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jueves, 9 de mayo de 2019

FICIC 2019 en La otra

Una conversación con Roger Koza, director artístico del Festival, que se puede escuchar completa clickeando acá

Sol Alegría, ganadora de la competencia internacional del FICIC 2019

En la reciente emisión de La otra.-radio estuvimos conversando con Roger Koza, director artístico del FICIC, ni bien la edición del festival coscoíno acababa de terminar. Roger ya había llegado a Córdoba capital cuando nuestro programa salió al aire.

Lo primero que él nos dijo  es que esta ha sido una de las ediciones más felices del FICIC -un festival que verdaderamente aspira a construir una zona de felicidad, pienso yo-, una especie de equilibrio más logrado, evalúa él, buscando las palabras, más gente viendo las películas que en las otras ocasiones y también un reconocimiento más inmediato. A esa hora de la madrugada del lunes ya el diario El País de España había publicado una nota elogiosa al que denominó "Un festival de cine quijotesco en el centro de Argentina".


Es verdaderamente austero el sustento material del FICIC, así que este reconocimiento que se fue ganando edición tras edición se explica ante todo por la laboriosa alegría del grupo que lo realiza y el cuidado con el que se tratan las películas y a quienes participan en cualquiera de los roles. La concisión de sus dimensiones -en días, en presupuesto, en salas- contrasta con su grandeza de corazón, si me permiten la cursilería, más corazón que el odio que puede percibirse en otros festivales más poderosos. Y, sobre todo, las ideas acerca del cine que sus hacedores ponen en juego, esta es para mí la gran clave: la importancia del FICIC en el calendario de festivales de cine en el país se funda en que este es un encuentro pensado en sus detalles decisivos.

De nuestra conversación con Roger -participamos Paz Bustamante, Carla Maglio y quie firma esta nota, transcribimos ahora algunos pasajes e invitamos a escucharlo completo acá. Ninguno de los integrantes del staff del programa pudo estar presente en esta ocasión, pero lo seguimos a la distancia y comentamos algunas de las películas que ya conocíamos. En mi caso, estoy atravesando un pleno entusiasmo por Lluvia de jaulas de César González, ganadora de una mención del Jurado en la competencia internacional y también del premio de la Asociación de Cronistas.

Lluvia de jaulas (César González)

- Es una película que marca un salto cualitativo en la obra de González -dice Koza-, no porque su obra precedente fuera peor o mejor, sino porque hay salto estético, una concepción sonora distinta, una forma de trabajo en cierta medida insolente en función de lo que está retratando. Al mismo tiempo yo discutía con alguien, no importa quién, que me decía que la película era un poco desprolija, que había momentos en los que perdía su eje... Yo decía: "si esto lo hace Godard, todos decimos que es una genialidad". Y la verdad es que hay momentos en los que tiene esa impronta. Claro, Godard es un sujeto que se clausura en sí mismo, en tanto que nadie podría ser como él. Pero ¿qué pasa si hay alguien que tiene algún destello de genialidad como lo puede tener Godard, pero ha nacido en una villa? El que haya nacido en una villa no lo hace ni mejor ni peor, esto es la contracara de un humanismo ridículo. Antes que nada González es un cineasta. Uno no piensa en el cine de Solnicki porque es un tipo de una muy buena posición económica, del mismo modo que tampoco tiene tanta relevancia el origen de uno o el otro. El tema es cómo filman lo que filman, qué están pensando, qué forma cinematográfica ponen en juego. Y en Lluvia de jaulas hay un trabajo de sonido que produce un extrañamiento sobre lo que se ve. Se diluye toda versión paternalista respecto de cualquier fenómeno de la villa, Hay un contracampo constante entre la ciudad y esa ciudad secreta que son sus villas. Hay una comprensión evidente del territorio que González filma, pero es muy interesante el momento en el que saca a ese niño a recorrer la ciudad de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires se vuelve extraña para cualquier tipo de mirada. Creo que la operación de extrañamiento pasa por el sonido, Buenos Aires en Lluvia de jaulas suena diferente. En la disyunción entre la villa y la ciudad uno puede ver el contracampo de la pobreza en una cierta riqueza, yo diría, torpe, bruta, de la ciudad de Buenos Aires. Un contrapunto que nunca logra síntesis, porque no hay reconciliación entre esa ciudad y la ciudad clandestina. Aparte tiene momentos plásticos de una belleza inusitada, como ese final con el niño que lleva las flores del mismo modo con que en una escena anterior puede tener una tarjeta de crédito con cocaína o lo que fuera.

