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lunes, 24 de octubre de 2016

Una estrella llamada Tsoi


En el programa de anoche, nos visitó Alejandro Braín, que hace poco estuvo viajando por Rusia: visitó Moscú y San Petersburgo, más precisamente. Nos relató sus impresiones de viaje, su visita a la casa de Dostoievski, su impresión por el aspecto único del cielo ruso y su descubrimiento de algunas figurar de la música popular rusa actual. Ya vamos a subir el audio completo del programa, pero ahora quiero adelantar algo sobre Víktor Róbertovich Tsoi (21 de junio de 1962, Leningrado, RSFSR, Unión Soviética — 15 de agosto de 1990, Tukums, SSR de Letonia, Unión Soviética) 

Tsoi fue un famoso cantante de rock y poeta en la Unión Soviética durante los años 80 al frente de su grupo Кино (Cine). Víktor nació el 21 de junio de 1962 en Leningrado (actual San Petersburgo). 

Entre 1982 y 1990 Víktor Tsoi y su grupo publican nueve discos y se convierten en un grupo de culto para la juventud soviética de la época de la Perestroika. Víktor además participó como actor en la película Assa (1986) y protagonizó Iglá (La Aguja, 1987). El 15 de agosto de 1990 Víktor Tsoi muere en un accidente de tráfico a las afueras de Riga. Después de su muerte, el diario Komsomólskaya Pravda publicó: 

"Tsoi significa para la juventud de nuestra nación más que cualquier político, escritor o celebridad. Esto se debe a que Tsoi nunca mintió ni se vendió. Fue y seguirá siendo él mismo. Es imposible no creer en él... Tsoi es el único artista de rock que no ha diferenciado su imagen de su vida real, vivió como cantó... Tsoi es el último héroe del rock." 


La muerte de Tsi se produjo cuando su coche chocó contra un autobus. Supuestamente él se había quedado dormido al volante, aunque también circularon los rumores nunca confirmados de un asesinato, dado el mensaje antisistema de la música de la banda. 

En el accidente sobrevivió una cinta que contenía la grabación que Tsoi había hecho de las voces para el siguiente álbum. Los supervivientes de Kinó grabaron la música correspondiente y publicaron Chorni Álbom (Чёрный альбом) - el álbum negro - como muestra de duelo por la pérdida de su cantante. Pronto se convirtió en el disco de más éxito de la banda y sirvió para apuntalar la leyenda de Tsoi y el lugar de Kinó en la historia de la música moderna en Rusia.


En la época del fin de la sociedad soviética, el sonido de Kinó y las letras de Tsoi fueron algo totalmente diferente a lo que hasta entonces la música de rock ruso había producido. En la calle Arbat de Moscú hay un muro dedicado a Tsoi con grafitis y hasta una estatua en bronce del artista donde todavía sus fans se reúnen a conmemorar su muerte. Hace poco, los grupos más importantes de Rusia se reunieron e hicieron un disco tributo a Kinó.



En la película Assa / Асса (Serguéi Soloviov, 1987), filmada durante la perestroika. Victor Tsoy hace de sí mismo y canta la canción Cambios. Solioov era un cineasta de culto. Su visión crítica de la sociedad soviética anticipaba la perestroika de Gorbachov.  Sus películas se esperaban con impaciencia. El público hacía largas colas para verlas; los héroes protagonistas se convertían en símbolos del ansiado cambio y sus nombres y sus frases se incorporaban al folklore popular. 


Cambios

En vez del calor, se escurre el verdor,
En vez del fuego, está el humo.
De la red del calendario fue arrancado el día.
El sol rojo arde hasta las cenizas,
El día se consume con él.
Sobre la ciudad llameante cae la sombra.

Nuestros corazones demandan cambios,
Nuestros ojos demandan cambios,
En nuestras risas y en nuestras lágrimas,
Y en las pulsaciones venosas,
¡Cambios!
Nosotros esperamos cambios.

Nuestro día continua con la luz eléctrica
Y la caja de las cerillas está vacía.
Pero en la cocina, con la luz azul, arde el gas.
Los cigarrillos en las manos, té en la mesa,
Este esquema es sencillo.
Y no hay nada más, todo está dentro de nosotros.

Nuestros corazones demandan cambios,
Nuestros ojos demandan cambios,
En nuestras risas y en nuestras lágrimas,
Y en las pulsaciones venosas,
¡Cambios!
Nosotros esperamos cambios.

Nosotros podemos presumir de los ojos sabios
Y de los hábiles gestos con las manos,
No necesitamos nada de esto, para poder entendernos.
Los cigarrillos en las manos, té en la mesa,
Así se cierra el círculo.
Y de repente nos da miedo cambiar algo.

Nuestros corazones demandan cambios,
Nuestros ojos demandan cambios,
En nuestras risas y en nuestras lágrimas,
Y en las pulsaciones venosas,
¡Cambios!
Nosotros esperamos cambios.



La estrella llamada Sol


La nieve blanca, el hielo gris
Cubren la tierra agrietada.
Como una frazada sobre ellá
Hay una ciudad en un recodo del camino.

Sobre la ciudad flotan las nubes,
Tapando la luz del cielo.
Sobre la ciudad hay humo amarillo,
La ciudad tiene dos mil años
Vividos bajo la luz de la estrella llamada Sol...

Dos mil años dura una guerra,
Una guerra sin causas especiales.
La guerra es un asunto para los jóvenes,
Un medio contra las arrugas.

La sangre muy, muy roja
Dentro de una hora ya será simplemente terreno,
Dentro de dos horas se cubrirá con flores y hierba,
Dentro de tres horas estará otra vez viva
Y calentada por los rayos de la Estrella
Llamada Sol...

Sabemos que siempre ha sido así.
Que siempre el destino ha amado más a aquel
Que vive según leyes diferentes
Y que va a morir joven.

Él no recuerda las palabras "sí" o "no",
No recuerda ni los grados, ni los nombres,
Y es capaz de alcanzar las estrellas
Sin considerar eso como un sueño
Y caer, quemado por la estrella llamada Sol.



En el programa de anoche hablamos de otros apuntes de viaje de Braín en Rusia. Además, celebramos el cumpleaños 65 de Charly, con una recorrida por alguna de sus más bonitas canciones menos concidas. En unas horas subo el audio del programa completo.

viernes, 3 de abril de 2015

Manoel de Oliveira por Alejandro Ricagno, 2010

Retrato de un señor con sombrero

(como un cuadro del viejo Chagall)


por Alejandro Ricagno (un luso da alma)

Este señor, Manoel de Oliveira, portugués, cineasta, aristócrata de espíritu, que nació en Oporto en 1908, hoy cumple 102 años. Y aquí está, saludándonos desde Cannes, cuando tenía apenas 101, y venía a presentar su Opus numero 56 O estranho caso de Angélica, que se exhibió el miércoles pasado en el cine Gaumont durante la Semana del Cine Europeo, curada por Thierry Fremaux

El extraño caso, no solo es el de Angélica, sino, como vemos el del mismo Oliveira. No debe haber en la historia del cine, un caso igual de productividad y genialidad tal, que se acrecienta con la edad.

Entre 1931 y 1977, Don Manoel ya había realizado trece films, la mayoría cortos y mediometrajes documentales, entre ellos su opera prima experimental, Douro, pesca fluvial (1931), inspirado en Berlín, sinfonía de una ciudad, como lo admitió el mismo Oliveira, y una ficción, la mítica Anikki Bóbó (1944) que algunos críticos consideran el antecedente directo del neorrealismo italiano, enteramente interpretada por una pandilla de niños de la calle de Porto. De cualquier modo, esa tendencia neorrealista, fue prontamente abolida, décadas más tarde, para abocarse a la creación de un cine que tiene por centro la idea de representación, ensayando un extenso dialogo con el teatro y hasta con la opera, (como en ese exquisito delirio cantado que es Los caníbales) o con la literatura del siglo XIX (El valle de Abraham, es una inspiradísima adaptación de Madame Bovary) sin dejar de ser eminentemente cinematográfico, lejos de toda falsa “qualité”. Y poniendo en jaque, constantemente, los conceptos de clasicismo y modernidad cinematográfica, con repentinos raptos de humor.


