Mostrando las entradas con la etiqueta Incredible String Band. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Incredible String Band. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de marzo de 2014

La hermosa hija del verdugo


The Hangman's Beautiful Daughter es el tercero, y para muchos mejor, álbum de la Incredible String Band, el grupo de Mike Heron y Robin Williamson que exploró en los años 60 lo que hoy llamamos (según los casos) word music o weyrd folk, mezclando en sus canciones el folk celta y anglosajón con el blues, las ragas hindúes y cualquier otra música concebible.

Sobre el título de esta obra maestra no hay, creo, otra explicación que estas palabras de Mike Heron:

The hangman is death and the beautiful daughter is what comes after. Or you might say that the hangman is the past twenty years of our life and the beautiful daughter is now, what we are able to do after all these years. Or you can make up your own meaning - your interpretation is probably just as good as ours.
 
O no la había. Sucede que acabo de encontrar por casualidad el origen del título —o bien un sincronismo tan potente que hasta el mismo Jung se habría sentido turbado por su improbabilidad. Estaba leyendo las Memorias de Heinrich Heine cuando topé con un pasaje en el que cuenta sus amores con la pelirroja Sefchen, una bella muchacha que vive con la Gochina, su abuela, una consumada bruja. Así describe Heine a su chica:

Pero a decir verdad, no era la brujería lo que me hacía ir de vez en cuando a la casa de la Gochina. Mantuve el contacto con ella, y lo redoblé con creces a la edad de unos dieciséis años, atraído por un embrujo más fuerte que todos sus filtros con sus fabulosos nombres en latín. Tenía una sobrina que apenas habría cumplido también los dieciséis años, aunque parecía mucho mayor, pues había crecido mucho de repente, adquiriendo una figura esbelta. Tenía ese talle estrecho que encontramos entre las mestizas de las Indias occidentales, y como no llevaba ni corsé ni una docena de enaguas, su vestido estrecho y ajustado parecía la vestidura húmeda de una estatua. Pero ninguna estatua de mármol podía competir con ella en belleza, puesto que era la vida misma y cada movimiento de su cuerpo revelaba todo su ritmo interno, sí, hasta me atrevería a decir que expresaba la música de su alma. Ninguna de las hijas de Níobe tuvo un rostro tan bello y perfecto; la tez del mismo, como todo el color de su piel, era de un blanco cambiante. Sus grandes ojazos oscuros daban la impresión de haber planteado un enigma y encontrarse tranquilamente a la expectativa de su solución, mientras que la boca, con sus labios finos y abultados y sus dientes blanquísimos, parecía decir: «Eres demasiado tonto y buscarás la solución inútilmente.»

Sus cabellos eran rojos, de un rojo intenso como la sangre, y le caían en largos rizos hasta los hombros, de tal suerte que se los podía anudar debajo de la mandibula. Entonces parecía como si le hubiesen cortado la cabeza y la sangre manase a borbotones de ella. La voz de Josepha, o de la roja Sefchen, como era llamada la hermosa sobrina de la Gocherina, no tenía un timbre especialmente agradable, y a veces parecía como si lo hubiese perdido del todo; pero de repente, cuando se apasionaba, emitía una voz muy metálica, que me impresionaba muchísimo, pues su voz tenía entonces gran semejanza con la mía. Cuando hablaba, me asustaba a veces y creia estar escuchándome a mí mismo; también su manera de cantar me recordaba sueños en los que me oía cantar a mí mismo de igual modo.


Sabía muchas viejas canciones populares, y es posible que me despertase el gusto por ellas, así como es cierto que ejerció una gran influencia en aquel poeta incipiente. Pues las primeras poesías que escribí poco después, más bien imágenes oníricas, se caracterizaban por un colorido cruel, semejante a la relación qua había entre aquella figura rebosante de salud y la sombra que proyectaba sobre mi vida y pensamiento juveniles.


