente, se interesa por el pensamiento neorreaccionario de Curtis Yarvin (1973, USA). Las notas del libro The Dark Enlightenment (El Iluminismo Oscuro) marcan su deslizamiento hacia el pensamiento neorreaccionario (NRx). No se contenta con retomar la retórica antidemocrática de Yarvin, sino que la sitúa en una lectura más general de la historia de la modernidad. Según él, el fin de la democracia debe permitir reacelerar el capitalismo y proyectarnos hacia un futuro transhumanista.

Para Land el capitalismo es una fuerza de destrucción liberadora que asimila al movimiento de entropía, mientras que la democracia es un retardador, lo que expresa con el término «demosclerosis». 

Esta posición es el resultado de una interpretación  de las tesis desarrolladas por Gilles Deleuze y Félix Guattari en El AntiEdipo (1972). Deleuze y Guattari describen el capitalismo como una fuerza de desterritorialización que el Estado se esfuerza por recuperar como puede. Deleuze y Guattari añaden —lo que Land omite deliberadamente— que el capitalismo no es solo una fuerza liberadora sino que también tiene tendencias mortíferas. 


[Cita Land]:

“Lo que el liberalismo clásico produjo (la revolución industrial), el liberalismo tardío acaba retomándolo (mediante el Estado del bienestar canceroso)”

La metáfora del cáncer entona el léxico de la enfermedad utilizado por los neorreaccionarios para describir la democracia. La sociedad está abrumada por el cáncer estatal, el parasitismo de los «aprovechados» o la gangrena de la corrupción de las élites democráticas. Esto es «demosclerosis». Como alternativa a esa esclerosis, Land propicia una crisis total de desintegración.

[Cita Land]:

“Renacer implica primero morir, y cuanto más duro sea el reinicio mejor será el resultado. Una crisis total y una desintegración sistémica es lo más propicio”.

“Esto es lo que se necesitaría: Sustituir a la democracia representativa por un republicanismo constitucional (o mecanismos de gobierno aún más antipolíticos)”.

El «republicanismo constitucional» se refiere aquí a una interpretación antiliberal de la Constitución estadounidense. Esto implica, en particular, minimizar los contrapoderes legislativo y judicial en favor del poder ejecutivo. Esto es lo que defienden algunos teóricos posliberales como Adrian Vermeule. Los «mecanismos de gobierno aún más antipolíticos» hacen eco del monarquismo de Yarvin.

[Cita Land]:

“Reducir masivamente el tamaño del Estado y confinarlo de manera rigurosa a sus funciones esenciales (como máximo). 

Ya está perfectamente claro que nada de esto puede suceder fuera de un cataclismo civilizatorio. Pedir a los políticos que limiten sus propios poderes está, en esencia, condenado al fracaso, aunque sea precisamente en esa dirección en la que hay que avanzar. Por otra parte, ni siquiera es ese el problema más profundo. 

Por mucho que la democracia sea en su origen un mecanismo procedimental para limitar el poder del gobierno, se transforma rápida e inexorablemente en algo completamente diferente: una cultura de robo sistemático. En cuanto los políticos comprenden que pueden comprar apoyo político con «dinero público» y condicionan a los votantes para que acepten el saqueo y la corrupción, el proceso democrático se reduce a la formación de «coaliciones de interés» (Mancur Olson), es decir, mayorías electorales unidas en su interés común por beneficiarse de un robo colectivo. 

Peor aún, como la gente no es, en promedio, muy inteligente, el alcance de la depredación de la casta política supera con creces las malversaciones visibles para el gran público. Saquear el futuro —mediante la depreciación monetaria, la acumulación de deudas, la destrucción del crecimiento o el retraso tecnoindustrial— es especialmente fácil de ocultar y, por lo tanto, siempre se considera una medida popular. La democracia es intrínsecamente trágica, ya que da al pueblo un arma para autodestruirse, un arma que, por cierto, siempre se apresura a empuñar. Nadie dice nunca «no» a algo que es gratis. Casi nadie entiende que nada nunca es gratis”.

(Land retoma aquí el adagio «There’s no such thing as a free lunch», popularizado por Milton Friedman en su libro homónimo de 1975, una fórmula muy repetida en los círculos libertarios).

[Cita Land]:

“Cada cinco años (sic), Estados Unidos se roba a sí mismo y se vende a cambio de apoyo político. La democracia es realmente un juego de niños: se vota por quien promete más cosas. Incluso un idiota podría hacerlo. De hecho, le gustan los idiotas, los trata con extrema benevolencia y hace todo lo posible por fabricar más".

[Idiotas como Trump o Milei han podido hacerlo, por lo visto].

"La inexorable tendencia de la democracia hacia la degeneración es en sí misma un argumento a favor de la reacción. Dado que cada gran “avance” sociopolítico ha llevado a la civilización occidental a la ruina, corregir el rumbo implica necesariamente dar marcha atrás: retroceder de la sociedad del saqueo a un orden más antiguo de responsabilidad individual, trabajo honesto, comercio, aprendizaje sin propaganda y autoorganización ciudadana”.

II

Actualidad. El segundo gobierno de Trump, 

Silicon Valley y los NRx

Pregunto:

¿Existe un vínculo entre pensadores del aceleracionismo de derecha y la neorreacción como Land y Yarvin y el actual rumbo del gobierno de Trump en alianza con Silicon Valley?