Por más que haya sido uno de los pioneros de la cinematografía de vanguardia portuguesa, fue uno de los primeros en experimentar en el uso el color en su país, a mediados de los 58 con el documental O pintor e a cidade, la primera parte de su filmografía fue espaciada y de poca difusión. La dictadura de Salazar, la censura, la poca repercusión en su territorio –a diferencia de lo que pasaba con sus producciones cuando se exhibían en festivales en el exterior- sumados a problemas económicos de la empresa vitivinícola familiar, impidieron que desarrollara una carrera más prolífica entre los años 50 y los 70. Recién a partir de 1977, es decir cuando ya tiene 69 años, comienza a filmar con una regularidad pasmosa, a partir de lo que puede llamarse el segunda período, ya decididamente volcado a lo ficcional.

Con la realización de Benilda o la virgen madre en 1975, y principalmente con el lanzamiento de Amor de perdiçao, adaptación de la famoso novela de Castelo Branco, exhibida como miniserie por la televisión portuguesa que estrenó en 1977 y cuya versión cinematográfica tiene una extensión de cuatro horas, se inicia esta “segunda “juventud de Oliveira..

A partir de allí no paró; desde entonces –y en parte gracias a la labor del gran productor Paulo Branco, responsable de producir por ejemplo a Raúl Ruiz, Pedro Costa, toda la obra de Joao Cesar Monteiro, entre otros indispensables- realiza una película por año, y a veces un corto, en medio de un largo y otro. O sea, su carrera, por así decirlo, como director de ficciones con proyección, y merecido reconocimiento internacional, comienza al filo de sus 70 años. Allí es que aparecen esos films singulares, de variada extensión -O vale de Abraao, dura, por ejemplo tres espléndidas horas, Belle toujours, apenas una) con una pie en la literatura del siglo XIX y otro moviéndose entre el clasicismo cinematográfico, la modernidad y la vanguardia..

Y como le suele suceder a los grandes maestros, el espíritu de juventud –en marcha- se manifiesta más aún en las obras de madurez. Ahí está la gracia de Viagem a principio del mundo ( 1997),Vou para casa (2003), de Porto de Minha Infancia, o la coda juguetona de Belle Toujours.


O Estranho caso de Angélica, es una película en estado de ligereza. No tiene ni por asomo, el tono de un film de despedida, si bien la muerte está presente en su tema de principio a fin. Pero en todo caso, es una “muerte enamorada”, agradecida por ser preservada para la eternidad.

O estranho caso es una historia de metafísico amour fou: Isaac, (interpretado por Ricardo Trepa, actor nieto del realizador, al que ya vimos como el protagonista de Singularidades de una rapariga loura, film inmediatamente anterior a éste) un joven fotógrafo judío, -atentos al nombre bíblico; Isaac es el hijo que Abraham concibió a los 100 años, dos menos que Oliveira cuando consiguió completar este viejo proyecto!!- es llamado en medio de la noche para retratar a la joven Angélica- bajo el rostro inolvidable de la española Pila López Anaya, la improbable Sylvia, de Unos días en la ciudad de Sylvia, de Guerin- que ha muerto justo antes de su boda. Isaac, al retratarla, vigilado por la madre y la devota hermana monja de la muerta, cree ver que la muerta le sonríe a través del visor de su cámara, y cae en un embrujo de amor necrófilo, que hubiera Buñuel celebrado. Pero Oliveira, lejos de rendir otro homenaje al aragonés, como en Belle Toujours -apenas si lo saluda con un guiño- sino que mediante una fabula que mucho le debe a cierta tradición jasídica, a esos relatos tradicionales que ha sabido reconstruir el escritor Isaac B. Singer, -y que se hace explícita en el origen sefardí del protagonista, pero también en los ensueños que evocan a los cuadros de Marc Chagall:, Don Manoel revisa la evolución de la historia técnica del cine, y de la imagen y su poder alucinatorio. Desde la invocación a Chagall, hasta los trucajes Fx digitales, de los que se vale por primera vez en su carrera en un par de secuencia, y que sin embargo se utilizan para evocar más a Georges Méliès que a James Cameron, sutilmente Oliveira, hace una investigación de los diversos estados y usos y efectos de la imagen. Como si la evolución técnica le sirviera, paradójicamente, para volver “al principio del mundo! cinematográfico. Pero que no se vea en esto un lamento lloroso, sino más bien como un perfecto cruce entre tradición narrativa, modernidad, y actualidad técnica. La técnica puede cambiar, parece decirnos, pero el “clasicismo moderno”, valga el oxímoron, del que hace gala el portugués en este film, está tan lejos del postcine, como el de la lamentación ruinosa. Por el contrario, hay un estado celebratorio, no exento de nostalgia o más bien saudade muy portuguesa, que cruza todo el relato. Empezando, desde ya, por la seductora sonrisa enigmática de la muerta, o ese final a todo vuelo. Un relato con ecos literarios de fabula del siglo XIX con personajes que se visten y mueven como si estuvieran en la mitad del siglo XX -Oliveira escribió el guión de este film en 1950- y que se mueven en un mundo donde no se oculta la convivencia de los autos mas modernos y la evocación del universo campesino, del siglo pasado, a la orillas del Douro. El film, paralelo a su relato, ensaya una perfecta síntesis de un mundo evocado, junto a otro, presente, actual, y sus respectivos modos de representación: pintura, fotografía, cine mudo, universo documental, cine en fílmico, trucaje digital. Cada elemento que aparece, es como un autoafirmación de alguien que dice: yo también vi, pase, estuve ahí. Yo fui testigo, contemporáneo de estas estéticas, de estos cuadros, de estos paisajes que han cambiado, de estas técnicas que han evolucionado, pero la canción del cine, del mundo que amé y amo, cuando tiene alma y respira, sigue siendo la misma.

El espíritu de ligereza, sobrevuela incluso en ese infaltable momento “falado” -marca da Caso Oliveira- la conversación alrededor de una sobremesa. En esta ocasión, una discusión sobre materia y antimateria, el Hubble, el acelerador de partículas, que oficia además como pivote entre el anacronismo de los personajes, la actualidad científica y la curiosidad de Oliveira, por seguir asimilando la información actual, para hacer con ella inclusive,.un chiste ecológico, como cuando habla de los “siete mosquitos del Apocalipsis”. Ese efecto de desacomodo temporal, el juego entre lo moderno y lo antiguo, funciona como si Oliveira, resumiera en estos noventa, parsimoniosos minutos, toda la evolución técnica del mundo en 100 años, los cambios de los que ha sido testigo (¿de cuantas cosas se ha sido testigos cuando se ha vivido más de un siglo? ) y la vez refirmara por sobre ellos, todo su amor y su fe por lo atemporalidad del arte, por la capacidad de juego del cine, que aún es capaz mover y conmover a fuerza de sensibilidad y talento.

Hace poco, en un reportaje, Oliveira dijo que tenía aún muchos proyectos, que si no filmaba, se aburría y entonces sí, seguramente moriría. También dijo que su sueño es morir filmando. Desde aquí le deseamos un muy feliz cumpleaños y esperamos que su último deseo se cumpla lo más tarde posible. Nos deje, al menos, un par de películas más antes de salir volando de este mundo, inmaterial, e ingrávido y enamorado como su fotógrafo que resucita hermosas sonrisas vivas en bellas jóvenes muertas.

lunes, 11 de agosto de 2014

Quintíntuits: Día kirchnerista de mierda como todos los que se avecinan. ¿En nuestras vidas?




Alejandro Ricagno deja un comentario en mi post anterior con los tuits de Quintín.

Dice Ricagno: "Aun teniendo mis diferencias y hasta diría mis grandes diferencias con O Cuervo, como ex miembro de La otra, y ex critico de EL Amante, sumo mi mas profundo repudio por las opiniones inclasificables, del "clasificable" Quintín. Me reservo la clasificación que merece porque no quiero caer en el nivel de su bajeza moral y humana, cuyo origen no alcanzo a entender en términos mediamete humanos. Sus Tuits con respecto a este tema han superado con creces los parámetros del resentieminto y el odio. Y eso q ha ha habido otros de ese tenor (recuerdo el caso Noble, en su blog y el de la muere de Videla).... Mientras tanto elijo brindar con Amor por el reencuentro de Guido y Estela. Y por muschos rencuentros màs, por todos los que faltan, y van llegar, y van llegar...
Atte Alejandro Ricagno".

El comentario tiene interés por diversos motivos, entre ellos porque Ricagno trabajó varios años con Quintín, antes de que Q se transformara en un fake de sí mismo.

