Mostrando las entradas con la etiqueta Marroquíes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Marroquíes. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo maravilloso cotidiano: el caso de los ŷinn


Me está resultando utilísimo, además de muy grato, el intercambio de pareceres sobre El aula encantada. Me animo, pues, a ir subiendo el resto del estudio introductorio. Vamos con la segunda entrega.

*

Reyes sí, pero en los cuentos. Esta pintada callejera, de signo republicano, expresa bien la oposición entre dos mundos complementarios pero bien delimitados: por una parte, el mundo maravilloso de los cuentos infantiles y cierta literatura fantástica; por otro, el mundo real, donde no hay sitio para dragones o princesas encantadas.

Sin embargo, cada año, por Navidad, asistimos a una extraña confusión entre ambos, que afecta tanto al espacio como al tiempo: los Reyes Magos que llevaron sus regalos al niño Jesús hace ya dos milenios se vuelven ubicuos e intemporales, resucitan (si alguna vez estuvieron muertos) y se hacen presentes en la vida cotidiana de millones de niños.


Puede que esta confusión o confluencia del mundo real y el imaginario, plenamente ritualizada, limitada a una época muy especial del año y a un colectivo muy concreto (sólo los niños viven esta experiencia como plenamente real) sirva de hecho para reforzar la diferencia entre ambos: se libera a las criaturas sobrenaturales de su prisión, pero con condiciones férreas, con la seguridad de que no van a poner en peligro la visión general de lo que es o no real.

En la literatura culta, el llamado realismo mágico de García Márquez y otros autores (incluida, por ejemplo, la saga de Harry Potter, con su interacción entre magos y muggles) supone otra contaminación de ambos mundos, limitada en este caso a las páginas de un libro. Pero ha habido intentos más audaces: en los años 30, los surrealistas franceses, con André Breton a la cabeza, se lanzaron a las calles de París a la caza de ondinas y hadas de carne y hueso. Breton, en concreto, halló (o creyó hallar) a una de ellas, una muchacha desconcertante llamada Nadja. No es extraño que uno de sus libros se llame Magia cotidiana (y no habla de ilusionismo).

En el folklore esta convivencia de ambos planos no es excepción, sino regla. Es cierto que en Occidente estamos ya muy lejos del tiempo en que la gente veía (o creía ver) bandadas de brujas que atravesaban el cielo de poniente rumbo al sabbath; pero si echamos un vistazo al folklore urbano o contemporáneo veremos que nuestros adolescentes siguen hablando muy en serio de una muchacha llamada Verónica que se aparece a medianoche en los espejos, buscando en la ouija (¡comprada en el quiosco!) a espectros y demonios como quien mueve el dial de una radio, o temiendo (¿o deseando?) encontrar en la Red esa célebre página (Blind Maiden) que, como la isla de san Barandán, unas veces está y otras no, y que vuelve loco o mata a quien la contempla. (1)

En el mundo islámico, menos secularizado, los genios o ŷinn (en árabe, جني; equivalentes culturales de nuestras hadas y duendes o de las viejas ninfas y semidioses de la mitología griega) no se consideran una paparrucha infantil, sino una realidad sancionada por la religión (como veremos, el propio Mahoma trató con ŷinn, y el Corán certifica su existencia). (2) Se trata, en fin, de una experiencia diaria. Como escribe Sol Tarrés, encuentros con estos seres, posesiones, casas embrujadas o sucesos excepcionales que se les pueda atribuir son hechos que todo magrebí ha tenido muy de cerca, resultando muy frecuentes en la vivencia cotidiana (Tarrés Chamorro 1999: 128). (3)

Aunque llamativo, el caso de Sultan Bashiruddin Mahmood, un científico musulmán que propuso recientemente solicitar la ayuda de los ŷinn para solucionar la crisis energética ilustra (cierto que de forma extrema) la convivencia en un mismo espacio mental de la ciencia y la creencia milenaria en esas criaturas. (4)

