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domingo, 27 de abril de 2025

El único Papa que lloraremos

Papa Francisco / Bergoglio y nosotros

En este episodio de Patologías Culturales del 26 de abril de 2025 Maxi Diomedi y Oscar Cuervo no esquivan el riesgo de la autorreferencialidad para pensar la muerte de Jorge Bergoglio y el fin del papado de Francisco I. Es que no se trata de unas memorias subjetivas sino de experiencias históricas vividas y compartidas. ¿Quién le teme al compromiso personal en la historia? No somos historiógrafos sin habitantes del siglo -de dos siglos. No podemos pensar a Francisco sin pensarnos. 



lunes, 21 de abril de 2025

En el día de la muerte del Papa Francisco

Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires 
y Andrés Albertsen, pastor de la Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires, 1999.

por Andrés Roberto Albertsen

El Papa Francisco a menudo hablaba sobre lo que él llamó la "globalización de la indiferencia", una condición que, advirtió, nos roba nuestra capacidad de llorar. Pero las lágrimas—solía decir—las lágrimas limpian nuestra visión. Solo con los ojos lavados por lágrimas podemos empezar a ver algunas de las verdades más profundas de la vida.

"En este mundo globalizado, hemos caído en la indiferencia globalizada. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los demás: no me afecta, no me preocupa, ¡no es asunto mío! El Papa dijo durante su visita a la pequeña isla de Lampedusa—su primer viaje fuera de Roma después de su elección—que se había convertido en un punto clave de aterrizaje para los inmigrantes y solicitantes de asilo que cruzaban el mar Mediterráneo.

"Casi sin ser conscientes de ello, terminamos siendo incapaces de sentir compasión ante la protesta de los pobres, llorando por el dolor de los demás, y sintiendo la necesidad de ayudarlos, como si todo esto fuera responsabilidad de otra persona y no nuestra propia... todas esas vidas atrofiadas por falta de oportunidades parecen un mero espectáculo; no nos conmoven", escribió en mi texto favorito de él, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio).

Y dijo "nosotros" deliberadamente, porque nunca se colocó por encima de los demás.

"¡Cuántos de nosotros, incluido yo, hemos perdido nuestra orientación; ya no estamos atentos al mundo en el que vivimos; no nos importa; no protegemos lo que Dios creó para todos, y terminamos incapaces de cuidar unos a otros! " dijo en Lampedusa.

El Papa Francisco habría sido el primero en insistir en que no necesitas ser cristiano para protestar contra la globalización de la indiferencia, o para llorar por el dolor de los demás, pero menos aún si eres cristiano. Porque entonces, también debes conocer la alegría: la alegría del evangelio.

"Hay cristianos cuyas vidas parecen como Cuaresma sin Pascua", escribió el Papa en Evangelii Gaudium.

Y continuó: "Me doy cuenta, por supuesto, de que la alegría no se expresa de la misma manera en todo momento de la vida, especialmente en momentos de gran dificultad. La alegría se adapta y cambia, pero siempre perdura, incluso como un parpadeo de luz nacido de nuestra certeza personal de que, cuando todo está dicho y hecho, somos infinitamente amados. Entiendo el dolor de la gente que tiene que soportar un gran sufrimiento, pero lentamente pero seguro todos tenemos que dejar que la alegría de la fe reviva lentamente como una confianza tranquila pero firme, incluso en medio de la mayor angustia. ”

“A veces estamos tentados a encontrar excusas y quejarnos, actuando como si sólo pudiéramos ser felices si se cumplieran mil condiciones...” Puedo decir que las expresiones de alegría más hermosas y naturales que he visto en mi vida fueron en gente pobre que tenía poco a lo que aferrarse. También pienso en la verdadera alegría mostrada por otros que, incluso en medio de apremiantes obligaciones profesionales, fueron capaces de preservar, en desapego y sencillez, un corazón lleno de fe. A su manera, todos estos momentos de alegría brotan del infinito amor de Dios

Hoy, en el día de su muerte, doy gracias por la vida y ministerio del Padre y Arzobispo Jorge Bergoglio en Argentina, y del Papa Francisco en todo el mundo. Siempre voy a valorar las visitas y conversaciones que compartimos en Argentina. Y sobre todo, recordaré esto: la forma en que sostuvo la tristeza y la alegría juntos, no en teoría, sino en palabra y en acción. Ese, para mí, es el legado más profundo que deja atrás.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Verbitsky vs. Bergoglio: una tirria personal y una pérdida periodística



