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domingo, 20 de febrero de 2011

Vidas ejemplares


Mi amigo Enrique (desde aquí, una colleja) me ha aficionado a las autobiografías de rockeros más o menos infames. Me llegó hace poco la de Keith Richards y acabo de cerrar la de Lemmy Motörhead, White Line Fever. Es interesante sólo a ratos (las anécdotas sobre las giras y los mosqueos con las casas de discos acaban volviéndose tediosas), pero es imposible no cogerle cariño al personaje. Uno tenía la idea errónea de que cuando le echaron de Hawkwind, Lemmy echó por la borda la psicodelia y se convertió en un punk de pelo largo. Para nada. Con toda su colección de boberías del Tercer Reich, nuestro hombre sigue siendo un hippie que habría seguido toda la vida en Hawkwind si no le hubieran botado. Hay una buena colección de evocaciones nostálgicas de los 60. Esta es la última del libro (pág. 287) y las representa bien:

Estoy muy contento de haber vivido los sesenta. La gente que no los pasó no sabe lo que se ha perdido. Impulsamos cierta conciencia, una forma de vivir, y fue excitante —no había SIDA, la gente no se moría tanto por abusar de las drogas y fue de verdad una época de libertad y cambio. La única vez que he visto rebelión alguna ha sido en los 50, 60 y primeros 70. El resto os lo podéis quedar.

Pues eso.