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lunes, 4 de agosto de 2014

Migas de luz


Hay canciones, o tipos de canciones, que uno está haciendo y rehaciendo siempre. Esta es una de ellas: la pieza es nueva, pero vuelve sobre ideas que me gustan mucho: jugar con el ritmo ternario propio del vals (sin recordar en absoluto a Strauss), construir en tono menor en clave traviesa (en vez de tristona) y traer a la canción pop algunas sonoridades modales, folkies e impresionistas. Una cara B, hecha con mucho cariño, con sus partes de flauta, violín y trompa. Así suena en versión virtual.


domingo, 2 de febrero de 2014

Días lúdricos y geniales


Creo que no es muy frecuente escuchar contrapunto en piezas de música modal. Por consejo del maestro Aníbal (al que no sabría decir cuánto le debo ya; y eso que pago puntualmente mis mensualidades), he intentado explorar esa vía en esta pieza, que fluye por el que quizá sea el modo 'exótico' más frecuentado hoy, el dórico. El oyente curioso lo reconocerá dondequiera que aparezca, lo mismo en Thriller que en Scarborough Fair, por el sonido arcaizante de su sexta mayor (la nota si, si tocamos en re menor dórico); pruebe a tocar las teclas blancas del piano de un re a otro re y ahí lo tiene, intacto y dispuesto a todo.

La pieza está pensada para una flauta y un clarinete; o esos mismos instrumentos pasados por la mente lúcida de un melotrón.

(El título lo he tomado de una obra curiosa, no muy conocida, de Rodrígo Caro. En este libro, pionero de los estudios de folklore, recoge Caro los juegos infantiles que conoció de niño, a finales del siglo XVI. Hay algo en la sonoridad del modo dórico que remite a las fuentes de la infancia.)





sábado, 18 de enero de 2014

Tiento en modo frigio



Cuando se lanzan a improvisar o a componer, los pasos de muchos músicos les llevan de manera más o menos automática a la escala pentatónica y los doce compases del blues; a mí, en la misma situación, tienden a insinuárseme los contornos de alguno de los modos de la música antigua. Este tiento lleva el nombre (y la sonoridad) del modo frigio, ese cuya sonoridad nos remite en primer lugar al flamenco, pero que en realidad es anterior y exterior al cante jondo, y se da en muchas músicas tradicionales de Europa.

martes, 31 de diciembre de 2013

¡Qué tiempo el tiempo!


Los caminos del amor son sabios. Luli, Dani y yo tuvimos, durante mucho tiempo, un grupo (Ciento Volando). Luego, en los últimos años, mientras en Navalmoral crecía uno (La Bossa y la Vida), en la Sierra de Madrid la vena folkie de mi amigo Daniel creaba varios (entre ellos, los magníficos Altresbolillo).

Ahora nos reúne de nuevo el cancionero de Agustín García Calvo, y de repente, con Fátima y Juanfran de nuestra parte, somos La Bossa Volando o Cientobolillo, con influencias de todos los caminos tomados y una gran curiosidad por las posibilidades de un repertorio tan amplio como abierto. El día 11 de enero (si los dioses no se oponen demasiado) estaremos a las 20:30 en el Rincón del Arte Nuevo de Madrid para celebrar las canciones de Agustín García Calvo. Nos acompañarán Isabel Escudero, compañera de tantos años del maestro, y Virginia. Y sonarán, entre otras piezas, estos dos minutos, mis favoritos de nuestro último ensayo:


sábado, 23 de noviembre de 2013

Quisicosa modal


Ya lo he contado alguna vez: salvo error u omisión, soy la única persona que conozco que disfruta con las clases de solfeo. Salgo de ellas con los ritmos nuevos dando vueltas en la cabeza, y no es raro que de ello acabe saliendo alguna melodía. Hoy hemos estado viendo los dosillos y cuatrillos en compases ternarios. Y, en verdad, alguno que otro hay en esta pieza modal minimalista...

sábado, 19 de octubre de 2013

Penúltimos pensamientos


Regalo de esta tarde. Otra canción —que, en lo que encuentra su voz, suena así en versión instrumental. (Corregida un poco más tarde.)


Y así en versión cantada (ya saben Vds: harto rudimentaria, etc.)


La tarde se me fue en poner en orden 
algunas cosas que olvidé apuntar; 
guardar en un impasse mis pensamientos 
prohibiéndoles volver donde ahora van.
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad. 

