Esta canción de Fernando Cabrera, interpretada con Ana Prada, resume bien el sortilegio. Que por mí vayan todos, los mismos que las aman, a las cosas...
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miércoles, 5 de marzo de 2008
Dulzura distante
También la noche de ayer en Clamores, a pesar del sonido horrible que se nos vino encima, se salvó como pudo (hacéis una cosa dulce, dijo ella, que no se parece a nada) —pero el lujo mayor estuvo en los dos días anteriores, de frenético ensayo. Fue un verdadero regalo conocer a Enrique, gran músico y gran tipo, uruguayo a muerte, que salió con nosotros a tocar como quien te acompaña, sonriente, en una caída libre. Mientras paseábamos por la feria medieval de mi pueblo, hablamos de Eduardo Mateo, de Kano y los Bulldogs y otra tanta buena música de allá que aquí no le suena a nadie. Le hablé de Verónica, aquella memoriera uruguaya que aparece y desaparece de mi correo trayéndome siempre arte y zozobra. Desde que me descubrió ciertas canciones (Tu tristeza, Hoy te vi...), tengo una confianza imbatible en que hay muchos tesoros musicales por descubrir, sobre todo de países como Uruguay, que están como difuminados en el mercado global, y sin embargo rebosan talento.
Esta canción de Fernando Cabrera, interpretada con Ana Prada, resume bien el sortilegio. Que por mí vayan todos, los mismos que las aman, a las cosas...
Esta canción de Fernando Cabrera, interpretada con Ana Prada, resume bien el sortilegio. Que por mí vayan todos, los mismos que las aman, a las cosas...
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Ana Prada,
Fernando Cabrera,
Verónica
martes, 6 de febrero de 2007
La Balada de Ástor Piazzolla
Para el Marqués de Cubaslibres
Con Eduardo Mateo, Fernando Cabrera fue la primera voz uruguaya que conocí. Aunque colaboraron en un gran disco en directo, sus estilos son bien distintos. Cabrera es expresionista, pero pulido, y sus letras tienen un desarrollo largo y bien tramado, muy distinto de los apuntes geniales pero precarios de Mateo (letras de músico y visionario: un hombre que lleva prisa). También como músico es otra cosa: un guitarrero y arreglista impecable, con cierto toque progresivo.
La balada de Ástor Piazzolla es un homenaje a los últimos años de este peleador que transformó el tango y mereció por ello el odio de los puristas: como dice Cabrera, su bandoneón aligeró los tangos de la rutina de su país. Me apetece dedicársela al de Cubaslibres, este otro peleador, a quien (no lo sé, pero lo sé) bien podrían caerle estos versos:
De su desdicha tantas fue doctor
Cupido cuantas veces responsable.
Cupido cuantas veces responsable.
Un abrazo y que veamos pronto de vuelta su foro, Marqués. Se lo debe a la gente. Mejor dicho: no se lo debe a nadie, pero se lo reclamamos de todas formas.
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