Responde:

Sí, existe un vínculo documentado entre las corrientes del aceleracionismo de derecha y la neorreacción (NRx) con el actual ecosistema político de Donald Trump, articulado principalmente a través de figuras clave de Silicon Valley. El vínculo se manifiesta en tres niveles principales en la actualidad:

1. La conexión JD Vance - Peter Thiel - Curtis Yarvin 

El puente más directo entre el gobierno deTrump y los neorreaccionarios es el vicepresidente JD, Vance. Vance, quien citó a Yarvin -conocido en la blogosfera como Mencius Moldbug, fundador de la NRx- como un amigo y una inspiración en su visión del Estado.

Peter Thiel, magnate de Silicon Valley y mentor de Vance, es presentado como el principal promotor de las ideas de Yarvin en el ámbito tecnológico. Thiel financia la carrera política de Vance y comparte la idea de Yarvin de que la democracia y la libertad económica ya no son compatibles.

2. Implementación de modelos de gestión corporativa (DOGE)

El actual rumbo del gobierno de Trump refleja la visión de Yarvin de transformar el gobierno en una estructura corporativa eficiente. El Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Elon Musk, se presenta como una aplicación práctica de las ideas de Yarvin sobre el "CEO-monarca". El objetivo es desmantelar la burocracia federal -"el Estado Administrativo" o, como Yarvin lo llama "La Catedral"- y reemplazarla con una gobernanza centralizada y empresarial.

Las ideas de Nick Land sobre el aceleracionismo antes citadas —acelerar las dinámicas del capital y la tecnología para superar los límites del sistema actual— resuenan en la retórica de la administración que dice priorizar la innovación tecnológica y el dominio de la inteligencia artificial sobre las regulaciones tradicionales. 

3. Alianza estratégica con Silicon Valley

A diferencia del primer mandato de Trump, el actual (2025-2026) tiene una fuerte alianza con sectores de "Hard Tech" y los desarrollos bélicos: se informó sobre la convergencia entre grandes empresas tecnológicas y las FFAA para crear unidades de alta tecnología. Esta alianza busca consolidar un poder tecnocrático en el que las élites tecnológicas intervengan directamente en la dirección del estado, intentando consumar el proyecto de la Dark Enlightenment que rechaza el igualitarismo democrático. 

La propuesta de Yarvin para hackear la democracia desde adentro a través de un partido disciplinado sigue siendo una referencia fundamental para entender la estrategia actual de la Casa Blanca.

Pregunto:

En sus recientes deciciones y declaraciones Trump se encamina a abandonar organismos multilaterales como la ONU y OMS, así como cuestiona también la OMC, se dirige adesconocer  tratados internacionales posteriores a la segunda guerra mundial, saturar con fuerzas de choque los territorios de los estados políticamente adversos (Minessota, New York, Filadelfia), en colisión con las fuerzas de seguridad de esos estados. También juega a considerar la posibilidad de suspender las elecciones de medio termino previstas para este año. ¿Son pasos para ir abandonando la institucionalidad democrática y transitar hacia un modelo monárquico o, como algunos lo llaman, un tecnofeudalismo? 

Responde:

Los acontecimientos de enero de 2026 permiten un análisis alineado con las teorías neorreaccionarias (NRx) de pensadores como Yarvin y Nick Land. Las acciones del gobierno de Trump sugieren una transición sistémica hacia un modelo que prioriza la eficiencia jerárquica sobre el consenso democrático y el orden global tradicional:

1. Ruptura con el orden multilateral (La "Catedral")

La decisión de Trump de retirar a EEUU de más de 60 organismos internacionales, incluidos la ONU y la OMS, así como cuestionar la utilidad de la OMC, se interpreta desde el marco NRx como un ataque a "La Catedral". La neorreacción ve a estas instituciones como una burocracia globalista ineficiente que limita la soberanía. Al abandonarlas, el gobierno busca acercarse a un absolutismo. 

2. Conflicto con estados adversos y la Ley de Insurrección

El despliegue de fuerzas federales (ICE, patrulla fronteriza) en ciudades como Minneapolis, que viene derivando en enfrentamientos con autoridades locales y ciudadanos movilizados, marca un punto de inflexión hacia el autoritarismo. Trump amenaza con apelar a la Ley de Insurrección para someter a los estados que, según sostiene, están "fuera de control". Este recurso a la fuerza federal sobre las estatales y comunales refleja la premisa de Yarvin de que un gobierno debe actuar como una corporación unificada donde el CEO, con las funciones de un monarca absoluto, elimine los nodos de resistencia interna, ya sean gobernadores u opositores. El objetivo es la gestión técnica y eficaz del territorio. Yarvin pone el ejemplo de Apple o startups exitosas para afirmar que los usuarios (ex-ciudadanos) prefieren un producto que funcione bien bajo un mando único antes que un sistema democrático ineficiente. 

3. El cuestionamiento de las elecciones y el modelo monárquico

En estos días, Trump deslizó públicamente la posibilidad de cancelar las elecciones de medio término de este año, argumentando que el sistema actual "no es justo". Esta propuesta remite al concepto neorreaccionario de "Gobernanza como Propiedad", en el que el Estado es tratado como una empresa privada dirigida por un monarca tecnológico. La alianza con figuras de Silicon Valley para "auditar" y desmantelar el Estado administrativo a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) es la implementación práctica del "tecnofeudalismo". La infraestructura estatal no se aniquila, como en el anarquismo clásico, sino que se entrega a las corporaciones high tech

Concluyendo, las acciones de 2026 no parecen incidentes aislados sino parte de una estrategia para abandonar la democrcia liberal y dirigirse hacia un régimen de neo-royalism -la restauración tecnocrática del viejo absolutismo preliberal. ESta es su extraña fórmula que combina avance tecnológico con reacción política. La democracia dejaría de ser el valor supremo, siendo reemplazada por la "aceleración" tecnológica y el poder ejecutivo centralizado. 