Alguien me pregunta para qué darle más espacio a Quintín, para qué ayudar a difundir sus tuits. Tengo varias respuestas. Lo primero que se me ocurre es cierta fascinación que me producen. Yo discutí mucho con Q en su propio blog durante el 2007 y 2008, cuando todavía lo respetaba. La discusión siempre se da en la medida en que uno ve en el otro un ser posible. Apostamos a acercarnos en el terreno de la conversación, cuando reconocemos que algo nos distancia. Está claro que a partir de cierto momento ya no me resultó posible discutir con Q. Ahora me divierte leerlo, no sin morbo. No creo que esté tan loco como parece, se hace un poco más el loco de lo que está. Cuando tiene que participar en una mesa redonda sobre cine no actúa todavía con una demencia total. El loco es alguien que está fijo en una posición de la que no puede salir. Ergo: Q no está totalmente loco. Pero por otro lado hay cierto anegamiento en su historia personal. Desde hace al menos 7 años dice todos los días, todo el día "día kirchnerista de mierda como todos los que se avecinan". Esa monotonía es un rasgo de cierta cercanía a la locura.

No tengo cuentas personales pendientes con Q. No trabajé nunca con él, no me debe nada, no le debo nada. La única vez que hice algo con él fue reivindicarlo como crítico de cine y como director del BAFICI cuando lo echaron a la vez del BAFICI y de revista El Amante. Le dediqué la tapa del número 8 de revista La otra. Lo hice por eso de la de simpatía con el tipo caído en desgracia y porque él había hecho algunas cosas valiosas.

Ahora, creo que lo más interesante no es nada de esto. Quintín es un condensado de algo que lo excede. Supongo que en Argentina hay muchas personas (no la mayoría, por supuesto, ni muchísimas, pero sí muchas) que viven cotidianamente en este estado o casi, un poco menos. El kirchnerismo se especializó en hacerlos aflorar. Pero es claro que siempre han estado. Podemos escuchar el relato de nuestros padres de cuando los gorilas arrastraban los bustos de Evita en el 55, todos oímos contar del famoso "Viva el cáncer". Somos también el país del "algo habrán hecho". Entre la enfermedad en la piel que le produjo el peronismo a Martínez Estrada y la vivencia border de Quintín hay una continuidad innegable. Pero también hay conexión entre ellos y la escritura punzante de Carlos Pagni, que con técnica periodística y una neurosis más leve puede estilizar esa misma repulsa que lo domina.

Pero esta no es la nación de los quintines. Aunque haya muchos, no debemos olvidarnos de que la sociedad argentina supo elaborar el trauma de la dictadura de una manera quizás inédita en la historia mundial. Primeros fueron unas pocas madres que daban vueltas en torno a la Pirámide de Mayo. Se tomaron todo el tiempo de sus vidas en hacernos percibir las cosas que la mayoría no queríamos ver. Fueron hablando uno por uno. Se sobrepusieron no una sino novecientas mil veces a la estigmatización más potente que pudo intentar el terrorismo de estado y sus continuadores, hasta hoy. La manera en que la sociedad argentina reconstituyó sus zonas desgarradas es admirable: pacífica, paciente, humanista, perseverante, amorosa. Cuando leemos las noticias de la horrible manera en que gran parte de la sociedad israelí respalda el exterminio palestino tomamos nota de a qué extremo puede llegar una comunidad. Dios quiera nunca lleguemos a eso. Nosotros estamos, con la experiencia de las Madres y las Abuelas, decididamente en otro lado. Las ofensas recibidas fueron respondidas con una hermosa construcción colectiva de gran alcance y de gran estilo.

Esta semana la restitución de Guido, el nieto de Estela, precipitó una solución que viene preparándose desde hace décadas. Es el valor social del símbolo.

Los que dicen estupideces sobre el relato parece que desconocieran por completo la función decisiva de la producción simbólica de una sociedad. Por eso quizás, porque desconocen esto, es que no dan pie con bola desde que Claudio Escribano escribió "La Argentina ha resuelto darse gobierno por un año". Tenía razón Escribano: nos dimos gobierno por un año, después por otro año, y por otro, y otro y por varios más. Cada santo día. Esos son los días que cuenta Quintín atormentado. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Vamos a parlotear un poco

con Soledad Silveyra en La otra.-radio



por Alejandro Ricagno

Vamos a parlotear un poco" es lo que primero que dice Solita Silveyra, interpretando a la costurera que se debate entre entregarle un vestido confeccionado por ella a Libertad Lamarque o a Evita, en la nueva versión de Santiago Loza, Nada del amor me produce envidia, dirigida por Alejandro Tantanián.

Y eso vamos a hacer el domingo a la medianoche en La otra.-radio, parlotear un poco de todo: de la obra, del texto exquisito de Loza, de la versión de Tantanián, de su trayectoria de actriz popular y querida que atreviesa el imaginario de varias generaciones, parlotearemos de amor, de lo que produce envida y lo que no, de telenovelas de ayer y de hoy, de politica, de gente querida que la acomapañó y la acompaña, del laburo de actuar, de cine, de directores, de amores, de literatura, de las diferencias de época, de cuando Alterio se tuvo que ir de Sabor a miel por las amenazas de la triple A, de su rol como entrevistadora (hasta Brienza y Rial fue la primera persona que reporteo publicamenete a Cristina como presidenta), de las cosas que le gustan, de las que no.


De todo un poco.  Y escucharemos música, y nos acompañará como nos ha acompañado en todos estos años, cálida y frontal. Cercana.

Domingo a medianoche en FM La Tribu. 88,7. Online.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Fogwill, el sabor del reencuentro

Medianoche laotraradio


por Alejandro Ricagno, escriba insomne

Hoy en laotraradio, este escriba, intentará reflejar el torrente de ideas, posiciones, análisis, conflictos, recuerdos que le evocó la figura del Fogwill narrador, desarmada, ensalzada, vistada, leida, vituperada y reescrita por quienes lo frecuentaron personalmente, y en sus textos (o contra ellos) durante las tres Jornadas aluvionales que se llevaron a cabo entre el miércoles y el viernes pasado en el Museo del libro y de la lengua de la Bblioteca Nacional. Nombro a los que escuché: Diego Erlan, Maria Moreno, Graciela Speranza, Damián Rios, Horacio González, Carlos Gamerro, Pablo Gianera, María Pía López, Martin Gambarotta, Cecilia Szperling, Luis Chitarroni, Daniel Divinsky, Maximiliano Tomás, Ignacio Boido, Juan Pablo Liefed, Verónica Rossi, (la gran archivista ); y también los que no alcancé a escuchar: Gustavo Ferreyra, Ezequiel Grimson y Hernan Vanoli, Bizzio y Selva Almada. Alan Pauls y Américo Cristófalo, ausentes con aviso. Y por supuesto me referiré la presencia de los hijos de Fogwill, entre ellos, mi amiga Vera, que tuvo una genial intervención fogwilliana que intentare explicarle a la radioaudencia y los interpelados, poetas todos ellos.

De los apuntes a lo magoo, que saqué durante estos tres días y de esquirlas de textos que no me conformaron y no terminé, ampliaremos mañana con la risa (cruel) de todos estos años. Los mios, claro está.

FM La Tribu, 88,7, online.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Fogwill

María Moreno, En otro orden de cosas. Jornadas Fogwill


por Alejandro Ricagno

Colmada la sala de de la Casa del escritor De la Biblioteca Nacional, pese a lo temprano que empiezan los encuentros, siguen hasta mañana, las imperdibles Jornadas Fogwill.

Ayer, durante la segunda jornada hubo, entre otras, una muy buena intervención de Maria Pía López, analizando el marxismo del Fogwill sociólogo y los usos y críticas del escritor en el campo de las ciencias sociales hacia y desde su literatura; un emocionante e hipnótico paseo fotográfico por el Archivo Fogwill, a cargo de Verónica Rossi -amiga de Vera Fogwill, curadora y cuidadosa arqueóloga de papeles, libros, anotaciones, contratos y fotos- que nos permitió asomarnos al verdadero orden (del desorden) de la cosas Fogwill; y finalmente un mesa sobre el Fogwill que aparece en las intervenciones públicas y periodísticas, en la que participaron Juan Ignacio Boido, Juan Pablo Liefeld (más conocido como Elsa Kalish, de la revista digital El interpretador, en una perfomance casi cataléptica de abstención nicotinica), Maximiliano Tomás y Diego Erlan. La crónica de estas mesas y la de la jornadas anteriores pronto aquí en La otra. (Déjenme descansar mi cabeza del brainstorm de ideas, relaciones, acciones, reacciones y recuerdos a los que fui sometido en estos días intensos de la jornadas).

