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miércoles, 17 de febrero de 2010

Mr. Green


Nunca he sido de la secta guitarrística. Veo en el instrumento un medio para hacer y tocar canciones, no un fin: al final de la jornada son las canciones las que retribuyen o no el esfuerzo del intérprete y la atención del oyente. Canciones o instrumentales, que igual da, mientras tengan vida (una melodía memorable o un ambiente seductor; si no ambas cosas).

Dicho eso, hay guitarristas con un toque tan peculiar que el sentido de la canción en que participan, aunque tenga voz y otros instrumentos, depende por completo de ellos. Robert Fripp viene enseguida a la mente (hasta en Heroes, de Bowie, su solo minimalista lo es todo). Peter Green me parece otro buen ejemplo. Hoy no se le recuerda mucho, por diversas y malas razones: abandonó pronto el estrellato (pasando, como Barrett, del escenario a la consulta del psiquiatra), tuvo una competencia realmente dura (como guitarrista blanco de blues le tocó medirse con Clapton y Jeff Beck) y el grupo que fundó, Fleetwood Mac, acabó haciéndose famoso en los 70 con una música ligerilla que, sin estar nada mal, no tiene nada que ver con la intensa de sus comienzos.

Green creó al menos dos estilos: uno de ellos lo desarrolló después Carlos Santana, que tomó como punto de partida una de las composiciones de Green (Black Magic Woman): blues en acordes menores, interpretado con sensualidad y sin prisas; el otro, más visionario, se aleja de los clichés del blues, incorporando resonancias medievales y folk, y resulta tan peculiar que no ha tenido continuidad aparente, o casi. La excepción son los Beatles, esa esponja prodigiosa: su Sun King comienza donde acaba Albatross, de Green.

Rescato hoy dos piezas de PG: la primera fue su primera muestra de genio, cuando aún estaba a las órdenes de John Mayall en los Bluesbreakers. El título, Supernatural, hace justicia al sonido, o viceversa, y abre la vía de Santana. La segunda es mi canción favorita de Fleetwood Mac (los días que no prefiero Oh Well): Man of the World. El paso de la delicadeza de las estrofas a la desolación apasionada del estribillo (I need a woman / to make me feel like a good man should) es conmovedor como él solo. Disfrútenlo.