NOTA: Esta es solo la presentación más descriptiva de un análisis al que le falta su corazón palpitante, que aparecerá en los próximos posteos del blog La otra.

(continuará)

viernes, 15 de agosto de 2025

Menem, farsa y tragedia


Análisis de la serie Menem, el show del presidente (Ariel Winograd, Prime Video, 2025), a cargo de Oscar Cuervo, en conversación con Maximiliano Diomedi, en Patologías Culturales, FM La Tribu, 9 de agosto de 2025.

 
"Es entretenida" dicen los sagaces comentaristas, como si pudiéramos distraernos con nuestra tragedia.
 

Menem no fue un personaje farsesco o no fue solo eso. Fue quien encabezó un proceso de destrucción de la soberanía popular y el PJ de hoy todavía se debate en esa agonía. Como sujeto histórico, no fue solamente un pícaro o un farsante, fue además un trágico, que perdió toda dignidad al traicionar. Lo que estaría a la altura de tal personaje sería un relato sobre la traición, encarnada por un tipo que fue renunciando a todo respeto por su historia y su origen. Pero no se trata solo de un personaje, también hubo una dirigencia política acoplada a esa traición, hasta hacer que el peronismo ya no signifique nada, como lo muestra la foto.


Ninguna de estas complejidades preocupan a los productores y el realizador de la serie: declaran desde la placa inicial su desentendimiento por el rigor histórico, ya que, dicen, todo está al servicio del interés dramático. Pero el drama tampoco funciona. Winograd elige respetar el género farsesco con que el menemismo de los 90 se narró a sí mismo. Pero la farsa menemista era sólo un recurso para manejar la conversación -la mentada pizza con champán- mientras se procedía a la tragedia social y la traición histórica. Entonces lo que podría haber sido un desafío formal, agazapar la traición y la tragedia detrás de la farsa, termina siendo un acople inconsistente de episodios rendidos a la retórica televisiva noventista. Quizá el menemismo algún día dé lugar a un relato a la altura de nuestra tragedia. Mientras tanto, seguiremos repitiendo los síntomas sin apropiarnos del significado.

jueves, 23 de mayo de 2024

Carta a una señorita en París - Nicolás Prividera - 2024

Creo que era Truffaut el que dijo que hacía cada película contra la anterior, como si la inercia de lo que no pudo filmarse fuera apropiándose del rumbo de su obra. De una manera aproximada, no exacta, este principio puede aplicarse a la filmografía de Nicolás Prividera: en lugar de expandir un sentido antes establecido, parecería que su cine fuera hundiéndose en un abismo espiralado que va desenterrando el núcleo íntimo y renuente de lo que antes sonaba muy claro. Este movimiento paradójico, hacia abajo, hacia adentro, lucha contra una superficie en la que la voz del propio Prividera, desde M hasta Carta a una señorita en París, pretende sobredeterminar el sentido de un misterio que no cesa de escaparse.

Wittgenstein sentenció que todo lo que puede ser dicho debe decirse claramente y de lo que no se puede hablar hay que guardar silencio. Este doble mandato tuvo en la filosofía contemporánea un efecto equívoco: a partir suyo se cimentó una doctrina que ponía el peso en el lugar menos decisivo, un positivismo lógico de la claridad que intentaba abolir lo místico. Wittgenstein tuvo que sobrevivir a una guerra por la que sus entusiastas discípulos se jactaron de cancelar el movimiento que él sólo había desencadenado. Después de que sus fieles lo vieron volver, tuvieron que escucharlo desbaratar su escuela instituída: mi libro, dijo -el Tractatus-, consta de dos partes: todo lo que está escrito y eso que callé, pero esto último es lo único que importa. No sé si Prividera se reconocería en esta paradoja, tal vez no: sus ensayos, incluso el personaje que encarna en su primera película, parecen demandar -¿o me equivoco?- el deber cívico de decirlo todo y decirlo totalmente. Pero desde M se percibe una inquietud que hace temblar el suelo de sus aparentes certezas. 

En su obra crítica, Prividera es especialista en exponer los motivos por los que las películas a menudo fracasan: tiene una nariz para detectar el aroma de lo que cada autor no ha logrado resolver, algo que se esconde detrás del perfume pero hiede. Quizás su especialización para detectar fracasos no sea sino su secreta poética. El fracaso al exponer es el fuera de campo que da al cine su vitalidad. Se sigue filmando porque hay un plano que falta y ninguna vociferación puede detener esa fuga hacia lo íntimo.