Horacio Verbitsky es sin lugar a dudas uno de los mejores periodistas argentinos y lo es por varios motivos: el rigor con que tamiza la información, la independencia con que maneja su agenda de temas y su estilo seco y mordaz, que solo con cuentagotas permite la irrupción de un humor más abierto y más raramente aún suelta  alguna efusión emotiva. Como polemista es temible y también es un atento buscador de detalles significativos que al resto de sus colegas les pasan desapercibidos. Muchas veces la información que despliega es tan profusa e intrincada que su lectura se vuelve ardua. Como no es un publicista ni se desvive por el impacto inmediato sus investigaciones no van a caer nunca en lanatismos; uno adivina que detrás de esa prosa fría y dura, el Perro se divierte al extenuar al lector con su tono neutro y desdramatizado hasta la hipérbole. El no parece ansioso por hacer hablar a todos al día siguiente, como es notorio que intenta lograrlo Lanata, porque sostiene que prefiere ser leído con atención por el puñado de los que toman decisiones. Su influencia no se desborda entonces nunca hacia los trending topics, sino que se irradia lentamente en círculos concéntricos de varias capas de lectores influyentes.

Verbitsky ha sido algo más: un militante, antes de Montoneros y desde la vuelta de la democracia del CELS. Estuvo en los 60 en Clarín, en La Opinión de Timerman, en Noticias de Bonasso, en El Periodista de Cascioli y desde su fundación hasta hoy en Página/12 como columnista estrella. Los que lo conocen adjudican el apodo de "Perro" a su hosco carácter. Discípulo de Rodolfo Walsh, quizás sea el último ejemplar de un estilo de periodismo artesanal, ajeno al pulso espasmódico de la televisión que hoy configura el horizonte ético, estético y político de las nuevas camadas de periodistas. Algún día se contará su biografía, que es atravesada por la historia argentina contemporánea;y será fascinante descubrir sus rasgos más íntimos detrás de su estilo blindado.

De todas las batallas que emprendió en su muy larga carrera, quizá la que lo muestre más debilitado sea el encono personal que deja traslucir hacia Jorge Bergoglio. Verbitsky se dedicó mucho tiempo a investigar con lujo de detalles las intervenciones políticas de la iglesia católica argentina, lo que confluye inevitablemente en la complicidad de las jerarquías eclesiásticas con la última dictadura militar. Encontró testimonios muy significativos sobre la controvertida actuación del joven jesuita Bergoglio en esos años. Entre quienes conocieron a Bergoglio hay serias discrepancias: algunos de sus allegados de entonces lo acusaron de diversos grados de complicidad con los represores; otros insisten todavía con que Bergoglio se movió para salvar a unos cuantos religiosos de las garras de la represión. Verbitsky intensificó sus denuncias cuando se dirimía la sucesión de Juan Pablo II y algunos creen que esas notas influyeron para que en ese momento las posibilidades de llegar al papado de Bergoglio se frustraran. Quizás esto sea cierto, o puede que fuera una leyenda que haya animado a Verbitsky a creer que su radio de influencia era mayor que el que realmente tiene. Pero cuando Ratzinger abdicó y hubo que elegir a su sucesor, parece que el Espíritu Santo o quienes fueran que votan en su nombre no se sintieron conmovidos por la persistencia de Verbitsky en recordar las sospechas de colaboracionismo de Bergoglio. 

Como es notorio, desde hace unos meses tenemos un Papa argentino que se convirtió en una figura gravitante en el mundo, con su estilo que algunos reconocen como peronista. Quizás lo que más haya amargado a Verbitsky no sea comprobar que su influencia no llegó esta vez al colegio cardenalicio vaticano, sino que después de consagrado Papa, Francisco y la Presidenta Cristina lograron un entendimiento político que nunca habían tenido cuando él era el obispo de Buenos Aires.

