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viernes, 4 de octubre de 2013

Roll Over, Maharishi


Como todos los músicos aficionados, he compartido más de una vez con mis semejantes los tres acordes de un blues (o un rock), suficientes para hallar una lengua común y dar en doce compases (y unos tres o cuatro minutos) una vuelta completa al espacio y el tiempo. Pero nunca, o casi, me he atrevido a componer nada que siguiera este patrón: impone demasiado pensar que si lo haces, tienes detrás tantas buenas canciones. Es prácticamente imposible no acabar saqueando alguna, o al menos sonar de tercera o cuarta mano, completamente banal.

El caso es que hoy estuvo conmigo mi amigo Paco, con su charango, y cuando estaba a punto de irse me puse a trastear con el instrumento y me salió un riff —un sonsonete entre étnico y blusero que no dejó de incordiarme durante las cuatro horas siguientes. Como ellas mandan, acabé sentándome a escribir la cosa. Y así suena: algo como el encuentro imposible entre What I'd Say, de Ray Charles, y Within You, Without You, de los Beatles.

martes, 26 de mayo de 2009

Rebuscando en el pozo del tiempo


Para el caballero Gharghi, pronto verá por qué

...me invaden los Yardbirds: otro gigante menor, en la época en que el underground rebosó su cauce y puso todo, hasta las listas de éxitos, gloriosamente perdido. Pensaba que estas canciones eran criaturas de estudio, como las del Sargento Pimienta: pero en directo suenan magníficas. Shapes of Things es un clásico, capaz de sonar en Kiss FM si se descuidan; pero la propina, Happenings Ten Years Ago, es una joya relativamente secreta.

A la guitarra, Jimmy Page, el Ladrón de Bagdad, antes de Led Zeppelin y la Liga de los Guitarristas Notables.




domingo, 15 de junio de 2008

Raga-rock: Guinevere (Donovan)

Reunión de notables: Donovan, Shawn Phillips, Pete Seeger y el Reverendo Gary Davis. En directo y en la tele (imposible parece), las galas de Ginebra: terciopelo, seda y encaje.


miércoles, 6 de diciembre de 2006

La pregunta medianamente interesante


¿Quién movió la torre blanca?
¿Quién movió la reina negra
cuando Gimmel y Daleth
se hallaban en medio?
Desde la tarde
iba creciendo un velo,
penando por los pinos
que añoraban la vela.
«Hay algo olvidado
que quiero que sepas»,
la lluvia y sus pecas
me hablan así.
Es, vaya, la pregunta
medianamente interesante.
Qué es eso de lo que formamos parte
y qué es lo que somos.

Y una locura de elefantes
oculta el sol,
el juez y el jurado
siguen haciendo de las suyas,
han tronchado las rosas
y lavado el jabón
y el mártir que va a ser su novio
no se atreve a huir con ellos.
Es, vaya,
la pregunta nunca cumplida.
Qué es eso de lo que formamos parte
y qué es lo que somos.

Largos, largos eran entonces
todavía mis ojos.
Desafiaron las puertas,
el fuego enorme,
y el cuerpo se dobló en torno a mí,
creció la persona que soy.

La flor y su pétalo,
la raíz y su presa,
la tierra y su magnitud,
el aliento y su jadeo,
la mente y su dinamismo,
el pie y su movimiento,
la vida y su patrón,
el corazón y su amor.

Es, vaya,
la vieja pregunta olvidada.
Qué es eso de lo que formamos parte.
Qué es lo que somos.

(Robin Williamson)



sábado, 25 de noviembre de 2006

La piedra caída del cielo


Se me pasan los cumpleaños. Ayer hizo 63 Robin Williamson, 50% de la Incredible String Band, bardo y narrador durante su extensa carrera en solitario. Williamson es el lado más incredible de la Incredible: aunque él se sitúa, modestamente, en algún lugar entre Jimi Hendrix y Manitas de Plata, su música tiene un qué sé yo ultramundano que podría venir de un pozo lunar o los labios menores de un hada. Una vez separado de Mike Heron, ahondó en su vertiente celta y centró sus esfuerzos como instrumentista en el harpa. Su último disco, The Iron Stone, vuelve sobre la canción homónima, una de las más celebradas de la ISB. Una buena excusa para recordar el original de 1970, con Williamson a la guitarra atlante, Mike Heron al sitar y Licorice y Rose dándole al parche.


