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domingo, 19 de enero de 2014

Ciento Volando (III): Más vale volando


Que el descontento con el refrán que venimos comentando (Más vale pájaro en mano que ciento volando) y el deseo de darle la vuelta vienen de lejos se ve en la divisa que el primer conde de Benavente, Juan Alfonso Pimentel (1398-1420), escogió para su familia: Más vale volando o (versión extendida) Más vale buitre volando.

 El conde de Benavente trae por devisa un buitre bolando y dize: 

Más quiero buitre bolando,

leemos en el Cancionero General (fº CXXXX vº) de Hernando del Castillo, publicado en 1511. La ocurrencia del conde de Benavente se incluye en esta obra dentro de un apartado de ingeniosidades (Las Invenciones) que recoge duelos de ingenio entre varios nobles. Así, al de Benavente responde el conde de Lemos en defensa de su propia divisa (una buitrera):

Este hambriento animal
su cobdicia le combida
aquí do pierda la vida.

La reivindicación del buitre no parece aquí, desde luego, un alegato a favor de las posibilidades sin fin, sino del poderío, simbolizado en el animal mayúsculo: Burro grande, ande o no ande, cabría parafrasearlo.

Con todo, en el origen de tan curiosa elección hay un conflicto con el Poder, como bien explica Rafael González Rodríguez en su blog sobre asuntos de Benavente, llamado precisamente Más vale volando: 
Disgustado Juan Alfonso Pimentel por la injusticia y tiranía con las que era tratado por el rey de Portugal a causa de haber tomado partido por doña Beatriz en el conflicto sucesorio portugués, decidió desnaturalizarse y envió a decir al rey que no era su vasallo. Renunció además a las fuerzas, dignidades y rentas de sus estados, ante lo cual el rey le advirtió que “más valía pájaro en mano, que buitres volando”, y el conde le replicó “más vale volando”, timbre que han ostentado históricamente las armas de estos condes. Así sobre el escudo familiar existente en la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente campea un buitre flanqueado por dos gallardetes con la leyenda: “Más vale volando”.
Frente a Cervantes, que recoge la fórmula habitual del refrán en ambas partes del Quijote, Avellaneda pone en boca de su Sancho una versión al modo del Conde:

Pues más vale buitre volando que pájaro en mano,

presentándola, bien es cierto, dentro de una sarta inoportuna de refranes que supone un despropósito (sobre este uso transgresor o lúdico de los refranes en el Quijote de Avellaneda, que lleva a deconstruirlos, v. este  artículo de Francisco J. Álvarez Curiel).

No menos intesante es el rechazo del refrán tradicional desde la Iglesia.  Felipe Díez fue un fraile hispano-portugués del siglo XVI que escribió, entre otras obras, unos enjundiosos Quinze tratados en los quales se contienen muchas excelentes consideraciones para los actos generales que se celebran en la sancta Iglesia de Dios muy provechosos para todos los fieles christianos, que vieron la luz en 1590.

Allí le vemos no solo defender al buitre volando, sino identificarlo resueltamente con Nuestro Señor Jesucristo: nuestro  predicador toma carrerilla remontándose a un pasaje de Job (28: 7) donde el profeta afirma Semitam ignoravit avis, nec intuitus est oculos vulturis, es decir, 'El camino' [que lleva a la mansión de la sabiduría] 'lo ignoró el ave, ni contempló los ojos del buitre' . Significa esto, según Díez, que no miró aquel pueblo [el judío, simbolizado en el ave del cuento]  los ojos del buytre, ni entendió la senda que llevaba en su buelo. [*]