Un poco después, narra Heine un recuerdo infantil de la roja Sefchen: a los ocho años, vivía con su abuelo, verdugo en Westfalia. Un hermoso día otoñal acude a visitar al abuelo un curioso grupo de personas: son los verdugos más viejos del país, que llevaban años sin verse. Durante la noche, la niña asiste escondida a un ritual misterioso, que culmina con el enterramiento de algo (¿un niño? ¿un tesoro?) bajo un árbol. Años después, Sefchen le cuenta la historia a su tía la bruja y esta soluciona el enigma: se trata de la espada con la que el verdugo ejerce con su oficio, que cuando acumula cien muertes debe enterrarse, pues ha acumulado tanta crueldad y sufrimiento que puede enloquecer a su dueño. Como aquellos cuchillos del romance Lorca, que tiritan bajo el polvo, las espadas de justicia que han bebido tanta sangre no se resignan a permanecer inactivas, y a veces quien las posee se encuentra hundiéndolas en la carne de sus familiares o amigos.

Añade la hechicera que con una espada así se pueden hacer poderosas brujerías. Y, en efecto, esa misma noche acude al árbol y la rescata. El arma acaba en el cuarto de los trastos, con otros objetos mágicos. Una tarde, Heine visita a la pelirroja y le pide que se la enseñe. Ojo a la frase que cierra el párrafo:

En cierta ocasión en que no se encontraba la tía en casa le pedí a Sefchen que me enseñara aquella curiosidad. No se hizo de rogar, se fue al cuarto y regresó inmediatamente con una espada gigantesca, que blandía violentamente pese a la debilidad de sus brazos, mientras cantaba, amenazándome picaronamente, las palabras:

¿Quieres besar la blanca espada
que Dios, en su bondad, nos depara?

Respondí a ello en el mismo tono de voz:


No quiero besar la blanca espada;
¡quiero besar a la Setchen roja!

Y como no podía defenderse, por miedo a herirme con el acero fatal, tuvo que permitir que la cogiese apasionadamente por la cintura y Ia besase en la boca. Y es así que pese a la espada de la justicia con la que habían sido decapitados cien pobres pícaros y pese a la infamia que caía sobre todo aquel que rozase tan sólo a aquella estirpe maldita, besé a la hermosa hija del verdugo.



viernes, 12 de marzo de 2010

Los viejos amigos


Gharghi recuerda en su blog a Antonio.

*



Death is unreal,
that's the way I feel.
There's more
to be
revealed.
Lovers and friends
meet again and again
in the dear old battlefield.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Valses


Mi sed de valses es infinita. Prefiero los de Satie o Chopin (o el magnífico de Sibelius), pero tolero los de Strauss. Sobre todo, adoro los improbables, como aquél del caballo Enrique o estos dos que les traigo: el Vals Negro de los Stranglers y el Vals de la Luna Nueva, de la Incredible String Band.

Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.

Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía «cabello de ángel»,
un dulce «sí» de cristal pintado de verde.






miércoles, 10 de febrero de 2010

Cold Days of February (ISB)


No defrauda. Este año, en febrero no busca la sombra el perro. Así canta la Incredible:



Cuando al lado de un fuego invernal
me sentaba escribiendo palabras
extrañas y firmes,
de mi propio coro interior
a mi mente, que no lo esperaba,
llegaron las voces
de los que murieron a un lado o a otro.
Aún lloran sus amigos
sus huesos insepultos;
suspiran por el aire del noreste
los días más helados de febrero.

Algún escribano con pluma y papeles,
algún que otro banquero
con su piedad podrida,
algún capitán a sus hombres ajeno,
éstos soplan las llamas que mutilan ciudades,
energúmenos que hablan en nombre de Cristo;
por caminos de espinas cenagosos y oscuros
tendrán miedo a vagar en los años de frío
maldiciendo sus manos sangrientas.

Si de aquí o de allá eran,
cuáles eran su raza y su patria
no habrá de importarme.
Los hombres que tanta
amargura causaron,
si corazones tienen,
sus corazones sangren,
pues ni ante el anciano ni el niño pequeño
desviaron el fuego de sus armas.
Por caminos cansados,
que arrastren su culpa
en los días helados de febrero.


viernes, 18 de septiembre de 2009

Por si acaso


Decisiones acertadas: en general, soltar lastre. Insistir sólo en lo que no se sabe a dónde va, y apenas por dónde. Atenerse a la duda y la contradicción. Inventar lo que echamos en falta. Seguir a la escucha.