Desde entonces, la tirria de Verbitsky hacia el Papa empezó a ensombrecer su calidad profesional. Como si privilegiara reconquistar su rol influyente en el gobierno de Cristina (quien en este tema parece no haberle prestado mucha atención), sus columnas empezaron a repetir argumentos y datos ya conocidos, de probada ineficacia operativa. Si solo se trataba de dar a conocer una información, Verbitsky ya lo había hecho y la historia sabrá reconocer su aporte. Pero si lo que se propone es ser influyente, su insistencia no puede lograr en la reiteración lo que no consiguió en la primera ocasión.

El domingo, apenas de un día después del momento de mayor cercanía política de Cristina y el Papa, cuando una nutrida delegación oficial llegó al Vaticano para recibir el respaldo de Francisco en el litigio que el país sostiene contra los fondos buitres, Verbitsky hizo su nota más floja. Forzando argumentos, equiparando los gestos personales de Bergoglio, de asegurada repercusión internacional, con las declaraciones de personajes laterales de la iglesia católica argentina, leyendo cada gesto del Papa con una predisposición a la paranoia, adjudcándole dobles o triples intenciones, en un delirio interpretativo que lo dejó muy cerca de las fábulas de Joaquín Morales Solá en La Nación, o del vitriolo meramente malvado de Carlos Pagni en ese mismo diario, Verbitsky perdió foco del hecho que significa que un Papa se involucre en una disputa política y económica y tome partido por los intereses nacionales ante el  implacable capitalismo financiero. El Perro perdió la escala de la importancia de lo que está en juego y privilegió su aversión por su enemigo íntimo. Lo que más se resiente con esa insistencia es su relevancia como analista político.

Quiero citar un fragmento de una muy buena nota de Gabriel Fernández sobre esta cuestión. Se llama "Sobre “A Dios rogando” de Horacio Verbitsky. NI LA HISTORIA NI EL PRESENTE SON ASI":

"...ya adentrándose en los pasos presentes, insiste en la configuración de un Jorge Bergoglio opositor interno, interpretando trascendidos de la Iglesia –donde como sabemos, la prédica y la acción papal ha generado condenas conservadoras y maniobras oposicionistas- como dobles mensajes destinados a contentar a tirios y troyanos. Estas versiones, lanzadas apenas horas después de la reunión del Papa con nuestra jefa de Estado, configuran un menoscabo de la enorme labor internacional efectuada por el gobierno argentino en la última década.

"En ese sentido, sin evitar indicar que Néstor Kirchner fue el único presidente argentino que no intentó acercarse a un Papa e incluyendo así de hecho a Cristina Fernández de Kirchner en una nómina que no merece integrar, necesita utilizar la interpretación del PRO como válida al precisar que el operador Diego Guelar decodificó el verdadero mensaje del Papa sin ambages: “Está dando una señal de urgencia y de comprensión de que la situación argentina es muy grave”.

"Pero ese es, precisamente, el planteo básico de La Nación, de no pocos sectores empresariales y de casi todas las escuálidas franjas opositoras internas. Y le atribuye al Papa Francisco una consideración excesivamente hipotética para alguien apegado a las fuentes seguras: “Si la situación nacional tuviera el desenlace trágico que Bergoglio presagió durante sus años frente a la Plaza de Mayo –escribe Verbitsky- el papa Francisco podría decir que hizo todo lo posible por evitarlo, pero que sus esfuerzos no bastaron”.

"Se trata de la más compleja e interesante acción periodística destinada a reconstituir, frente a la preocupación de los centros de poder, la imagen de un Papa antikirchnerista. Justamente lo que exigen aquellos que se han visto defraudados por el andar de un hombre que, hace tiempo ya, se corrió del lugar asignado por los espacios antinacionales y se ha posicionado en la jefatura del Vaticano sin olvidar su pertenencia sureña.

"Es doloroso, claro, observar que esta labor es desarrollada por Horacio Verbitsky. Su obra y su trayectoria resultan innegables. Durante largo tiempo, en conversaciones personales con Clelia Luro, tratamos de interpretar y comprender la tirria del periodista hacia Bergoglio. En tanto vertió sus opiniones sin tapujos, dejamos correr sin realizar comentarios. Hoy, frente a lo que puede estimarse como una información histórica y presente desfigurada, no queda otra opción que escribir este texto".