La tarde se nos fue en montar canciones, 
conjuros para obviar la soledad; 
maneras de sentirnos diferentes, 
mirar al fondo sin mirar atrás. 
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Ramas del corazón



A veces, nada más despertarme, en vez de recordar un sueño, acude a mí una melodía, o unos versos. Hoy he tenido el tiempo justo de tomar la grabadora y grabar la tonada somnolienta antes de partir para el instituto. Luego, a lo largo del día, le han ido brotando ramas, respuestas, arpegios. En lo que crece la letra, así suena la versión instrumental.




Como siempre hay quien me dice que prefiere las versiones cantadas (aunque lo sean por mí) a las instrumentales, actualizo con una que acabo de hacer, especialmente nocturna y tentativa.  (He cambiado también la versión instrumental: no me gustaba el ritmo tan acelerado que tenía ni la percusión jazzera. Y le ha crecido una introducción que la hace sonar aún más modal. Si cabe.)


domingo, 1 de septiembre de 2013

Mapas de lugares inventados


Cerramos las vacaciones de verano de este año con un concierto de La Bossa y la Vida en Peraleda de la Mata, en la noche del 30 al 31 de agosto. Gracias a todos los que asististeis o hubierais querido hacerlo. Esta es una de las canciones que sonó esa noche, y, para los que gusten de esas cosas, estas son algunas curiosidades sobre ella.


Songfacts
  1. Desde que Tolkien dibujó el de la Tierra Media, el mapa del continente fantástico, tan detallado como sea posible (pero siempre con cierta estética de cartógrafo naïf, antañón), es un componente esencial de todo ciclo de fantasía épica que se precie.
  2. La armonía de la canción es circular: se aleja por grados conjuntos de La menor (primero hasta Fa y luego hasta Re menor) y luego vuelve sobre esos mismos pasos. En la forma sencilla (La menor - Sol - Fa - Sol - La menor), es la secuencia de All along the watchtower, Abre la puerta, niña y el final del Stairway to Heaven, entre otras.
  3. La canción surgió en un paseo matutino, dándole vueltas al compás de 5/4, formado en este caso por un compás de 3 tiempos y otro de 2. En la música pop no es un compás muy habitual, pero sí en el folklore: como me indicó el hermano de nuestro percusionista Miguel, si se acelera convenientemente se convierte en 5/8, el ritmo del merengue venezolano.
  4. La melodía es modal: la escala eolia de la menor, sin ninguna alteración, tiene un sonido arcaico, muy dulce, que también aparece en El príncipe de Bekelaer. El ejemplo más hermoso que conozco de la sonoridad de este modo son las estrofas de Islands, de King Crimson.
  5. La trompa o corno francés que toca aquí José Maestro es un instrumento de sonoridad muy peculiar: terrenal y onírico al mismo tiempo. Aunque está asociado a la música clásica, los Beatles lo usaron en una de sus mejores baladas, For No One. También se ha utilizado con tino en composiciones de jazz.
  6. Lo que me cura me hace daño le da la vuelta a la homeopatía (según la cual lo que produce un daño contribuye, si se administra en dosis infinitesimal, a prevenirlo o curarlo) y se queda peligrosamente cerca del refrán: Quien bien te quiere, te hará llorar.  No está claro en la canción si el dolor avisa de que la supuesta terapia es un fiasco (lo que supuestamente me cura en realidad me daña) o da fe de que el fármaco utilizado, vaya a curarnos o no, al menos potente es un rato (ya veremos si me cura; de momento, hay que ver cómo escuece).
  7. Que te tengo que contar: I want to tell you, cantaba George Harrison; Quiero contarte, niña, arrancaba Jesús de la Rosa.
  8. Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa, escribió Antonio Machado. La canción habla acerca de eso: la ficción hace que tome forma (a veces muy detallada) algo que hasta entonces no había, sea una canción o una novela-río —pero su verdad última no reside tanto en lo verosímil del invento, sino en el estado de ánimo del que brota la invención y al que remite: el dolor, en este caso, de un desencuentro.
  9. Vidas de pintores dibujados: Marcel Shwob escribió Vidas imaginarias (1896); William Beckford,  unas Memorias biográficas de pintores extraordinarios (1780) igualmente apócrifas. Borges, que conocía bien estos precedentes, hizo de la glosa de la obra de un autor imaginario uno de sus géneros favoritos. La idea del pintor que se dibuja a sí mismo remite al famoso dibujo de Escher.