I whisper to the baby raindrops playing on my window,
And tell them gently this is not the time that they should weep.









sábado, 5 de septiembre de 2009

First Girl I Loved


Hay heridas que no se perdonan. Otra cosa es que uno sepa a quién culpar por ellas. Tuve un gran amor, o su promesa, cuando era niño —y no pudo ser. ¿Que esto le pasa a cualquiera? Seguro. Vayan estas dos canciones sobre el tema (de la Incredible y Turquoise) para dar fe —y apurar el mal trago.




sábado, 31 de enero de 2009

El Círculo Intacto

Gracias a la tecnología y a cierta constancia, son días de felices reencuentros. Para los amigos que nunca dejaron de serlo, va esta canción de la Incredible String Band.





Cambian las estaciones
y llueve sangre helada.
Os he estado esperando
más allá de los años
y sobre el horizonte,
hermanos de lo eterno,
distingo vuestra estela
que acude a este reencuentro.

Es hora: construyamos
la nave del futuro
siguiendo el viejo plano
que sabe viajar lejos.
Partamos a la Isla
de Siempre, naveguemos
por mares de partida
y estrellas de verano.

Cambian las estaciones
y sigue la mirada.
Hermanas de ojos hondos,
¿qué veo? ¿Sois vosotras?
Semillas de belleza
lleváis en vuestro vientre
de niños no nacidos,
alegres y sin leyes.

Dentro de vuestros dedos
devanan ya las Parcas
el hilo siempre sacro
del amarillo grano.
Dispersos fuimos cuando
cayó la larga noche.
En la mañana blanca,
de nuevo conversamos.


domingo, 17 de agosto de 2008

My Name is Death


Soy el amante
que nunca se muestra,
muda en cada instante
mi sombra siniestra.
(Valle)

And fairy-stories held me high, canta Syd Barrett. La música (aquella música milagrosa) cumple la misma función. El hallazgo de hoy es esta pieza de la Incredible String Band, reconstruida con gusto y acribía por Dulcimerea. Que la disfruten.


martes, 25 de diciembre de 2007

Navidades psicodélicas


Blanco de la China
(Mike Heron)

La rama vencida de la oscuridad
cría los pétalos de la mañana
y les muestra los pájaros que cantan
justo detrás del alba.
Sumérgete en la nube,
lame su crema;
no logro mantener mi mano en el abrecartas
porque está agonizando.

Me acostaré, mejor,
y abrazaré el arcoíris,
me acostaré a soñar
y tu árbol mágico de Navidad
¿brillará alrededor, suavemente?

Trepando por estas cifras
el sol se arrastra hasta mi hombro
y a cada paso que doy
parece que mis pies se vuelven viejos.
Los sueños cristalinos se despliegan,
no logro mantener los ojos en el libro
porque se está convirtiendo en polvo.

Me acostaré, mejor,
y abrazaré el arcoíris,
me acostaré a soñar
y tu árbol mágico de Navidad
¿brillará alrededor, suavemente?




miércoles, 17 de octubre de 2007

Canción de octubre


(metamorfo)



Te cantaré
esta canción de octubre
(pues antes no hubo otra).
La música y la letra no son mías,
pues nació de mis gozos y mis penas.

Junto al mar,
los zarzales de moras
en la quietud de la tarde.
Los pájaros huyen
más allá del sol
y con ellos habré de marcharme.

Las hojas caídas, alhajas del suelo,
dominan el arte de la muerte
y dejan que repose su corazón dorado,
entre las sombras escarlata, alegre.

Cuando el hambre dirige mis pasos a casa,
ya llega la mañana.
Cruzo, nadando, los mares de mi mente
y los pinos se ríen con su risa más verde.

Buscaba, en otro tiempo, ser feliz.
Buscaba el placer,
pero he hallado una puerta
detrás de mi mente,
y no hay mayor tesoro;

pues a los que gobiernan les gusta soltar leyes
y a los que se rebelan les gusta quebrantarlas
y a los clérigos, pobres, les va andar en cadenas
y Dios halla placer en perdonarlos.

