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sábado, 11 de julio de 2009

Rumbo a Ciudad


Una pieza de época. Del ciclo de Ciudad, un invento de Daniel que incluía cómic, cuentos y canciones, encontré ayer este fragmento que presenta a uno de sus personajes, Joe Cast.
*

A la luz de este árbol que era leña, cien metros aproximadamente en la dirección que señalaba mi nariz, descubrí unos faros que me miraban. Los faros estaban engarzados en un autobús. El autobús me guiñó los faros. Corrí hacia allí.

—Vamos, avive, hombre, que llega usted tarde —me recibió el jefe de estación con gorra e impermeable—. Venga, tire para arriba, que nos vamos.

—Escuche usted, ese árbol, que se va a quemar todo el parque...

—Con lo que llueve... Venga tire, tire para adentro que nos vamos.

—Pero, ¿y la música?, ¿y el humo blanco?

—Déjese usted de músicas que nos vamos ya.

Cerraron las puertas.

—¡Mi equipaje, mi equipaje!

—Déjese usted de equipajes.

Discutir no sirvió de nada porque, en efecto, nos íbamos sin remisión a Ciudad en un autobús incómodo y acogedor, con asientos de madera.

Me tocó viajar junto a un señor que andaría por los cincuenta, con gabardina y sombrero de gángster.

—¡Habráse visto con las prisas! ¿Dónde vamos que no se puede esperar a que uno encuentre el equipaje? Dos maletas recién estrenadas con dos trajes recién comprados. Total por dos minutos o tres de nada. En tres minutos estaba yo de vuelta aquí con mis maletas, tan ricamente. Pero no, de aquí salimos perdiendo el culo y dando por el culo a mi equipaje. Como se les queme el parque...

—Yo tampoco llevo equipaje.

—¿Que usted qué?

—No llevo equipaje.

—Bueno, algo sí llevará, una bolsa o algún bulto.

—En absoluto. No llevo nada.

—¡Ah... En fin... ¿Y cómo ha dicho usted que se llamaba?

El viajero me observó unos instantes con sus ojos de rata, como estudiando si procediera dar respuesta a mi pregunta. Después habló con una voz pausada y terminante que daba por concluida la conversación:

—Mi nombre es Joe. Joe Cast.

Y su mirada se perdió entre las sombras de detrás de la ventanilla.


martes, 12 de febrero de 2008

Joe Cast


Ésta es la historia del viejo,
del viejo Joe Cast,
el hombre que viajó
desde el infierno
hasta su amada,
con quien soñaba el viejo Joe.

Joe Cast
deja atrás
su vida pasada,
que como las sombras
se empieza a borrar.
¡Pobre Joe Cast!

En las tierras de occidente
vino a encontrar
la puerta de la Ciudad de Cristal,
el rastro de unos naipes al andar,
la senda que nos lleva hasta el final
(si es que hay final).

Joe Cast
deja atrás
su vida pasada,
que como las sombras
se empieza a borrar.
¡Pobre Joe Cast!

¡Quién sabe lo que busca Joe Cast!
¿Quién puede comprender en las cartas
al azar?
¡Quién sabe lo que busca Joe Cast!
¿Quién va a luchar por los sueños
olvidados,
condenados
a vagar?

Pobre Joe Cast.
¡Pobre Joe Cast!



[Otra canción cientovolandera de los primeros 90. Joe Cast era el personaje de un cuento (o una serie de cuentos) de Daniel. De lo que entonces nos leyó, sólo recuerdo una escena, que se diría precursora de Harry Potter. El protagonista acude al Parque Sur, de noche, y en una plazuela encuentra un misterioso autobús nocturno, que está a punto de partir sin él, pero accede en el último momento a llevarle. Aunque Daniel no es fan de Pink Floyd (lo suyo va de Gwendal a Radio Tarifa, con parada en los Piratas), siempre he encontrado una similitud entre sus canciones de esa época y las de Syd Barrett: unas y otras fluyen con desparpajo por distintos tonos y modos, con una naturalidad que desafía las rutinas musicales.]



[Hallada. He aquí la escena.]