Un viento largo, una mente que trama.
Por toda la tierra, crecen flores silvestres
haciéndose eco.
El día que encontré la piedra de hierro,
pesada en mi mano bajo la lluvia inclinada,
los mares no dejaban de correr
volcando mi corazón,
techando sus pizarras grises.
Ese día encontré la piedra de hierro.

Llevé a mi casa la piedra de hierro,
pesada en mi mano la llevé a casa,
negra como los pensamientos del destino.
Un hombre me dijo que cayó de la luna,
voló a través del tiempo
hasta la larga playa donde la encontré.
Los caballos que bailan contaban su historia,
entre las piedras ella me llamó,
mi mano lo supo.

Distinguiendo en las densas tinieblas
bosques y centauros y dioses de la noche.
Nunca ese sol brilló
donde la gran Atlántida alzaba sus costas.
¡Cómo cantaban los dragones del mar!

El amor pinta las cartas con soles por ruedas,
achiperres del bufón, el gorro y las campanas,
el valiente (tal vez) Mostacho,
el caballero Primalforme Magnífico,
el dragón que era yo, con las uñas doradas,
un fuego de oro mi nariz llameante,
los recuerdos, recuerdos...
Mi cueva era brillante, enfurruñadas mis joyas
que como diademas
hacían palidecer a las estrellas,
la plata perdida y el oro enterrado,
¡tal era mi casa en los días de antaño!



jueves, 9 de noviembre de 2006

Raga-rock: Beck


Si la serie admite un cierre, una jarcha, bien podría ser ésta. El planteamiento ya estaba en los padres fundadores, pero Beck y su compadre Stephenson le dan otro aire: sitar, blues del Delta, slide guitar, folk, hip-hop, todo suena aquí en beligerante estado de gracia, tergiversado y trascendido en la mezcla. Hay cosas evidentes que no se habían dicho nunca. Ésta es una: soy un perdedor, ¿por qué no me matas?


miércoles, 8 de noviembre de 2006

Painting Box


Para el Marqués y su dilecta hermana: la primera Incredible String Band en su más íntima salsa.


martes, 7 de noviembre de 2006

Cuando fuimos los mejores


Ya lo he confesado alguna vez: Lennon tenía más talento, pero Harrison es mi Beatle favorito, incluso como letrista: Si no sabes dónde vas, / cualquier camino puede llevarte. Si hablamos de vídeos, éste de 1988 es una delicia beatlemaníaca de primer orden: una vuelta a las esencias psicodélicas con humor, sitar y desdoblamiento múltiple incluidos.



lunes, 6 de noviembre de 2006

Más allá del espejo


Como otras modas, el raga-rock entra en la danza de los no-muertos a finales de los sesenta. Digamos que el sitar, la tabla y demás indierías siguen en el menú pop, pero sólo en la versión extendida. Ni los guitarreros ni los adictos al sintetizador las echan de menos, lo que no impide que hasta Metallica o Green Day puedan de vez en cuando sacarlas del arcón sin especial discernimiento, como cortinilla o efecto especial. Con más conocimiento de causa, los sesentoides Oasis o Kula Shaker cumplen con su karma en pastiches bastante cool. En realidad, las canciones memorables con sitar se vuelven más y más raras. No sé si ésta (de un dylanista que, salvo aquí, me parece soporífero) es una de ellas —el vídeo, en todo caso, no tiene desperdicio.



domingo, 5 de noviembre de 2006

Raga-Rock VI: los hombres de Harrison


Si no se echaran tanto de menos las voces de John y Paul, no tendría nada de raro que esta versión de The Inner Light, con la sombra de George Harrison presidiendo el evento, Jeff Lynne a la voz y la hermosa Anoushka Shankar al sitar, superara el original, editado por los Beatles en 1968 como cara B de Lady Madonna. Orientalismo de postal, esquemático y simple —pero capaz de convocar a los orientales de verdad para que lo trasmuten en licor de oboe.