El programa de mañana promete:

16:00 hs. | Proyección: Fragmentos de Obra en construcción, Hemisferio derecho y Retratos de perfil de frente y del alma.
16:15 a 18:00 hs. | Sobre el arte de la novela
- Graciela Speranza: “Fogwill en Las Vegas: La experiencia sensible”
- Carlos Gamerro: “La guerra de las ficciones: Fogwill vs. la junta militar”
- Cecilia Szperling: “Escuela de sueños”
- Alan Pauls: “Actualización de Volkswagen especialmente creada para el mercado asiático y el mundo socialista”
18:00 a 18:30 hs. | Lectura: Selva Almada + Sebastián Pandolfelli. Leerán “Camino, campo, lo que sucede, gente” y “La larga risa de todos estos años”.
19:00 a 20:00 hs. | Editar a Fogwill
- Daniel Divinsky: “Cuando F. se llamaba Rodolfo y era un cabrón”
- Luis Chitarroni: “El primer tenor punk”
Cierre + Proyección de fragmentos de El secreto.

Una joyita para los lectores de La otra: un extracto del brillante texto que María Moreno leyó en la jornada inaugural y que nos nos cedió gentilmente para el blog:

Fogwill 

Hacia el final de la novela El día feliz de Charlie Feiling , Sergio Bizzio y Daniel Guebel le hacen pronunciar al personaje que hacía del amigo muerto años atrás una enumeración de las distintas formas de muerte: el intento de trazar el retrato literario de un muerto, el olvido y una última en la que los interpela: “para un escritor saber que, cuando muera, cada una de sus frases va a ser suprimida, saber que cuando ustedes escriban esta historia, toda palabra que me atribuyan no la habré escrito yo”. 
En este réquiem ejemplar me autorizo para no intentar aquí imaginar lo que Fogwill hubiera dicho de estas jornadas, de todos los que formamos parte de esta mesa, de mí misma, a la que llamó con diversos grados de simpatía bélica “policía, empleada, tortillera y lacaneana”, designaciones que no son injuriosas en sí pero sí en el mercado de valores de Fogwill.
Pero ojo. Había en Fogwill una pedagogía por el agravio. Fogwill se oponía a la legalización del aborto , de las drogas y  del matrimonio gay,  pero no por simple golpe de efecto. En sus coqueteos fascistoides o en sus slogans reaccionarios había siempre un punto de razón, cuando no el síntoma de un duelo patológico por la revolución (un trotskista lo es para siempre). Sus mejores libelos fueron los del principio de la democracia, cuando les exigía a las buenas conciencias que se hicieran cargo de la complejidad de sus actos –sus efectos– en lugar de autoembelesarse en el conformismo de hacer con ellos meros ruido de ciudadanía.
En los años postdictadura la denegación de toda violencia alcanzó las zonas más banales y los dichos de Fogwill solían jaquear un campo cultural en donde primaban las buenas maneras y sólo se agraviaba a quien no tenía el poder de ponerle una calificación en un examen, invitar a un congreso o negar una promoción: cuanto más timorato era el humillado, más parecía gozar del agravio con risas que se adelantaban al guantazo, como si el guantazo en lugar de interpelar fuera el fruto de un modo de ser (Fogwill) , orgasmos masoquistas por la certeza de que, en el atacante, el ataque era una forma de reconocimiento (¡y la mayoría de las veces no era así!). Cuanto más Fogwill defenestrara un lugar, una persona, más posibilidades tenía de que el  lugar le abriera sus puertas, de que la persona se sometiera a su servidumbre: como publicista él sabía que las razones eran varias, todas a su favor: si el humillado devolvía bien por mal era: 1) para evitar un agravio mayor; 2) para dandyar fingiendo que no le importaba; 3) para hacer uso de la marca  Fogwill.
Imágenes de Fogwill
Primera. Me despierto aturdida, con la cabeza apoyada en algo blanco. Deduzco que estoy en la cama. Veo a Fogwill a dos centímetros de mí –casi puedo sentir su aliento–. Me mira con horror. No he salido del sueño pero la vigilia que se avecina me trae una alarma en dos décimas de segundos: me he acostado con Fogwil y eso a Fogwill le horroriza. Levanto la cabeza con estupefacción y bronca. Fogwill me muestra el reloj que tiene en la mano y me grita pálido ¡epilepsia!
Reconstrucción de los hechos. Fogwill y yo estamos sentados en una mesa del bar La Paz . Él me lee un artículo de El país que describe una ceremonia de infibulación en África (lo reproduzco porqué recuperé el artículo en Internet): “Sientan a la niña desnuda, en un taburete bajo, inmovilizada al menos por tres mujeres. Una de ellas le rodea fuertemente el pecho con los brazos; las otras dos la obligan a mantener los muslos separados, para que la vulva quede completamente expuesta. Entonces, la anciana toma la navaja de afeitar y extirpa el clítoris”.
Imposto una sonrisa de indignación militante. “A continuación –dice Fogwill­–viene la infibulación: la anciana practica un corte a lo largo del labio menor y luego elimina…”, me zumban los oídos , se me nubla la vista,  oigo entrecortadamente “la carne del interior del labio mayor…”.
No puedo hablar, levanto la mano para que Fogwill se detenga, pero sólo parezco estar haciendo el saludo nazi. “Luego la anciana asegura la unión de los labios mayores mediante espinas de acacia, que perforan el labio y…  apagón. Fogwill me había tomado el tiempo de cinco minutos de desmayo y había apoyado su cara junto a la mía volcada sobre el mantel.
Segunda imagen. Visito a Fogwill. Me muestra un bebé metido en la bañadera. Está sentado y se aferra con una mano al borde. Fogwill le dice "cuidado feto, que si no te agarrás, voy y te ahogo”. El bebé se mata de risa.
Tercera imagen. Mi empleada doméstica correntina trabaja en lo de Fogwill, que le canta y le regala grabaciones de polkas y chamamés, le pregunta sobre su vida,  los dos comparten recetas de chipá y discuten sobre las ventajas y desventajas de vivir en Florencio Varela, lugar que él parece conocer como un vecino. Un día, preocupada por mis propias finanzas, y quizás envidiosa, mientras le pago, le pregunto cuánto le cobra a Fogwill. Me contesta: “Ah no, a Quique no le cobro. Es un escritor”.
Pedagogía por el agravio. En la primer escena Fogwill le muestra a una feminista porteña la situación de la mujer en el tercer mundo y, al mismo tiempo, le hace constatar su cobardía política al no soportar un relato acerca del sufrimiento de una mujer y, al mismo tiempo, le hace probar mediante el relato una pizca de castración .
En la segunda escena le enseña al bebé lo que es una ficción. Lo indican su tono , el hecho de que el bebé sepa como parece saberlo, que su padre, lejos de amenazarlo, lo está cuidando. Además, buen nadador, le enseña una responsabilidad sobre el dominio del agua, su técnica, mantener la cabeza afuera, permanecer sentado, sostenido por la mano que aún no sabe bracear.
En la tercera escena, lo que parece una explotación es un intercambio que se da fuera de las tareas domésticas: el reconocimiento de saberes que se pueden conversar en paridad con quien está en el lugar del superior jerárquico.
María Moreno



Lectura de Rodolfo Fogwill en el XVI Festival de Poesía de Rosario - 2008. Fuente: FIPR2013

miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Qué dios de la cumbia y del agarre los sostiene entre la sombra?



 ( ...)
En la pantalla del Cielo
Fantasmas de cadencia triste se desnudan
  
 Y son Rostro.
  
 Son tres veces el Rostro 
  que nos mira.

 Cada caída es un Cristo pobre
 en el suburbio que respira
 buscando la Luz entre la nubes.
(...)

(Fragmento del Poema P3ND3jO5, de Alejandro Ricagno inspirado por la película homónima.
Sale completo en el próximo numero de revista La otra.)