Para leer completo el artículo de Gabriel Fernández, clickear acá.

lunes, 10 de febrero de 2014

El papelón periodístico de la década: La Nación y Perfil desmentidos por el Papa

“Es un disparate”, le dijo el Papa Francisco a su amiga la periodista Alicia Barrios, tirando abajo la operación montada por La Nación y Perfil. Apoteosis del relato Anti K.




No es, por supuesto, la primera opereta periodística de la década: los diarios de la derecha golpista vienen mintiéndole a sus lectores prácticamente desde antes de que Néstor Kirchner asumiera la presidencia en 2003. Pero sí es la opereta desmentida de la manera más estruendosa: para un diario como La Nación, con un target de lectores conservadores católicos, que su titular sea desmentido por el propio Papa alcanza dimensiones descomunales. La Nación tituló ayer domingo a toda página y en tipografía catástrofe que el Papa había llamado a una reunión multisectorial... ¡en el Vaticano! porque estaba preocupado por la tensión en el país.

El periodista Mariano Obarrio publicó en la edición dominical, la más leída y la que pretende instalar agenda para la semana, una nota en la que se afirmaba categóricamente que se haría una reunión entre empresarios, sindicalistas y representantes del propio gobierno convocada por el Papa y que su preocupación había aumentado "tras el reto de la presidenta a [el secretario de la CGT] Caló". En este caso, el diario de los Mitre no se tomó recaudos para atenuar la información: no dijo "el Papa habría convocado." sino "el Papa llamó a un diálogo...". La redacción de la nota de Obarrio no deja margen para las dudas:

"Según pudo saber LA NACION, Francisco presidirá el encuentro, al que ya comprometieron su asistencia el ministro de Trabajo, Carlos Tomada; el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA),Héctor Méndez, y su vicepresidente, Daniel Funes de Rioja, y el secretario general de la Uocra (sindicato de la construcción), Gerardo Martínez".

No se descarta que participe también el secretario general de la CGT oficialista, Antonio Caló.
"La reunión por ahora era reservada. Todavía no había intención de comunicarla", dijeron a LA NACION fuentes directamente vinculadas con la iniciativa. El diálogo convocado por el Papa será "una señal de pacificación" y de promoción de "la cultura del encuentro", agregaron las fuentes, en medio de la escalada inflacionaria, la devaluación y la inminente puja salarial en las paritarias. (Completo acá).
Está clarísimo en la versión de Obarrio que el Papa "presidirá" una reunión que él mismo "convocó", "preocupado" como estaba. Perfil, en su estilo más impreciso de vendehumo de tapas que no tienen respaldo informativo, se cuidó de titular de manera más difusa: "Plan K para que Dios nos ayude", "Hay en agenda una reunión con Francisco...": Cuando redacta la noticia la periodista Emilia Delfino usa el modo potencial, pero también atribuye la iniciativa al Papa:

La audiencia de fines de febrero, que podría ser el 19, habría sido convocada por el propio Bergoglio, como antesala a su posible visita a la OIT. Participarán el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, Martínez, Héctor Méndez, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) y el abogado Daniel Funes de Rioja –representante de la UIA en la OIT–, y podría sumarse Caló.
El factor Francisco pesa en los gremios. En diciembre, el Pontífice les pidió la “unidad”.“Algunos la entendieron más allá de la unidad del movimiento obrero, más en el marco del diálogo intersectorial”, confió una fuente de ese encuentro a PERFIL.
Leyendo entre líneas ya se le ven las patas de la sota: se pretende evocar la memoria del Encuentro Multisectorial entre representantes de la Iglesia, Duhalde y Alfonsín que a fines de 2001 preparó el golpe de estado contra De La Rúa. ¿Quién sería la fuente de esta información? Con el correr de las horas se pudo saber que el que la echó a rodar es Daniel Funes de la Rioja, vicepresidente de la UIA e integrante del "Círculo Rojo".

La opereta se cayó como un castillo de barajas cuando a la tarde la periodista Alicia Barrios, íntima amiga de Bergoglio, contó la conversación que mantuvo ayer mismo con el Papa: “Hoy es mi cumpleaños y me llamó Francisco, como todos los años” contó Alicia Barrios, amiga y autora del libro Mi amigo el Padre Jorge. “Nos reímos como todos los años hasta que en un momento le dije ‘Me voy a tener que ir antes a Roma, porque acá en el diario dice que en marzo vos mandaste llamar a los representantes del gobierno y de la UIA porque estás preocupado por el país'".

