Veinteañero, más misógino y hechizado, escribí que a toda muchacha la acecha una bruja —por dentro. Cartas, horóscopos, filtros de amor, hay algo en todo eso que las chifla y les resulta injustificadamente familiar. "Me he informado" —cantan las Undershakers— "y voy a hacer vudú". En realidad no hacía falta salir de Europa:
el medio más rápido para quitarle la vida a un hombre con las artes de brujería consiste en hacer una figurita de barro con la misma forma de la persona a la que se desea matar y dejarla secar totalmente. Y cuando se desea que enferme en una parte más que en otra, se coge un alfiler o una espina y se clava en la parte del muñeco que deba enfermar. Y cuando se desea que una parte del cuerpo se consuma, se coge la correspondiente parte del muñeco y se quema. Y con este sistema, el cuerpo morirá. (Wonderful Discovery of Witches in the County of Lancaster, 1613).