Así, en M se inció un movimiento que parecía exigirle a la memoria de los testigos que dijeran todo lo que habían callado, para terminar chocando con una resistencia tenaz, colectiva, anónima, a reponer lo silenciado -¿su fracaso? ¿o su éxito? Esa imposibilidad de los fallidos atestiguantes podría juzgarse como mera cobardía para dar su testimonio, pero también podría indicar el rigor de algo que se sustrae a todo intento de declaración. Tierra de los Padres, Adiós a la memoria y ahora Carta a una señorita en París parecen engendrarse a partir de restos de lo que cada película anterior no logró manifestar, a pesar del rigor de su ética de la manifestación. Hay un rigor más insistente que cualquier imperativo, eso que Wittgenstein denominaba lo místico, lo único verdaderamente importante. Al avanzar mi interpretación en esta dirección parezco ponerme en contradicción con la figura pública de Prividera, probablemente él mismo rechazará esta perspectiva de su obra. Pero es mi vocación expresarla a pesar de todo: hay en Carta a una señorita en París algunos planos cinematográficos que se revelan como el off scene de M. Lejos de encontrar en esto un menoscabo del valor de su obra, ese impulso hacia lo que se oculta en toda manifestación es lo que le da vitalidad a su fimografía. Si a primera vista su obsesión quiere desentrañar los pliegues más ocultos de la memoria, una mirada que invierta la Gestalt de su forma y su fondo puede descubrir el peso de una presencia por la cual el pasado no se resigna a constar en actas. Lejos de olvidar la historia, esa renuencia indica que esta historia puede estar más viva que toda la actualidad. Creo que Carta a una señorita en París acierta -es decir, no fracasa- cuando los planos cinematográficos reavivan las miradas de unos ojos que pretendemos pretéritos. La flecha del tiempo se invierte y son esos ojos, los de Mona Lisa, los de Martha en París, el momento más feliz de su vida, años antes de su secuestro, los que ahora nos miran. Si la inversión se consuma, el cine de Prividera deja de mirar incesantemente a los muertos y ellos empiezan a mirarnos a nosotros. Esta tensión logra articular las divergencias cinematográficas entre la imagen y la palabra y cambian el centro de gravedad de sus películas, no ya hacia lo pretérito sino en dirección a lo que no ha terminado de llegar. Esta es una potencia que el cine puede reavivar mucho mejor que la más explícita de las declaraciones. Esas miradas nos divisan desde el plano, en su singularidad irreductible, a quienes apenas contemplamos. Indagan nuesta presunta presencia, como si conocieran un secreto que llevamos a cuesta. Ninguna historia escrita está más viva que esos ojos que nos miran.

Si mi presentimiento no está tan errado, su próxima película intentará dar alguna respuesta a esta carta a una señorita en París.

domingo, 18 de junio de 2023

Ezeiza, a 50 años - El libro de Horacio Verbitsky

Lo que sigue es el comienzo del prólogo que Horacio Verbitsky escribió para la edición definitiva de su libro de investigación Ezeiza *:

El equívoco de los paradigmas

El ex vocero de Esteban Caselli en la embajada de la Argentina menemista ante el Vaticano, Ceferino Reato, sostiene que Ezeiza “nació con vocación de paradigma: ya en el primer párrafo de su Introducción, Verbitsky sostiene que esa matanza ‘cierra un ciclo de la historia argentina y prefigura los años por venir. Ezeiza contiene el germen del gobierno de Isabel y López Rega, la AAA, el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976, el eje militar-sindical en que el gran capital confía para el control de la Argentina’”. Añade que mi libro, “es el paradigma compartido por casi todos los historiadores y periodistas que han estado escribiendo sobre la década del setenta” y que si yo no lo hubiera terminado “a mediados de los '80, habría tal vez incluido al menemismo, el delarruismo, el duhaldismo y el macrismo en ese eje del mal porque lo que está ofreciendo es una manera determinada, más bien maniquea, de recuperar la historia reciente”.

La respondió el profesor de filosofía Oscar Cuervo [1]: “Lo que dice Verbitsky no es lo que quiere interpretar embrolladamente Reato. No es el libro Ezeiza lo que Verbitsky quiere imponer como modelo paradigmático de interpretación de la historia reciente (por otra parte: ¿qué autor podría lograr eso con su libro, el constituirse en un paradigma aceptado por ‘casi todos’? ¿Mediante qué recursos podría lograr un libro auto-engendrarse con vocación de paradigma?). Lo que Verbitsky dice en la frase citada es algo más sencillo —y tan discutible como cualquier otra hipótesis—: que en el episodio de Ezeiza empieza a configurarse un proceso de alineamiento de fuerzas que se extenderá en los años siguientes de la dictadura”.

Según Cuervo, “a Reato le gustaría erigir con su libro un nuevo paradigma que reemplace al del autor de Ezeiza, y para ello traza un ‘eje del mal’ que parte del asesinato de Rucci por obra de los montoneros y continúa en la propia escritura del libro Ezeiza, hasta llegar al ‘poder hegemónico’ del kirchnerismo actual. Este eje se extiende a lo largo de 35 años y por momentos parece que el sujeto permanente de esta operación criminal/discursiva fuera el propio Verbitsky. Se trata claramente del maniqueísmo del que Reato acusa a su oponente, en el que no importa tanto dilucidar lo que ocurrió con Rucci como instrumentar el sentido de este episodio histórico como clave del presente”.

Cuervo se pregunta por la finalidad de la operación de Reato (nombre que me es imposible no asociar a los primeros versos del Golem de Borges), y enumera:

- vender muchos libros,

- perdurar en el tiempo, “al menos tanto como perduró Ezeiza”.

- “Reabrir la causa judicial de la muerte de Rucci. Para eso no hace falta vencer el presunto paradigma Verbitsky, sino lograr nuevas pruebas que reactiven la investigación”.

- “Lograr un debate sobre la figura jurídica de los crímenes de lesa humanidad, para extenderlo a los delitos cometidos por las organizaciones armadas de los '70” [como intenta La Nación, desde que la Corte Suprema de Justicia declaró en 2005, en una causa que yo presenté como presidente del CELS, que esos delitos no pueden ser amnistiados ni su persecución cesa por el paso del tiempo].

- “Pero eso no se logra con anécdotas familiaristas sobre lo buen padre que era Rucci o lo leal que le era a Perón. La figura de lesa humanidad se delinea en un discurso jurídico que trasciende cualquier caso particular”.

[Para leer el prólogo completo de Ezeiza, uno de los textos más iluminadores que Verbitsky haya escrito en toda su obra, clickear acá].