Encontré un hombre. Su nombre era Tiempo
y dijo: «Debo irme».
Pero cuánto hace de eso
no puedo saberlo.

A veces quiero asesinar al Tiempo,
a veces, cuando el corazón me duele;
pero generalmente salgo a dar una vuelta
y camino siguiendo sus pasos.

(Robin Williamson)


miércoles, 6 de diciembre de 2006

La pregunta medianamente interesante


¿Quién movió la torre blanca?
¿Quién movió la reina negra
cuando Gimmel y Daleth
se hallaban en medio?
Desde la tarde
iba creciendo un velo,
penando por los pinos
que añoraban la vela.
«Hay algo olvidado
que quiero que sepas»,
la lluvia y sus pecas
me hablan así.
Es, vaya, la pregunta
medianamente interesante.
Qué es eso de lo que formamos parte
y qué es lo que somos.

Y una locura de elefantes
oculta el sol,
el juez y el jurado
siguen haciendo de las suyas,
han tronchado las rosas
y lavado el jabón
y el mártir que va a ser su novio
no se atreve a huir con ellos.
Es, vaya,
la pregunta nunca cumplida.
Qué es eso de lo que formamos parte
y qué es lo que somos.

Largos, largos eran entonces
todavía mis ojos.
Desafiaron las puertas,
el fuego enorme,
y el cuerpo se dobló en torno a mí,
creció la persona que soy.

La flor y su pétalo,
la raíz y su presa,
la tierra y su magnitud,
el aliento y su jadeo,
la mente y su dinamismo,
el pie y su movimiento,
la vida y su patrón,
el corazón y su amor.

Es, vaya,
la vieja pregunta olvidada.
Qué es eso de lo que formamos parte.
Qué es lo que somos.

(Robin Williamson)



sábado, 25 de noviembre de 2006

La piedra caída del cielo


Se me pasan los cumpleaños. Ayer hizo 63 Robin Williamson, 50% de la Incredible String Band, bardo y narrador durante su extensa carrera en solitario. Williamson es el lado más incredible de la Incredible: aunque él se sitúa, modestamente, en algún lugar entre Jimi Hendrix y Manitas de Plata, su música tiene un qué sé yo ultramundano que podría venir de un pozo lunar o los labios menores de un hada. Una vez separado de Mike Heron, ahondó en su vertiente celta y centró sus esfuerzos como instrumentista en el harpa. Su último disco, The Iron Stone, vuelve sobre la canción homónima, una de las más celebradas de la ISB. Una buena excusa para recordar el original de 1970, con Williamson a la guitarra atlante, Mike Heron al sitar y Licorice y Rose dándole al parche.


Un viento largo, una mente que trama.
Por toda la tierra, crecen flores silvestres
haciéndose eco.
El día que encontré la piedra de hierro,
pesada en mi mano bajo la lluvia inclinada,
los mares no dejaban de correr
volcando mi corazón,
techando sus pizarras grises.
Ese día encontré la piedra de hierro.

Llevé a mi casa la piedra de hierro,
pesada en mi mano la llevé a casa,
negra como los pensamientos del destino.
Un hombre me dijo que cayó de la luna,
voló a través del tiempo
hasta la larga playa donde la encontré.
Los caballos que bailan contaban su historia,
entre las piedras ella me llamó,
mi mano lo supo.

Distinguiendo en las densas tinieblas
bosques y centauros y dioses de la noche.
Nunca ese sol brilló
donde la gran Atlántida alzaba sus costas.
¡Cómo cantaban los dragones del mar!