P3ND3JO5 sigue con éxito notable todos los días en el Gaumont y los viernes a las 22:00 en el MALBA. Y desde mañana todos los jueves a las 19:00 en el ARTECINEMA de Constitución.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Las razones del corazón y las sinrazones en el CCSM

Algunas preguntas irracionales acerca de la difusión de los ciclos en el CCSM y otras acerca de la critica vernácula y la (no) difusión de estrenos no blockbuster

Las razones del corazón

Ne change rien

P3ND3JO5

Girimunho

por Alejandro Ricagno

De no ser por elogiosísima -y justa- crítica de Luciano Monteagudo y por un reportaje jugoso de Horacio Bernades a Paz Alicia Grarciadiego, genial guionista y pareja de Arturo Ripsetin, en Pagina 12 del jueves, ni me enteraba del estreno Las razones del corazón, la última gran película de la talentosa dupla mexicana. No me enteraba ni yo ni nadie, porque busco en Internet y ni siquiera en sitios como otroscines.com.ar  o Todas las criticas aparece mencionado como estreno. Me pongo a buscar más y veo que figura en la guía de La Nación y en las páginas de Clarin, pero no hay ninguna crítica o comentario al respecto. Solo que se da en el Centro Cultural San Martín desde el miércoles en distintos horarios (consultar acá). Es verdad que el funcionamiento de la prensa de las películas exhibidas en el CCSM, deja mucho que desear. A veces ni lo boleteros saben qué películas dan. Y uno debe saber de antemano en qué sala va. Ayer fui testigo de este dialogo en boletería:

Una pareja mayor: “Queremos dos entradas para la película mejicana que se estrenó hoy”.

Respuesta: “¿A qué sala van?

Ajá. Los afiches y los horarios son ilegibles desde afuera de la reja por la calle Paraná. Amén de tener que dar un rodeo para sacar la entrada, hay que atravesar la plaza seca, para después recién volver y bajar a las coquetas salas, ya que inexplicablemente las boleterías del subsuelo están deshabilitadas. 

Aún peor es la página de Internet del CC San Martín; donde la info de cada película es mínima, el diseño pésimo, (podrían copiar el modelo de la página del Teatro San Martín, que es más aceptable, legible y completo) y las fichas técnicas omiten en casi todos los casos los actores, y en algunos, como el de documental sobre Woody Allen, hasta el director.

Ayer a las 20:00 éramos unas siete personas. Pero esto es así no porque no haya un público de interés en este tipo de cine. (se puede comprobar con la contraparte de asistencia mayoritaria a las ciclos de la Lugones, nomás a la vuelta, por ejemplo). Incluso el precio de la entrada de la localidades del CCSM es menor que el de la Lugones. Lo que sucede es que la gente no se entera. Y si se entera, se enfrenta a diálogos como el citado. Entonces no se entiende la actitud esquizofrénica que por lado programa un circuito alternativo y por el otro no lo difunde.

Voy a un ejemplo: hace unos meses, fijándome en la programación de cine de fin de semana en el CCSM in situ, por la calle me entero casi por casualidad que en la sala 3 Lola Arias estrenaba esa noche un nuevo ciclo de perfomances teatrales llamado Mis Documentos. (y eran funciones únicas, no había repetición). Y me enteré porque vi un mísero afiche en la puerta al que me tuve que acercar sorteando la reja. Esa noche de estreno, la mayoría de los asistentes eran invitados de Lola y sobraban asientos. Y estamos hablando de Lola Arias, que no es precisamente una teatrista que no convoque.

Digo actitud esquizofrénica porque por un lado tanto en cine como en teatro y en danza contemporánea hay programaciones interesantes a precios accesibles (este fin de semana, por ejemplo, en el ciclo EL Cultural Baila, Marina Sarmiento, integrante del grupo KM 29, que montó Los posibles, estrena EIR, una obra sobre la bailarina Iris Scacheri, atención, que es solo hasta el domingo y parece que es buenísimo); y por el otro cero difusión o difusión confusa de horarios, sin nadie en el recibimiento del Centro que suministre información correcta (pero eso sí, gente de seguridad en la puerta). El acceso es difícil, hay que caminar casi una cuadra ida y vuelta al aire libre para sacar una estrada. Es incómodo y ridículo habiendo boleterías en el subsuelo, que durante el Bafici estaban habilitadas y no se entiende por qué ahora no. Es inhumano someter a gente mayor o de limitada movilidad a semejante ir y venir. Quisiera ver a Gabriela Michetti ir a sacar una entrada, por ejemplo.

Eso sí, para las salas de cine, una vez ingresados en ese coqueto cono vidriado símil Pompidou, hay cómodas escaleras mecánicas. Pero abajo no hay un mero sillón para sentarse mientras se espera que se ingrese a la sala. Ayer, por ejemplo, no funcionaba una de las escaleras mecánicas que van del primer al segundo subsuelo, “Por suerte es una y la de bajada, nomás”, dijo la señora mayor, delante de mí, haciendo equilibrio. Al término de la proyección del tremendo film de Ripstein, se encendió repentinamente una alarma de incendios y casi nos perdemos el final, porque creímos que se incendiaba el cine. Pero una chica entró para informar que no era nada, que a veces se prendía sola, y de hecho al minuto se apagó. Bueno, así las cosas, en la Centro Cultural de la Ciudad. Se arma una enorme infraestructura que pretende ser invitante y acaba siendo rechazante.

Me doy cuenta de que no he hablado de la película de Ripstein-Garciadiego (vayan a verla preparados; es una de las más angustiantes y asfixiantes obras del dúo, lo que es mucho decir de la pareja que realizó La mujer del puerto o La reina de la noche y Prncipio y fin), filmada un magnífico blanco y negro opresivo, con elegantes travellings en pasillos y cuartos, pero ya veo que esto lo desarrollaré en otro post.

Porque ya que estamos con esto de los estrenos, y de la invisibilidades quisiera referirme a algo que descubrí este semana.

Mencioné más arriba que salvo la nota de Página 12 nadie registra como estreno de la semana esta (gran) película de Ripstein. Pensé que algunas de la razones podían deberse a las puntos mencionados más arriba (una sola sala de estreno, poca difusión, y eso que la película estaba auspiciada por el Proyecto Cine Independiente). Pero el estreno de esta película (que fue el miércoles) no es el único ignorado (hasta el dìa de hoy, viernes, en que se escribe esta nota). Tampoco, salvo en blogs específicos (en el siempre imprescindible Con los ojos abiertos, del amigo Roger Koza, hay un texto sobre Ne change Rien que después del preestreno de la semana de cine portugués, se estrena y continua todo el mes en el Malba. Y aún más extraño –o no- es que en estos días (salvo en este blog) no hay nada en la prensa escrita, sobre P3ND3JO5, la que, si bien se estrena mientras se escribe esta nota, gran parte de los críticos la han cubierto para el BAFICI  (y elogiado, en la gran mayoría de los casos). ¿Por qué esta invisibilidad? Es una pregunta que me hago. No tengo respuesta.

Los diarios, supongo , tiene una pauta para hablar de los Blockbusters de turno (El ataque de la casa blanca, o algo así, de Emmerich, esta semana, ni siquiera un Blockbuster de importancia). Pero ¿ni una nota, mínima, de anticipo sobre P3ND3JO5 de Perrone? ¿Ni una sola mención anticipatoria, para decir que el estreno es en el MALBA y que después del 12 va al Gaumont, además de otras salas? ¿Ni una mención de que la película ganó el premio a mejor dirección del último BAFICI , además de otros premios internacionales, como el de Mejor Película en el festival de Cine Independiente de Lima, con un jurado en el que estaban cineastas de la talla de Apichatpong Weerasethakul y Sylvain Georrge, o que el propio Apichatpong, después de premiarla, le mandó una nota a Pablo Ratto productor de P3ND3JO5,  donde decía:

“Querido Pablo, ¡Qué sorpresa! Me encanta P3ND3JO5 y estoy muy feliz de saber que vos estás apoyando a Raúl por este hermoso trabajo. Nosotros, los miembros del jurado estamos de acuerdo en que es Monumental. Es una explosión de energía juvenil, la que se desintegra lentamente para dejarnos con lágrimas fantasmales. ¿Hay otros festivales en que se haya presentado? Estoy cinchando para que cada vez más gente la vea!”.

