Si los Brincos fueron nuestros Beatles, a Juan Pardo le toca el disfraz de McCartney. A los que nos criamos con las monstruosidades que publicó en los ochenta (¡Bravo por la música!), sólo comparables con las de Miguel Bosé, nos tomará algún tiempo recuperarnos para poder apreciar algunas de las baladas que compuso al principio de su carrera. Pero merece la pena. A dos niñas, con Junior, es una suerte de Nights in white satin minimalista. Sol en julio, de los Brincos (que no sé si es de Pardo; quizá sea de la segunda formación del grupo, después de que él y Arbex partieran peras), huele a Here, there and everywhere —y eso es mucho decir.
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viernes, 19 de marzo de 2010
Paul McPardo
Si los Brincos fueron nuestros Beatles, a Juan Pardo le toca el disfraz de McCartney. A los que nos criamos con las monstruosidades que publicó en los ochenta (¡Bravo por la música!), sólo comparables con las de Miguel Bosé, nos tomará algún tiempo recuperarnos para poder apreciar algunas de las baladas que compuso al principio de su carrera. Pero merece la pena. A dos niñas, con Junior, es una suerte de Nights in white satin minimalista. Sol en julio, de los Brincos (que no sé si es de Pardo; quizá sea de la segunda formación del grupo, después de que él y Arbex partieran peras), huele a Here, there and everywhere —y eso es mucho decir.
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jueves, 8 de febrero de 2007
La fuente (Los Brincos)
Las rarezas de los grupos son casi siempre obras menores. No es el caso. Esta preciosa historia sobrenatural es la cara B del single dicharachero Oh mamá, de 1969. Se diría que Los Brincos habían estado leyendo el mito de Hilas, o alguna de las leyendas de xanas recogidas por Constantino Cabal. La letra puede pecar de naif y el arreglo de ambicioso, pero la canción se sostiene y te lleva a su terreno sin esfuerzo. Memorable versión, con clavicordio y sin coros verbeneros, de Los Brujos en el Homenaje a los Brincos.
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