Mientras usted lee estas líneas, otras personas, tan reales como usted, se consideran (o las consideran otros) poseídas por un ŷinn; otras temen pisar un charco por miedo a herir a un genio, cuya parentela podría venir a pedirle algo más que explicaciones. Los ŷinn, en definitiva, andan sueltos, si no por el mundo, por la mente de muchos de nuestros contemporáneos. Uno puede creer o no en ellos; pero la creencia en sí es un hecho que conviene conocer —y, tal vez, comprender. (5)

(1) Las condiciones de acceso a esta página web fantasmal recuerdan mucho las de la evocación de Verónica u otros espectros que habitan en los espejos. Así, en esta explicación en inglés un tanto bárbaro: Many people have (…) entered a website called Blind Maiden (…) Normally, if you want to access it, however much you try, your browser will not allow it because to do so must meet three conditions. Find yourself all alone, do it exactly at midnight on a day without moon and take off all the lights in the house. Then, only then, you will be allowed access.

(2) Los demonios y los genios no se consideran entelequias fantásticas en el mundo islámico antiguo, sino parte del entorno de la realidad normal. Justamente por ello, observa Gerhardt que «...lo sobrenatural en las Mil y una noches casi siempre es, curiosa y misteriosamente, abordable; parecería constituir parte misma de la vida cotidiana, no una invasión de lo extraño ni un atisbo de lo desconocido». Insiste Duncan B. Macdonald:«...la concepción de lo Invisible es mucho más inmediata y real para los pueblos orientales que para los occidentales […] lo sobrenatural está tan cerca que lo puede tocar en cualquier momento. (…) Lo sobrenatural, para ellos, es lo familiar —lo usual—» (López-Baralt 2004: 27-28).

(3) Según indica Sol Tarrés, el musulmán cree que los yines están por todas partes y nunca se está a salvo de ellos, por lo que se preciso tomar todo tipo de precauciones (Tarrés Chamorro 1999: 139). Estos seres viven en nuestras casas y comen y beben con nosotros (Sulaîman Al Ashqar 2003: 20). Para cada acto cotidiano que puede entrañar algún riesgo, como empezar a comer, partir de viaje, topar con un animal impuro o acudir al cuarto de baño, la tradición provee al creyente de una du'a, una pequeña oración que conjura el peligro (Tarrés Chamorro 1999: 139-140).

(4) Overbye y Glantz 2001. Compárese el testimonio de Mohamed, un inmigrante sevillano procedente de Beni Said: El mundo de los genios es muy avanzado, tiene de todo. Les gusta trabajar, investigar, han descubierto muchas cosas (Tarrés Chamorro 1999: 133). Según algunos sabios islámicos, puede que los genios hayan descubierto tecnologías avanzadas como la radio y las telecomunicaciones con imágenes hace ya mucho tiempo (Sulaîman Al Ashqar 2003: 61). Según el mismo autor, los extraterrestres de los que hablan los occidentales no son sino los genios que residen en esta nuestra tierra. (…) Los genios utilizan, en sus esquemas, lo que resulta llamativo durante cada época histórica, y en nuestros días, es el progreso científico (ibidem 206-207).

(5) La profesora de la Universidad de Sevilla Sol Tarrés Chamorro ha analizado el caso particular de la creencia en genios en las comunidades españolas de inmigrantes magrebíes en dos artículos de gran utilidad: Tarrés Chamorro 1999 y 2000. A lo largo de estas páginas los citaremos con frecuencia.

viernes, 14 de mayo de 2010

Allí desde aquí


Sigo trabajando en El aula encantada, un libro que recogerá varios textos de alumnos marroquíes de mi instituto sobre genios y otras creencias populares. Si todo va bien, a finales de mayo tendremos ya el libro maquetado, con un estudio introductorio (que ya he escrito), los textos anotados e ilustraciones hechas por los propios alumnos.

Escribí el prólogo (Por qué recopilar tradiciones marroquíes en un instituto español) al comienzo del proyecto, y después he pensado en limar algún punto que pudiera resultar políticamente incorrecto, pero al final lo he dejado tal cual, o casi. Lo traigo aquí a ver qué os parece.