[Para leer mi texto citado por Verbitsky completo, clickear acá]


* El martes próximo se cumplirán 50 años del regreso definitivo de Perón a la Argentina y de la emboscada tendida a un sector de sus partidarios. Ese fue el tema del libro Ezeiza de Horacio Verbitsky, publicado en 1985. El jueves 22 se presentará en el Centro Cultural Kirchner, en el ciclo de revisión de la obra literaria de Verbitsky, producido por Diego Sztulwark, Daniel Tognetti y Camila Perochena. Participarán representantes de distintas generaciones: Luli Trujillo, Magdalena Gainza y Mónica Peralta Ramos. 

jueves, 1 de julio de 2021

¿El Siglo XXI será deleuziano, comunista o peronista?


Dos grandes legados históricos del Siglo XX ya pusieron pie en el XXI. El futuro ya llegó. El PC Chino celebró sus primeros 100 años y el peronismo gobierna la República Argentina, llegó a la cima de la Iglesia Romana y la brisa de sus influjos alcanzan hasta el giro justicialista de Joe Biden. La pregunta es: ¿cuál de ellos prevalecerá en el siglo que asoma? ¿El peronismo o el comunismo?

sábado, 26 de junio de 2021

Horacio González: especial en FM La Tribu - 88,7 - Hoy

Patologías Culturales RADIO - Online fmlatribu.com/radio/ | 18:00 hs.

Fotografía: Liliana Herrero

Hoy sábado 26 de junio vamos a dedicar Patologias Culturales (LA TRIBU 88.7 FM, 18:00 hs.)  a revivir una entrevista que junto a Maxi Diomedi le hicimos a Horacio González. Fue en el otoño de 2014, en su casa en el barrio de Boedo. El arco de la conversación va desde la lengua del ultraje en la tradición argentina a Fito Páez como problema a pensar en sus roles de músico popular, cineasta y novelista, desde los linajes periodísticos reconocibles en los diarios argentinos hasta Borges y sus conversaciones con Bioy Casares, de su gestión en la Biblioteca Nacional y su participación en Carta Abierta, desde su presencia en los debates televisivos hasta sus diferencias con Beatriz Sarlo, de sus diferencias con la monolengua de 678 hasta la figura controversial de Ernesto Sábato en la literatura y en la política.


[Leo en el archivo del blog un texto que escribí el 25 de marzo de 2018:

"Horacio González es el mayor intelectual argentino vivo. Tiene una gracia para pensar sobre la marcha, junto con su renuncia a apelar a las astucias cínicas y al facilismo discursivo, su desinterés por la aprobación líquida, su amor por la precisión verbal, la inquietud por reconocer las zonas espinosas, cualidades que hacen que muchos no se lo banquen, porque no quieren pensarse o simplemente no les da el mate. Pero no hace tanta falta señalar la prevalencia intelectual de González como marcar nuestra necesidad de que aparezcan más personas con esas cualidades, aún con otros puntos de vista. No es indiscutible que tenga razón en todo como penosa su falta de interlocutores. Estamos tan despistados como para ni darnos cuenta de lo bien que nos vendrían varios como él".

Estas palabras hoy rebotan contra las paredes de mi cabeza.]

domingo, 14 de febrero de 2021

Chau menem: nunca podremos olvidarte

El infierno no va a estar encantador esta noche


Algunos compañeros bienintencionados están haciendo un oportuno maquillaje de la figura histórica de menem justo el día de su deceso. Lo hacen desde una enunciación peronista, lo que muestra que decirse peronista no nos pone a salvo de nada. Los argumentos van desde que el proceso de remate de los bienes públicos a precio vil era una tendencia de la época y que cualquier otro la habría hecho, como si las responsabilidades políticas fueran adjudicables a cambios meteorológicos. También aducen que algunos que formaron parte del kirchnerismo y del actual gobierno en su momento lo apoyaron, olvidando que hubo otros que en su momento NO lo apoyamos y que Néstor y Cristina manifestaron durante la década menemista una creciente distancia y que durante sus propios gobiernos hicieron la autocrítica en la práctica por la cual sigue teniendo algún sentido reivindicar aspectos de la historia peronista, que no son precisamente los que menem puso en práctica. Sin kirchnerismo, el peronismo sería hoy el ala conservadora del macrismo, basta con verlo a pichetto.

Otros argumentos exoneradores hacen alusión a que de la rúa o macri fueron peores, como si ser mejor que esos dos fuera un mérito. La diferencia es que esos dos fueron fieles exponentes de su clase y menem fue un traidor, palabra que no pierde densidad ni en el día del paso a la inexistencia.

"Hace falta una reflexión profunda sobre lo que fue el menemismo -dice alguien con las mejores intenciones-. ¿Era evitable lo de las privatizaciones y el neoliberalismo? En realidad el que dio inicio a todo eso fue Alfonsín luego de su discurso de Parque Norte cuando mencionó lo de la "modernización" y luego avanzó con el Plan Austral" y blablabla... ya podemos imaginar como sigue la revisión crítica.

La reflexión profunda sobre lo que fue el menemismo la hicimos los que estábamos en contra en los 90 después de haberlo votado: ganó con la consigna de la Revolución Productiva y vendió las empresas de servicios públicos a precio vil, destruyó el empleo y sentó las bases del desastre que condujo a la explosión de la alianza 2001. No se puede culpar exclusivamente a de la rúa por ese abismo al que se arrojó a la Argentina que dejó a la mitad de la población en la línea de pobreza, una pobreza estructural que ningún gobierno posterior pudo perforar. Sentó las bases de la marginación y lumpenización de la clase obrera, multiplicó la cantidad de indigentes y vendió empresas estratégicas sin ponerles condiciones a los compradores. Esas decisiones las estamos pagando todavía, con los abusos de las privatizadas de servicios públicos que ahora con posición dominante comprometen y reducen el espacio de cualquier gobierno popular y democrático (ni hablemos del macrismo). 