Recuerda luego que según San Ambrosio ay cierto genero de buytres que las hembras conciben sine accessu maris (sin concurso del macho), y por analogía decide que por ello se puede llamar con razón Cristo nuestro Redemptor buytre, pues lo concibió su sacratíssima madre, quedando virgen. Salta de allí al refrán que nos ocupa, y lo aplica de este modo:  los judíos 
tenían el páxaro en la mano, esto es el mando, y el señorío de la sinagoga: y por no perder este páxaro, desecharon al Rey del Cielo Iesu Christo, aunque volaba con tantos milagros y tan alta doctrina.
No es tal desatino exclusivo de la secta judaica, sino que 
Esto dizen también ahora cada uno de los pecadores, más quiero páxaro en mano que buytre volando. Y aunque no lo dizen por palabras, dizen lo por obras; pues por el deleyte, por la honra y por los bienes temporales, dexan a Dios. Pero el justo dize, más quiero buytre volando que páxaro en mano: esto es, por seguir a Iesu Christo mi Saluador, y seguirle de todo mi coraçón, quiero dexar los deleytes y contentos humanos. Este buytre divino baxó con el ímpetu de su charidad del cielo a la tierra, al olor del linage humano, que estaua muerto por la culpa, y andaua entre los cuerpos muertos, esto es, conuersaua con los publicanos y peccadores.

Después de asistir a tal principalía del buitre, como encarnación de la voluntad del noble rebelde o del mismísimo Señor de los Días, resulta irónico recordar que animal tan exaltado, que se diría protagonista del refrán, se cayó poco después del mismo, quedando reducido a un pájaro cualquiera o a una bandada de aves anónimas. Ni siquiera (véase la nota final) la interpretación del buitre de Job como imagen del Salvador pasó el corte de la filología bíblica.

Que la reivindicación del buitre en vuelo venga de nobles y clérigos algo querrá decir sobre el carácter popular del refrán, tal como se entendió en un principio y aún se entiende a veces. Hay que esperar, creo, al siglo XX para asistir a una reivindicación de sesgo distinto. Veremos si los dioses nos conceden vuelo suficiente para alcanzar tales costas.

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[*] Este es, por cierto, un ejemplo del potencial creativo del error, pues hoy el pasaje suele entenderse de muy otra manera, con otra traducción latina (Semitam ignoravit avis, nec intuitus est eam oculus vulturis), en la que el buitre pasa a ser el villano de la historia: 'La senda la ignoró el ave y tampoco la divisó el ojo del buitre'. El ave anónima se convierte en halcón en la traducción de Schökel y Mateos, en la que además el buitre y su compañera de baile cambian de hemistiquio: Su sendero no lo conoce el buitre, no  lo divisa el ojo del halcón. En otra traducción moderna (la de Serafín de Ausejo), se conservan en cambio la anonimia de la primera ave y la posición de ambas: Su senda no la conoció ave alguna, ni vista de buitre llegó a discernirla.

sábado, 11 de enero de 2014

Ciento Volando (II): origen y desarrollo del refrán


En la entrada anterior examinábamos el refrán Más vale pájaro en mano que ciento volando sin entrar en algunos aspectos que conviene recuperar ahora, antes de pasar a otras cosas. En esta entrada abordaremos el origen del refrán y su cronología dentro de la tradición española, dejando para la siguiente el examen de los refranes similares que se dan en otras lenguas modernas.

1.  El refrán es de origen árabe. Al menos, así lo afirma Luisa A. Messina en su libro de 2012 sobre los refranes y la literatura, aunque el artículo de Rafael Medina al que remite, un estudio de 1999 sobre los proverbios árabes basados en formas comparativas, no cita el refrán español ni recoge ninguno que se le parezca significativamente (el pariente más cercano que encuentro, con pinta de primo segundo a lo más, es Lo poco que dura es mejor que lo mucho y pasajero).

