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domingo, 13 de septiembre de 2015

Menos Ítacas, Caperucita



Me parece mal que se evalúe la obra de un artista en función de sus opiniones políticas. Y peor aún cuando se reevalúa: o sea, se alaba a quien antes se denostó (pongamos, Isabel Coixet) o se degrada a quien antes se adoraba, simplemente porque ha dicho algo que nos gusta o enoja.

Sucede que a mí nunca me ha gustado Llach. En los años salvajes anteriores a Internet, oí hablar mucho de su Viatge a Ítaca y soñé con él: un disco de rock sinfónico (mi género favorito) sobre un poema magnífico de Cavafis. ¿Qué podía fallar?

Cuando lo escuché, mi decepción fue mayúscula. No solo la melodía principal recordaba, en vez de a Genesis o a Pink Floyd, al 'Vienen con alegría, Señor', sino que a la traducción parcial de Cavafis Llach le había añadido una segunda y tercera partes que revelaban su incomprensión absoluta del texto original. 

Bon viatge per als guerrers / que al seu poble són fidels: ¿qué tiene que ver esta patriotería belicosa con la historia de un héroe que deja atrás la guerra, con la historia de un superviviente que solo anhela reunirse en paz con su mujer y su hijo? Y que no llega a su isla en un barco lleno de guerreros, sino solo, después de haberlo perdido todo y de darse cuenta de que todo le sobraba, de que no lo necesita para lo que aún tiene que hacer. Hacer de la Ítaca de Cavafis una imagen de la Tierra Prometida es, en suma, no haber entendido nada de ninguna de las dos.