–Jorge, ¿viste la tapa de los diarios? -pregunta Barrios.
–No, acabo de levantarme de la siesta -dice el Papa-. Leeme, ¿qué pasó?
–Dice que convocaste a una reunión para el 19 de marzo por la crisis.
–No, eso no es cierto. Es un disparate. Esperame que voy a buscar mi agenda.
Un rato después, el Papa retoma la conversación: “Mirá, Alicia, el 19 acá viene José María Del Corral (Presidente del Consejo general de Educación del Arzobispado de Buenos Aires) con Ricardo Pignanelli (titular de SMATA) y es una reunión por la educación. Yo no tengo agendada una reunión de ningún otro tipo”. Barrios sigue contando: “Él ni lo había leído. Se lo leí yo por teléfono y eran las 4 de la tarde en Roma”. Además, Francisco negó que hubiera llamado a Cristina como se sugería en el artículo de Obarrio y tampoco mostró preocupación por el último discurso de la presidenta. (Fuentes: Crónica, Página 12, Infobae y... ¡hasta Clarín!


El estupor que provocó en La Nación la desmentida del propio Papa fue tal que durante larguísimas horas el portal del diario de la oligarquía hizo desaparecer la noticia que había puesto en la tapa de la mañana. En lugar de la importantísima "primicia" de Mariano Obarrio, La Nación prefirió darle prioridad en la web a los resultados del fútbol y a un premio que ganó una película de Campanella. La plana mayor del diario habrá tardado varias horas para armar la reculada en chancletas después del papelón. Recién en la edición de hoy lunes trata de reacomodar el desplome periodístico:

Fuerte revuelo por la reunión con el Papa

Claro que hubo un "fuerte revuelo", pero fue en la redacción de La Nación, para arreglar el desaguisado. Leyendo esta segunda nota de Obarrio, se empieza a entender la raíz de la opereta: ahora, según Obarrio, la reunión habría sido gestionada por el vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, y ya no por Bergoglio (ante la irrefutable desmentida de este). "El dirigente empresario la gestionó -recula Obarrio- en su carácter de próximo presidente de la Organización Internacional de Empleadores (OIE), que forma parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)". ¿Cómo? ¿Funes de la Rioja hizo la gestión? ¿No era que convocó el propio Papa, preocupado por el discurso de Cristina? Reconstruyendo la trama de la invención, es posible que el autor del pescado podrido haya sido Funes de la Rioja, que él les vendió a La Nación y a Perfil la "convocatoria del Papa", y que estos medios, que hace rato renunciaron al rigor periodístico y al respeto por sus lectores, terminaron de adornar la operación, cada uno a su estilo. Clarín, que esta vez no compró, aprovechó la desmentida para hacer quedar mal a sus aliados/competidores y les enmendó la plana.

Perfil, con su redacción desvastada por los despidos y el diario a la deriva, ni se molestó en publicar la desmentida del Papa ni elaborar una justificación para el dislate. Fontevecchia debería hacer un plan para que Dios lo ayude.

Las mentiras de la prensa golpista argentina son sistemáticas y el gobierno se ve casi todos los días en la necesidad de salir a responder las operaciones. Pero lo de ayer supera todos los límites: no debe haber antecedentes de que una opereta de la prensa argentina sea desbaratada por el máximo jerarca de la iglesia católica. Los principales damnificados de estas operaciones no son ni el Papa ni el gobierno, sino los pobres lectores de La Nación y Perfil, sometidos desde hace años a la ingesta de pescado en mal estado. Esta sostenida degradación de los estándares periodísticos es un signo de época y alguna vez se estudiará en las escuelas de periodismo "el día en que La Nación fue desmentida por el Papa".

Por último, el papelón reafirma que los tenaces esfuerzos de la prensa golpista por mellar la autoridad de la Presidenta los llevan a la desesperación por no poder lograrlo. Las mentiras usuales ya no alcanzan, hay que aumentar la dosis de mentira más y más, hasta exponerse a la desmentida del propio Papa. Esta necesidad de mentir, el relato antiK al que se han hecho adictos como a una droga, muestra que Cristina sigue teniendo una centralidad política que desespera a los golpistas.