¿Ni una nota (un pirulito por ahí), mencionado, por ejemplo, que un cineasta exigente y exquisto como Edgardo Cozarinsky definió a la película de Perrone como "lo mejor que se inventó desde el dulce de leche”? Pero claro, esta semana era importante otra cosa, en el plano cinematográfico. Esta semana se estrenó el thriller argento-español con Darín, Séptimo. Ok, está bien, no tengo nada contra los thrillers argentos, o catalano-argentos, con o sin Darín. Ni con que se hagan notas sobre él, anticipatorias. Seguramente lo vaya a ver. Pero, indudablemente la película argentina de la semana (y de años venideros) es y será P3ND3JO5. Y eso todos los críticos lo saben.

Si la gran mayoría de los diarios anticipan notas -en general publicitarias- de los estrenos de la semana, por qué a nadie se le ocurrió anticipar al menos algo sobre el film sobre el film de Perrone? ¿Será que no considera al de hoy un estreno? ¿Algún problema con el Malba? Digo, ya que tampoco se menciona la de Pedro Costa, por ningún lado .Ya se sabe que la peli del Perro no es una película de “vocaciòn popular” (por duración, por sus elecciones narrativas radicales), pero a la vez lo es y puede llegar a serlo, puede tener llegada, más allá de los circuitos perroneros, (que los hay) y de los circuitos cinéfilos. Por la pertenencia social de sus personajes skaters, por sus cumbia dub, por su retrato del conurbano, por la fuerza de esos rostros. Y por la poesìa que exhala cada imagen. Y puede llegar a dar una sorpresa, si se la recomienda, se la cuida, se la difunde, se le abre la puerta. Lo mismo la de Pedro Costa.

Busco en Google, y solo hay menciones de P3ND3JO5 en esta semana en algunos blogs, y en TELAM. Ok, me digo, esperarán hasta mañana para hablar de ella, pero la función estreno era hoy (ya dije: esto se escribe en viernes, casi a la hora en que se estÁ proyectando la película). Me llama la atención que ese silencio -o ninguneo- a que se somete a estas películas en los diarios de gran tirada, llegue incluso a un blog (que no tiene tantas pautas como un diario) como otroscines.com.ar. Una fuente de consulta para muchos cinéfilos y simples espectadores. Uno entra y verifica qué se estrenó. Y lee las críticas de Diego Batlle y de los invitados. Y hasta a veces se comenta y se arman debates. Pero hoy entro y leo en la sección "Criticas". se supone que son las de los estrenos de la semana... ¿y cuales son?: El ataque (la de Emmerich); Séptimo (de Patxi Amezcua, o la de Darín) y Aviones (la de animación de Kally Hall). Al costado, un articulo de cuánto recaudó en su primer día Séptimo (la de Darín). Más abajo y en próximos estrenos, sí, un foto o trailer de P3ND3JO5 , anunciada para el 12. No se menciona que la pasan en el MALBA. No hay siquiera un link a la critica que Diego Battle escribió cuando la vio en el Bafici.

Nada se dice sobre Las razones del corazón de Ripstein.

Nada se dice sobre Ne change Rien, de Pedro Costa.

Nada sobre la película brasileña Grimunho, de Helvécio Marins Jr. y Clarissa Campolina que se estrenó en la sala Lugones esta semana y sigue hasta el 11.

Y no estoy hablando de ciclos, hablo de estrenos.

Después nos quejamos en mesas redondas sobre el estado de la distribución, de la poca oferta cinematográfica, de la falta de circuitos alternativos, del estado de la crítica. (Nobleza obliga, en Micropsia de Diego Lerer y en Con los ojos abiertos, blogs asociados a otroscines.com.ar; sí hay menciones a la de Pedro Costa. En el de Rogar Koza puso un link desde su twitter a la nota que, en ocasión de su exhibición en el Bafici, escribió Marcela Gamberini sobre P3ND3JO5). Bueno, señores, anuncio: esta semana los estrenos son P3ND3JO5,de Perrone, en el Malba, Ne change rien, de Pedro Costa, en el Malba, Grimunho, de Masrins y Campolina, en la sala Lugones, y Las razones del corazón, de Ripstein (y Alicia Gracia Diego) en el Centro Cultural San Martín.

 Chequeen horarios en sus respectivas páginas.

Además está, sí, la de Darin, y un par de bodrios yanquis.

martes, 3 de septiembre de 2013

Todos los Dylans y algunos Werner

La otra.-radio para escuchar clikeando acá






Salí ayer a la noche nada más que a dar una vuelta
pasé a buscar a Little Sadie y la hice bajar
fui derecho a casa y de ahí a la cama
con una cuarenta y cuatro sin humo en mi cabeza.

Empiezo a pensar en lo que hice
tomo mi sombrero y me echo a correr
hago una buena corrida pero voy muy lento
y me alcanzan en Jericó.

Parado en la esquina mientras tocan el timbre
se adelanta el sheriff de Thomasville
me dice: "joven, ¿usted se llama Brown?
recuerde que usted disparó a Little Sadie?"

"Ah, sí, señor, mi nombre es Lee
yo asesiné en primer grado a Little Sadie"
"En primer grado y segundo grado
si tiene algún documento, me lo facilitaría?"

Bueno, me llevaron al centro y me vistieron de negro
me metieron en un tren y me mandaron de vuelta
no tenía a nadie que pagara la fianza
me metieron en una celda llena de gente
oh, sí, eso hicieron.

El juez y el jurado sentaron posición
el juez tenía los papeles en la mano derecha
Cuarenta y un días, cuarenta y una noches, cuarenta y un años
para arrastrar la bola y vestir a rayas
Oh, no.

Salí ayer a la noche nada más que a dar una vuelta
pasé a buscar a little Sadie y la hice bajar
fui derecho a casa y de ahí a la cama
con una cuarenta y cuatro sin humo en mi cabeza.

Entonces cuando Dylan se había convertido en la celebridad más hipster que hubiera existido, con el vestuario más cool y los gestos más desafiantes, cuando todos querían que fuera el vocero de su generación, entonces Dylan pegó otro giro brusco y los volvió a descolocar. ¿Qué-es-esta-mierda? dijo la Rolling Stone cuando escuchó Self Portrait, el disco más desconcertante de su carrera. De estar en la cresta de la hola y ser la espuma de la espuma de la espuma, Dylan había virado a crooner pasado de moda. ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Se estaba burlando de todos? El contó varios años después:

«En esa época yo estaba en Woodstock y estaba teniendo un cierto grado de notoriedad por no hacer nada. Entonces tuve el accidente de moto que me dejó fuera de servicio. Después paré, recacité y pensé que estaba trabajando para todos esos parásitos. Y no quería hacerlo. Tenía una familia y todo lo que pretendía era ver crecer a mis hijos. Entonces llegaron las grandes noticias sobre Woodstock, sobre los músicos yendo ahí... y era como una oleada de locura alrededor de mi casa, día y noche. Entrabas en casa y te encontrabas con gente, venían del bosque y golpeaban la puerta a cualquier hora del día. Era deprimente. Y no había forma de atenderlos a todos. Era como si estuvieran chupándote la sangre. Pensé: "Momento, estos no pueden ser mis fans. Ni siquiera pueden ser. Y siguen llegando. Me tengo que ir de acá". Entonces llega el Festival de Woodstock, que fue el colmo de toda esa mierda. Parecía que tenía que ver algo conmigo, con la "Nación Woodstock" y todo lo que representaba. No podíamos ni respirar. No podía encontrar espacio para mi familia ni para mí. Me hartédel asunto y nos fuimos. Nos mudamos a Nueva York. Había una casa disponible en MacDougal Street, y siempre me había parecido un lugar entrañable. Así que compré esa casa sin siquiera verla. Pero no era tan entrañable cuando llegamos. La "Nación Woodstock" había tomado también MacDougal Street. Y dije: "Bueno, al carajo. Espero que todos estos se olviden de mí. Voy hacer algo que odien. Lo vana  ver, lo van a escuchar y van a decir: "Busquemos a otro, este ya no tiene nada que decir. Ya no nos va a dar lo que queremos". Pero el tiro me salió por la culata. El disco salió y la gente dijo: "esto no es lo que queremos" y se volvieron más resentidos. Dibujé un autoretrato para la tapa. Quiero decir: el disco no tenía ni título. Hice la tapa en cinco minutos. Y dije: "Bueno, se va a llamar Self Portrait"».

Fue un disco lleno de covers que aparentemente poco tenían que ver con la imagen de profeta de la época que se había ganado a su pesar. Pequeñas canciones satíricas, o melosas, o ridículas, con la expresa intención de auto-demoler su reputación. Por poco lo consigue.