Corsario (Raúl Perrone)

- Esas flores del final -asocio yo- me conectaron con Corsario (Raúl Perrone), otra película vista en esta emisión del FICIC, bastante distinta pero con algunos puntos de contacto, incluso en su geografía, la zona oeste del conurbano.

- Es verdad, es verdad, el tema de las flores, ¿no?, aparecen también. Bueno, hay una sensibilidad común. Lluvia de jaulas tiene momentos cercanos a Ragazzi (también de Perrone). Hay algo hermoso, que es un tiempo de espera, uno no sabe muy bien cuál es el tiempo de los personajes: no es del todo el tiempo del ocio, no es del todo el tiempo del delinquir, entonces hay un tiempo flotante. Y algo de eso hay también en Ragazzi, sobre todo en la segunda parte, donde Perrone se permite la desobediencia de la representación de que los desposeídos tienen ocio, porque los ricos se han adueñado del ocio, creen que es un privilegio del pudiente, y Ragazzi dice: ¡No!, cuidado, hay otras formas del ocio y usted no la entiende. Lo otro que es muy llamativo de González es que son pocos los cineastas de nuestro país que como él pueden ejercitar su oficio y a la vez acompañarlo con una reflexión sobre lo que hacen. Es notable en él una constante necesidad por estar pensando su práctica. 

- La película que ganó el festival, la brasileña Sol Alegría, no la vimos.

- Es una película muy interesante, muy intensa, de Tavinho Teixeira -dice Koza-. Es una de las películas más precisas para imaginar la gran mácula de Latinoamérica, porque lo inaceptable está en el poder en Brasil, el brazo de un gran monstruo que se extiende en la configuración del Congreso y que además tiene un apoyo por fuera.

- Genera una tensión conocer el gran momento por el que está pasando el cine brasileño, que uno no termina de poder relacionarlo con esta monstruosidad que manifiesta el poder político- decimos.

- Yo creo -afirma Roger- que el gran momento se da sobre todo en la ficción brasileña. Yo no veo en el cine documental de Brasil una regeneración después de la muerte de Eduardo Coutinho, no veo ahí un recambio generacional. Sí veo zonas mixtas, de indeterminación entre la ficción y la no ficción. Y te diría que hay como diez o quince películas que de algún modo desde la ficción entran en contacto con una extensión posible del presente, donde las ficciones trabajan con formas de horadar lo que no permite ver el presente. Abren el presente, porque se posicionan en lugares a veces lúdicos, a veces imaginarios, a veces desde la ciencia ficción o el fantástico, donde uno puede vislumbrar problemas que están obturando cualquier tipo de transformación social. Yo creo que hay una disyunción en Brasil que la propia bandera expresa, un problema entre el orden y el progreso. Y esa tensión está llevada al máximo entre el cine y la realidad.

- Me parece que en las películas que seleccionás, algunas las vi, de otras leí -dice Carla Maglio- los cineastas plantean una relación particular con el espacio, que no es un problema menor. Yo no sé si dimensionamos el nivel de resquebrajamiento de las tramas sociales en el espacio que hay hoy en Brasil.

- Desde el inicio yo me di cuenta que las 9 películas de la competencia de esta edición del FICIC estaban unidas por el problema del espacio como la entidad dramática por excelencia: eran espacios ocupados, espacios imaginados, espacios heterogéneos, como es en el caso de González. Y algo de esto aparece también en el cine de Brasil. En el caso de Sol Alegría, frente a la consagración de un modelo teológico castrense que castra a los ciudadanos en su deseo, el film imagina la existencia de una comunidad clandestina que practica sexo como una especie de resistencia vital, hasta esperar la posibilidad de una invención que no aparece pero se llega a vislumbrar, frente a un orden estrangulador. La economía libidinal es una economía de reserva. Yo no puedo dejar de pensar en Wilhelm Reich ante estas sociedades propensas al fascismo y su manera de relacionarse con las prácticas sexuales. Es inmediata la obsesión de Bolsonaro por regularizar los placeres sexuales, fue lo primero que él expresó. Yo veo que en Brasil hay en este momento una confusión sobre lo que se puede hacer, pero se entiende que por ahi hay que empezar a pensar - propone Roger-. Cuando en el debate sobre el aborto Pino Solanas menciona al derecho humano al goce se produce un momento increíble. Yo pensaba: ¿qué están hablando en el Congreso? Era tan careta el discurso que de pronto apareció una palabra que no estaba en el léxico del Congreso: el deerecho humano al goce. Y esa aparición de una incomodidad léxica en medio de un discurso fosilizado es un agujero que se produce y quedará en nuestro recuerdo.