El amor pinta las cartas con soles por ruedas,
achiperres del bufón, el gorro y las campanas,
el valiente (tal vez) Mostacho,
el caballero Primalforme Magnífico,
el dragón que era yo, con las uñas doradas,
un fuego de oro mi nariz llameante,
los recuerdos, recuerdos...
Mi cueva era brillante, enfurruñadas mis joyas
que como diademas
hacían palidecer a las estrellas,
la plata perdida y el oro enterrado,
¡tal era mi casa en los días de antaño!



miércoles, 8 de noviembre de 2006

Painting Box


Para el Marqués y su dilecta hermana: la primera Incredible String Band en su más íntima salsa.


lunes, 11 de septiembre de 2006

Grises y azules


Marqués de Cubaslibres: va por vos (y por su dilecta hermana) esta suma rareza de la Incredible String Band. Tanto lo es que no he conseguido fecharla ni localizar la letra. De todas formas, es la música, relajada y como perezosa (¡esa flauta crimsoniana!), la que me la ha traído a la memoria, a propósito de esa atonía amateur que lastra ciertas canciones y las vuelve desesperadamente íntimas. El sonido cuarto de estar, como quien dice. ¿Un papelito azul?

viernes, 8 de septiembre de 2006

Silvio String Band


Encantadora sorpresa en el libreto del último disco de Silvio:

Por muchos lugares pasaba la historia

Era Londres y 1987 cuando le pregunté a Joe Boyd por un dúo británico de música folclórica que casi 20 años atrás Sandro Gandini me había hecho escuchar. Sólo recordaba el curioso nombre de la pareja: The Incredible String Band, y el título de una canción: "Nightfall". Aquel disco contenía algunos temas francamente hermosos, que sonaban exóticos a mis oídos por los laúdes, las arpas, las flautas y los instrumentos de percusión del folclor anglosajón. Las voces de los intérpretes eran singularmente maleables, con expresivos glissandos y cambios de tesitura, al extremo de proporcionar una audición insólitamente gráfica. Fue una sorpresa escucharle decir a Boyd: —Por supuesto: son Robin Williamson y Mike Heron. El disco se llama "The Hangman's Beautiful Daughter" y yo lo produje en 1968. Si quieres puedo conseguirte un ejemplar. Hago la anécdota porque pudiera explicar los orígenes musicales de «Por Muchos lugares". Y no es que ésta canción se parezca —creo yo— a alguna de aquellas en particular. Es que su aire de antigua balada irlandesa acaso se deba a que alguna vez escuché y gusté de aquel dúo que, por momentos, efectivamente sonaba como una increíble banda de cuerdas.

lunes, 20 de marzo de 2006

El reino de los ciegos


LA CANCIÓN DEL SOMBRERERO LOCO
[METAMORFO]

Aquéllos que buscáis la primavera,
¿cómo no ibais a hallar satisfacción
si es hora de razones enigmáticas
en este país de los ciegos?

Por una simple broma del destino
seguro es que mientras
la mano amada te suelta,
intentas agarrar su estela
y encuentras la realidad.

Mas haz lo que quieras, haz lo que quieras,
haz lo que quieras, haz lo que quieras,
haz lo que quieras, haz lo que puedas,
haz lo que puedas, vive hasta que mueras,
pobre hombrecillo mío
—pues Jesús no volverá a tender su mano.

Pero en el sur son muchos
los árboles que se agitan;
¿moverían esos dedos
de almizcle tu dolor?
En el cálido sur,
las flores perdidas
florecen de nuevo.

Y si llorases,
sabes que llenarías un lago de lágrimas,
y, con todo, no harías que volviesen los años
que llevas preso de la ciudad.

El Sombrerero Loco está en mi mente.

Es tan triste, tan triste
ver cómo creció,
esa otra gente que conocía
ha caído o vacila.

El Sombrerero Loco está en mi mente
—y tienes que ver claro alguna vez.

Prometeo, el niño problemático,
aún hace malabares con sus sesos,
da sus visiones de leopardo cojo
al que es avaro en sus venas.

En la fábrica en ruinas
el alma normal está loca
mientras él coloca el cielo
bajo sus talones
y olvida las lecciones del dolor.

Pero yo soy el arquero,
el que ama la risa,
y mío es el vuelo de la flecha.
Soy el arquero, y mis ojos
añoran la visión inmaculada
que nace de las aguas negras
de las hijas de la noche,
que baila sin movimiento
después de la clara luz.

Oh, Destino, te lo imploro,
sé gentil en la ruidosa
y rodante carroza del tiempo.
Enganchado por el corazón
al sedal del rey pescador,
pondré mi único ojo
en las costas de los ciegos.