En el plano de los DDHH, sus decisiones en favor de la impunidad significaron un retroceso de una década para lograr impartir la justicia que todavía no terminamos de reparar. Sus abrazos con alsogaray y el almirante rojas son una traición imperdonable a las generaciones de militantes que dieron su vida por el peronismo. Su "ramal que para, ramal que cierra" destruyó el ferrocarril y condenó a muchos pueblos provinciales a la muerte económica. Las tasas de desocupación nunca pudieron lograr volver a las de la década del 70 después de los 10 años menemistas. Lo único bueno que hizo fue reprimir a Seineldín y terminar con las insurrecciones militares y con el servicio militar. Todo lo demás fue una catástrofe que todavía estamos padeciendo, porque completó el plan económico de la dictadura avalado por el voto popular y la complicidad del radicalismo. Si fuera por él hoy el peronismo estaría extinguido. El menemismo residual forma parte actual del macrismo (y alguno está agazapado en el Frente de Todos haciendo fuerza para que nos rindamos incondicionalmente a las exigencias de los garcas). Menos mal que apareció Néstor para que el peronismo llegara vivo al siglo xxi. Las reivindicaciones póstumas el día de su muerte no ayudan a pensar que Argentina de hoy es el resultado combinado de la dictadura y el menemismo.

Algunos hechos:

Los atentados impunes contra la Embajada de Israel y la AMIA, encubiertos activamente por menem desde el momento inmediato en que se produjeron, desembocan en el caso nisman y el procesamiento a Cristina bajo la acusación de ser cómplice del terrorismo internacional.


La explosión de Río Tercero con 7 muertos y 300 heridos, para encubrir el contrabando de armas a Ecuador.


Más aportes al balance desapasionado del menemismo.


El infierno no va a estar encantador esta noche.

martes, 6 de octubre de 2020

La calle y el tiempo

Narrativas confinadas


por Oscar Alberto Cuervo *

Santa Catalina, la calle de Nueva Pompeya en la que vivo, es una de las últimas de la ciudad de Buenos Aires que todavía tiene adoquines en lugar de pavimento. En las últimas décadas y casi imperceptiblemente los adoquines desaparecieron de la ciudad. Todas se fueron pavimentando. Conversé con taxistas que celebraban el hecho de la desaparición de los adoquines porque, decían, deterioraban la suspensión de los coches. Me sorprendieron con la misma respuesta varias veces, cuando yo lamentaba que Avenida Sáenz hubiera perdido sus adoquines. El pavimento permite que los autos aceleren sin tener que oponerse al rozamiento de las piedras, los autos pueden andar más rápido y no vibran tanto. Los días de lluvia también el pavimento hace que los autos se deslicen con más facilidad, el freno tiene menor eficacia y eso propicia los accidentes. También había oído que los adoquines permiten una mejor absorción del agua cuando se desata una lluvia muy intensa y eso evita la inundación rápida de las calles. Pero los taxistas prefieren el pavimento de todos modos. Quizá mi amor por los adoquines tenga una motivación solamente estética. Es mi calle. Vivo en Santa Catalina desde que nací y esa rusticidad de la calle adoquinada me dispara una conexión directa al tiempo de la infancia.

Durante la cuarentena el tiempo se hace de goma. Desde marzo no salgo de Pompeya. Yo solía caminar todas las noches por las calles del centro y ya hace más de cien días que no volví a pisar la avenida Corrientes, que debo de haber caminado ininterrumpidamente desde que tenía 15 años cuando a la salida del Mariano Acosta me iba con mi amigo Alejandro a ver películas en la Lugones, en la Hebraica, en el Arte. Durante años las calles del centro fueron más mías que las de mi propio barrio. Volví a caminar por las calles de mi barrio en los últimos años cuando adopté a mi perro Rino. Sacarlo a pasear cada mañana por el Bulevar de Roca me hizo volver a mirar el cielo, que en mi barrio se ve mucho más abierto que en las calles del centro. En invierno las ramas negras y peladas de los árboles rasguñan el cielo. Fue muy bonito este otoño y también fue bonito el invierno. Cuando salgo a caminar por las calles del barrio, bastante vacías durante estos meses del confinamiento, siento una mezcla de tristeza honda y de pertenencia a estas calles y este cielo, el lugar en que viví antes de empezar a patear por el centro.

La cuarentena tiene un efecto raro en la manera de sentir el paso del tiempo. Los días pasan rápido y vivo en un presente continuo, sin perspectiva, como fijado a una cotidianidad antigua. Creo que la pandemia cayó justo para marcarnos el fin de la época a la que pertenecimos. Así lo siento. De pronto me di cuenta de que yo soy del siglo XX y que esta época ya no es la mía. No es que me cueste adaptarme a las redes. Poco a poco fui aprendiendo a moverme en internet. Por eso, pese a que estoy desde hace meses sin moverme del barrio, sigo conectado con el mundo. Pero siento un contraste entre lo que me trae la pantalla de la computadora o del celular y mis caminatas por el Bulevar de Roca. Cada vez el mundo que aparece en las pantallas me resulta más ajeno.