En cambio, en su Refranero temático español (1997, p. 203), Gregorio Doval señala como origen del refrán español un proverbio latino, Est avis in dextra, melior quam quator extra, 'Es mejor un pájaro en la diestra que cuatro fuera de ella'. Opina Doval que este proverbio latino a su vez da expresión a una idea ya por entonces antigua, debida seguramente al fabulista griego de los siglos VII y VI Esopo. Laura Gibbs, en una entrada magnífica del blog Bestiaria Latina (2008), apunta que la presencia de rima sugiere que se trata de un proverbio medieval; y recoge muchas variantes de interés, como esta otra, también rimada: Capta avis est pluris quam mille in gramine ruris ('Un pájaro capturado es mejor que mil en la yerba del campo'). En el ciclo de Reinard (o Reineke) el zorro aparece con esta forma: Una avis in laqueo plus valet octo vagis ('Un pájaro en la liga vale más que ocho sueltos'). Otras variantes sin rima son Melior est avis in manu vel nido, quam decem in aere ('Es mejor pájaro en mano o en nido que diez en el aire'), Plus valet in manibus passer, quam sub dubio grus ('Más vale gorrión en las manos que grulla en duda'). El proverbio aparece en un par de ocasión expandido hasta ocupar un dístico: Plus certa comprensa manu valet una volucris / Innumeris, alte quas levis aura vehit ('Vale más un ave cogida con mano segura / que innumerables, a las que el viento ligero lleva por las alturas').

2. El refrán figura en los Refranes que dizen las viejas tras el fuego, compilación atribuida al Marqués de Santillana, con la formulación Más vale páxaro en mano que buytre bolando. Lo encontramos también en un clásico de la misoginia medieval, el Corbacho o Reprobación del amor mundano, escrito en 1438 por el Arcipreste de Talavera. Escribe nuestro autor que los galanes que requiebran damas y se jactan de ello no siempre triunfan, pues a veces las mujeres, avisadas ellas,

los aborresgen e mal quieren, por galanes que ellos sean, e aman mas paxaro de mano que bueytre volando, e aisno que las lyeue que cauallo que las derrueque (Corbacho I, 18).

El marido es aquí el 'pájaro de mano', cuya seguridad se prefiere a la de un amante jactancioso, el 'buitre volando', cuya lengua suelta podría traer problemas a la dama.

No está claro que un 'pájaro de mano' sea un pájaro atrapado en la mano. Según Gonzalo Correas, que vuelve sobre el refrán en su obra de 1625 Vocabulario de refranes y frases proverbiales (con la formulación Más vale páxaro en mano ke buitre bolando),el pájaro del refrán se refería en un principio a un ave de cetrería, el halcón:

El sentido común es que vale más poco en la mano seguro, que mucho incierto; ó un pájaro cualquiera, que no un buitre volando por asir. Parece que salió este refrán de la volatería, en que es mejor tenerse el halcón en la mano que soltarle á un buitre y andarle volando, que es mala ave y poderosa, á matar el halcon. 

Nótese que si Correas tiene razón, el sentido original no sería que es mejor lo poco (seguro) que lo mucho (incierto), sino que es mejor no arriesgarse cuando lo más probable es fracasar, pues quien lo haga y fracase no solo no conseguirá lo que buscaba, sino que perderá la posibilidad de hacer nuevos intentos: si el halcón muere mientras intenta cazar el buitre, el cazador se quedará sin halcón, sin buitre y sin posibilidad de seguir cazando. Una moraleja sobre el sentido de la oportunidad que habría aprobado probablemente el ayo del Conde Lucanor, experto en estas cavilaciones sobre cómo y cuándo debe el poderoso hacer uso de su poder sin arriesgarse a perderlo.

Sin embargo, el propio Correas interpreta el refrán en el sentido que solemos darle (que vale más poco en la mano seguro, que mucho incierto), y ese es también, como hemos visto, el sentido que se le da en el Corbacho.

domingo, 5 de enero de 2014

Ciento Volando (I): el refrán


Quien hace un cesto, hace ciento. Ciento viene a ser en el refranero lo que mil y una en las noches orientales, o catorce en boca de Asterión. Si no cientos, somos muchos los que hemos vuelto sobre el refrán tradicional, desoyendo su advertencia para quedarnos con el pájaro innumerable en vuelo en vez del triste que canta en la jaula o se fríe en la sartén. Por si aportara alguna luz, creo que puede estar bien recorrer la historia del asunto. Comencemos por el refrán.