Ata tu arado a una estrella (Carmen Guarini)

Paz Bustamante destacó la retrospectiva que esta edición del FICIC dedicó a Carmen Guarini.

- Tengo la impresión de que hay una idea rígida de las formas de periodización del cine argentino. Porque cuando empieza la década del 80 el cine no está absolutamente muerto. Hay gente que ha trabajado como puente entre generaciones. Creo que Ana Poliak es una de ellas, Carlos Echeverría es otro, cineastas que se han olvidado como Sergio Belloti. Y en este caso en particular, Carmen Guarini lo que hace es resguardar una memoria y una práctica del cine documental, que lo termina relacionando con la historia de la Escuela de Cine de Santa Fe, con Fernando Birri. Ella es la plataforma sobre la que se erigen los nuevos documentalistas del cine argentino. Y una de las conjeturas del festival fue expresar que aquí está una de las cineastas que hizo ese puente.

viernes, 3 de mayo de 2019

Lluvia de jaulas


"Los barrios populares son cárceles sin necesidad de puertas, ni de muros, ni de estar vigiladas por rabiosos centinelas. Donde la belleza convive con la violencia. Flores que crecen sin muletas. Un basural de cicatrices, que se conforma con la piedad de los turistas. Personas que arriban al mundo con una marca en la frente. Generaciones de jóvenes ya veteranos del horror, donde pocos sobreviven al carnaval de la mano dura".
César González

Lluvia de jaulas (César González, 2019) es la película que expone la mirada sobre lo real más lírica, desolada y dura que haya producido el cine argentino en los últimos años. Con su quinto largometraje, González termina de definir una posición única no solo respecto de los cineastas de su generación, sino también del menguante "Nuevo Cine Argentino", cuya novedad vemos extinguirse de manera constante. Es probable que González inaugure también una posición hasta ahora inédita en la historia del cine argentino sin más: la apertura de lo real desde una mirada no burguesa ni pequeño-burguesa, un cambio drástico de perspectivas.


César González reúne varias cualidades diferenciales que ahora en esta película terminan de conquistar la forma de una belleza veraz:

- En sus cinco largometrajes él no pretendió fijar prematuramente rasgos de estilo ni genéricos sobre los que descansar. Esto posibilita que en Lluvia de jaulas explore formas cinematográficas que no repiten procedimientos ya probados. Sus opciones formales en esta película asumen el riesgo de innovar sobre su propia filmografía. Cine de poesía, liberado de las sujeciones de una narración unitaria y cerrada, en sintonía con autores que se ubican en la vanguardia del cine mundial. Su ductilidad expresiva derriba cualquier separación infundada entre cine de poesía y cine de ensayo. Lluvia de jaulas es una cosa tanto como la otra. Es también cine eminentemente político: por una vez aquí no es cierto el exitoso dogma de que el pueblo falta.

- Su cámara abre un espacio al que a otros cineastas argentinos les resulta inaccesible y esto es así por su procedencia social. La lacerante fractura de clase y generacional que él pone en el plano hace aparecer un lugar y unos personajes a los que sus colegas hasta ahora solo pudieron espiar desde afuera y de paso. La cámara de González prueba una presencia corporal en ese mundo que nos abre. Para esto existe el cine: para afinar la mirada desde puntos de vista singulares y no intercambiables. No se trata de "temáticas sociales" que pudieran desarrollarse mejor en tratados sociológicos. Se trata de dar a ver cuerpos y espacios concretos, no abarcables mediante conceptos u opiniones. Y no cuerpos y espacios cualesquiera, sino aquellos en los que el sistema social colapsa sin que el cine hasta ahora haya encontrado la forma de filmarlo.


- El trayecto biográfico de González condensa, pese a su juventud, una experiencia vital que deja huellas ostensibles en su cuerpo y en su mirada, reconocibles en la textura de su cine.

- Su producción poética, literaria y ensayística lo diferencian también de la gran mayoría de los cineastas actuales. González no llega al cine con una aproximación meramente "cinéfila", menos aún con la formación escolar que hoy predomina entre los directores de su generación. Antes exploró otras formas artísticas e intervino en la conversación pública con una formación filosófica y una conciencia de clase inusuales entre sus colegas.

No hablo de atributos simplemente personales de alguien que además hace películas. Estas cualidades que enumero determinan su mirada cinematográfica.


En Lluvia de jaulas asistimos a un retrato colectivo centrado en el sector de la población más frágil y lesionado por la tremenda violencia de clase del régimen actual. Los chicos de los barrios pobres cuyos cuerpos, voces e historias aparecen en la película son el blanco de un genocidio silencioso, por la obstinación del resto de la sociedad en no escuchar ni ver. Con un material dramático tan potente se podrían ensayar construcciones estilísticas de lo más variadas. César González opta aquí por un tono elegíaco que no ahorra mostrar la dureza de las vidas retratadas ni la violencia social consentida por acción o por omisión.

Con prescindencia de todos los apuntes anteriores, en los que quise fundamentar el carácter distintivo del cine de González y específicamente de esta película, Lluvia de jaulas nos regala algunas de las secuencias más hermosas, tiernas y vitales de personajes con un desamparo existencial que no tiene raíces metafísicas sino económicas y políticas, es decir: cuya responsabilidad se extiende sobre todo el cuerpo social. Ninguna otra película argentina mostró así la catástrofe argentina en curso, en su verdad y en su inquietante belleza. 


La cortina de lluvia que casi constantemente atraviesa el plano impone una tonalidad triste y reflexiva, así como la suave textura de las pieles de los chicos que pueblan este espacio filmado nos regalan una tersura que constituye el alegato más potente contra la crueldad del sistema político que los asesina.

martes, 10 de mayo de 2016

Los dulces sueños están hechos de esto

Un repaso de lo mejor del FICIC (Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín) en La otra.-radio, para escuchar clickeando acá

 En el programa del domingo pasado de La otra.-radio, recién llegados del FICIC, hicimos un repaso de lo mejor del festival.

La película ganadora de la competencia internacional, La luz incidente de Ariel Rotter. 



Fuera de competencia: La noche, de Edgardo Castro.


Foco: "El giro expresionista digital en el cine de Raúl Perrone".


HIERBA de Raul Perrone from Trivial Media on Vimeo.

domingo, 8 de mayo de 2016

Festival de Cine Independiente de Cosquín: los premios de la competencia internacional

Primer Premio: La luz incidente (Ariel Rotter, Argentina, 2015)



Consideramos * que es una singularidad en el cine actual su apuesta radical por la construcción de un mundo enteramente ficcional. Este resultado se logra gracias a una puesta en escena rigurosa en la que todos los elementos (actuaciones, fotografía, ritmo, dirección de arte, sonido) convergen en el tratamiento de un conflicto que articula cuestiones de género y clase con una enorme elegancia y sensibilidad. Es notable la precisión casi coreográfica del desempeño actoral, especialmente la extraordinaria fotogenia de Erica Rivas.

Mención Especial: Las calles (María Aparicio, Argentina, 2016)



Destacamos esta película de una muy joven cineasta por la sensibilidad con la que se acerca a una comunidad, una geografía y al proceso de trasmisión oral entre generaciones como modo de construcción colectiva de la historia. La película logra un delicado cruce entre el registro documental y la ficcionalización de un proyecto escolar por el cual un grupo de chicos debe decidir ponerle nombres a las calles de la localidad chubutense de Puerto Pirámides. Hay una gran actuación de la extraordinaria Eva Bianco y también momentos puramente líricos de los chicos jugando en medio del paisaje sureño.

Mención especial: Rastreador de estatuas (Gerónimo Rodríguez, Chile, 2015)



A partir de la obsesión íntima por el recuerdo de una conversación con su padre, el narrador va trazando un recorrido laberíntico que termina por ser un ensayo acerca de los mecanismos caprichosos de la memoria. Este intento de reconstrucción del vínculo con su padre, con referencias múltiples a la neurología, las estatuas en los parques, la cinefilia (Joaquim Jordá, Raúl Ruiz), el gobierno de Salvador Allende, el golpe de Pinochet, las hazañas futbolísticas de Enrique Omar Sívori, el gol del "honor" en un partido entre Chile y la URSS que nunca se jugó y muchas otras cosas logra trascender la experiencia personal hasta alcanzar la dimensión de un desarraigo generacional.