sábado, 4 de noviembre de 2006

Raga-folk II: Pentangle


En el mundo del folk-rock, el arreglo subvierte el texto. Se percibe de forma inmediata, pero cuesta lo suyo explicarlo. Esta historia, por ejemplo, habla de una dama caprichosa que pudo casarse con el tercer hijo del rey, pero eligió hacerlo con un pobre carpintero. Aunque este buen mozo le da dos hijos, un día aparece, tentador, un tercero en discordia que promete llevarla allí donde la yerba crece verde, a la vera del Dee. Sin pensarlo dos veces, como antaño Helena de Esparta, la dama abandona a sus hijos (cuidad bien de papá) y se hace a la mar con su nuevo amor. Una vez más, pasa el tiempo y la mujer se sorprende llorando: oro, plata, todo lo daría por ver de nuevo a sus niños. Ya es tarde. Se ha abierto una vía en el barco y no hay otra costa cercana que las brillantes colinas del Infierno. ¡Quién pillara al carpintero!, piensa Helena —y las últimas olas de la canción arrastran su ropa blanca como pálido don de la espuma.

Con el tercer hijo del rey
pude una vez casarme,
y ¡vaya si era un joven pinturero!
Pero ahora estoy casada
con un hombre de ley,
un joven y modesto carpintero.
—Olvida al carpintero
y ven conmigo a ver
la yerba siempre verde
junto a las aguas mil.
—¿Con qué me mantendrás
lejos de la pobreza?
—Mis siete naves vienen
cruzando el ancho mar,
bien pronto atracarán
y de los siete mares te harán reina.
Tomó a sus dos pequeños de la mano
y tres besos les dio:
—Sentaos junto al fuego del hogar
y haced a vuestro padre compañía.
Con sus mejores galas se vistió,
como a su noble casta le cumplía,
temblaba su orgulloso corazón
cuando su blanco pie tocó la arena.
Apenas se adentraba por el mar
y ya iba carcomiéndola la pena:
—Daría todo el oro de este mundo
por ver mis dos tesoros cómo quedan.
—El oro que tuvieras y la plata
bien poco entre las olas te sirvieran:
no has de tocar la tierra nunca más,
tus niños nunca volverás a verlos.
Llevaban poco tiempo navegando
tal vez una semana, dos o tres,
y el barco malherido por el mar
se hundía a muchos días de la costa.
—Las cimas relucientes ya del Reino
diviso, dulce amor, donde los ángeles
se acercan y se alejan.
Las cimas relucientes ya las veo,
donde debemos ir juntos los dos,
las cimas relucientes del Infierno.
—Ah, si pudiera estar de vuelta a casa
en brazos de mi amado carpintero.
Pero en el mar furioso me hundiré:
mi corazón es pasto del Infierno.

Esto viene a decir el texto, scarelore para muchachas casquivanas, graciosamente compuesto pero poco más (en tanto no se abra la caja de los ecos). Sin embargo, cuando el inusitado arsenal de los Pentangle se pone en marcha (Bert Jansch al banjo y la voz rasposa, John Renbourn al sitar, Danny Thompson al contrabajo, Terry Cox a la batería —y la voz bruñida de Jacqui McShee), la moralina se transforma en caramelo lisérgico. El cantar da la razón al carpintero, pero su corazón está con la dama caprichosa, y aun con el seductor diabólico: el arreglo está diciendo sí a la aventura, el exotismo, el peligro. Como advirtiera Keats, El placer nunca está en casa —aunque la echa de menos y la lleva consigo (como Pentangle sus múltiples raíces: folkies, bluseras y jazzísticas), tal retrato colgado al cuello o luz élfica en el antro de Ella Laraña. Todo en ti fue naufragio. Escuchando a McShee, somos por unos minutos ese placer soliviantado y errante.


viernes, 3 de noviembre de 2006

Raga-rock V: The Rolling Stones


Fueron tiempos de mucho ácido. Va con sitar. Como quien dice, es el comienzo de la psicodelia depresiva. Eso es lo que los Rolling Stones empezamos —estaría bien que hubiera un revival de eso.