1. La fórmula Más vale pájaro en mano que ciento volando parece acuñada de una vez para siempre, pero en realidad es solo una realización entre varias de un refrán tradicional, que otras veces dice, por ejemplo, Más vale pájaro en la barriga que ciento en la liga, Más vale pájaro en mano que buitre volando, Más vale pájaro en mano que volando y Más vale un pájaro en la mano que dos volando.

2. Las variantes son instructivas en varios sentidos: para empezar, muestran que el sintagma ciento volando no es central al refrán, cuyo núcleo invariable podríamos intentar trazar recurriendo a las palabras que aparecen siempre, Más vale pájaro... que... , y tratando de reducir a un mínimo común denominador semántico las variables: Más vale (un) pájaro seguro que (otro, más de uno, muchos)  dudoso(s).

3. La antítesis entre el pájaro cierto y el dudoso, que da para una formulación expresiva y elegante del refrán (Más vale pájaro en mano que volando), tiende a adornarse enfatizando el tamaño del pájaro incierto o multiplicándolo. Es un movimiento curioso, concesivo, podríamos decir, pues la idea es que cuanto mayor sea el bien hipotético al que se renuncia, mayor importancia se reconoce a aquello que se prefiere: lo inmediato, lo presente. Un matemático lo expresaría mejor, pero permítanme el aproximamiento: si yo digo x vale más que y, cuanto más haga valer a y, más valdrá x.

El pájaro incierto se vuelve así dos, tres o ciento; o torna un pájaro enorme, que no cabe en la mano (el buitre). En una versión particularmente aventurera, ni siquiera es ya un pájaro: Más vale pájaro en mano que buey volando.

4. El maestro Agustín solía distinguir entre los refranes propiamente populares y aquellos otros (algo más de la mitad, decía) que se habían colado en la tradición oral, pero que provenían claramente de las clases dominantes (del enemigo,vaya). Este lo contaba entre los primeros, por su denuncia de lo futuro, lo hipotético, lo prometido: the pie in the sky, que decía el sindicalista Joe Hill, llegando por sus propios medios al mismo territorio metafórico que el refrán español. El pastel celeste, imagen del Paraíso venidero que prometen los predicadores desaprensivos, bien cebados ellos, a una masa de hambrientos cuyas tripas rugen aquí y ahora, viene a ser lo mismo que la bandeja de pájaros fritos o escabechados.

5. A pesar de todo (y a eso vamos, o iremos, en la siguiente entrega de la serie), el refrán se ha utilizado también para intentar desalentar a todos aquellos que sienten el vuelo de las posibilidades y no se resignan a apostar sobre seguro, haciendo lo que hace todo el mundo del mismo modo y a las mismas horas. Así que es normal que los que tenemos, mal que bien, la cabeza a pájaros, o al menos pájaros en la cabeza, nos hayamos revuelto contra el refrán, en el que no hemos visto (como quizá era el sentido original) un rechazo del futuro planificado, sino todo lo contrario: una afirmación del adocenamiento, de la forma establecida de hacer las cosas, como el único camino viable, y un rechazo burriciego y arrogante de las posibilidades sin límite.

Algo de esto reconocía el maestro, hablando con nosotros del tema, cuando tras afearnos la elección del nombre y reivindicar el refrán popular, se dejaba sonreír un instante y añadía: aunque no está mal del todo eso de dejar libres los pájaros, de devolverles la vida. En  nuestra defensa, podríamos haberle citado sus propios versos, que tan bien musicara Chicho Sánchez Ferlosio, en los que el pájaro atrapado se convierte en símbolo de todo aquello que vive anclado por sus propias fronteras:

De la jaula aletea y sangra
el pájaro desconocido;
salir quiere y no puede,
su jaula es él mismo.


[Y aún más cerca de impugnar el refrán, el lamento que aparece en una de las canciones de Baraja del rey don Pedro, a propósito de alguien, cualquiera de nosotros, que

Por tener lo que volaba,
llenó su jaula de pájaros muertos
.]