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domingo, 20 de julio de 2014

Fin del ciclo Caparrós: lo echaron de El País



El viernes pasado Martín Caparrós anunció el cierre de su blog Pamplinas en la página web del diario español El País:

Chau

Por:  18 de julio de 2014

Pamplinas se termina. La dirección de El País ha decidido dejar de publicarlo. A todos los que, con las más diversas intenciones, solían visitar esta pantalla, quiero decirles que fue un gusto haber acampado aquí estos tres años, esforzándome por leer las confusiones argentinas, publicando esas lecturas sin la menor interferencia, recibiendo sus insultos pertinaces -e incluso sus halagos.
Imagino que no pasará mucho tiempo hasta que empiece a hacerlo en otro sitio.
O sí, quién sabe.
Salud.

La dirección de El País no aclaró si el cierre del blog se debe al recorte presupuestario que el diario está llevando a cabo por la indetenible caída de las ventas de la edición en papel, que ya había motivado numerosos despidos de personal que en su momento solo obtuvieron el silencio indiferente de Caparrós; o si, en cambio, el cierre del blog fue decidido por el aluvión de repudios de sus lectores que Caparrós supo cosechar en cada uno de sus posts. El tono canchero despectivo de Caparrós lo conocemos largamente: el tipo se las sabe todas, desprecia profundamente la reanudación de las prácticas políticas emancipatorias que se vivieron en Argentina durante esta última década, detesta al peronismo. Su paso por el montonerismo de los 70 le dejaron un talante amargo, resentido y cínico. No concibe que generaciones de jóvenes hayan vuelto a creer en la militancia como forma de ser en el mundo y de transformarlo. Alguna vez se arrogó ser el relator del fin de la historia, con su inmenso mamotreto La Voluntad, una recopilación de testimonios montoneros escritos desde la derrota. Una vez asumida su derrota histórica generacional, Caparrós se decidió a convertirse en un cínico profesional. La historia no se cerró: Martín quedó, literalmente, offside.

En uno de sus últimos posts se dedicó a caracterizar la naturaleza del "Ser Nacional" a partir de una curiosa interpretación de una jugada del arquero de la Selección Nacional Sergio Romero en el final del partido contra Holanda:

PamplinasMundial 30. Lo que somos

Por:  10 de julio de 2014
En el minuto 120, cuando quedaba uno, el arquero argentino tenía la pelota. Podía patearla al terreno contrario para un último intento; la guardó para dejar pasar el tiempo –y yo creí que había entendido algo.
Quizá somos esto; quizás el error –tan argentino– de muchos argentinos fue haber creído que podíamos ser otra cosa: una que, en principio, parecía mejor.
(...)
Después, ya en el suplementario, las chances de Palacio y de Maxi, que tampoco supieron concretar. Y enseguida el arquero guardándose la pelota, dejando pasar ese último minuto por si acaso.
Fue entonces cuando pensé que había entendido por fin esa obviedad: lo que queremos no es jugar al fútbol, es ganar el Mundial. Que creemos que podemos ganarlo haciendo esto porque no creemos que podemos ganarlo haciendo lo otro: defendiendo porque no atacando, temiendo porque no asustando. Quizá sea cierto: quizás, una vez más, nos creímos que éramos más que lo que éramos –y, de nuevo, la realidad nos cayó encima. No creo que me guste, pero ese tipo de verdades nunca gustan: para bien y para mal, esto es lo que somos. Aunque suene amargo –y no dé cuenta de mis saltos, de mis gritos, de mi gozo.
Ganamos, llegamos: Romero fue la síntesis. Criticado, dudado, fue el héroe defensivo que llevó a la Argentina a la final. Justo después de los abrazos, los cantos y los llantos, un periodista le pidió que mantuviera la cábala: que no se afeitara: No, no me afeito ni en pedo –dijo él, todo sonrisa–; aunque sea horrible yo sigo, loco, sigo.

No hay que ser un genio del fútbol para advertir la imposibilidad de la escena a partir de la cual Caparrós extrae la clave del "extravío argentino". Caparrós dice haber visto que el arquero argentino se guardó la pelota durante el último minuto... ¡Romero retuvo la pelota un minuto! Es tan risible el relato, además de su ostensible falsedad, que uno se pregunta si Caparrós desprecia tan profundamente la inteligencia de sus lectores. ¿Un escritor que se supone diestro en el manejo del lenguaje cree que puede hacer pasar como cierto este episodio imposible, que nadie se va a dar cuenta de que la escena que describe no pudo haber sucedido? No hablemos ya del recurso berreta de inferir características de "lo que somos" a partir de la jugada de un arquero (jugada, repito, imposible de que haya sucedido).

...una vez más, nos creímos que éramos más que lo que éramos –y, de nuevo, la realidad nos cayó encima..

Hay una sola forma admisible de leer este párrafo: Caparrós esconde su fracaso vital detrás de esa primera persona del plural. Nos atribuye a todos los argentinos lo que es su propio extravío.

Tanto hablar del fin de ciclo kirchnerista, tanto sarcasmo dirigido a la "impostura K", y ahora resulta que lo que ha terminado es el ciclo de Caparrós dedicado a despreciar a la sociedad argentina en El País de España. 

Quizás le quede todavía un recurso; convertirse en columnista de su amigo Jorge Lanata en los productos del Grupo Clarín. Al menos mientras Clarín le prolongue el contrato a George.

martes, 3 de junio de 2014

Simulacros y relatos en el kirchnerismo y en el antikirchnerismo: desde Borges hasta Caparrós y Mirtha Legrand





por Oscar Cuervo

Ciertos sectores de la pequeño-burguesía progresista aprendieron a distanciarse del kirchnerismo con el famoso argumento del simulacro: según ellos, el kirchnerismo tomó algunos símbolos de la historia anterior e hizo con ellos una repetición en clave de farsa. Los motivos de Kirchner y Cristina para evocar las luchas de los 70, las banderas de los Derechos Humanos, el juicio a los genocidas, la vuelta al sistema jubilatorio de reparto, etc,. serían siempre "bajos" y solo se usarían para embaucar a jóvenes que desconocen la historia, tipos tontos dispuestos a salir a la calle y militar en favor de una causa falsa. Después, claro, además de los tontos que creen en el simulacro, estarían los corruptos que se suman porque son cooptados por el dinero que reparten los K. De este modo, no habría forma de adjudicarle una racionalidad política a la praxis militante kirchnerista. Tontos o corruptos, todos lo hacen por motivos espurios.

Caparrós y Solanas, dos tipos que alguna vez estuvieron involucrados en luchas emancipatorias, hicieron punta en este relato del relato K. Después se fueron colando otros como Alfredo Leuco, Jorge Fernández Díaz, e incluso Carlos Pagni (a los que no se les conoce haberse movido nunca por emancipación popular alguna). El domingo en el programa hablamos con María Pía López del "caso" Caparrós. El gran relator, junto con Anguita, de la épica derrotada de Montoneros en La voluntad, tendría motivos para fastidiarse, al ver que la historia que él había agotado y clausurado con semejante esfuerzo testimonial, esa historia, no ha terminado (para escuchar el programa del domingo pasado con María Pía López, clickear acá).

María Pía  recordó que el tópico del simulacro no es nuevo en la historia argentina: ya había sido usado para descalificar al primer peronismo: "cuando uno lee crónicas sobre el primer peronismo -dice María Pía- se encuentra con que el 17 de octubre del 45 una movilización gigantesca de sectores populares argentinos fue tratada con la metáfora del carnaval o del corso. Un periódico titulaba 'Pequeños grupos con aspecto de murgas recorren la ciudad de Buenos Aires'".

El órgano oficial del Partido Comunista Argentino escribe el 24 de octubre:

"También se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la cuidad, no representan ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población".

La Vanguardia, órgano oficial del Partido Socialista, trataba con idéntico desdén la movilización del 17:

"Los obreros, tal como siempre se ha definido a nuestros hombres de trabajo, aquellos que desde hace años han sostenido y sostienen sus organizaciones gremiales y sus luchas contra el capital, los que sienten la dignidad de las funciones que cumplen y, a tono con ellas, en sus distintas ideologías, como ciudadanos trabajan por el mejoramiento de las condiciones sociales y políticas del país, no estaban allí. Esta es una verdad incuestionable y pública que no puede ser desmentida: si cesaron en su trabajo el día miércoles y jueves no fue por autodeterminación, sino por imposición de los núcleos anteriores, amparados y estimulados por la policía (...) ¿Qué obrero argentino actúa en una manifestación en demanda de sus derechos como lo haría en un desfile de carnaval?".

