Otro que tuvo y retuvo —y acaso hasta mejoró: para mí que sus canciones le suenan mejor a él que al frívolo Daltrey.
La gestación de Pinball Wizard es curiosa: cuando tienen ya su opera-rock, Tommy, prácticamente concluida, invitan a Nik Cohn, periodista feroz y fan del grupo, a escuchar una primera versión del disco. Cohn les dice que será un gran logro y todo lo que quieran, pero que el rollo de Dios está más que pasado y en conjunto la obra resulta aburrida.
Mosqueado, Pete Townshend le dice que a lo mejor le interesaría más la historia si el protagonista, en vez de salir de su sordo-ceguera-mudez para convertirse en líder espiritual, invirtiera su talento en jugar al flipper. Cohn le responde que eso sí que sería interesante, y al poco Townshend le llama para escuchar Pinball Wizard.