Ahora que salieron estos Bootlegs con versiones alternativas y temas inéditos termina de completarse y comprenderse el gesto del Dylan de fines de los 60: en ese período subvalorado y mal entendido se condensaban los Dylan de todas las épocas, los que habían sido, los que iban a ser después y los que podrían ser y no fueron. Por eso, si hay un período que puede reunir las piezas faltantes, es 1969/1971: todos los Dylans juntos.

A esto le dedicamos un tramo del programa del domingo pasado. 

Y después escuchamos a Marikena Monti y nos pusimos junto a Alejandro Ricagno a hacer un balance de la retrospectiva del alemán Werner Schroeter que terminó ese mismo domingo. Y nos detuvimos especialmente en De la Argentina, la película que Schroeter filmó acá en 1985, en pleno comienzo del fin del sueño alfonsinista. Para escuchar el programa clickeen acá.

Werner Schroeter durante en rodaje de De la Argentina. Fotografía de Kino González

domingo, 25 de agosto de 2013

Un arte del desajuste

El cine de Werner Schroeter en La otra.-radio
Medianoche FM La Tribu - online





Un poco tardíamente y gracias a la gran retrospectiva que presenta el Instituto Goethe en la Sala Lugones, estoy descubriendo a este increíble autor cinematográfico, evidentemente uno de los más grandes del cine moderno, Werner Schroeter. Como ha contado Ricagno, Schroeter vino dos veces a la Argentina, una en el 83 -se tuvo que ir corrido por las amenazas de los fachos- y otra en 2001, al BAFICI, donde el propio Ricagno lo conoció (cuenta esta historia en revista La otra 24); años después Schroeter se enfermó, se murió en 2010 (Ricagno escribió su emocionante texto al enterarse) y yo lo vengo a ver recién ahora. Las cosas suceden cuando suceden.

Y el cine de Schroeter invita al goce, el ensueño y el éxtasis, su galería de mujeres apasionadas -que muchas veces tienen la cara de Magdalena Montezuma, pero también de otras-, su exploración de los bordes de lo sublime, como buen romántico, quizás el anteúltimo, deslizándose en la ironía, a punto de volcar en el ridículo, volviéndose de pronto un poco extremadamente grave, sometiendo a los elementos de la sintaxis cinematográfica, que descompone y recompone mediante un arte del desajuste, a una presión inusitada, como pocos cineastas se animan a hacer con total resolución (pienso que Raúl Perrone lo amaría, o al menos admirará su actitud): por eso Fassbinder decía de él:

"Cuando se lo consideraba un cineasta underground, fue el realizador más importante y valiente de Alemania. Va a ocupar sin duda un lugar importantísimo dentro de la historia del cine, solo comparable, en la literatura, con una suerte de síntesis entre Láutremont, Céline y Novalis... Werner Schroeter tiene, como muy poca gente en esta tierra, el don de la mirada artística y también, quién sabe, el extraño privilegio de entrar en los misterios del universo": lo dice el más grande, Rainer Werner, un tipo con una mirada afilada como casi nadie en este puto mundo.

Y el propio Schroeter hablaba así de Fassbinder:

"Tuve una relación estrecha con él, desde 1969 hasta su muerte. Es la más importante amistad que he tenido en Alemania. También estaba basada en el contraste. El me llamaba 'el ángel blanco', y a sí mismo 'el ángel negro'. Es el título de un texto teatral alemán. En aquella época él tenía un carácter muy difícil, y la imagen que tenía de mí era la de alguien muy lindo, blanco, también más naif tal vez. Aunque eso no es verdad" y reía.

De reputación dudosa, Schroeter pertenece a una tradición artística que hunde sus raíces húmedas y oscuras en el romanticismo, mezcla la cultura alta y la baja, hibrida, comenta, distancia, glosa, tajea y exalta la ópera y el folletín, la danza contemporánea y las vanguardias mudas, kistch por sobre todas las cosas, de una vitalidad fúnebre y un humor desconcertante.

De su paso en dos etapas por Argentina queda una película que se llama, precisamente, De la Argentina, y se va a ver este viernes en la Lugones:

"Era una película muy subjetiva, que hablaba de mis experiencias previas en este país. Por ejemplo, del seminario que vine a dar en 1983, sobre el tango y la realidad social argentina de ese entonces. Pero era poético como lo son todos los documentales, en una cierta manera. Ese filme cuenta un poco la historia de todos esos años. [En el primer viaje] Cada una hora recibía un llamado telefónico. 'Habla la muerte', me decía una voz desde el otro lado. Esos señores querían matar a mis alumnos. Cuando las amenazas llegaron al director del Instituto Goethe, su mujer y sus niños, tuve que irme. No podía hacerme cargo de esa responsabilidad. Las amenazas no fueron nunca contra mí. Eran muy inteligentes. Iban dirigidas a la gente que me rodeaba. Yo no sentía miedo. Aquella gente, a todo esto, todavía está en contacto conmigo. En medio del peligro, el sentimiento hacia el otro se fortalece".

Cuando en 2001 volvió para participar en el BAFICI se reencontró con el Abasto: "Este shopping es una locura. Recuerdo cuando vine a filmar aquí, en el Abasto. Una de las actrices cantaba en voz alta el Himno Nacional Argentino y el eco de su voz repercutía en la inmensa estructura. Ahora esto es un shopping".

Esa actriz que cantaba el Himno y quedó registrada en la película estará esta noche en La otra.-radio. Se llama María Chemes. Fue amiga de Werner por más de 20 años, y ademas de trabajar en el documental también hizo teatro con él, en una puesta de El Misántropo de Molière, en la Shauspielhaus de Hamburgo. María Chemes es cantante, performer y poeta. Y junto a Alejandro Ricagno recordará la figura de Schroeter hoy a medianoche en FM La Tribu.

Los distraídos: ya se perdieron la mitad de una retrospectiva extraordinaria. Los afligidos: aún pueden ver una semana más de películas de Schroeter en la Lugones.

domingo, 18 de agosto de 2013

Superar la insoportable realidad

Werner Schroeter Vuelve
Medianoche en La otra.-radioUn anticipo de la retrospectiva de 19 de sus films en la sala Lugones que comenzó ayer. 


por Alejandro Ricagno

Algo escribí en La otra numero 24 sobre mi relación “fantasmal” con Werner Schroeter, (1945-2010) mi frustrada participación en un workshop sobre marginalidad y realidad social que él intentó hacer en 1983 en Buenos Aires, organizado por el Instituto Goethe, antes de que las amenazas de bomba al Instituto se sucedieran ininterrumpidamente y obligaran a abandonar el país (“si el puto de Schroeter no abandona el país, volamos el edificio del instituto entero”, decían los mensajes, según consigna el director en su autobiografía). Algo escribí sobre cómo fue que Werner se relacionó con mi amigo y la posterior pareja del realizador, Marcelito Uriona. Algo escribí sobre cómo finalmente conocí y acompañé a Schroeter durante la edición del lejano Bafici “quintiniano” del 2008. Era una nota más bien íntima, confesional, escrita sobre el borde del impacto que me causó la noticia de su muerte, a sus jóvenes 65 años, en abril del 2010, en la que revivía los fantasmas de mi juventud y el recuerdo de la conmoción que me provocó la visión de sus primeros films.

Concilio de amor

Bueno, seguramente escribiré más, pero esta vez sí, sobre su obra. Es que hay una oportunidad única de ver su filmografía casi completa en "Superar la insoportable realidad", la retrospectiva que organizaron el Goethe junto a la Sala Lugones y la Cinemateca Argentina entre el sábado que pasó y el domingo 1 de septiembre. Digo casi, porque lamentablemente faltan una muy polémica versión de Salomé (1974), así como también su película más queer, Der Rosenkönig (1985) y su antepenúltimo opus, Deux, que volvió a reunirlo con Isabelle Huppert, después de la experiencia de la alucinante y flamígera Malina (1991), sobre la novela autobiográfica de la poeta Ingeborg Bachman, ésta sí incluida en la muestra.



Son 19 films de una producción de casi 40, entre cortos y largos, pero que alcanzan para dar más que una idea cabal de una obra personal, elusiva, hipnótica, subversiva, difícil de catalogar, que abarca diversos períodos y cortes estilísticos, constituyendo una de las voces más originales y sobre todo marginales de aquel irrepetible Nuevo Cine Alemán.