Continúa María Pía López: "La tesis actual del simulacro recupera eso que estaba en un modo liberal de concebir al peronismo. También están los grandes textos de Borges, quien escribe en el 56 'La ilusión cómica', diciendo que el peronismo es al mismo tiempo una historia criminal y una historia farsesca. O ese cuento que está en la base de lo que hoy dice Caparrós, que se titula 'El simulacro'...":

El simulacro

En uno de los días de julio de 1952, el enlutado apareció en aquel pueblito del Chaco. Era alto, flaco, aindiado, con una cara inexpresiva de opa o de máscara; la gente lo trataba con deferencia, no por él sino por el que representaba o ya era. Eligió un rancho cerca del río; con la ayuda de unas vecinas, armó una tabla sobre dos caballetes y encima una caja de cartón con una muñeca de pelo rubio. Además, encendieron cuatro velas en candeleros altos y pusieron flores alrededor. La gente no tardó en acudir. Viejas desesperadas, chicos atónitos, peones que se quitaban con respeto el casco de corcho, desfilaban ante la caja y repetían: Mi sentido pésame, General. Este, muy compungido, los recibía junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, como mujer encinta. Alargaba la derecha para estrechar la mano que le tendían y contestaba con entereza y resignación: Era el destino. Se ha hecho todo lo humanamente posible. Una alcancía de lata recibía la cuota de dos pesos y a muchos no les bastó venir una sola vez.

¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? ¿Creía ser Perón al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es increíble pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal y es como el reflejo de un sueño o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología.


Jorge Luis Borges


***
Una versión degradada de la tesis del simulacro fue retomada nada menos que por Mirtha Legrand y Elisa Carrió, cuando en ocasión de la muerte de Néstor salieron a decir que "el cadáver no estaba en el cajón" o que el velorio al que concurrieron miles de personas fue "organizado por Fuerza Bruta".

En su novela Teatro de operaciones, María Pía hace decir a uno de sis personajes:

"Los sanguinarios golpistas que se nominaban libertadores, además de fusilar, quemaron libros, demolieron edificios, tiraron estatuas al río, se robaron el cadáver destinado a ese mausoleo, lo vejaron y escondieron. Mientras tanto, explica, el sátrapa de Borges escribía que todo lo anterior, el famoso régimen depuesto, había sido una ilusión cómica, una farsa, un simulacro. El tipo operaba en sintonía con los milicos: unos destruían los restos materiales y reventaban a alguna gente memoriosa, y el otro armaba un cuentito para sustituir los hechos ocurridos por una ficción, un pasado ilusorio" .

No todo en la política es relato. Y el relato mismo no es simple relato: es lucha por el sentido de lo que acontece. No solo el kirchnerismo. Parte del relato que cada día teje la derecha argentina consiste en decir que no han existido ni existen motivos genuinos para comprometerse con las banderas del movimiento nacional, o, en una sutil variación, sitúan la legitimidad de esas banderas en un pasado que alguna vez ningunearon y ahora dicen que existió pero ha caducado. La derecha cada mañana en sus medios instala una nueva entrega de su relato, pero a la vez pretende negarle al kirchnerismo el derecho a disputar también en el terreno de los relatos. Sobre todo porque esta derecha y cierto progresismo ofuscado desdeñan los mismos hechos que el kirchnerismo produce (AUH, fin de las AFJP, Ley de Medios, políticas económicas autónomas frente a los poderes financieros internacionales, juicios a los genocidas) como si solo fueran relatos.

No todo en la política es relato, pero a veces los relatos nos permiten comprender que lo que vivimos hoy se inscribe en una tradición que ya viene relatada. Además hay hechos contingentes que quiebran la integridad de los relatos. Hay irrupciones inesperadas y hay rupturas. Hay disputas nuevas que se nominan con palabras antiguas. Y hay un pasado que todavía espera agazapado en el futuro.