Particularmente, creo que A faded picture, de los Seeds, es la psicodelia triste por antonomasia (aunque Dazed and confused tampoco es moco de pavo). Paint it black es un funeral bastante alegre, con sus coches oscuros y sus lindas plañideras estivales. El sitar se quedó sin cuerdas, pero Brian Jones lo menea con gracioso descaro.



jueves, 2 de noviembre de 2006

Raga-folk I: Davy Graham


Los folkies viajan mucho más rápido (y se quedan más tiempo). Dos años antes de los Kinks y compañía, en 1963, el guitarrista Davy Graham ya había grabado una canción tradicional inglesa, She Moved Through the Fair, en tiempo y forma de raga. La Incredible String Band llegó después, pero su Nightfall (1968) es el non plus ultra del sitar en contexto sesentero (tendrían que pasar once años para que Camarón y Gualberto dieran, en su Nana del caballo grande, un paso más hacia el abismo).

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Raga-rock IV: The Byrds


La frontera entre la genialidad y la migraña es a veces porosa. Confieso que no sé si Eight Miles High, jaleada como cumbre del raga-rock, se encuentra o no a gusto en el género (parece que debe lo suyo a un tema instrumental de John Coltrane llamado precisamente India; pero de la otra India, la del mono Hanuman y Sánchez Dragó, no le veo yo muchas trazas). La canción en sí es quedona y estratosférica, desde luego, pero el solo de guitarra en que reside su genialidad roza, de puro disconforme, lo molesto. Estética cubista para cabezas ácidas.


martes, 31 de octubre de 2006

Raga-rock III: The Beatles


Con el tiempo supimos que a Ravi Shankar le rechinaron los dientes cuando escuchó un sitar tan mal tocado, y que el instrumento comprado por Harrison (y afinado por él como una guitarra) era una réplica barata, en plan mírame y no me toques, pensada para turistas. Todo eso no disminuye la maravilla de Norwegian Wood, que por superioridad natural y sentido de la oportunidad ha quedado como la pieza fundadora del pop-con-sitar. El sitar es en este caso algo añadido, con lo que Lennon no contó a la hora de componer el tema; pero como escribe aquí alguien, la canción no hubiera pasado de pastiche dylaniano (así la entendió el propio Dylan, que la parodió oportunamente) sin ese timbre otro que de algún modo aporta lo que la letra renuncia a explicar: un sitar cannabis indica, incienso y sari, Upanishad & Kama Sutra en oportuno connubio de bolsillo. Como escribiera Valle, precursor, ah marihuana / que das la sabiduría del Ramayana.


lunes, 30 de octubre de 2006

Raga-rock II: The Yardbirds


Los Yardbirds (1, 2, 3) fueron un grupo menor: en tiempo de gigantes, volaron relativamente bajo, aunque tuvieron en agitada sucesión tres guitarristas notables: el sobrevaloradísimo Eric Clapton (rey del cliché), el versátil Jeff Beck y el ambicioso Jimmy Page (aprendiz de brujo de fama ledzeppeliniana). Si nos limitamos a sus tres o cuatro canciones realmente innovadoras, el currículo resulta impresionante: Still I’m sad (con ecos gregorianos), Shapes of things y Happenings ten years ago (gemas caleidoscópicas) y Heart Full Of Soul, la primera canción en que un grupo rock trató de integrar el sitar. Por desavenencias con el sitarista, un músico profesional hindú contratado ad hoc, el experimento salió mal y permaneció en la cripta casi veinte años. A cambio, se editó una versión en la que Beck ataja el problema imitando el sitar con su guitarra eléctrica y algo de eco. La versión fallida con sitar acabó emergiendo en 1984, pero aquí les tenemos en sentido play-back del single tal como se editó en 1965 (con Page, curiosamente, haciendo de Beck, que ya se había marchado del grupo).


domingo, 29 de octubre de 2006

Raga-rock I: The Kinks

Hay canciones que uno no espera. Los Kinks, reyes de la travesura, herederos del vodevil, nos dejaron en ese estilo verdaderas maravillas, como Sunny Afternoon o Autumn Almanac. See my friends (¡1965!) es otra cosa: raga-rock, antes de que nadie hubiera acuñado el término, conmovedor y esencial. A juzgar por Within you, without you, George Harrison la metabolizó con provecho.