*

Como todos los que damos clase sabemos, la presencia de inmigrantes magrebíes en nuestras aulas supone un reto. Muchos alumnos tienen un nivel insuficiente de español, por lo que les cuesta mucho seguir las clases. A veces (y éste es un problema que afecta a muchos alumnos, no sólo inmigrantes) la pobreza y falta de perspectivas de su entorno inmediato (familia, amigos) y su experiencia escolar negativa los han marcado de tal modo que se consideran de antemano incapaces de realizar ningún progreso significativo. No es extraño, entonces, que busquen afirmarse de manera errónea, adoptando los roles estereotipados del gracioso o el camorrista y fingiendo que el fracaso escolar es algo que no les afecta, o incluso algo de lo que cabe estar orgulloso (siete suspensos, siete chupitos). Tampoco es tan raro como quisiéramos que, frente a los valores democráticos que intentamos inculcarles, algunos se aferren a los prejuicios que creen propios de su tradición: machismo, fanatismo religioso y político (demasiados chavales marroquíes, por ejemplo, creen, como los nazis, que el único judío bueno es el judío muerto; consideración que puede extenderse a los independentistas saharauis).

Al mismo tiempo, la diversidad étnica supone una innegable riqueza cultural. Si bien los profesores tenemos el deber de familiarizar a nuestros alumnos con los contenidos de la civilización occidental, europea, conviene no olvidar que ellos también saben muchas cosas que nosotros ignoramos. Una parte importante de ese conocimiento corresponde a lo que llamamos folklore, es decir, sabiduría popular, conocimiento trasmitido por tradición oral.

Convertir a los alumnos en recopiladores e informantes sobre su propia tradición, como llevamos haciendo desde hace años en La Memoria Sumergida, tiene por ello un valor doblemente beneficioso. Por una parte, cambia el chip del alumno inmigrante, que deja de verse sólo como un receptor (a veces no todo lo hábil que quisiera o quisiéramos) de lo que le hacemos leer y memorizar y adopta un rol activo: él también tiene cosas importantes que contarnos, una tradición de la que puede sentirse legítimamente orgulloso.

Esta mejora de la autoestima favorece también un desarrollo de la autocrítica: luchando por expresar correctamente lo que quiere contarnos, el alumno se hace consciente de sus limitaciones y tiene un aliciente óptimo para ir venciéndolas. Más aún, al objetivar sus creencias y referencias (por ejemplo, refranes e historias que contienen modelos de conducta y promueven valores) establece por primera vez un distanciamiento de las mismas, en principio metodológico (al poner por escrito lo oral, en una lengua que en muchos casos no es la materna y en un contexto escolar —y, en la medida en que acertemos a ser estrictos en nuestra propia metodología como folkloristas, también científico), pero que puede volverse, a poco que los animemos a ello, saludablemente crítico. Es importante no sólo conocer la propia tradición, sino también colocarla en un contexto comparativo (descubrir que muchas cosas castizas, propias, se conocen también en muchos otros lugares; que también están, por ejemplo, en pueblos o culturas que ellos sienten como lejanos en el tiempo o el espacio e incluso 'enemigos'; vuelvo a pensar en el mal llamado antisemitismo —más bien judeofobia— de muchos de nuestros jóvenes marroquíes).

martes, 13 de abril de 2010

El aula encantada


No todos mis alumnos marroquíes creen en genios, pero casi. Los pocos escépticos que encuentro se consideran, no obstante, musulmanes (ignoran, quizá, que la creencia en cuestión es parte del dogma de su religión). Trato de llevar la cuestión al límite: ¿creen de veras que hay por ahí genios de la misma manera que hay gatos, y que uno puede, como narra uno de los cuentos que me contaban estos días, herir sin querer de muerte a uno de ellos al pasar sobre un charco? ¿Realmente conocen 'casos reales' de parientes o conocidos que han sido poseídos por genios y hayan tenido que pasar por un exorcismo?

La respuesta a estas preguntas es un sí sin fisuras, sincero. Pienso entonces en el abismo que para bien y mal nos separa. Un mundo donde ciertas puertas siguen abiertas no es el nuestro, aunque tenga territorios comunes. Cuánto más parecido a aquél de Tales: todo está lleno de dioses. También el aula en que los evocamos.