Mejor que decir es hacer, decía Perón. Y Perón hizo unas cuantas cosas pero también dijo mucho. Decir también es hacer.

lunes, 2 de junio de 2014

No velarás la historia antes de tiempo

Una conversación con María Pía López sobre historia, relatos, simulacros y operaciones. La otra.-radio para escuchar acá



por Oscar Cuervo

La visita de María Pía López a La otra.-radio nos permitió anoche explorar algunas cuestiones que su propia novela, Teatro de operaciones, plantea: cruces entre ficción y política, relatos operando sobre la historia, la historia metiéndose en la literatura, la literatura prefigurando la historia, relatos que buscan un cierre y la historia que nunca cierra.

Casi al final del programa pregunté una cosa:

- Pregunto una cosa que se me ocurre ahora: ¿hay gente que, respecto de la lucha política, en un momento dijo "bueno, esto se terminó, no se sostuvo, fue un delirio, demos por cerrado este capítulo..." y que, después, cuando en los últimos años aparece el kirchnerismo y reintroduce un poco de movimiento en la historia, le da bronca porque se reaviva eso que se dio por muerto?


- Me parece que sí -me responde María Pía López-: vos nombraste al principio del programa el caso Caparrós. Caparrós había escrito con Anguita La voluntad. Ese libro es la mayor recopilación de testimonios respecto de las luchas de los 70. Él antes había escrito una novela, una hermosa novela que se llama No velas a tus muertos, que trata también sobre la militancia de los 70 y sus tragedias. Y de algún modo se arroga ser el que puede dar la última palabra sobre esos acontecimientos, el último relator del final trágico de esos hechos. Por lo tanto, cuando aparece el kirchnerismo lo siente como un arrebato a sus propios temas. Después vuelve sobre esos temas en la novela A quien corresponda, en la que ficcionaliza la idea de que se trata de militantes corrompidos, quebrados por un orden empresarial político, que sobreviven a los años 70, pero mal sobreviven, solo para corromper la memoria de los militantes del pasado...

- ...Ahí Caparrós recoge -digo- la idea de "El simulacro" de Borges...: "¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? -cito a Borges.



- Caparrós recoge eso, pero también tiene la idea de que alguien le sacó la última palabra que él tenía el derecho de decir -dice María Pía.

- Claro, porque yo supongo -supongo yo- que hay un enorme esfuerzo en la empresa de construir el gran relato de la derrota montonera a través de miles de páginas, una obra monumental, para que después la historia continúe... No que continúen los montoneros, sino la historia, porque en realidad la historia no terminó, la historia sigue.

-  La historia sigue... -sigue María Pía-. Hay otra polémica que por ahí es interesante reponer en ese plano, que transcurre más o menos en los mismos años en que Caparrós edita Ante quien corresponda. Un debate que surge a partir de la carta de Oscar del Barco, "No matarás", que es otra cosa, me parece. Porque Oscar del Barco interviene de otro modo, él va a decir: "tenemos que hacernos cargo de hasta qué punto fuimos agentes sacrificiales también los que estábamos del lado de las víctimas". En Caparrós la resolución de este dilema, de quién tiene derecho a hablar de los muertos, se resuelv por medio de una razón cínica, en ese libro toma una distancia cínica con la política.

- Esto me hace acordar -se acuerda Willy- a esa frase de Fassbinder: cuando somos infelices cualquier persona feliz nos parece indecente... Tiene que ver con eso, el que no acepta la posibilidad de volver a enamorarse, ¿no?



- Sí, hay muchos enojados con el kirchnerismo con eso, no solamente ex-montoneros, también hay radicales como Esteban Schmidt -acoto yo-, que es una persona que tuvo su propia derrota histórica y generacional con Franja Morada, y que odia el kirchnerismo por esta razón, porque ¿cómo puede ser que haya pendejos (que él los llama "cabezas de termo") que crean en esta boludez de la política y el simulacro kirchnerista... Y eso enoja mucho desde cierta perspectiva generacional, donde vos ya a los 40 o a los 50 decís "yo ya acomodé mi vida de otra manera, no me vengan a hinchar de vuelta con la militancia, de vuelta con la Plaza.

Para escuchar la conversación completa, clickear acá.