La muerte de Malina Malibrán

Entre las sorpresas del ciclo, que no son pocas, está el estreno más esperado y que nos interpela directamente. Se trata de De la Argentina, (1983-1985) el documental que Werner realizo a partir de los testimonios recogidos en ese workshop interruptus y que filmó luego de su primer viaje, entre 1983 y 1984, en un país que recién salía de la noche negra, con testimonios que van desde Madres de Plaza de Mayo y otras víctimas de la dictadura,  hasta referentes del under de resistencia cultural, como el poeta Fernando Noy y hasta una Libertad Leblanc que luce algunos vestuarios de Evita, incluyendo una contundente entrevista a Paco Jamandreu. Por razones no del todo claras, nunca esta película se exhibió en el país, e incluso su circulación por festivales fue casi nula. Así que es casi un estreno mundial, una pieza secreta a descubrir. ¿Cómo se verá hoy, en esta Argentina nuevamente movilizada, politizada y polarizada esta obra rodada en aquél país que salía apenas de las sombras más negras, viendo nacer un período que combinaba la esperanza y la desconfianza por partes iguales? ¿Cómo será la mirada de Schroeter –y la nuestra hoy, habida cuenta del tiempo pasado y los cambios políticos de estos últimos 30 años- sobre ese país que le hizo sentir miedo (además de amor) por primera vez en su vida, como lo confiesa en su Autobiografía, que la Editorial Mar Dulce acaba de editar aquí, y que será motivo de una mesa durante la muestra con la presencia de Gabriela Massuh y Pablo Schanton? Conociendo parte de su obra será, a no dudarlo, una obra no convencional. En el muy interesante sitio Memoria Abierta, que recoge un minucioso listado sobre Cine y Dictadura, desde 1976 hasta el 2011, se lee esta escueta reseña: 

“Optando inteligentemente por dejar que las víctimas del secuestro, la mutilación y la tortura cuenten sus historias de una manera tranquila y sencilla, este docudrama sobre la brutal represión militar en Argentina conmueve por el poder de su presentación. El director Werner Schroeter combina escenarios de casos reales, viñetas históricas y la historia del pequeño Gabriel, un huérfano que de alguna manera sobrevive”.

Esta película se proyectará el viernes 30 de agosto, y a la función de las 19:30 asistirá todo el equipo de filmación argentino que participó en su realización. Una ocasión que se anticipa ya, por todo lo expuesto, doblemente emocionante. También, en el terreno del documental, será interesante ver La estrella radiante (Der lachende Stern, 1983), que Schroeter filmó clandestinamente en Filipinas, mientras era invitado a un festival de cine en Manila, organizado nada menos que por Imelda Marcos, la mujer del dictador Ferdinando Marcos (¿la habrá visto nuestro amigo Raya Martin?, me pregunto). También forma parte de la retrospectiva su “canto de cisne”, que otra vez lo acerca al universo rioplatense; se trata de Nuit de chien, (2008) una adaptación, al parecer libérrima, de la novela Para esta noche, de Juan Carlos Onetti, rodada en Portugal, que va este domingo en el que también se proyecta Mundo Lux (2011), un retrato íntimo del director durante los últimos cuatro años de su vida, realizado por Elfi Mikesh, directora de fotografía de sus últimos films. En estas proyecciones estará presente el productor de ambos films.



Pero las sorpresa no se acaban allí: podremos ver también algunos de su primeros trabajos como Argila (1969), donde el mismo film se proyecta en dos pantallas simultáneas, uno mudo en blanco y negro y otro sonorizado y en color. O el polémico El Piloto del bombardero (Der Bomberpilot, 1970) que según palabras del realizador es su única comedia: "Estaba muy satisfecho con esa película que trataba sobre tres mujeres que vivían la transición del nacionalsocialismo a la era de Eisenhower. La tríada femenina fue una constante en mis películas hasta Reino de Nápoles. Las hice viajar por todas las épocas, continentes, per aspera ad astra… de la oscuridad a la luz, del dolor a la iluminación”.

De los films que he visto -y de los que recuerdo- puedo distinguir dos etapas; la más underground, que comprende principalmente sus indescriptibles (en términos narrativos) primeros films collage. Su primer largo rodado en 16 mm y que lo lanzó la ruedo internacional luego de una serie de cortos, en su mayoría dedicados a María Callas, fue Eika Katappa (1969), “uno de los films más bellos del nuevo cine alemán”, según palabras de su amigo Fassbinder, una suerte de viñetas atravesadas por el gesto teatral, la ópera, lo trash, los mitos wagnerianos, citas bíblicas, homoerotismo, lo pasional y lo tanático.



En él, el rostro de una de sus musas, la incomparable María Montezuma, es un centro que brilla como un sol negro sobre el que giran fragmentos de Siegfried, Carmen o Hamlet, relacionándose entre sí gracias a la música de Giuseppe Verdi, Beethoven, Bizet, Penderecki, Elvis Presley o Catarina Valente. Su presencia casi vampírica protagoniza también La muerte de Malina Malibrán (Der tod der Maria Malibrán, 1974), vagamente inspirada en la figura de la famosa cantante lírica del siglo XIX, que según la leyenda cantó hasta caer muerta. Pero nada de lo biográfico o histórico del personaje aparece en el film, apenas unas referencias, y sí mucho bellcanto entre sufridas o extasiadas mujeres amándose o sufriendo. Ambas películas pueden ser calificadas como “experiencias hipnóticas” de un cine no narrativo, al que el concepto “experimental” le queda corto. Están ligados tal vez al gesto warholiano, -no en vano en Maria Malibrán aparece una de las "chicas Warhol”, Candy Darling, junto a una jovencísima Ingrid Caven, de la troupe Fassbinder-; pero a la vez su estética se aleja del pop americano.



En cambio, es sumamente alemana en su combinación asincrónica entre las más diversas músicas y el juego entre el hieratismo operístico y la cualidad cinemática de sus criaturas misteriosas y fascinantes. Para entrar en el mundo del primer Schroeter uno debe dejar toda expectativa de linealidad y dejarse arrastrar por el collage sonoro que se contrapone a imágenes de una cualidad fantasmagórica, que remiten tanto al cine mudo como al imaginario pictórico, que oscila entre el romanticismo y el neoexpresionismo, mixturándose con el kitsch más desatado.

La segunda etapa arranca con Regno de Napoli (1978), donde Schroeter se embarca ya en una gramática más narrativa -sin dejar el gesto operístico que lo distingue-, pero donde lo real adquiere otra potencia dentro del relato. Se trata de un canto de amor a la ciudad de Nápoles (ese tercer mundo pasoliniano), a través de la saga de una familia napolitana desde 1943 hasta 1972, que acaba constituyendo un retrato poético y político de la Italia de posguerra, con ecos de Pasolini y Visconti, cruzados con Brecht y el melodrama meridional. El sur italiano también se hace presente en otro de sus films de esta etapa, Palermo oder Wolfsburg (1980), el único que fue estrenado comercialmente en nuestro país bajo el titulo de Desarraigo. Filmado parte en Sicilia y parte en Alemania, donde al igual que Fassbinder –pero de modo muy diferente- aborda el tema de los trabajadores inmigrantes en la Alemania de los 70.


Ensayo general

Para los fanáticos del teatro y la danza, les recomiendo altamente el documental Ensayo General (Die Generalprobe), rodado durante el Festival de Teatro de Nancy en 1980, que nos deja ver parte de la coreografía de Pina Bausch, Café Muller, bailado por la misma Pina, y una inolvidable perfomace del bailarín de danza Butho, Kazu Ohno, a orillas de un río, mientras somos testigos del romance de Werner con el joven Mostefa Djadjam. Esta fue la película que le mostré a Marcelito Uriona, un frío viernes de 1983, en un cine club de Bernal, y está fue la imagen de Werner, que antes de conocerlo personalmente, lo enamoró.
Ahora enamórense ustedes, aunque más no sea de su fecunda e inimitable obra. Ya volveremos, otra vez, sobre él.

La lista completa de películas y horarios la pueden consultar acá.

Hoy a la medianoche (La otra.-radio, FM La Tribu, 88,7, online acá) viene Alejandro Ricagno a La otra.-radio, para hablar de este ciclo y del reciente festival de Cine y DDHH, en el que ganó la película Thank God It's Friday.