“En estos días simplemente no hay ninguna buena nueva” declaró en abril Bob Dylan al NY Times, que a sus 79 años sacó uno de los mejores discos de toda su larguísima carrera. “Hay muchas razones para preocuparse por eso. Definitivamente ahora hay mucha más angustia y nerviosismo que antes. Pero eso solo se aplica a personas de cierta edad como vos y yo, Doug —le dice Dylan a su entrevistador—. Tenemos una tendencia a vivir en el pasado, pero somos solo nosotros. Los jóvenes no siguen esta tendencia. No tienen pasado, así que todo lo que saben es lo que ven y oyen, y van a creer cualquier cosa. De ahora en adelante van a estar a la vanguardia. Cuando ves a chicos que ahora tienen 10 años, dentro de 20 o 30 años ellos tendrán el control y no tendrán ni idea del mundo que nosotros conocimos. Los chicos que ahora son adolescentes no tienen recuerdos que evocar. Quizás sea mejor entrar en esa mentalidad lo antes posible, porque esa será la realidad. En cuanto a la tecnología, hace que todos sean vulnerables. Pero los jóvenes no piensan así, no les importa. Las telecomunicaciones y la tecnología avanzada es el mundo en el que nacieron. Nuestro mundo ya está obsoleto".

El disco de Dylan empezó a conocerse en marzo y poco a poco fueron apareciendo en youtube algunos temas hasta que en junio estaba completamente publicado. Igual que con el disco, la entrevista a Dylan me llegó en formato digital. El disco se llama Rough and rowdy ways (Maneras ásperas y ruidosas) y tiñó mi ánimo en estos días incontables. Las canciones tienen una tonalidad crepuscular y trasmiten exactamente la sensación de que Dylan ya mira este tiempo como el que está preparándose para otros. No muestra ansiedad por ese motivo, sí una distancia mordaz. Las melodías son a veces melancólicas, a veces ásperas como anticipa el título del disco. La voz de Bob está rota y eso lo hace más íntimo. Supongo que cuando un cantante tiene 79 años empieza a tomar cada disco que hace con el pálpito de la inminencia de la muerte. Quizás Dylan haga todavía cinco, seis discos más, pero no hay modo de que él ni nadie lo sepamos. 

Las otras nuevas que me llegan por internet no son tan buenas como el disco de Dylan. Llegan muchas fake news, como a todos, supongo. Todos los días el reporte de los centenares de miles de muertos de cada jornada en el planeta. La cifra viene aumentando. Junto con las curvas que empezaron a tener en estos meses una presencia insistente en nuestra forma de percibir el avance de la historia, llegan convocatorias a las movilizaciones de los anticuarentena que sostienen versiones conspiranoicas sobre un complot para instaurar un nuevo orden mundial. Según estos delirantes, el virus sería un pretexto para implantarnos, a través de la vacuna que ya tienen preparada, un chip para controlarnos. Los impugnadores del nuevo orden mundial, además de anticuarentena, son antivacunas, por ende. Y por razones más difíciles de vincular mediante conectores lógicos son también fervientes anticomunistas, antifeministas que ven en el lenguaje inclusivo una avanzada del mismo perverso complot que echó a rodar el virus o tal vez la falsa noticia del virus. Respecto de su existencia o inexistencia, hay entre estos neonazis que parecen manejar las redes con destreza o quizás con algún apoyo logístico, versiones discrepantes: para algunos el virus fue creado en un laboratorio y para otros directamente no existe. En una u otra versión del complot, la finalidad es la misma, la instauración del comunismo a través de los chips que vendrían insertos en las vacunas que el Estado Opresor pretende obligar a inyectarnos.

Estos grupos parecen tener muchos adeptos en países como USA o Brasil y en Argentina forman una minoría ruidosa pero todavía acotada. Los medios de comunicación y las redes sociales amplifican todos sus movimientos. Cuando entro a Twitter, la mayoría de las tendencias de conversación son impuestas por estos grupos. Es decir: no puedo percibir la verdad de que así sea, pero Twitter me dice que son las tendencias sobre las que más se habla en Argentina. Cuando saco a pasear a mi perro por mi barrio de casas bajas, todas estas noticias del mundo se acallan.

Siento como Dylan que este mundo que asoma ya no es el mío. Todavía no sé si me importa. 

20 de julio de 2020

* Ayer se hizo el lanzamiento virtual del libro Narrativas Confinadas. Voces desde el Sur. Fue publicado por Ediciones NEFI, de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, en el marco del X Coloquio Internacional de Filosofía y Educación de esta Universidad. Narrativas Confinadas es el tercer volumen de la colección colectivaS. El libro se descarga completo en forma gratuita, clickeando acá.

En el texto que encabeza el libro, a modo de introducción, puede leerse: 

"Narrativas confinadas. Voces desde el Sur reúne los textos de personas amigas, fronterizas, que respondieron a la convocatoria que hiciéramos en medio de la pandemia, escrituras acompañadas en cierto modo por las que no pudieron ser entregadas en los tiempos que señalamos para su envío.

"Prometidas, algunas quedaron en borradores, apuntes, notas, palabras sueltas, o no fueron ni siquiera iniciadas, o resultaron ser solo pensamientos detenidos en este tiempo de rarezas, inquietudes, confusiones y desgracias. Esa no-escritura o intento de escritura está también aquí, a su modo, junto a estos escritos en los que ronda también un cierto aturdimiento.