sábado, 20 de abril de 2013

Tema de flauta

No sé qué influye más para que a uno no paren de ocurrírsele melodías: si estos primeros días de sol y viento o el tener que corregir una tonelada de exámenes. Que siguen esperando su turno.

sábado, 16 de marzo de 2013

Courante

 

Seguimos el maestro Aníbal y yo con la discreta locura de hacer una Suite de danzas al modo barroco. Tras la Allemande, le toca al turno a la Courante, que contrasta con la Allemande en varios sentidos: tiene ritmo ternario en vez de binario y un tempo mucho más vivaz. Me sugirió el maestro que esta vez integrara en la danza algún elemento impresionista —así que la segunda sección de la danza está en modo lidio, uno de los favoritos según creo de Debussy, y desde luego uno de los míos. El registro del melotrón virtual me recuerda algún pasaje de los Cuadros de una exposición de Mussorgsky pasados por Emerson, Lake & Palmer. ¡Hermosos recuerdos!

martes, 15 de enero de 2013

Con los piquitos

Pues... sí, todavía otra canción más, para mi asombro, de la serie que me persigue estos días. Esta exige un cantante de lo más silviático, rico en matices y firme en agudos; pero, en lo que aparece, como siempre me ha tocado a mí dar el pego. Para los curiosos de esas cosas (que lo notarán sin que yo lo diga), la mayor parte de la melodía está en el viejo modo frigio, que ya se me había insinuado en otra ocasión (en la venerable, si no decrépita, Lady Aurora). En total hay cinco acordes —y ninguno es mayor.



XVI

Con los piquitos
las golondrinas de ayer
repican, amor,
a los cristales de tu ventana:
ábreles, ¿no?

Porque te dicen que ya no llueve,
que ya pica el sol,
que puedes ya salir a la calle
sin capa, sin medias,
sin condición,
y ¿por qué no?

¿Qué haces ahí tras esos cristales
tan pálida, amor?
¿No sales? ¿No la dejas en lágrimas
fundirse Ia escarcha
del corazón?
Y ¿por qué no?

¿Quién te retiene ahí con hechizos,
tan clara prisión?
¿No sabes? ¿No? ¿Ni con la cabeza
me dices siquiera
si sí o no?
Y ¿por qué no?

¿No oyes las golondrinas de antaño
que el frío mató
treinta años hace? ¿Las oyes, tantas
que tañen al alba
por tu balcón?
Y ¿por qué no?

Aunque tú estés
del lado de allá del cristal,
escucha, amor,
cómo repican en tus oídos:
ábreles, ¿no?


1984 para 1958

jueves, 16 de febrero de 2012

Mapas de lugares inventados (cantada)


Pues eso: así viene a sonar una maqueta muy provisional de la canción, con su letra y esas cosas. Son cuatro acordes, pero quedan bastante apañados.

martes, 7 de febrero de 2012

Mapas de lugares inventados

Un pequeño experimento sonoro, que va alternando compases ternarios y binarios. Canta el metal sobre una base de clavicordio. La armonía, muy simple, va de la menor a fa pasando por sol y viceversa.

*

Edito la pieza. Resulta que guardaba bastantes cosas dentro. Así suena, una vez expandida, para guitarra y flauta travesera:



sábado, 17 de diciembre de 2011

En el cielo de la roca


Cosecha de hoy: un pequeño vals en modo lidio (que, tras cierta peripecia, se resuelve en el modo mayor convencional).


lunes, 3 de octubre de 2011

Dos piezas beatlémanas


Los Beatles han escuchado mucho a Ciento Volando, dijo una vez mi amigo Francis. Nunca más evidente que en estas dos piezas instrumentales: la primera una canción pop modal, una suerte de preludio a Ticket to Ride, cuya letra nunca prosperó; y la segunda una jiga bastante extraña que me he encontrado tocando anoche en un sueño, en modo mixolidio y con timbres y acentos de la música hindú (o de los Beatles haciendo algo parecido a la música hindú) y medieval. Con ésta van dos composiciones (la otra fue A muerte) importadas del reino de la noche: no son unicornios ni dinosaurios, pero como pruebas de la verdad onírica no están nada mal.





domingo, 2 de octubre de 2011

Rosa del amor probable


Del amor cobarde, decía la canción original; pero si he vuelto sobre ella es, precisamente, para atreverme a darle fin —después de años sufriendo, en cualquier momento en que hallaba vía libre, sus insinuaciones. El mayor obstáculo era la letra, que comenzaba como un oración sui generis: Rosa del amor cobarde, / nunca retorne tu mal... Renunciando a las palabras, he podido tirar del hilo puramente musical hasta donde daba de sí; que ha resultado no ser poco.

