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domingo, 20 de febrero de 2011

Vidas ejemplares


Mi amigo Enrique (desde aquí, una colleja) me ha aficionado a las autobiografías de rockeros más o menos infames. Me llegó hace poco la de Keith Richards y acabo de cerrar la de Lemmy Motörhead, White Line Fever. Es interesante sólo a ratos (las anécdotas sobre las giras y los mosqueos con las casas de discos acaban volviéndose tediosas), pero es imposible no cogerle cariño al personaje. Uno tenía la idea errónea de que cuando le echaron de Hawkwind, Lemmy echó por la borda la psicodelia y se convertió en un punk de pelo largo. Para nada. Con toda su colección de boberías del Tercer Reich, nuestro hombre sigue siendo un hippie que habría seguido toda la vida en Hawkwind si no le hubieran botado. Hay una buena colección de evocaciones nostálgicas de los 60. Esta es la última del libro (pág. 287) y las representa bien:

Estoy muy contento de haber vivido los sesenta. La gente que no los pasó no sabe lo que se ha perdido. Impulsamos cierta conciencia, una forma de vivir, y fue excitante —no había SIDA, la gente no se moría tanto por abusar de las drogas y fue de verdad una época de libertad y cambio. La única vez que he visto rebelión alguna ha sido en los 50, 60 y primeros 70. El resto os lo podéis quedar.

Pues eso.




martes, 1 de diciembre de 2009

Sixties


Sigo a la escucha. La lista de correo dedicada a la Incredible String Band es una fuente inagotable de sugerencias e ideas. Se debate estos días sobre la música de los 60: qué la vuelve especial y cómo contrasta con la anterior. Una observación interesante es que las melodías de esta época no tienen generalmente el acabado perfecto de las grandes creaciones del cancionero americano (el repertorio, un suponer, de Sinatra). Nacen de una música deliberadamente simplista (el rock'n roll de los 50) y, a pesar de la sofisticación cada vez mayor que impulsan los Beatles, retienen siempre un carácter ingenuo y urgente, abierto a la improvisación, el cruce y el experimento. Con frecuencia, sólo el arreglo y la interpretación vuelven memorable lo que, reducido a partitura, suena banal (prueben, por ejemplo, a interpretar Like a Rolling Stone como instrumental, al piano). De ahí quizá que, a pesar de que el repertorio de los 60 se recrea una y otra vez en las décadas siguientes, casi todas las versiones nos dejen una impresión de sucedáneo descafeinado, casi molesto.

Aunque nadie lo dice claramente, quizá por temor a la neocensura, la influencia de las drogas psicodélicas es esencial. No porque éstas resulten necesarias para hacer buena música, o la garanticen, sino por las vivencias específicas que producen y que gran parte de la música de los 60 intenta recrear por sus propios medios: disolución de límites, revelación inesperada de maravillas, armonía de contrarios, visión del alma de uno como un fascinante (y a veces tétrico) parque temático. Me parece bastante claro que es esta 'temática' (por llamarla de algún modo: en realidad, se expresa tanto o más a través de la música misma que de las letras) la que da ese sabor especial a la música, al menos, del 66 al 73.

Por otra parte, asombra la calidad de la música que se hizo entonces y no alcanzó reconocimiento masivo. Hay cientos de discos notables por descubrir, más allá de los diez nombres más evidentes (Beatles, Stones, Kinks, Who y etc.). Uno de ellos, por ejemplo (siento, por cierto, que quien lo subió a YouTube no permita incrustarlo aquí; ¿por qué?). Y otro: