Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Mateo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Mateo. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cancioncilla amorosa


Mañana empieza, ay, de veras el curso. No tengo ánimo para apocalipsis. Hay que coger fuerzas de donde se pueda. Como aconseja Daniel en una suya, guarda horas felices / en lo más profundo de ti. Esta canción inolvidable llevaba años buscándola, y ahora que me había decidido a preguntar por ella, aparece de pronto en Youtube. Eduardo Mateo, nada menos. Que la disfruten.


sábado, 3 de febrero de 2007

Diane Denoir


Quizá las parejas que mejor funcionan estén condenadas al desencuentro traumático, como pago por la intensidad de su unión, pasajeramente perfecta. Pienso en parejas artísticas, pero seguramente no hay mucha diferencia con las amorosas. Además, en el caso que me ocupa vienen a confundirse: compositores de voces extrañas, imperfectas y acaso inaceptables para el mercado, versus damas hermosas de voz amable. Bardo y Musa. El uno compone, la otra canta. Dylan, Baez. Aute, Rosa León. Manuel, Lole. Mateo, Diane Denoir.

Vista con ojos españoles, Diane Denoir tiene algo de nuestra Jeanette, aquella del Por qué te vas. Languidez y delicadeza, melancolía morbosa, sensualidad soterrada. En su voz, las composiciones de Mateo suenan menos idiosincrásicas, como un diablillo callejero al que peinan y calzan para acudir a una boda. Desnatadas pero estilizadas, o viceversa. En esta grabación, los estilos y voces forman una moneda perfecta: primero Diane acompañada por Mateo a la guitarra; luego la misma canción interpretada por el grupo de candombe-beat de Mateo, El Kinto, con Rubén Rada en la voz principal.




viernes, 2 de febrero de 2007

Hoy te vi (Eduardo Mateo)


Si los Shakers fueron los Beatles uruguayos, cabría decir que Eduardo Mateo fue su Syd Barrett. Comparación inexacta, claro, porque Mateo tiene también a veces la tristeza entrañable, químicamente pura, de un Enrique Urquijo, y una voz de duende resfriado que podría competir en rareza con la de Dylan. Personaje excesivo, entrañable, funda de algún modo la vía uruguaya al nuevo pop, con su cocción única de candombe, psicodelia, bossa nova y canción de autor. De autor que nunca recibió derechos de tal, y por eso en días de necesidad perseguía por la plaza con la mano extendida a los transeúntes, decidido a cobrárselos. Guitarrista lunático, más acústico que eléctrico, percusionista étnico y letrista indeleble, entre sentimental y dadá. Fue un músico de músicos, adorado por éstos, pero cualquier uruguayo de los que no le reconocen por el nombre sabe un par de temas suyos.

En España no lo he oído mencionar jamás.