Dicen que a los músicos españoles siempre se nos acaban notando las raíces. En este caso no hay que escarbar mucho: el diálogo de la flauta y el oboe casi al final de la canción es un paseo por el modo frigio, entraña de nuestra música popular: no exactamente flamenco, sino del solar donde el flamenco, entre otras músicas, pudo nacer. Bajo los vientos, fluyen en 6/8 un harpa y un cello, habituales ya de la Orquesta Encantada.



Y al melotrónico modo:


jueves, 8 de septiembre de 2011

Instrumental (quirúrgico)


Flor de septiembre.
Embarca la tortuga;
salta la liebre.

*



(La segunda versión va dedicada al caballero Gharlhahath.)

sábado, 16 de julio de 2011

Marcha mixolidia


La última pieza de esta semana febril es este juguete, una pequeña fanfarria modal. Está en modo mixolidio (como la escala que obtienes trabajando de sol a sol por las teclas blancas de un piano). Tiene un aire a música medieval, pero el bajo obstinado recuerda también a los secuenciadores de la música planeadora de los 70. Una combinación bastante natural: igual que lo exótico es una categoría inventada desde y para lo próximo, lo medieval es una elección (un ilustre extravío) de la modernidad.




viernes, 15 de abril de 2011

Canción del cerdo de Giulia


Otro instrumental melotrónico. Tenía desde hace tiempo la idea de construir una pieza sin acordes (o con éstos implícitos). Las trufas son, este caso, blue notes: bluseras y mixolidias.

domingo, 10 de abril de 2011

Lady Aurora


Asocio la música modal a mi amigo Alfonso, que nunca acaba de irse. No sabría decir si él me descubrió esas viejas escalas medievales, los modos, si me enseñó a utilizarlos o simplemente me retó a intentarlo. El caso es que sigo ensayándolos. Entre los que más me gustan está el modo frigio, al que a veces se alude, simplificando mucho, como el modo flamenco. En realidad, no tiene por qué sonar flamenco, ni siquiera andaluz. Tocado de otra forma, tiene una sonoridad arcaica solemne, muy especial, que a mí me sugiere esa quiet desperation de la que hablaban Pink Floyd.

Huella de Pink Floyd (de Hey you, concretamente) hay bastante en esta canción, cosecha del 92, más o menos. Al orquestar ahora la versión instrumental me las he visto y deseado para establecer la medida: rebosa síncopas por todas partes, y calculo que aún faltarán (o fallarán) unas cuantas. Parte de la melodía (el solo que empieza en 1:37) no es mía: la improvisó otro amigo, Juan Carlos, a la guitarra eléctrica, y así se ha quedado en mi memoria. Espero encontrar en algún momento la grabación que hicimos entonces y poder subirla.

Es canción de personaje, como El príncipe de Beukelaer o Don Zana, aunque en este caso se trata de una criatura menos popular: una dama echada a perder que vive en un ático, jugando con sus muñecas. Por si la necesito, diré en mi defensa que era la época de Embrujada, de Tino Casal; y de Lady Halcón. Hubo quien entendió que se refería a la aurora personificada, pero (a falta de poder preguntárselo al Alejandro de entonces) no creo que llegue la cosa a tanto, aunque la letra juguetea con ese equívoco:

Rápida la mañana se ha caído en un balcón
y una falda destrozada que acaricia dulce el sol.
Ella es Lady Aurora, está tan sola esta vez,
sólo un poco de espuma a sus pies.

En busca de algún amante mira hacia su habitación
y una vieja muñeca le sonríe en un rincón.
Recuerdos de algún amigo que se fue sin avisar
y ella no va a ponerse a llorar.

Ella es Lady Aurora, está tan sola otra vez,
a veces parece que va a enloquecer.

Llaman a la puerta y Lady Aurora no va a abrir:
sabe que la suerte tardará mucho en venir.
Quizá sea la portera, hoy debe ser dos de abril.
Será mejor encerrarse, ella no sabe mentir...

Rápida la noche se ha caído en un balcón
y en su falda destrozada se ha ocultado muerto el sol.
Ella es Lady Aurora, está tan bella esta vez.
Y la soledad está a sus pies.