"Así como hubo un tiempo definido para recibir las narrativas prometidas, también hubo que limitar el número de voces sureñas de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil. La dificultad de esto nunca fue averiguar quién podía hacerlo, sino a quién invitar entre tantos y tantas con quienes nos habría gustado compartir esta invitación a ensayar narrativas, a escribir en medio de la incertidumbre, a inventar textos desde la singularidad de la experiencia, donde apareciera la diversidad de pensamientos y perspectivas de vida, a escribir al margen de los “discursos de pretendida sabiduría orientadora”, “de los discursos que intentan capturar la significación del presente y preconizar el futuro”, como proponía la convocatoria.

Ahora es libro. Quiere lectoras y lectores en pandemia, porfiadamente vivos. Invita a ser leído en todos y cada uno de estos breves textos. Cada cual vale por sí mismo o en relación con otros muy distintos o contrapuestos; con preocupaciones comunes que los cruzan o con chirridos entre ellos. En sus diferencias, los habita el ejercicio de una escritura que procura hacer sentido, aunque sea como “superficie quebradiza”. Adentro esconden fallas, finuras, sombras, excelencias. Incluyen semillas, ideas deshilachadas, residuos, fermentos, sensatez, locura. No es obra consumada ni quiso serlo. Contiene joyitas y desvaríos. Esperanza o desaliento. Un caleidoscopio, un mosaico polifónico de vivencias y reflexiones sumamente denso para desafiar cualquier discurso totalizador.

"Estas narrativas fueron escritas en distintos tiempos, abril, mayo, junio, julio y agosto, en diferentes estaciones del año y variados climas, con distintos picos de pandemia, en temples y facturas diversas; en enviones de escritura donde resuenan los golpes de la muerte de alguien amado o los del inquietante aislamiento o de la vida amenazada; donde se expresan el padecimiento de estar confinado o el descubrimiento de nuevos placeres en este encierro, las ambivalencias del querer estar solo o acompañado, la paradoja de la distancia y cercanía con otros, el encuentro subjetivo de manera inesperada. Y así vamos enhebrando saberes nuevos sobre lo desconocido o lo no advertido.

"Narrativas preciosas, conmovedoras, que de pronto detienen la respiración, quitan el aire, pero también lo traen de nuevo al cuerpo; nos hacen saber de lo suspendido, lo entrecortado, de estrategias de sobrevivencia, de cegueras en que estábamos instalados, de búsqueda de formas de vitalización, de nuevas valoraciones, de la desesperanza y de su vuelco, de la tremenda presencia del entorno como deseo y de la ventana como saber del mundo.

"Narrativas sensibles a las circunstancias actuales, animadas por el deseo de compartir relatos de experiencias, cartas, poemas, aguafuertes, diarios, ficciones, apuntes biográficos y ensayos filosóficos que ofrecen accesos múltiples para la reflexión sobre acontecimientos que nos han dejado a la intemperie. Su lectura nos sensibiliza sobre el modo en que nos venimos vinculando, nos pone a experimentar la dimensión política de nuestra existencia y nos ayuda a pensar este extraño momento.

"Creemos haber propiciado con estas narrativas en estado de pandemia, “un tráfico de escrituras entre amistades latinoamericanas, entre quienes llevamos un tiempo conversando desde nuestras propias inquietudes y resistencias”. Y que suceda que estas escrituras amigas acaben en lecturas dispares y en el deseo de escrituras otras y otras y que las conversaciones continúen cuando ya no sean también una excusa para poder abrazarnos con palabras como en estos tiempos de cuerpos distantes..."

El grupo de editores, habitantes de Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro y Santiago de Chile está integrado por Alejandro Cerletti, Filipe Ceppas, Gabriela D’Odorico, Marisa Berttolini, Mauricio Langon, Olga Grau, Pablo Oyarzún y Walter Omar Kohan.

Escriben, además de los editores Fabiana Martins, Yamandú Acosta, Panchiba F. Barrientos, Carolina Bruna Castro, Christian Burgues, Adrián Cangi, Alejandra Castillo, Gustavo Celedón Bórquez, Maria Reilta Dantas Cirino, Teresa Evita Concha López,  Cintia Córdoba, Bruno Cuneo, Edna Olimpia Da Cunha, Álvaro Díaz Berenguer, Patricia Digilio, Ana Duboué, Maximiliano Durán, Roberto Echavarren, Marcelo Fernández Pavlovich, Mariana Figueroa Dacastro, Javier Freixas, Graciela Frigerio, José Alberto de la Fuente, Daniel Gaivota, Laura Galazzi, Federico Galende, Silvio Gallo, Fernando Gerheim, Vanise De Cássia De Araujo Dutra Gomes, Verónica González Pereira, Patricio Grau Duhart, Claudia Gutiérrez O., Pedro Henrique, Alex Ibarra, Rodrigo Karmy Bolton, Alejandro Kaufman, Daniela Lima, Sirio López Velasco, María Pía López, Guadalupe Lucero, Flora Mangini, Laura Martín, Claudio Martyniuk, Ángela Menchón, José Menna Oliveira, Rosana Aparecida Fernandes, Juliana Merçon, Helena Modzelewski, Adalberto Müller, Julia Naidin, Juan Nesprías, Beatriz Fabiana Olarieta, Rosario Olivares Saavedra, Paula Ramos de Oliveira, Carlos Pereda, Cynthia Pinski, Patricia Redondo, Irupé Rocca, Alexsandro Rodrigues, Marcio Caetano, Miguel ängel Rossi, Gustavo Ruggiero, Mabela Ruiz Barbot, Gloria Salbarrey, José Santos Herceg, Lara Sayão, Carlos Skliar, Mario Sobarzo, Daniel Suárez, Wilbert Tapia Meza, Janett Tourn, Tirso Troncoso y Oscar Cuervo.