* Fundamentos del Jurado de la competencia internacional, integrado por el cineasta José Luis Torres Leiva, la crítica Luciana Calcagno y Oscar Cuervo.

Agrego: como ya dije en otro post, no pude ver muchas más películas que las de la competencia internacional, pero quiero mencionar especialmente, además del foco sobre Raúl Perrone en el que participé (se proyectaron Hierba y Samuray-S) a la extraordinaria La noche, de Edgardo Castro (que se vio fuera de concurso), una película sobre la que habrá que volver varias veces en el futuro. La otra obra maestra que pudo verse aquí es Homeland. Iraq, year zero (Abbas Fahdel). Muy interesante también la película de apertura, el film colectivo Archivos intervenidos: Cine Escuela.

Sobre todos ellos hablaremos en La otra.-radio de hoy a la medianoche en Radio Gráfica, FM 89,3. Online acá.

sábado, 7 de mayo de 2016

El malo de la película



En estos días estoy participando en el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín, como jurado de la competencia internacional, junto a Luciana Calcagno y José Luis Torres Leiva. Nuestra agenda es ceñidísima, ya que tenemos que ver los 10 largos que compiten y nos queda un poco de tiempo para participar de algunas actividades especiales y solo un par de películas fuera de competencia. Hoy a la tarde vamos a juntarnos a deliberar para decidir los premios. Obviamente, no puedo anticipar por acá ninguna posición sobre las películas que tengo que expedirme.

Puedo decir, sin embargo, un par de cosas sobre el FICIC. Ubicado en el centro geográfico del país, en una ciudad chica, famosa por su festival de folclore, podría decir que este encuentro se trata de un pequeño milagro si no fuera porque soy testigo del enorme trabajo y amor de un puñado de apasionados por el cine que lo hacen posible. Cosquín es una ciudad que el resto del año no tiene salas cinematográficas. Es contagioso el entusiasmo pensante y amoroso que le pone el pueblo a estas películas, programadas por Roger Koza con la sensibilidad y la precisión que le conocemos, que lo impulsan a poner en juego algunas tesis fuertes sobre el estado del cine mundial. Ese compromiso con el estado del cine y la asunción de la parte que a cada uno le corresponde yo la percibo en todos los integrantes del grupo que sostiene con sus cuerpos el festival, desde Carla Briasco hasta las chicas y muchachos que están garantizando la concreción de cada evento y la proyección de las películas. A varios de ellos los conozco como cineastas, actores, montajistas, sonidistas, músicos, camarógrafos de las películas que produce la cinefilia cordobesa. Y durante los días del festival los veo arremangados desde las 10 de la mañana hasta muy avanzada la noche, cortando entradas y discutiendo el futuro del cine, que lo sienten en sus manos.

Esa es mi percepción de forastero.

Después, me tocó en suerte el papel más odioso en este acontecimiento, que es ser uno de los jurados que tienen que decidir que esta película sí y la otra no. Ese es uno de los nudos problemáticos del dispositivo de los festivales, la idea de competencia, que se me hace ajena e incluso hostil respecto de la creación artística. Ninguna película reclama la exclusión de otra para existir y a los jurados nos toca el incómodo lugar de ejercer la función de disyuntores excluyentes. Entiendo que a una película puede servirle acumular una buena cantidad de distinciones, lo que implica ser distinguida de otras, que quedan por lo tanto en un fondo difuso durante la lectura de la lista de los títulos premiados, pero... ¿habrá alguna manera de que la peligrosa idea de competencia pueda ser apartada de los festivales y ellos mantengan su atractivo?

Creo que un festival tan amoroso e inteligente como el FICIC tiene la oportunidad de hacerse la pregunta.

Mientras tanto, para mí, el ser jurado me permitió pasar unos días bárbaros viendo películas y juntándome con gente cuyo motor en la vida es una vocación, es decir: un llamado. Así que no tengo que quejarme, tengo que apechugarla y hacerme cargo del rol de villano que tiene que apartar lo que en el ámbito de la creación puede perfectamente coexistir.

PD: nuestra apretada agenda de jurados no me dio tiempo a acercarme a las sierras y las fotos que acompañan el post han sido mi casi único contacto con esta hermosa geografía.